Los primeros habitantes de lo que hoy es Zimbabwe fueron pueblos cazadores-recolectores emparentados con los san (bosquimanos), que ocuparon la región durante decenas de miles de años. Su huella más asombrosa son las pinturas rupestres de las colinas de Matobo y de otros macizos graníticos: escenas de caza, figuras humanas y animales pintados en abrigos rocosos, algunas con miles de años de antigüedad, que forman una de las mayores concentraciones de arte rupestre del sur de África.
A partir del primer milenio de nuestra era, la gran expansión de los pueblos bantúes transformó la región. Estos recién llegados eran agricultores y trabajadores del hierro que traían consigo el ganado, la cerámica y una nueva forma de vida sedentaria. De esas oleadas descienden los pueblos de habla shona, que se convertirían en el grupo mayoritario del país y en los constructores de las grandes ciudades de piedra.
Hacia el año 1000, comunidades shona ya cultivaban, criaban ganado, fundían hierro y oro, y comerciaban con la costa del océano Índico. La combinación de tierras aptas para el pastoreo, yacimientos de oro y el acceso a las rutas comerciales suajili sentó las bases materiales de los estados que estaban a punto de surgir en la meseta entre los ríos Zambeze y Limpopo.
Entre los siglos XI y XV floreció, cerca de la actual Masvingo, el Gran Zimbabwe, capital de un poderoso reino shona y la mayor estructura de piedra del África subsahariana anterior a la época colonial. En su apogeo, hacia el siglo XIV, fue la ciudad principal de un gran Estado que pudo albergar entre 10.000 y 18.000 habitantes, con una élite gobernante instalada en el llamado Complejo de la Colina y una imponente Gran Cerca (Great Enclosure) coronada por la enigmática Torre Cónica.
Sus muros curvos de granito, levantados con bloques encajados sin mortero, se extienden por casi 800 hectáreas. La riqueza del reino venía del ganado y, sobre todo, del oro: el Gran Zimbabwe controlaba las rutas por las que el metal del interior llegaba a los puertos suajili de la costa índica, como Sofala y Kilwa, y desde allí al mundo árabe, persa, indio y hasta chino. En las ruinas se hallaron cuentas de vidrio, porcelana china y monedas árabes que prueban ese comercio de largo alcance.
Hacia 1450 la ciudad fue abandonada, probablemente porque el entorno agotado ya no podía alimentar a una población tan grande, y quizá por el desplazamiento del comercio del oro hacia el norte. Durante la era colonial, muchos europeos se negaron a aceptar que africanos hubieran construido semejante obra e inventaron teorías fenicias o bíblicas; la arqueología moderna demostró sin lugar a dudas su origen shona. Hoy es Patrimonio de la Humanidad y símbolo nacional: el pájaro de esteatita hallado en el sitio, el "Pájaro de Zimbabwe", figura en la bandera del país.
Cuando el Gran Zimbabwe declinó, el centro del poder shona se desplazó hacia el norte. Según la tradición, hacia 1430-1450 un príncipe llamado Nyatsimba Mutota emigró al valle del Zambeze y fundó un nuevo reino, el de Mutapa, cuyos soberanos llevaban el título de Mwene Mutapa o Munhumutapa ("señor de las tierras conquistadas"). El reino se extendió por buena parte de la actual Mashonaland y siguió viviendo del oro, el marfil y el comercio con la costa.
La fama del oro de Mutapa —que en Europa alimentó el mito de las minas del rey Salomón y de la legendaria Ofir— atrajo a los portugueses. Desde comienzos del siglo XVI, mercaderes y aventureros lusos remontaron el Zambeze desde sus bases en Mozambique, instalaron ferias comerciales en el interior y se entrometieron cada vez más en la política del reino, apoyando a unos pretendientes contra otros e imponiendo tratados desiguales.
Con el tiempo, los portugueses establecieron los prazos, enormes propiedades semifeudales a lo largo del Zambeze, y convirtieron a algunos munhumutapas en gobernantes títere. El reino, debilitado por las guerras de sucesión y por la injerencia extranjera, se fue fragmentando a lo largo del siglo XVII. Su decadencia abrió el camino a una nueva potencia shona nacida, precisamente, de la resistencia contra los portugueses.
A fines del siglo XVII surgió el imperio Rozvi, la última gran potencia shona antes de la conquista europea. Su fundador fue Changamire Dombo, un antiguo vasallo de Mutapa que en la década de 1680 se rebeló, construyó un poderoso ejército y logró algo que ningún otro gobernante africano de la región había conseguido: derrotar a los portugueses y expulsarlos del altiplano interior, empujándolos de vuelta hacia el Zambeze y la costa.
El imperio Rozvi —cuyo nombre suele traducirse como "los destructores"— dominó el suroeste de la actual Zimbabwe a través de la dinastía Changamire durante alrededor de siglo y medio. Heredó la tradición constructora de sus antecesores: la ciudad de Khami, cerca de la futura Bulawayo, había sido capital del Estado de Torwa, y bajo los Rozvi la arquitectura de terrazas de piedra decorada alcanzó gran refinamiento. Fue un Estado próspero, militarizado y celoso de su independencia frente a los europeos.
El imperio Rozvi se mantuvo hasta la década de 1830, cuando fue arrasado por una fuerza que venía del sur: las oleadas de pueblos nguni desatadas por el Mfecane, la gran convulsión provocada por el ascenso del reino zulú de Shaka. Uno de esos grupos cambiaría para siempre el mapa humano de la región: los ndebele.
Hacia 1840 llegó al suroeste del actual Zimbabwe un pueblo nuevo: los ndebele (o matabele), liderados por Mzilikazi, un antiguo general del rey zulú Shaka que había roto con él y huido hacia el norte durante el Mfecane. Tras años de migración y guerra a través del actual territorio sudafricano, Mzilikazi asentó a su pueblo en la región que pasaría a llamarse Matabeleland y estableció su corte cerca de la futura Bulawayo.
Los ndebele organizaron un Estado militarizado de estilo zulú, basado en regimientos (amabutho) y en la ganadería, y sometieron o presionaron a muchas comunidades shona de las tierras altas mediante razias en busca de ganado y cautivos. Esa relación desigual entre ndebele del suroeste y shona del noreste dejaría tensiones que la política colonial y poscolonial sabría explotar.
A la muerte de Mzilikazi, en 1868, lo sucedió tras una disputa su hijo Lobengula, que gobernó desde la nueva Bulawayo. Fue bajo su reinado cuando los buscadores de oro, misioneros y concesionarios europeos empezaron a rondar la corte ndebele. Lobengula intentó jugar sus cartas con astucia, pero se enfrentaba a una fuerza nueva y voraz: el imperialismo de Cecil Rhodes.
El magnate del diamante y del oro Cecil John Rhodes soñaba con un imperio británico continuo "del Cabo a El Cairo", y las tierras al norte del Limpopo eran su próxima presa. En 1888, sus agentes obtuvieron de Lobengula la Concesión Rudd, un documento que el rey ndebele creyó limitado a algunos derechos mineros pero que Rhodes usó para conseguir de Londres, en 1889, una carta real para su British South Africa Company (BSAC).
En 1890, la Columna de Pioneros de la BSAC —unos 200 colonos escoltados por cientos de policías— marchó sobre Mashonaland y fundó Fort Salisbury, la actual Harare. En 1893 estalló la Primera Guerra Matabele: las fuerzas de la Compañía, con sus ametralladoras Maxim, derrotaron al ejército ndebele; Lobengula huyó y murió a comienzos de 1894, y su reino fue desmantelado. La tierra recién conquistada pasó a llamarse Rhodesia, en honor a Rhodes.
Pero la conquista no fue mansa. En 1896-1897, shona y ndebele se levantaron a la vez contra el despojo de tierras y ganado, los trabajos forzados y los impuestos coloniales, en una rebelión que los zimbabuenses recuerdan como la Primera Chimurenga ("lucha de liberación"). Figuras espirituales como la médium Nehanda Nyakasikana y el médium Kaguvi encabezaron la resistencia; fueron capturados y ejecutados en 1898, pero Mbuya Nehanda se convirtió en heroína y símbolo, y su nombre inspiraría a los combatientes de la guerra de liberación tres cuartos de siglo después.
En 1923 la BSAC cedió el control y Rhodesia del Sur se convirtió en colonia británica autogobernada por su minoría blanca. El régimen se sostuvo sobre un sistema de segregación y despojo territorial: leyes como la Land Apportionment Act de 1930 reservaron las mejores tierras para los colonos europeos y confinaron a la mayoría africana en reservas superpobladas, mientras se les negaban derechos políticos plenos.
En 1965, para evitar el avance hacia un gobierno de mayoría africana que impulsaba la descolonización, el primer ministro Ian Smith proclamó la Declaración Unilateral de Independencia (UDI) del Reino Unido, el 11 de noviembre. Rhodesia quedó como un Estado paria, sancionado internacionalmente, empeñado en perpetuar el dominio blanco. La respuesta africana fue la lucha armada: la Segunda Chimurenga.
Dos movimientos guerrilleros encabezaron la guerra de liberación: la ZANU, con su brazo armado ZANLA, ligada sobre todo a los shona y liderada con el tiempo por Robert Mugabe, y la ZAPU, con su brazo ZIPRA, de base ndebele y dirigida por Joshua Nkomo. Desde bases en Zambia y Mozambique, y unidos tácticamente en el Frente Patriótico, libraron una guerra de desgaste que, junto al aislamiento internacional, volvió insostenible el régimen. Las negociaciones de Lancaster House, en Londres, sellaron en diciembre de 1979 un alto el fuego y el camino a elecciones con sufragio universal.
En las elecciones de febrero de 1980, la ZANU de Robert Mugabe se impuso con claridad, y el 18 de abril de 1980 nació oficialmente la República de Zimbabwe, con Mugabe como primer ministro. La bandera lució el Pájaro de Zimbabwe, y el nuevo Estado tomó el nombre de aquella ciudad medieval de piedra. En un primer momento, Mugabe predicó una política de reconciliación entre razas y expandió notablemente la educación y la salud, avances reales que le valieron prestigio internacional.
Pero pronto asomó la cara oscura. Entre 1983 y 1987, en la campaña conocida como Gukurahundi, la Quinta Brigada del ejército —entrenada por Corea del Norte— reprimió con extrema violencia a las comunidades ndebele de Matabeleland y las Midlands, bajo el pretexto de perseguir a "disidentes" ligados a la ZAPU: se estima que fueron asesinadas alrededor de 20.000 personas. La crisis se cerró en 1987 con un Acuerdo de Unidad que fusionó ZANU y ZAPU en el ZANU-PF y consagró a Mugabe como presidente ejecutivo, dueño de un poder casi sin contrapesos.
La cuestión de la tierra, congelada por las cláusulas de Lancaster House, estalló en el año 2000 con la Reforma Agraria Acelerada (Fast Track): miles de granjas de propietarios blancos fueron ocupadas y expropiadas, a menudo con violencia y sin compensación. La producción agrícola se desplomó, la economía entró en caída libre y el gobierno financió sus déficits imprimiendo dinero. El resultado fue una de las peores hiperinflaciones de la historia: en noviembre de 2008 los precios se disparaban a ritmos astronómicos y el banco central llegó a emitir billetes de cien billones de dólares zimbabuenses. En 2009 el país abandonó su moneda y adoptó el dólar estadounidense para frenar el desastre, en el marco de un gobierno de unidad con la oposición de Morgan Tsvangirai.
Mugabe se aferró al poder casi cuatro décadas, hasta que en noviembre de 2017 un golpe militar lo forzó a renunciar; lo sucedió su antiguo vicepresidente, Emmerson Mnangagwa. Zimbabwe sigue lidiando hoy con la inestabilidad económica, la emigración de millones de sus hijos y las heridas no cerradas de su historia, pero conserva un patrimonio extraordinario: las cataratas Victoria, las manadas de elefantes de Hwange y Mana Pools, las ruinas del Gran Zimbabwe y una cultura shona y ndebele viva y orgullosa.