Genting Highlands es la 'Las Vegas de Malasia': un insólito complejo de ocio encaramado a más de 1.700 metros de altura, en la cima de un pico de la cordillera central, a solo una hora de Kuala Lumpur. Donde hace apenas medio siglo había selva impenetrable, hoy se alza una pequeña ciudad vertical de hoteles gigantescos, casinos, parques temáticos, centros comerciales y teleféricos, todo envuelto en un clima fresco y en la niebla que sube desde el valle. Es el reino del entretenimiento, muy distinto del resto de destinos de Malasia: acá no se viene por templos ni por playas, sino por diversión, juego, atracciones y aire fresco.
Su historia es la de un sueño: el del empresario Lim Goh Tong, que en los años sesenta imaginó un resort de montaña donde no había nada y se empeñó, contra todo pronóstico, en abrir una carretera a la cima y construir su ciudad del ocio, obteniendo la única licencia de casino terrestre de todo Malasia. Hoy Resorts World Genting recibe a millones de visitantes al año —malayos, singapurenses y de toda Asia— que suben en teleférico a jugar, a montarse en las montañas rusas, a comprar, a ver espectáculos o simplemente a disfrutar del frío.
Esta guía ordena la visita con criterio práctico y cálido: cómo subir (el teleférico es medio de la gracia), qué hay para hacer según tu interés (casino, parque temático, compras, el templo de camino), cuánto cuestan las cosas y qué esperar de un destino que es más un gran parque de diversiones de montaña que un pueblo. Genting se disfruta en un día o una noche, ideal como escapada desde KL, sobre todo si viajás con chicos, si te gusta el juego o si simplemente querés cambiar el calor tropical por un rato de niebla y suéter.
Genting Highlands es un destino joven y artificial, fruto de la visión de un solo hombre: Lim Goh Tong, un inmigrante chino que hizo fortuna en Malasia y que a comienzos de los años sesenta concibió la idea de construir un complejo turístico de montaña donde entonces solo había selva virgen. Inspirado por el clima fresco de las tierras altas y por el modelo de los resorts, Lim se lanzó a una empresa que muchos creyeron una locura: abrir una carretera hasta la cima del monte Ulu Kali, a más de 1.700 metros. Tras años de obras titánicas, la ruta se completó y el primer hotel abrió en 1971. La clave del proyecto fue que Lim obtuvo del primer ministro Tunku Abdul Rahman la única licencia de casino terrestre de Malasia, un país de mayoría musulmana donde el juego está prohibido para los musulmanes: esa exclusividad convirtió a Genting en una mina de oro. En las décadas siguientes, el complejo —hoy Resorts World Genting, operado por el Genting Group— creció sin parar, sumando más hoteles (incluido el First World Hotel, uno de los mayores del mundo por número de habitaciones), parques temáticos, teleféricos, centros comerciales y espectáculos, hasta convertirse en uno de los grandes destinos de ocio del sudeste asiático. La historia completa de la ciudad del ocio en las nubes está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La fachada histórica y económica de Malasia: la costa del estrecho por donde entraron todos los imperios, con Kuala Lumpur, Penang, Malaca y las tierras altas del estaño.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Hasta bien entrado el siglo XX, el pico donde hoy se levanta Genting Highlands no era más que una montaña cubierta de selva tropical impenetrable, sin caminos ni habitantes permanentes, en la cadena montañosa que separa los estados de Pahang y Selangor. La cumbre, en las estribaciones del monte Ulu Kali, se elevaba a más de 1.700 metros sobre el nivel del mar, lo que le daba un clima fresco y neblinoso, muy distinto del bochorno de las tierras bajas donde se extendía Kuala Lumpur.
Durante la época colonial británica, ya se conocía el valor de las tierras altas de la península como refugios frescos —lo demostraba el desarrollo de Cameron Highlands y Fraser's Hill como 'hill stations'—, pero este pico en particular seguía siendo un lugar salvaje y de difícil acceso, cubierto por una jungla densa. Nadie había pensado seriamente en construir allí.
Toda esa historia empezó a cambiar en la década de 1960, poco después de que Malasia (entonces la Federación Malaya) alcanzara la independencia en 1957. El joven país buscaba desarrollarse y diversificar su economía, y un hombre con una visión inusual puso los ojos en aquella montaña selvática y fría. Ese hombre era Lim Goh Tong, y su sueño transformaría por completo el pico anónimo en uno de los destinos de ocio más famosos del sudeste asiático.
Lim Goh Tong nació en 1918 en la provincia china de Fujian, en una familia campesina humilde. Como tantos otros, emigró de joven a Malasia (entonces Malaya británica) en busca de una vida mejor, en los años treinta. Trabajó duro en distintos oficios —en la construcción, en el comercio de maquinaria, en la minería de hierro— y con esfuerzo, olfato y no poca audacia fue amasando una fortuna, convirtiéndose en un empresario exitoso.
La idea que lo haría legendario le llegó, según se cuenta, mientras visitaba las tierras altas de Cameron Highlands y disfrutaba de su clima fresco. Lim pensó que un refugio de montaña así, pero mucho más cerca de la capital, Kuala Lumpur, podía convertirse en un gran destino turístico. Puso los ojos en el pico selvático cerca de Ulu Kali, a solo una hora de KL, y concibió un plan ambicioso: construir allí un complejo turístico de montaña, un resort donde los habitantes de la calurosa capital pudieran escapar al frío y divertirse.
Muchos consideraron el proyecto una locura. Había que abrir una carretera hasta la cima a través de una selva abrupta y montañosa, una obra de ingeniería descomunal para la época y para los medios de un empresario privado. Lim se lanzó igual. Financió y dirigió personalmente la construcción del camino, que avanzó lentamente entre enormes dificultades técnicas, desprendimientos y terreno difícil. La obra de la carretera tomó años de trabajo titánico, pero finalmente se completó, abriendo por primera vez el acceso rodado a la cumbre. El sueño empezaba a hacerse realidad.
El elemento que convertiría el resort de Genting en una mina de oro fue una decisión que hoy resulta sorprendente en un país de mayoría musulmana. Malasia prohíbe el juego a sus ciudadanos musulmanes por motivos religiosos, pero el gobierno de la época, encabezado por el primer ministro Tunku Abdul Rahman, decidió otorgar a Lim Goh Tong una licencia para operar un casino en su complejo de montaña. La lógica era pragmática: un casino legal, controlado y en un lugar apartado, podía generar ingresos, atraer turismo y evitar que el dinero se fuera al juego clandestino o al extranjero, dirigiéndose sobre todo a la población no musulmana (los ciudadanos de origen chino e indio) y a los visitantes extranjeros.
Así, Genting obtuvo algo extraordinario: la única licencia de casino terrestre legal de todo Malasia, una exclusividad que conserva hasta hoy y que resultó ser la clave de su éxito económico. El primer hotel del complejo, el Highlands Hotel, abrió sus puertas en 1971, y con él, el casino. El público respondió de inmediato: subir a las nubes a jugar, con clima fresco y a un paso de la capital, se volvió una atracción irresistible.
Ese monopolio del juego legal fue la gran ventaja competitiva de Genting y la base de la fortuna del Genting Group, el conglomerado que Lim construyó. Con los ingresos del casino, el complejo pudo crecer y reinvertir sin cesar, financiando la expansión que lo convertiría, década tras década, en una verdadera ciudad del ocio. La 'jugada maestra' de conseguir esa licencia definió para siempre la identidad —y la rentabilidad— de Genting Highlands.
Desde su apertura en 1971, Genting no dejó de crecer. A lo largo de los años setenta, ochenta y noventa, Lim Goh Tong y su empresa fueron añadiendo hoteles, atracciones e infraestructura, transformando el complejo en un destino de masas. Se construyeron nuevos hoteles cada vez más grandes —culminando en el gigantesco First World Hotel, que con miles de habitaciones llegó a figurar entre los mayores del mundo por número de cuartos—, restaurantes, salas de espectáculos, un parque de atracciones al aire libre y otro cubierto, y centros comerciales.
La conexión con el complejo también se modernizó. A la carretera original se sumaron teleféricos (cable cars) que subían a los visitantes desde la ladera hasta la cima sobrevolando la selva: primero el Genting Skyway, que fue en su momento uno de los teleféricos más rápidos y largos del sudeste asiático, y décadas después el moderno Awana SkyWay. El propio Lim impulsó además la construcción del hermoso templo budista Chin Swee, en la ladera de la montaña, dándole al complejo, junto al ocio, una dimensión espiritual.
El Genting Group, por su parte, se convirtió en un conglomerado multinacional que fue mucho más allá de la montaña: con intereses en casinos y resorts de otros países (Singapur, Estados Unidos, Reino Unido, Filipinas), plantaciones, energía, cruceros y más. Lim Goh Tong pasó a ser uno de los hombres más ricos de Malasia, y cuando se retiró y luego falleció en 2007, dejó el imperio en manos de su familia, que lo sigue dirigiendo. De aquel sueño 'imposible' de una montaña selvática había nacido uno de los grupos empresariales más poderosos del país.
En el siglo XXI, Genting Highlands —hoy conocido oficialmente como Resorts World Genting— es uno de los complejos turísticos integrados más grandes y visitados del sudeste asiático, que recibe cada año a decenas de millones de visitantes, sobre todo de Malasia y de la vecina Singapur, pero también de toda la región. A menudo se lo apoda 'la Las Vegas de Malasia' por su combinación de casino, hoteles gigantescos, espectáculos y entretenimiento en un solo lugar, aunque en un entorno de montaña fresca y neblinosa muy distinto del desierto de Nevada.
El complejo se ha seguido renovando. En años recientes se remodeló a fondo con la incorporación del moderno centro comercial y de ocio SkyAvenue, el nuevo teleférico Awana SkyWay y, tras un largo y polémico proceso (el proyecto original con la Twentieth Century Fox se cayó), la apertura en 2022 del parque temático al aire libre Genting SkyWorlds, uno de los mayores del país, con la particularidad única de estar a más de 1.700 metros de altura.
Como todo destino de este tipo, Genting no está exento de críticas y contrastes: el impacto ambiental de un complejo tan enorme sobre un ecosistema de montaña, la cuestión moral del juego en un país de mayoría musulmana, el turismo masivo y la saturación en fines de semana y feriados. Pero su éxito es innegable, y para millones de personas es sinónimo de escapada, diversión y clima fresco a un paso de Kuala Lumpur.
Medio siglo después de que Lim Goh Tong abriera aquella carretera imposible a través de la selva, su visión sigue en pie, más grande que nunca: una improbable ciudad del ocio construida sobre una cumbre entre las nubes, donde antes no había más que jungla y niebla.