El Tuli Block es uno de los secretos mejor guardados de Botswana: un rincón agreste y remoto del extremo sureste, donde los ríos Limpopo y Shashe se abrazan y se juntan tres países. Es una tierra distinta del resto del país —sin las aguas del Delta ni las salinas del Kalahari—, hecha de piedra roja, cerros escarpados, baobabs colosales y llanuras de mopane, por donde deambulan grandes manadas de elefantes en un paisaje de una belleza salvaje y solitaria.
Su corazón es la Reserva de Caza del Norte del Tuli, la mayor área de conservación privada del sur de África, formada por decenas de antiguas granjas unidas. Aquí, entre concesiones como la célebre Mashatu —la 'Tierra de los Gigantes'—, se ven algunos de los mayores elefantes de colmillos de la región, leopardos, leones, guepardos, elands enormes y una fauna abundante, casi siempre sin otro vehículo a la vista. Es también la meca del safari a caballo y en bici de montaña.
Esta guía práctica recorre el Tuli con detalle: cómo llegar a este rincón perdido (incluido el famoso teleférico sobre el Limpopo), cuándo ir, qué ver —los elefantes, los leopardos, el Muro de Salomón, los baobabs con la firma de Cecil Rhodes, la confluencia de los tres países—, qué actividades hacen único a este destino y cómo elegir entre sus lodges. Un safari diferente, íntimo y aventurero, para quien ya conoce el resto de Botswana o busca algo fuera de lo común.
El Tuli Block es una franja de tierra con una historia peculiar: tras crearse el Protectorado de Bechuanalandia, el jefe Khama III cedió esta zona a la Compañía Británica de Sudáfrica de Cecil Rhodes, que quería hacer pasar por aquí su ferrocarril al norte. Pero el terreno rocoso y quebrado hizo inviable el tren y descartó la esperanza de oro, así que la compañía loteó y vendió la tierra a granjeros privados: por eso el Tuli es una rareza de propiedad privada (freehold) en un país de tierra mayormente comunal. Con el tiempo, muchas de esas granjas se unieron para formar la actual reserva de conservación. Esa historia —de la tierra de Rhodes a la mayor reserva privada del sur de África— se cuenta en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El eje político y humano del país: la capital nacida con la independencia, la vieja ciudad del oro, el reino histórico de los bangwato y el agreste rincón donde se juntan tres países.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
La historia humana del Tuli es muchísimo más antigua que su nombre colonial. La confluencia de los ríos Limpopo y Shashe, en el extremo este de la franja, fue durante milenios un cruce de caminos, culturas y comercio en el sur de África. Los abrigos rocosos de la región conservan pinturas rupestres de los san (bosquimanos), cazadores-recolectores que habitaron estas tierras desde hace miles de años y dejaron su arte en la piedra.
Más tarde, con la llegada de pueblos de habla bantú y el desarrollo de la Edad de Hierro, la zona del Limpopo-Shashe se convirtió en el escenario de una de las civilizaciones más importantes del sur de África. Justo al otro lado del río, en la actual Sudáfrica, floreció entre los siglos XI y XIII el reino de Mapungubwe, el primer gran Estado del sur del continente, célebre por su comercio de oro y marfil con el mundo del océano Índico y por su famoso rinoceronte de oro. El Tuli formaba parte de ese mundo de reinos de piedra, redes comerciales y élites poderosas, emparentado con Gran Zimbabue.
Por eso el Tuli está lleno de vestigios arqueológicos: fragmentos de cerámica, cuentas de comercio, restos de fundición de metales, graneros y muros de piedra que hablan de comunidades organizadas y prósperas. Bajo su apariencia de tierra salvaje y vacía, la franja del Tuli guarda las huellas de una historia africana rica y milenaria, muy anterior a cualquier europeo.
El origen del Tuli tal como lo conocemos está ligado a uno de los grandes personajes —y villanos— de la historia del sur de África: Cecil John Rhodes. A fines del siglo XIX, Rhodes, a través de su Compañía Británica de Sudáfrica (BSAC), soñaba con un imperio y con un ferrocarril que uniera El Cabo con El Cairo, atravesando el continente de sur a norte. Para ello necesitaba hacer pasar la vía por el este de la actual Botswana.
En 1885 se había creado el Protectorado de Bechuanalandia bajo administración británica. Rhodes presionó para controlar todo el territorio, pero los jefes tswana se opusieron con firmeza (el episodio de los tres dikgosi que viajaron a Londres en 1895 es célebre). Como arreglo, el jefe Khama III de los bangwato aceptó ceder a la BSAC una estrecha franja de tierra a lo largo del Limpopo —el actual Tuli Block— para que la compañía pudiera construir allí su línea férrea hacia el norte, hacia Rodesia.
Pero la naturaleza tuvo la última palabra. Cuando los ingenieros de la BSAC estudiaron el terreno, se encontraron con que el Tuli era un rompecabezas de afloramientos rocosos, gargantas y ríos que hacían la construcción del ferrocarril extremadamente difícil y cara. Además, las esperanzas de encontrar oro en cantidad se desvanecieron. El ferrocarril terminó trazándose más al oeste, por una ruta más fácil, y el Tuli quedó como una franja cedida a la compañía pero sin la vía que había justificado su cesión.
Frustrado el proyecto del ferrocarril y descartado el oro, la Compañía Británica de Sudáfrica se encontró con una franja de tierra que no le servía para sus planes originales. Su solución fue lotearla y venderla: la BSAC dividió el Tuli Block en granjas y las vendió a colonos y agricultores comerciales privados, en su mayoría blancos, sudafricanos y de otros orígenes. Así nació la gran rareza del Tuli: en un país como Botswana, donde la inmensa mayoría de la tierra es de propiedad comunal (tribal) o estatal, el Tuli Block se convirtió en una de las pocas zonas de tierra de propiedad privada plena (freehold).
Durante la primera mitad del siglo XX, el Tuli fue una región de granjas dedicadas sobre todo a la ganadería, en un terreno duro, seco y accidentado que no daba para mucha agricultura. La vida de frontera dejó su huella: quedan ruinas de esa época, como la tienda de Bryce, que fue disputada durante la Guerra Anglo-Bóer (1899-1902), y baobabs con inscripciones de colonos y cazadores. Se cuenta incluso que en uno de esos árboles gigantes quedó tallada la firma del propio Cecil Rhodes.
Con el tiempo, sin embargo, muchos granjeros comprobaron que la tierra rendía más para la vida salvaje que para el ganado. La fauna nunca había desaparecido del todo, y el potencial turístico y de conservación de aquel paisaje espectacular empezó a hacerse evidente. Ese cambio de mirada, de la granja a la reserva, marcaría el destino moderno del Tuli.
A lo largo del siglo XX, y sobre todo en su segunda mitad, varios propietarios del este del Tuli tomaron una decisión pionera: en lugar de mantener sus granjas cercadas y dedicadas al ganado, empezaron a derribar las cercas entre sus propiedades y a unirlas para dejar que la fauna se moviera libremente por un territorio mucho mayor. De esa unión de decenas de antiguas granjas nació la Reserva de Caza del Norte del Tuli (Northern Tuli Game Reserve).
Hoy la reserva está formada por unas 36 propiedades freehold agrupadas en varias grandes concesiones —entre ellas la célebre Mashatu, la Nitani y la de Tuli Safari Lodge—, que en conjunto cubren más de 70.000 hectáreas. Es la mayor área de conservación de propiedad privada del sur de África, y Mashatu es la mayor reserva privada de Botswana y guardiana de la mayor población de elefantes en tierra privada de la región. La fauna, protegida y en aumento, convirtió al Tuli en un destino de safari de primer nivel.
Este modelo —conservación privada sobre tierra freehold, financiada por el turismo de alta gama— hizo del Tuli un caso singular en Botswana. Al no ser parque nacional, la reserva puede ofrecer actividades vedadas en los parques estatales: game drives nocturnos, caminatas, safari a caballo y en bicicleta de montaña. Así, la vieja tierra de Rhodes, que iba a ser cruzada por un ferrocarril y explotada como granjas, terminó convertida en un santuario de vida salvaje.
Hoy el Tuli Block es uno de los destinos de safari más originales y exclusivos de Botswana. Conocido como la 'Tierra de los Gigantes' (Land of Giants), reúne en su paisaje de piedra roja y baobabs a los mayores mamíferos terrestres (los elefantes), los mayores antílopes (el eland), los árboles más grandes (los baobabs milenarios) y aves imponentes como la avutarda kori. Sus manadas de elefantes, sus leopardos y su fauna abundante se disfrutan casi siempre en soledad, sin las multitudes de otros destinos.
La reserva se ha ganado un lugar especial entre los fotógrafos de vida salvaje y entre quienes buscan un safari activo y diferente: los famosos escondites fotográficos a ras del suelo de Mashatu, los safaris a caballo entre elefantes, las travesías en bicicleta de montaña —que han acogido competencias internacionales— y las caminatas guiadas ofrecen formas de vivir el 'bush' que no se encuentran en los parques nacionales. Todo ello en un entorno de gran belleza geológica, con formaciones como el Muro de Salomón y la confluencia de tres países.
El Tuli demuestra que la conservación puede nacer de historias improbables: de la ambición imperial de Cecil Rhodes y un ferrocarril fallido surgió, con el tiempo, la mayor reserva privada del sur de África. Cargado además de un pasado profundo —el arte san, los reinos de Mapungubwe, la Edad de Hierro—, este rincón perdido del sureste de Botswana ofrece al viajero una combinación poco común de naturaleza salvaje, aventura e historia, lejos de las rutas más transitadas.