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Historia del país

Historia de Zambia

Cazadores antiquísimos y agricultores del hierro

El territorio de la actual Zambia estuvo habitado desde tiempos remotísimos. Uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de África, las Cataratas Kalambo, cerca del lago Tanganica, ha entregado una secuencia de ocupación humana de cientos de miles de años, con herramientas de piedra, restos de fuego y, según hallazgos recientes, la estructura de madera trabajada más antigua conocida del mundo. Aquellos primeros habitantes eran cazadores-recolectores emparentados con los actuales pueblos khoisan, que vivieron durante milenios de la caza, la pesca y la recolección en las sabanas y los bosques de miombo.

A partir del primer milenio de nuestra era, la gran expansión bantú transformó la región. Oleadas de agricultores y trabajadores del hierro que hablaban lenguas bantúes fueron llegando desde el norte y el oeste, trayendo consigo el cultivo del mijo y el sorgo, la cría de ganado y la metalurgia. Se asentaron en aldeas, desmontaron parcelas de bosque con la técnica del chitemene y desplazaron o absorbieron gradualmente a los cazadores originarios.

De aquellas migraciones bantúes descienden los más de setenta grupos etnolingüísticos que hoy conforman Zambia: bemba, tonga, lozi, chewa, ngoni, lunda, luvale, kaonde y tantos otros. No fue un poblamiento único ni simultáneo, sino un proceso de siglos que, hacia el segundo milenio, ya había cubierto de aldeas agrícolas las mesetas del país y sentado las bases de los reinos que vendrían después.

Los reinos precoloniales: lozi, bemba y lunda

Entre los siglos XVII y XIX, la meseta zambiana se organizó en una constelación de reinos y jefaturas que estructuraron la vida política antes de la llegada de los europeos. En el oeste, sobre la vasta llanura inundable del alto Zambeze, floreció el reino lozi, también llamado Barotseland. Los lozi desarrollaron una monarquía sofisticada gobernada por el Litunga (rey) y organizada en torno al ciclo de las crecidas del río: cada año, cuando las aguas suben, el Litunga se traslada de su capital de la llanura, Lealui, a tierras más altas en una espectacular procesión de barcazas conocida como la ceremonia del Kuomboka, que todavía se celebra.

En el noreste se asentó el pueblo bemba, hoy uno de los más numerosos del país. Según su tradición oral, los bemba descienden de nobles que abandonaron el imperio Luba del Congo hacia el siglo XVII, guiados por los hijos del jefe Mukulumpe y su esposa Mumbi Mukasa, del clan del cocodrilo (Ng'andu). Tras una larga migración hacia el este llegaron a la región de Kasama, donde el avistaje de un cocodrilo muerto se leyó como buen augurio; de allí el título de sus jefes supremos, el Chitimukulu, y su sistema de sucesión matrilineal. Los historiadores ven en ese relato un 'mito fundacional' que legitima a la dinastía del clan del cocodrilo más que una crónica literal.

A esas potencias se sumaron otros Estados nacidos de las migraciones luba-lunda desde el Congo: el reino lunda del Kazembe, sobre el fértil valle del Luapula, que controlaba el comercio de cobre, marfil y esclavos hacia ambas costas; y jefaturas chewa, ngoni —guerreros de origen zulú que subieron desde el sur en el siglo XIX— y tonga en el sur. Fue un mosaico de reinos, comercio de larga distancia y también de la violenta trata de esclavos que conectaba el interior con las costas del Índico y del Atlántico.

Livingstone y el 'humo que truena'

En noviembre de 1855, el misionero y explorador escocés David Livingstone, descendiendo el río Zambeze desde el interior, se convirtió en el primer europeo en contemplar la inmensa catarata que los pueblos locales conocían como Mosi-oa-Tunya, 'el humo que truena', por la columna de rocío y el estruendo que se elevan sobre el río. Livingstone la rebautizó Cataratas Victoria en honor a la reina Victoria de Inglaterra, y escribió que era un espectáculo tan bello que 'los ángeles debieron contemplarlo en su vuelo'.

Livingstone no fue un colonizador en el sentido clásico: se movía por una mezcla de vocación misionera, celo científico y una cruzada personal contra la trata de esclavos que asolaba el interior de África. Recorrió durante años el actual territorio zambiano en busca de rutas fluviales y de las fuentes del Nilo, y murió agotado por la disentería el 1 de mayo de 1873 en la aldea del jefe Chitambo, en el norte del país. Sus fieles compañeros Chuma y Susi enterraron su corazón bajo un árbol y cargaron su cuerpo embalsamado durante meses hasta la costa para repatriarlo.

Los relatos y mapas de Livingstone despertaron en Europa un enorme interés por el África central. Su figura se volvió legendaria —el periodista Henry Morton Stanley lo 'encontró' en 1871 con el célebre saludo '¿El doctor Livingstone, supongo?'— y sus escritos, que denunciaban la esclavitud pero también invitaban al 'comercio y la cristiandad', prepararon el terreno para la penetración europea que, apenas dos décadas después, sometería la región al dominio británico. La ciudad de Livingstone, junto a las cataratas, conserva hasta hoy su nombre.

La Compañía Británica y el nacimiento de Rhodesia del Norte

El reparto europeo de África, formalizado en la Conferencia de Berlín de 1884-85, selló el destino de la región. El encargado de ocuparla no fue directamente la corona británica, sino un particular: Cecil Rhodes, magnate minero y arquitecto del imperialismo británico en el sur de África, cuya British South Africa Company (BSAC) obtuvo en 1889 una carta real para explorar, administrar y explotar las tierras al norte del Limpopo.

La puerta de entrada fue Barotseland. Temeroso de una invasión de los ndebele de Lobengula, el Litunga lozi Lewanika buscó la protección de Gran Bretaña, pero fue conducido a firmar en 1890 la Concesión Lochner, que entregaba a la BSAC los derechos minerales y comerciales de su reino sin que el rey comprendiera del todo lo que cedía: creía pactar con el gobierno británico y no con una empresa privada. Con concesiones semejantes arrancadas a otros jefes, la Compañía extendió su dominio sobre los territorios del norte y del noreste del Zambeze.

Esas tierras tomaron el nombre de su patrón: Rhodesia. En 1911, la Rhodesia del Noroeste y la del Noreste se unificaron en un solo territorio, Rhodesia del Norte, todavía administrado por la BSAC. La Compañía impuso impuestos de choza que obligaban a los africanos a trabajar por dinero, reclutó mano de obra para las minas del sur y de Katanga, y trazó fronteras arbitrarias. En 1924, agotado el interés de la BSAC y crecientes las críticas a su administración, el gobierno británico asumió el control directo y Rhodesia del Norte se convirtió en un protectorado formal de la corona, gobernado desde Londres.

El cinturón del cobre: el Copperbelt

Lo que transformó para siempre a Rhodesia del Norte fue el cobre. Aunque los pueblos africanos extraían y trabajaban el metal desde tiempos precoloniales, fue en la década de 1920 cuando prospecciones sistemáticas revelaron, a lo largo de una franja del centro-norte, algunos de los yacimientos de cobre más ricos del mundo. Nacía así el Copperbelt, el 'cinturón del cobre', el corazón económico del país.

Los grandes yacimientos se pusieron en producción entre finales de los años veinte y principios de los treinta. Minas como la Roan Antelope (Luanshya) y la Nkana (Kitwe), desarrolladas con capital británico, sudafricano y estadounidense, comenzaron a producir en masa hacia 1931. Alrededor de los pozos brotaron ciudades industriales enteras —Ndola, Kitwe, Chingola, Mufulira, Luanshya, Chililabombwe— que atrajeron a decenas de miles de trabajadores africanos de todo el territorio y de países vecinos.

El Copperbelt fue también cuna de conflicto social y conciencia política. La economía minera se organizó sobre una rígida barrera de color: los europeos monopolizaban los empleos calificados y bien pagos, mientras los africanos, alojados en compounds y confinados a los trabajos peor remunerados, sufrían discriminación salarial y laboral. Las duras condiciones estallaron en huelgas históricas, como la de 1935 y la de 1940, reprimidas a tiros. De esos sindicatos mineros y de esa clase obrera urbana saldrían muchos de los dirigentes del futuro movimiento nacionalista: el cobre no solo financió la colonia, también forjó a quienes acabarían con ella.

La Federación, el nacionalismo y la independencia de 1964

Después de la Segunda Guerra Mundial, la minoría blanca de las Rhodesias impulsó un proyecto que los africanos rechazaban: en 1953, Londres unió Rhodesia del Norte, Rhodesia del Sur y Nyasalandia en la Federación de Rhodesia y Nyasalandia, una entidad semiautónoma dominada por los colonos de Rhodesia del Sur. Para los africanos del norte, la Federación significaba quedar atados a un régimen de supremacía blanca y ver cómo la riqueza de su cobre financiaba el desarrollo del sur.

El rechazo a la Federación galvanizó el nacionalismo. El Congreso Nacional Africano de Rhodesia del Norte y, sobre todo, el United National Independence Party (UNIP), fundado a comienzos de los años sesenta y liderado por un joven maestro llamado Kenneth Kaunda, encabezaron una campaña de resistencia, desobediencia civil y movilización popular conocida como Cha-cha-cha. La presión africana volvió ingobernable la Federación, que se disolvió el 31 de diciembre de 1963.

El camino a la independencia quedó abierto. En las elecciones de enero de 1964, el UNIP arrasó y Kaunda se convirtió en primer ministro; en Londres se firmó además el Acuerdo de Barotseland, que prometía autonomía interna al reino lozi dentro del nuevo Estado. El 24 de octubre de 1964, Rhodesia del Norte se independizó como República de Zambia —nombre tomado del río Zambeze—, con Kenneth Kaunda como su primer presidente. Un país nuevo, con apenas un puñado de graduados universitarios africanos y una economía dependiente por completo del cobre, echaba a andar.

Humanismo, cobre y crisis: la era de Kaunda

Kenneth Kaunda gobernó Zambia durante veintisiete años, de 1964 a 1991, y marcó a fuego la joven nación. Su ideología fue el 'Humanismo zambiano', una filosofía que mezclaba el socialismo africano con valores comunitarios y cristianos —la ayuda mutua, la dignidad de la persona, la sociedad 'centrada en el ser humano'— y que fue adoptada como filosofía nacional en 1967. Su lema de gobierno, 'One Zambia, One Nation' (Una Zambia, una nación), buscaba fundir en una sola identidad al mosaico de más de setenta pueblos del país.

En lo económico, Kaunda apostó por el control estatal de la riqueza. Con las Reformas de Matero de 1969 el Estado tomó el 51% de las grandes compañías mineras, y en 1973 completó la nacionalización creando la Zambia Consolidated Copper Mines (ZCCM), que concentró casi toda la industria del cobre —el metal aportaba cerca del 95% de las exportaciones y la mitad de los ingresos fiscales—. Con esos recursos, el gobierno expandió enormemente la educación y la salud gratuitas. Pero el momento no pudo ser peor: apenas nacionalizadas las minas, el precio internacional del cobre se desplomó a mediados de los años setenta mientras se disparaba el del petróleo, y la economía zambiana, sin diversificar, entró en una larga crisis de deuda, escasez y caída de la producción.

En lo político, Kaunda concentró el poder. En 1972 ilegalizó a los demás partidos y en 1973 instauró de derecho un Estado de partido único en torno al UNIP, con él como candidato presidencial sin rivales. Al mismo tiempo, Zambia pagó un alto precio por su solidaridad con la lucha antiapartheid y anticolonial: dio refugio y bases a los movimientos de liberación de Rhodesia del Sur, Sudáfrica, Angola, Namibia y Mozambique, y sufrió a cambio incursiones militares, sabotajes y el cierre de rutas comerciales. La construcción del ferrocarril TAZARA hacia Tanzania, con ayuda china, buscó liberar al país de su dependencia de los puertos del sur blanco.

La Zambia democrática de hoy

Hacia finales de los años ochenta, la crisis económica, el descontento popular y la ola democratizadora que recorría el mundo tras la Guerra Fría volvieron insostenible el partido único. Presionado por huelgas y protestas, Kaunda aceptó restaurar el multipartidismo, y en las elecciones de 1991 fue derrotado con claridad por Frederick Chiluba, un ex sindicalista del Copperbelt que lideraba el Movimiento por la Democracia Multipartidista (MMD). El traspaso pacífico del poder fue celebrado como un ejemplo para África.

Los gobiernos siguientes liberalizaron la economía, privatizaron la ZCCM y reabrieron las minas al capital extranjero. Tras Chiluba llegaron Levy Mwanawasa —recordado por su lucha contra la corrupción—, Rupiah Banda, el carismático Michael Sata y su Frente Patriótico en 2011, y Edgar Lungu. En 2021, en una nueva alternancia democrática, el opositor Hakainde Hichilema ganó la presidencia, después de la crisis de la deuda que en noviembre de 2020 había convertido a Zambia en el primer país africano en caer en default de sus bonos durante la pandemia de COVID-19.

La Zambia de hoy sigue siendo, en gran medida, un país del cobre: los altibajos del precio del metal marcan su suerte, y la creciente presencia de inversores —chinos, sobre todo— reaviva viejos debates sobre soberanía y beneficios. Pero es también un destino turístico de primer orden, orgulloso de sus Cataratas Victoria, de sus parques inmensos como South Luangwa y Kafue, y de una tradición de estabilidad y transiciones pacíficas poco común en la región. Un país joven, mayoritariamente rural, que aún busca cómo transformar la riqueza bajo su suelo en prosperidad para su gente.

🗺️ Historia por provincia / estado

El Zambeze inferior y el lago Kariba
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📚 Bibliografía

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