Si Rajastán es la tierra de los maharajás, Udaipur es su joya más romántica: una ciudad de palacios blancos que parecen flotar sobre lagos serenos, con colinas verdes de fondo y un aire de cuento que la ha convertido en la favorita de enamorados, cineastas y viajeros de todo el mundo. Después del desierto y los fuertes recios de Jodhpur y Jaisalmer, Udaipur sorprende con su suavidad: el agua, el mármol, los jardines, el reflejo del Lake Palace en el lago Pichola al atardecer. No es casualidad que se la llame 'la Venecia de Oriente' ni que sea una de las ciudades más bonitas de India.
Udaipur fue la capital de Mewar, el más altivo e independiente de los reinos rajputs, la dinastía sisodia que se enorgullecía de no haberse sometido nunca del todo al Imperio mogol, a diferencia de otros clanes. Sus maharanás (así se llamaban, con un título aún más elevado que 'maharajá') construyeron aquí, a partir del siglo XVI, un conjunto de palacios que son de los más espléndidos del país: el enorme City Palace asomado al lago, el Lake Palace (hoy uno de los hoteles más famosos del mundo) sobre una isla, el Jagmandir en otra, templos, jardines y havelis. Todo ello alrededor del lago Pichola y del lago Fateh Sagar.
Esta guía te ayuda a exprimir Udaipur con calma: qué palacios y templos ver, cuánto cuestan las entradas, cómo disfrutar del paseo en barco imprescindible, dónde tomar el mejor atardecer, qué excursiones valen la pena (Ranakpur, Kumbhalgarh) y dónde comer y dormir con vista al lago. Udaipur premia al viajero que baja el ritmo, que se sienta en un ghat a ver el reflejo de los palacios en el agua y que se deja seducir por la ciudad más romántica del subcontinente.
Udaipur fue fundada en 1559 por el maharaná Udai Singh II, gobernante rajput del reino de Mewar, que trasladó aquí su capital desde la vieja y expuesta fortaleza de Chittorgarh (Chittor), varias veces asediada por los ejércitos musulmanes. Buscando un lugar más protegido entre las colinas y junto a los lagos, Udai Singh fundó la ciudad que lleva su nombre y comenzó a construir el City Palace a orillas del lago Pichola. Mewar, la dinastía sisodia, era el más orgulloso de los reinos rajputs: se preciaba de descender del dios Sol y de no haberse sometido nunca del todo al Imperio mogol, a diferencia de otros clanes que pactaron matrimonios y alianzas con Akbar. El héroe legendario de Mewar es el maharaná Pratap, hijo de Udai Singh, que resistió a las tropas de Akbar y libró la célebre batalla de Haldighati en 1576, símbolo eterno de la independencia rajput. Con el tiempo, Mewar también hubo de negociar con mogoles y luego con los británicos, bajo los que se convirtió en Estado principesco, pero conservó siempre su prestigio de reino indómito. Tras la independencia de India en 1947, Mewar-Udaipur se integró en la Unión India y en el estado de Rajastán. Hoy sus palacios y lagos la convierten en una de las ciudades más visitadas y románticas del país. La historia completa de Mewar, de los sisodia y del maharaná Pratap está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La tierra de los rajput, la casta guerrera que levantó fortalezas colosales en el desierto de Thar: la Jodhpur azul, la romántica Udaipur de los lagos y la dorada Jaisalmer entre las dunas.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
La historia de Udaipur empieza mucho antes de que existiera la ciudad, con el reino de Mewar y su dinastía gobernante, los sisodia, considerados el clan más orgulloso e independiente de todos los rajputs. Los sisodia se preciaban de un linaje antiquísimo —se decían descendientes del dios Sol (de ahí que se los llame 'suryavanshi', 'de la estirpe solar')— y de encarnar como nadie el honor rajput: a diferencia de otros clanes, como los de Amber-Jaipur, que sellaron alianzas matrimoniales y de sumisión con el Imperio mogol, los maharanás de Mewar hicieron de la resistencia a los mogoles una cuestión de identidad y de dignidad.
Durante siglos, la capital de Mewar fue Chittorgarh (o Chittor), una colosal fortaleza sobre una meseta, una de las más grandes de India. Chittor fue escenario de algunos de los episodios más dramáticos y legendarios de la historia rajput: tres grandes asedios (por el sultán de Delhi Alauddin Khalji en 1303, por el sultán de Gujarat en 1535 y por el emperador mogol Akbar en 1568) en los que, ante la derrota inevitable, las mujeres rajputs practicaron el jauhar (la inmolación colectiva en el fuego para evitar la deshonra) mientras los hombres salían a morir combatiendo en el saka. Estas tragedias, tejidas de heroísmo y sacrificio, se convirtieron en el corazón del imaginario rajput.
Tras el tercer y devastador asedio de Chittor por Akbar en 1568, el maharaná Udai Singh II, que había logrado escapar, comprendió que la vieja capital, tan expuesta, ya no era segura. Necesitaba un refugio nuevo, protegido por las montañas y el agua. De esa necesidad nacería Udaipur.
El fundador de Udaipur fue el maharaná Udai Singh II, que hacia 1559 —unos años antes de la caída definitiva de Chittor— eligió un valle protegido entre las colinas Aravalli, junto al lago Pichola, para establecer una nueva capital más segura. La leyenda cuenta que un ermitaño que meditaba a orillas del lago le aconsejó fundar allí su ciudad y bendijo el lugar. Udai Singh empezó a construir el City Palace sobre una cresta junto al agua, y a su alrededor fue creciendo la ciudad que tomaría su nombre: Udaipur, 'la ciudad de Udai'.
La elección del emplazamiento fue una obra maestra de estrategia y de gusto. Rodeada de colinas fáciles de defender y de lagos que servían tanto de protección como de reserva de agua en una región semiárida, Udaipur era mucho más segura que la expuesta Chittor. Pero además, el entorno de agua y montañas le dio desde el principio una belleza serena y palaciega que la distinguiría para siempre del resto de Rajastán. Los maharanás ampliaron y embellecieron los lagos (el Pichola, el Fateh Sagar), construyeron represas, jardines, templos y palacios-isla, creando ese paisaje único de mármol y agua.
Udaipur nació, así, como el nuevo corazón de un Mewar herido pero indómito, que se negaba a rendirse. Y muy pronto, la ciudad y su reino tendrían su gran héroe, una figura que encarnaría como ninguna otra el espíritu de resistencia de Mewar frente al imperio más poderoso de su tiempo.
El gran héroe de Mewar y una de las figuras más veneradas de toda la historia de Rajastán es el maharaná Pratap Singh (1540-1597), hijo de Udai Singh II. En una época en la que casi todos los reinos rajputs habían aceptado, de un modo u otro, la soberanía del poderoso emperador mogol Akbar, Pratap se negó rotundamente a someterse y a rendir vasallaje, aun a costa de perder su capital y de vivir años en la penuria y el exilio en las montañas. Su resistencia obstinada lo convirtió en el símbolo eterno del orgullo y la independencia de Mewar.
El episodio más célebre es la batalla de Haldighati, librada en 1576 en un desfiladero de las Aravalli entre el ejército de Pratap y las tropas mogolas comandadas por el general rajput Man Singh de Amber (que servía a Akbar). Fue una batalla feroz y desigual; Pratap, montado en su legendario caballo Chetak —que, según la tradición, lo salvó herido de muerte antes de morir—, luchó con enorme valor pero no pudo vencer al ejército imperial, mucho más numeroso. Aunque el resultado militar fue, en el mejor de los casos, incierto, y Pratap tuvo que retirarse a las montañas, Haldighati quedó grabada en la memoria como una gesta heroica de David contra Goliat.
Durante los años siguientes, Pratap libró una tenaz guerra de guerrillas desde las colinas, recuperando poco a poco gran parte de Mewar antes de morir en 1597, sin haberse rendido jamás. Su figura, la de su caballo Chetak y la de su fiel general de origen bhil (una comunidad tribal de la región) son parte del ADN de Udaipur, con estatuas, monumentos y relatos que los recuerdan por toda la ciudad y el reino.
La resistencia de Mewar no pudo prolongarse indefinidamente. En 1615, ya bajo el emperador mogol Jahangir (hijo de Akbar) y con el maharaná Amar Singh I, hijo de Pratap, Mewar firmó finalmente un tratado de paz con el Imperio mogol. Fue un acuerdo negociado con dignidad: Mewar reconocía la soberanía mogola, pero conservaba una autonomía notable y, a diferencia de otros reinos, se le respetó no tener que enviar princesas a la corte imperial, lo que preservó el orgullo de la dinastía. Así, tras décadas de guerra, llegó un período de relativa estabilidad en el que Udaipur floreció artísticamente: se ampliaron los palacios, se construyeron los palacios-isla del lago Pichola (el Jagmandir, el futuro Lake Palace) y se desarrolló la célebre escuela de pintura en miniatura de Mewar.
Con la decadencia del poder mogol en el siglo XVIII, Mewar, como el resto de Rajastán, sufrió la inestabilidad y las incursiones de los marathas, que debilitaron sus finanzas y su territorio. En 1818, buscando protección, el maharaná firmó un tratado con la Compañía Británica de las Indias Orientales, convirtiendo a Mewar-Udaipur en un Estado principesco bajo soberanía británica: conservaba su maharaná y su autonomía interna a cambio de reconocer el poder del Raj en asuntos militares y exteriores.
Bajo el Raj, la dinastía sisodia mantuvo su prestigio —era considerada la de mayor rango entre las casas rajputs— y su fastuoso estilo de vida, mientras la ciudad conservaba su carácter palaciego y lacustre. Los maharanás siguieron construyendo y embelleciendo palacios y jardines a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, dando a Udaipur buena parte de la fisonomía romántica que hoy la hace famosa.
Tras la independencia de India en 1947, el Estado principesco de Mewar-Udaipur se integró, como los demás reinos rajputs, en la Unión India, y en 1949 pasó a formar parte del nuevo estado de Rajastán. Los maharanás perdieron el poder político y, en 1971, sus títulos y asignaciones oficiales, aunque la familia de Mewar —una de las dinastías gobernantes más antiguas del mundo, con más de mil años y decenas de generaciones documentadas— ha conservado un enorme prestigio simbólico y buena parte de su patrimonio, que ha sabido reconvertir: partes del City Palace son museo y hoteles de lujo, y el Lake Palace y el Jagmandir se han convertido en algunos de los hoteles y escenarios más célebres del mundo.
La Udaipur del siglo XXI es una ciudad de cerca de medio millón de habitantes, uno de los destinos turísticos más populares y románticos de India, elegida una y otra vez entre las ciudades más bellas del país y del mundo. Su imagen —los palacios blancos reflejándose en los lagos, los atardeceres dorados, el Lake Palace flotando sobre el agua— aparece en documentales, revistas de viaje y películas (fue escenario de la película de James Bond 'Octopussy'), y es un destino codiciado para bodas de lujo. El turismo, junto con la artesanía (la pintura en miniatura, los textiles) y la industria, es un motor económico de la ciudad.
Detrás del romanticismo, Udaipur afronta desafíos muy reales, sobre todo el del agua: sus lagos, que son su alma y su atractivo, dependen enteramente de las lluvias del monzón y de un delicado sistema de represas, y en años de sequía pueden bajar de forma alarmante, afectando tanto a la ciudad como al turismo. La presión del desarrollo, el tráfico y la conservación de los lagos y del patrimonio son debates presentes. Aun así, pocas ciudades logran seducir como Udaipur: la antigua capital del más indómito de los reinos rajputs sigue siendo, cinco siglos después de Udai Singh, un remanso de mármol, agua y leyenda en el corazón de India.