Hay pocos lugares en India tan apacibles como los backwaters de Kerala. Después del ruido, el calor y la intensidad del resto del país, aquí todo baja de revoluciones: el agua quieta refleja las palmeras, una casa flotante se desliza sin prisa entre arrozales de un verde imposible, los pescadores lanzan sus redes, las mujeres lavan ropa en los embarcaderos y el sol se pone naranja sobre el gran lago Vembanad. Es la India de la calma, del agua y del verde, un laberinto de canales y lagunas donde la vida transcurre a ritmo de remo.
La estrella indiscutible es la casa flotante o kettuvallam: antiguas barcazas de arroz reconvertidas en alojamientos flotantes, con techo de bambú y hoja de palma, camarotes, cubierta y hasta cocinero a bordo que prepara pescado y curry de Kerala mientras navegás. Pasar una noche a bordo, viendo desfilar aldeas y palmerales y cenando con la puesta de sol, es una de las experiencias más memorables y románticas de India. Alrededor, la ciudad de Alleppey —la 'Venecia de Oriente'—, la reserva de aves de Kumarakom y los arrozales de Kuttanad, que se cultivan bajo el nivel del mar, completan un mundo acuático único.
Esta guía te ayuda a organizar la experiencia: cómo elegir y reservar una casa flotante, cuánto cuesta, qué diferencia hay con un paseo en shikara, cuándo ir, cómo aprovechar los ferries públicos y qué más ver en la región. Los backwaters premian al viajero que sabe frenar: no hay que 'hacer' mucho, sino dejarse llevar por el agua, respirar hondo y disfrutar de uno de los paisajes más serenos y hermosos del sur de India. Es el remanso perfecto de cualquier viaje al subcontinente.
Los backwaters son una formación geográfica singular: una red de lagunas y canales de agua salobre creada por la acción de las olas y las corrientes del mar Arábigo, que a lo largo de milenios formaron barras de arena paralelas a la costa, encerrando lagos y esteros alimentados por decenas de ríos que bajan de los Ghats occidentales. Sobre ese laberinto de agua se desarrolló, durante siglos, una cultura acuática única en India: aldeas construidas sobre estrechas franjas de tierra, cultivo de arroz en polders ganados al agua (la región de Kuttanad, uno de los pocos lugares del mundo donde se cultiva bajo el nivel del mar), pesca, y el comercio en grandes barcazas de arroz (los kettuvallam) que transportaban mercancías por los canales antes de que existieran las carreteras. Kerala fue durante milenios la 'costa de las especias' que atrajo a fenicios, romanos, árabes, chinos y luego a portugueses, holandeses e ingleses. Alleppey (Alappuzha), fundada como puerto en el siglo XVIII, se convirtió en un gran centro del comercio del coco y las especias. Cuando las carreteras dejaron obsoletas las barcazas, alguien tuvo la idea de convertirlas en casas flotantes para turistas, y así nació, a fines del siglo XX, el gran atractivo turístico de hoy. Esa historia de agua, arroz, especias y comercio está contada en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La India de las costas y el sur dravídico: Mumbai la megaciudad, la Goa portuguesa, la Kerala de las especias y sus backwaters, las plantaciones de Munnar y las ruinas del imperio de Vijayanagara en Hampi.
Leer la historia de El oeste y el sur →Salen desde Munnar, a 103 km de acá. Si reservás desde este enlace nos queda una comisión y a vos no te cuesta más.
Sin precios exactos: escala de $ (económico) a $$$$$ (lujo), con 2-3 opciones por categoría.
Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Antes que cualquier historia humana, los backwaters de Kerala son una historia de geografía y de agua. Este vasto laberinto de lagunas, lagos, ríos y canales que se extiende a lo largo de la costa del sur de India no fue excavado por el hombre: lo modeló el propio mar Arábigo a lo largo de miles de años. Las olas y las corrientes fueron depositando barras de arena paralelas a la costa que, poco a poco, encerraron tras de sí grandes cuerpos de agua, formando lagunas costeras separadas del mar por estrechas franjas de tierra.
A ese sistema de lagunas llegan las aguas dulces de más de cuarenta ríos que bajan de las montañas de los Ghats occidentales hacia el mar. El resultado es una red de más de 900 kilómetros de vías navegables de agua salobre —mezcla de agua dulce y salada—, con grandes lagos como el Vembanad (el mayor de Kerala) en su centro, canales que se ramifican en todas direcciones y una biodiversidad enorme: peces, aves, plantas acuáticas y palmerales.
Ese entorno, único en India, condicionó desde siempre la forma de vida de sus habitantes. En una tierra donde el agua está por todas partes, la gente aprendió a vivir sobre estrechas franjas de tierra entre canales, a moverse en bote antes que a pie, a pescar, a construir sus casas y templos al borde del agua y a domesticar ese paisaje anfibio. Los backwaters no son un escenario turístico creado a propósito: son el resultado de miles de años de encuentro entre el mar, los ríos y el ingenio humano.
La región de Kerala, en la que se encuentran los backwaters, fue durante milenios uno de los grandes centros del comercio mundial, gracias a un tesoro que crecía en sus montañas: las especias, sobre todo la pimienta negra, llamada 'el oro negro'. Desde hace más de dos mil años, la 'costa de Malabar' atrajo a comerciantes de todo el mundo conocido, que venían a por pimienta, cardamomo, jengibre y canela, productos que en Europa y Oriente Medio valían fortunas.
Por estos puertos y aguas pasaron fenicios, romanos, árabes, chinos y judíos. Los romanos comerciaban intensamente con la costa de Kerala ya en los primeros siglos de nuestra era, y llegaban monedas de oro romanas a cambio de especias. Los árabes dominaron durante siglos ese comercio, y con ellos llegó también el islam a la costa. Y una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo echó raíces aquí: los cristianos de Santo Tomás, que según la tradición fueron evangelizados por el propio apóstol en el siglo I. Esa mezcla de hindúes, musulmanes, cristianos y judíos hace de Kerala una de las regiones más plurales de India.
En el siglo XV y XVI, la llegada de los europeos por mar cambió el juego: primero los portugueses (Vasco da Gama desembarcó cerca de Calicut en 1498), luego los holandeses y finalmente los británicos se disputaron el control del lucrativo comercio de las especias. Los backwaters, con sus canales navegables que conectaban el interior productor de especias con los puertos de la costa, fueron una arteria fundamental de ese comercio. Por sus aguas circulaban las mercancías que movían la economía de la región mucho antes de que existieran las carreteras.
Uno de los capítulos más asombrosos de la historia de los backwaters es el de Kuttanad, la región de arrozales que rodea el lago Vembanad y la ciudad de Alleppey. Aquí, durante generaciones, los agricultores lograron una hazaña que solo se da en muy pocos lugares del mundo: cultivar arroz por debajo del nivel del mar, en terrenos ganados al agua, a veces hasta dos o tres metros por debajo del nivel del océano, algo comparable a lo que hicieron los holandeses con sus pólders.
El sistema, desarrollado sobre todo a lo largo de los siglos XIX y XX, consistió en levantar diques de barro alrededor de zonas de agua poco profunda, drenar el agua del interior (antiguamente a mano y con norias, luego con bombas) y convertir el fondo en campos de arroz fértiles. Así nació el 'granero de Kerala', una de las regiones agrícolas más productivas del estado, un paisaje único de inmensos arrozales verdes rodeados de canales, en el que la vida se organiza sobre los muros de tierra que separan el cultivo del agua.
Ese sistema agrícola, fruto del ingenio y del esfuerzo de generaciones de campesinos, está reconocido internacionalmente por la FAO como un Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial. Pero es también un equilibrio frágil: Kuttanad es muy vulnerable a las inundaciones —como se vio dramáticamente en las grandes inundaciones de Kerala de 2018— y al cambio climático y la subida del nivel del mar. Para el viajero, atravesar Kuttanad en bote o en bici, viendo cómo las aldeas y los campos conviven con el agua, es entender el corazón productivo y humano de los backwaters, mucho más que un simple paisaje bonito.
Durante siglos, la arteria comercial de los backwaters fueron los kettuvallam, grandes barcazas de madera de hasta treinta metros de largo, construidas sin un solo clavo (la palabra kettuvallam significa 'barco cosido', porque las tablas se unían con cuerdas de fibra de coco) y cubiertas con un techo de bambú y hoja de palma para proteger la carga. Estas barcazas transportaban arroz, especias, coco y todo tipo de mercancías por los canales, conectando las aldeas del interior con los puertos de la costa, en una época en que el agua era el único camino.
Alleppey (Alappuzha), fundada como puerto planificado en el siglo XVIII por un ministro del reino de Travancore, se convirtió en el gran centro de ese comercio, sobre todo del coco y de su fibra (el coir), con almacenes, fábricas y un intenso tráfico de barcazas. Sus canales, excavados para el transporte, le valieron el apodo de 'la Venecia de Oriente'. Durante generaciones, la vida económica de la región latió al ritmo de los kettuvallam.
Pero en el siglo XX, la llegada de las carreteras y los camiones fue dejando obsoletas a las viejas barcazas de arroz, que empezaron a desaparecer. Fue entonces cuando, hacia las últimas décadas del siglo, surgió una idea que salvaría a los kettuvallam y transformaría la región: reconvertir esas barcazas tradicionales en casas flotantes para turistas, dotándolas de camarotes, baños y cubiertas. La idea fue un éxito rotundo. Los kettuvallam pasaron de transportar arroz a transportar viajeros maravillados, y los backwaters se convirtieron en uno de los grandes iconos turísticos de India. Una tradición milenaria encontró, así, una segunda vida.
Hoy los backwaters de Kerala son uno de los destinos más famosos y queridos de India, y una pieza central de la marca turística del estado, promocionado bajo el eslogan 'God's Own Country' ('el propio país de Dios'). Cada año, cientos de miles de viajeros —indios y de todo el mundo— llegan para navegar sus aguas, dormir en una casa flotante y disfrutar de la calma, el verde y la belleza de este paisaje anfibio. El turismo se ha convertido en un motor económico enorme para toda la región.
Kerala, además, es un estado singular dentro de India: tiene uno de los índices de alfabetización y de desarrollo humano más altos del país, una larga historia de gobiernos de izquierda (fue de los primeros lugares del mundo en elegir democráticamente a un gobierno comunista, en 1957), una notable igualdad social y una fuerte identidad cultural, con su lengua propia (el malayalam), su cocina de coco y especias, su medicina ayurvédica, y artes tradicionales como el kathakali y el kalaripayattu. Todo eso enriquece la experiencia de visitar los backwaters, que son mucho más que un paseo en bote.
Pero el éxito trae desafíos serios. La proliferación de miles de casas flotantes y el turismo masivo generan contaminación del agua, presión sobre un ecosistema frágil y problemas de residuos, en unos backwaters que ya sufren por la agricultura intensiva, la pérdida de humedales y el cambio climático. Las devastadoras inundaciones de 2018 fueron una dura advertencia sobre esa fragilidad. Por eso crece el impulso de un turismo más responsable: houseboats con mejor gestión ambiental, alternativas de bajo impacto como las shikaras y los ferries, y una mayor conciencia sobre la necesidad de proteger este tesoro natural. Para el viajero, disfrutar de los backwaters con respeto —eligiendo operadores responsables y no dejando huella— es la mejor forma de asegurar que este remanso de agua y verde siga siendo, por mucho tiempo, uno de los rincones más serenos y hermosos de India.