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Historia del país

Historia de Botswana

Los primeros pueblos: san, khoe y el arte de Tsodilo

Mucho antes de que existiera la idea de Botswana, estas tierras ya estaban habitadas. Los antepasados de los pueblos san y khoe —a menudo agrupados bajo el nombre khoisan o sarwa— vivían en el actual territorio botsuano desde hace decenas de miles de años, quizá entre 40.000 y 30.000 años atrás. Los san eran cazadores-recolectores, expertos en leer el desierto, seguir a los animales y encontrar agua donde el ojo ajeno solo veía arena. Son, con toda probabilidad, uno de los linajes humanos continuos más antiguos que existen.

El testimonio más impresionante de esa presencia milenaria son los Cerros de Tsodilo, en el noroeste del país. Allí, en cuatro colinas de cuarcita que los san consideran sagradas —el Hombre, la Mujer, el Niño y una cuarta sin nombre—, se conservan alrededor de 400 sitios con más de 4.500 pinturas rupestres, lo que le valió el apodo de "el Louvre del desierto". La zona muestra rastros de ocupación humana que se remontan a unos 100.000 años, y en 2001 la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad. La mayoría de las pinturas rojas, fechadas sobre todo en el primer milenio de nuestra era, fueron obra de los san; algunas se atribuyen a los pastores khoe que llegaron después.

Los khoe introdujeron el ganado y una vida más pastoril, y con ellos el paisaje humano empezó a cambiar. Pero durante milenios el sur de África fue, ante todo, el mundo de los san: sus pinturas, su lengua de chasquidos y su conocimiento profundo del Kalahari son la capa más antigua sobre la que se construyó todo lo demás. Ese legado sigue vivo, aunque marcado por siglos de despojo, en las comunidades san que aún hoy habitan el desierto.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Botswanahttps://africanrockart.britishmuseum.org/country/botswana/tshttps://whc.unesco.org/en/list/1021/

Bantúes y tswana: los merafe, la kgosi y la kgotla

A partir de los primeros siglos de nuestra era, la gran expansión bantú alcanzó el sur de África. Pueblos agricultores y trabajadores del hierro fueron llegando a la región, y hacia el año 400 arribaron los primeros grupos tswana (o batswana), de habla setswana, que con el tiempo se volverían dominantes en la meseta. Traían ganado, cultivos, metalurgia y una forma de organización política que definiría al país.

Los tswana se organizaron en jefaturas o "tribus" llamadas merafe (en singular, morafe), cada una encabezada por un jefe hereditario, la kgosi (plural dikgosi). De la fragmentación y las migraciones de los siglos siguientes nacieron los grandes merafe que todavía estructuran a Botswana: los bangwato de Serowe, los bakwena, los bangwaketse, los batawana del Okavango, los bakgatla, los balete, los barolong y los batlokwa, entre otros. Cada uno tenía su capital, su territorio y su ganado, medida por excelencia de riqueza y poder.

El corazón de esa cultura política era —y sigue siendo— la kgotla: la asamblea comunitaria que se reúne al aire libre, generalmente bajo un árbol o en un recinto de troncos, donde la kgosi escucha a su pueblo y cualquier hombre adulto puede tomar la palabra y disentir. "Kgosi ke kgosi ka batho", dice el proverbio: "un jefe es jefe por la gente". Esa tradición de deliberación, consenso y rendición de cuentas, mucho más participativa que otras monarquías africanas, sería una de las raíces profundas de la excepcional estabilidad democrática de la Botswana moderna.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Botswanahttps://www.britannica.com/place/Botswana/Historyhttps://www.britannica.com/topic/history-of-Botswana

Difaqane, misioneros y la sombra de los bóeres

El siglo XIX empezó con una convulsión. Entre 1810 y 1840, el sur de África se vio sacudido por el Difaqane (o Mfecane), una oleada de guerras, migraciones forzadas y hambrunas desatada por el ascenso del reino zulú y el efecto dominó de pueblos que huían de la violencia y arrasaban a otros a su paso. Los merafe tswana sufrieron ataques devastadores de grupos como los bakololo y los amandebele (matabele); aldeas enteras fueron destruidas, y muchas comunidades tuvieron que reorganizarse, fusionarse o desplazarse para sobrevivir. De aquel caos salieron reforzadas algunas jefaturas que supieron reagruparse en torno a líderes fuertes.

En paralelo llegó otra fuerza, esta vez desde Europa: los misioneros cristianos. La London Missionary Society estableció puestos en el territorio, y figuras como Robert Moffat y, sobre todo, David Livingstone —que vivió y predicó entre los bakwena del jefe Sechele en la década de 1840— dejaron una huella duradera. Los misioneros trajeron la escritura del setswana, la alfabetización, la imprenta y una relación con Gran Bretaña que los jefes tswana aprenderían a usar en su favor. Muchos dikgosi se convirtieron al cristianismo, entre ellos el célebre Khama III de los bangwato.

Pero la amenaza más seria venía del sur y del este. Los bóeres del Transvaal, colonos de origen neerlandés, presionaban hacia el oeste en busca de tierras y de mano de obra, y chocaron repetidamente con los tswana. Atrapados entre los bóeres, los matabele y, más tarde, las ambiciones del imperio de Cecil Rhodes, los jefes tswana llegaron a una conclusión pragmática: para no ser tragados, convenía buscar el paraguas —caro pero menos voraz— de la corona britanica.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Botswanahttps://www.britannica.com/place/Botswana/Historyhttps://sahistory.org.za/place/botswana

El protectorado de Bechuanalandia y los tres dikgosi

El 31 de marzo de 1885, Gran Bretaña proclamó el Protectorado de Bechuanalandia sobre el territorio de los tswana, en buena medida a pedido de sus propios jefes, que preferían la protección britanica al avance de los bóeres. No era una colonia de asentamiento como Rhodesia o Sudáfrica: Londres se comprometió a un dominio mínimo y barato, sin apenas invertir ni instalar colonos, dejando en manos de los dikgosi buena parte de la administración interna. La capital administrativa se ubicó, curiosamente, fuera del propio territorio: en Mafeking (Mafikeng), ya en suelo sudafricano.

Ese frágil equilibrio estuvo a punto de romperse a mediados de la década de 1890. La British South Africa Company de Cecil Rhodes, que ya controlaba las actuales Zambia y Zimbabue, presionaba para anexarse también Bechuanalandia. Ante el peligro, en 1895 tres jefes —Khama III de los bangwato, Sebele I de los bakwena y Bathoen I de los bangwaketse— emprendieron un viaje extraordinario a Inglaterra. Recorrieron el país con ayuda de la London Missionary Society, hablaron en iglesias y salones, ganaron la simpatía de la opinión pública britanica y consiguieron una audiencia con el secretario de las Colonias, Joseph Chamberlain, y con la reina Victoria.

Su misión tuvo éxito: se les concedió que el protectorado siguiera bajo control directo de la corona y no pasara a manos de la compañía de Rhodes. Fue una jugada diplomática brillante que salvó a Bechuanalandia de la voracidad colonial más dura y mantuvo intacta la autoridad de los merafe. Hoy el Monumento a los Tres Dikgosi, en el centro de Gaborone, honra a Khama, Sebele y Bathoen como padres fundadores de la nación. Durante las décadas siguientes, el protectorado siguió siendo un rincón pobre y olvidado del imperio, administrado desde afuera, mientras crecía la conciencia de que algún día llegaría el autogobierno.

https://en.wikipedia.org/wiki/Bechuanaland_Protectoratehttps://face2faceafrica.com/article/the-story-of-three-chiefhttps://www.britannica.com/place/Botswana/British-protectora

Seretse Khama, el exilio y el camino a la independencia

La historia de la independencia botsuana está inseparablemente ligada a un hombre y a una historia de amor que hizo temblar a dos imperios. Seretse Khama, nieto de Khama III y heredero del trono de los bangwato, estudiaba derecho en Inglaterra cuando, en 1948, se casó con Ruth Williams, una joven inglesa blanca. En plena consolidación del apartheid, el matrimonio interracial escandalizó al vecino gobierno sudafricano, que presionó a Londres. Cediendo a esa presión, en 1950 el gobierno britanico prohibió a Seretse asumir la jefatura de los bangwato y lo desterró de su propia tierra durante seis años.

El exilio de Seretse y Ruth se volvió una causa célebre. Bajo protesta de su pueblo y de buena parte de la opinión internacional, la pareja pudo regresar recién en 1956, después de que Seretse renunciara formalmente a sus derechos al trono. De vuelta en casa, Seretse convirtió su prestigio en política moderna: en 1962 fundó, junto a Quett Masire, el Partido Democrático de Bechuanalandia (BDP), una fuerza moderada y multiétnica que apostó por una transición pacífica y negociada hacia la independencia.

El proceso fue notablemente ordenado. En 1965, el protectorado obtuvo el autogobierno interno, la capital se trasladó desde la lejana Mafeking a la recién construida Gaborone, y el BDP ganó las primeras elecciones generales, con Seretse Khama como primer ministro. El 30 de septiembre de 1966, Bechuanalandia se convirtió en la República independiente de Botswana, y Seretse Khama juró como su primer presidente. Sin guerras de liberación ni golpes, un país considerado inviable emprendía su camino como nación soberana.

https://en.wikipedia.org/wiki/Seretse_Khamahttps://www.britannica.com/topic/history-of-Botswanahttps://www.botswanaembassy.org/page/history-of-botswana

1966: la independencia y el milagro del diamante

Botswana nació pobrísima. En vísperas de la independencia era uno de los países más pobres del mundo: economía ganadera de subsistencia, sequías recurrentes, casi sin infraestructura ni cuadros técnicos, y dependiente de las remesas de los mineros que emigraban a las minas de Sudáfrica. Pocos meses después de izar su bandera, sin embargo, la tierra le entregó un regalo que lo cambiaría todo.

El 1 de marzo de 1967, un equipo de geólogos de De Beers dirigido por Gavin Lamont descubrió una gigantesca chimenea kimberlítica cargada de diamantes en Orapa, en el centro-este del país. Fue el primero de varios hallazgos colosales: a Orapa (en producción desde 1971) le siguieron Letlhakane y, en 1982, Jwaneng, que se convertiría en la mina de diamantes más rica del mundo por valor. De golpe, el país más improbable de África se sentaba sobre una de las mayores riquezas minerales del planeta.

La clave no fue solo tener diamantes, sino qué se hizo con ellos. El gobierno de Seretse Khama negoció con dureza: en lugar de dejar todo el negocio en manos extranjeras, creó en 1969 la empresa mixta Debswana, propiedad al 50% del Estado botsuano y al 50% de De Beers, y fue aumentando su participación en las ganancias. Con esa renta, en vez de despilfarrarla o desviarla a cuentas privadas —como ocurrió en tantos Estados ricos en recursos—, Botswana construyó escuelas, hospitales, caminos, agua potable y una administración competente. Los ingresos del diamante se invirtieron en la gente. Ese contraste con la "maldición de los recursos" que arruinó a otros países africanos es lo que la literatura económica llama, con razón, el "milagro de Botswana".

https://en.wikipedia.org/wiki/Orapa_diamond_minehttps://www.debswana.com/our-history/https://www.worlddiamondcouncil.org/diamond-empowerment-the-

La democracia estable y la Botswana de hoy

Seretse Khama gobernó hasta su muerte, en 1980, y el traspaso del poder marcó la tónica de las décadas siguientes: constitucional, ordenado y sin sobresaltos. Lo sucedió su vicepresidente, Quett (Ketumile) Masire, que gobernó hasta 1998; luego vino el economista Festus Mogae (1998-2008); después Ian Khama (2008-2018), hijo de Seretse y militar de carrera; y más tarde Mokgweetsi Masisi. Durante casi seis décadas, el Partido Democrático de Botswana (BDP) ganó todas las elecciones, pero en un marco genuinamente multipartidista, con prensa libre, independencia judicial y elecciones regulares, algo excepcional en el continente.

Botswana también enfrentó pruebas durísimas. A comienzos de los 2000 tenía una de las tasas de infección por VIH/sida más altas del mundo, una epidemia que amenazaba con revertir todos sus logros. La respuesta fue pionera: en 2002, el gobierno de Mogae lanzó uno de los primeros programas públicos de África que ofrecían tratamiento antirretroviral gratuito, una política que salvó cientos de miles de vidas y se volvió modelo internacional. En paralelo, el país diversificó tímidamente su economía —turismo de alto valor, servicios financieros, ganadería—, aunque los diamantes siguieron siendo el corazón de sus finanzas, con los riesgos que eso implica cuando el mercado mundial cae.

El capítulo más reciente fue histórico. En las elecciones de octubre de 2024, con la economía golpeada por la caída de las ventas de diamantes, el desempleo juvenil y el reclamo de renovación, el BDP fue derrotado por primera vez desde la independencia: la coalición opositora Umbrella for Democratic Change (UDC), liderada por Duma Boko, ganó las elecciones, y el presidente Masisi reconoció su derrota. Fue el primer relevo pacífico de partido en el poder en casi 60 años, la prueba máxima de madurez para una democracia que muchos habían considerado imposible. La Botswana de hoy —próspera, estable, custodia del Okavango y de sus elefantes— sigue lidiando con la desigualdad, la dependencia del diamante y las viejas tensiones con sus comunidades san, pero carga con un legado que pocos países del mundo pueden exhibir: haber convertido el desierto, la pobreza y la incertidumbre en una de las historias de éxito más silenciosas y admirables de África.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Botswanahttps://academic.oup.com/afraf/advance-article/doi/10.1093/ahttps://www.aljazeera.com/news/2024/11/1/botswanas-ruling-pa

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📚 Bibliografía

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