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Historia de Jordania

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Los reinos bíblicos: Ammón, Moab y Edom

Mucho antes de que existiera la idea de Jordania, las tierras al este del río Jordán estuvieron habitadas desde el Paleolítico y vieron surgir, en la Edad del Hierro, tres reinos que la Biblia hebrea nombra una y otra vez: Ammón, Moab y Edom. No eran invenciones literarias. La arqueología ha confirmado su existencia con murallas, templos, inscripciones y cerámica, y ha permitido reconstruir bastante de aquellas sociedades del primer milenio antes de nuestra era.

Ammón se extendía en torno a su capital, Rabbat Ammón, sobre las colinas donde hoy está la ciudadela de Amán —el nombre de la capital jordana conserva el de aquel reino—. Moab ocupaba la meseta al este del mar Muerto, y de allí proviene una de las piezas epigráficas más famosas del Cercano Oriente, la Estela de Mesha o Piedra Moabita, del siglo IX a. C., donde el rey moabita Mesha narra sus guerras contra el reino de Israel. Edom, más al sur, en la región montañosa de las actuales Petra y Wadi Musa, era famoso por sus rutas comerciales y por el cobre de sus minas.

Estos reinos convivieron, comerciaron y guerrearon con los hebreos, los arameos y, sobre todo, con los grandes imperios mesopotámicos. Asiria primero y Babilonia después los sometieron a tributo y terminaron por absorberlos entre los siglos VIII y VI a. C. Cuando el Imperio persa dominó la región, Moab y Edom ya habían desaparecido como entidades políticas, y su territorio quedó abierto a las tribus árabes que llegaban del sur y del desierto. Entre ellas venían los que cambiarían para siempre la historia de esta tierra: los nabateos.

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Los nabateos y el esplendor de Petra

Hacia el siglo IV a. C., un pueblo árabe originariamente nómada, los nabateos, se estableció en las montañas del sur de la actual Jordania y fundó lo que sería una de las civilizaciones más deslumbrantes de la Antigüedad. Su capital, Petra —que ellos llamaban Raqmu—, quedó tallada en la piedra arenisca de tonos rosados y rojizos de un valle escondido, al que se accede por un desfiladero angosto de más de un kilómetro, el Siq, que desemboca de golpe frente a la fachada del célebre 'Tesoro' (Al Khazneh).

La riqueza nabatea no venía de la tierra, árida y difícil, sino del comercio. Petra estaba en el cruce de las grandes rutas de caravanas que traían incienso y mirra del sur de Arabia, especias de la India y seda de más lejos, para distribuirlas hacia el Mediterráneo. Los nabateos cobraban peajes y protección, y con ese dinero construyeron una ciudad monumental. Su verdadero genio, sin embargo, fue el agua: en un desierto donde llueve poquísimo, diseñaron un sistema de presas, canales, cisternas y tuberías de cerámica que captaba hasta la última gota de las crecidas y abastecía a decenas de miles de habitantes.

El reino nabateo llegó a su apogeo entre los siglos I a. C. y I d. C., y se extendió por buena parte del sur de Jordania, el Néguev y el norte de Arabia. En el año 106 d. C., el emperador Trajano lo anexó al Imperio romano sin necesidad de una gran guerra, y lo convirtió en la provincia de Arabia Pétrea. Petra siguió próspera un tiempo, pero el desplazamiento de las rutas comerciales hacia el mar y una serie de terremotos —el más devastador en el año 363 d. C.— la fueron vaciando. Con los siglos quedó olvidada por Occidente, hasta que en 1812 el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt volvió a darla a conocer. Hoy es Patrimonio de la Humanidad y una de las 'nuevas siete maravillas del mundo'.

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La Decápolis grecorromana

La huella grecorromana en Jordania empieza con las conquistas de Alejandro Magno, a fines del siglo IV a. C., y con el reparto de su imperio entre sus generales. Durante los siglos siguientes, la región fue disputada por los reinos helenísticos de los tolomeos de Egipto y los seléucidas de Siria, que fundaron o refundaron ciudades a la manera griega, con sus ágoras, teatros y templos. De aquella época viene el trazado urbano que la conquista romana potenciaría después.

Cuando Roma se instaló en Oriente, en el siglo I a. C., varias de esas ciudades se agruparon en una liga informal conocida como la Decápolis, es decir, 'las diez ciudades', mencionada incluso en los Evangelios. Eran centros de cultura griega dentro de un mundo semita, con autonomía y comercio propios. Buena parte de ellas estaba en la Jordania actual: Gerasa (la actual Jerash), Gádara (Umm Qais), Filadelfia —el nombre grecorromano de Amán, en honor al rey Tolomeo II Filadelfo— y Pella, entre otras.

La joya de este período es Jerash, considerada una de las ciudades romanas de provincias mejor conservadas del mundo. Su plaza oval rodeada de columnas, la larga calle porticada (el Cardo Máximo), los arcos, los templos de Zeus y Artemisa y sus dos teatros dan una idea nítida de cómo era una ciudad próspera del Imperio. Gádara, hoy Umm Qais, se alzaba en un altozano con vistas al mar de Galilea, al valle del Jordán y a los Altos del Golán, y fue cuna de poetas y filósofos griegos. Este esplendor urbano se prolongó, con altibajos, hasta bien entrada la época bizantina.

worldhistory.org · Decapolisen.wikipedia.org · Decapolisen.wikipedia.org · Jerash

Bizancio y la edad de oro de los mosaicos

Con la división del Imperio romano y el ascenso del cristianismo, la actual Jordania quedó integrada en el Imperio bizantino, la mitad oriental que sobrevivió a la caída de Roma. Entre los siglos IV y VII, la región vivió una etapa de intensa cristianización: las antiguas ciudades de la Decápolis se llenaron de iglesias y basílicas, y el territorio se cubrió de comunidades monásticas y lugares de peregrinación ligados a los relatos bíblicos.

El legado más extraordinario de esos siglos son los mosaicos. Madaba, al sur de Amán, se ganó el apodo de 'ciudad de los mosaicos' por la enorme cantidad de pavimentos que conserva. El más famoso está en el suelo de la iglesia ortodoxa de San Jorge: el llamado Mapa de Madaba, del siglo VI, la representación cartográfica más antigua que se conserva de Tierra Santa, con Jerusalén en el centro, el río Jordán, el mar Muerto y decenas de localidades identificadas con sus nombres. A pocos kilómetros, el Monte Nebo —el lugar desde donde, según la tradición, Moisés contempló la Tierra Prometida antes de morir— guarda un conjunto de mosaicos en el memorial construido sobre las ruinas de una basílica bizantina.

Esta prosperidad no estuvo exenta de sobresaltos. Terremotos como el del año 749, epidemias como la peste de Justiniano en el siglo VI y las largas guerras entre bizantinos y persas sasánidas fueron desgastando a la región. Cuando en el siglo VII irrumpieron desde Arabia los ejércitos del islam, el dominio bizantino sobre estas tierras estaba maduro para caer.

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La conquista islámica y los castillos omeyas del desierto

En el año 636, en la batalla de Yarmuk —librada en el valle de un río que hoy marca parte de la frontera entre Jordania y Siria—, los ejércitos árabes musulmanes derrotaron de forma decisiva a los bizantinos y abrieron Oriente Próximo al islam. La región que hoy es Jordania quedó incorporada al naciente califato y empezó una lenta arabización e islamización que, con el tiempo, transformaría por completo su población y su cultura.

Bajo la dinastía omeya, que gobernó desde Damasco entre 661 y 750, estas tierras vivieron un momento de esplendor. Al estar en el corazón del califato, cerca de la capital, se llenaron de residencias, baños y fortines que la historiografía agrupa bajo el nombre de 'castillos del desierto'. Repartidos por la estepa al este de Amán, servían como pabellones de caza, paradas de caravana, centros agrícolas y lugares de retiro para los príncipes omeyas. El más célebre es Qusayr Amra, un pequeño palacio con baños cuyas paredes conservan frescos con escenas de caza, figuras humanas y hasta un mapa del cielo pintado en una cúpula, algo excepcional en el arte islámico temprano; hoy es Patrimonio de la Humanidad. A él se suman Qasr Kharana, con aspecto de fortaleza compacta, y Qasr Azraq, la fortaleza de basalto negro construida sobre un oasis.

Tras la caída de los omeyas frente a los abasíes en 750, el centro del poder islámico se mudó a Bagdad y la actual Jordania pasó a ser una zona periférica. Durante siglos fue tierra de paso de peregrinos hacia La Meca y escenario de disputas entre potencias regionales, sin volver a ser un centro político de primer orden hasta tiempos muy recientes.

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Cruzados, mamelucos y los siglos otomanos

Entre los siglos XI y XIII, la actual Jordania volvió a ser frontera y campo de batalla. Los cruzados, llegados de Europa para conquistar Tierra Santa, extendieron su presencia al este del Jordán, en una región que llamaron Oultrejourdain ('Ultramar del Jordán'). Para controlar las rutas de caravanas y de peregrinos que unían Egipto con Siria y Arabia, levantaron una cadena de fortalezas, entre ellas el imponente castillo de Karak, construido a partir de 1142 sobre un espolón rocoso que domina la Carretera del Rey. Su señor, Reinaldo de Châtillon, se hizo tristemente famoso por asaltar caravanas musulmanas y desafiar las treguas, y sus provocaciones contribuyeron a desencadenar la ofensiva de Saladino: en 1187, tras la decisiva batalla de Hattin, el sultán tomó el control de la región y Karak cayó en manos musulmanas.

A partir del siglo XIII, la región pasó a manos de los mamelucos, la dinastía de origen esclavo-militar que gobernaba desde El Cairo y que frenó tanto a los cruzados como a la temible invasión mongola. Los mamelucos reforzaron los castillos, organizaron la ruta de peregrinación a La Meca y mantuvieron el territorio como una provincia de tránsito, en una época de relativa tranquilidad y también de cierto estancamiento. En 1516 y 1517, el sultán otomano Selim I derrotó a los mamelucos e incorporó Siria, Palestina, Egipto y, con ellos, la actual Jordania al vasto Imperio otomano. Comenzaba una etapa de unos cuatro siglos en la que estas tierras fueron una periferia lejana, administrada desde Damasco y despoblada en buena parte, con la vida concentrada en algunas aldeas agrícolas del norte y en las tribus beduinas que dominaban el desierto y la estepa.

Para Estambul, el valor principal de la región era la ruta de peregrinación: cada año, la gran caravana del Hajj partía de Damasco hacia La Meca atravesando lo que hoy es Jordania, y los otomanos construyeron fortines para protegerla de los asaltos de las tribus. Fuera de ese eje, el control del gobierno era débil y a menudo nominal: buena parte del territorio se regía por la autoridad de los jeques tribales más que por los funcionarios del sultán.

El gran cambio llegó a comienzos del siglo XX con la construcción del ferrocarril del Hiyaz, inaugurado en tramos entre 1904 y 1908, que unía Damasco con Medina pasando por Amán y Maán. La línea buscaba facilitar la peregrinación y reforzar el dominio otomano sobre la región, y de paso reactivó pueblos que llevaban siglos dormidos. Amán, que era poco más que una aldea circasiana —repoblada en la década de 1870 por refugiados del Cáucaso—, empezó a crecer gracias al tren. Ese mismo ferrocarril, pocos años después, se convertiría en el gran objetivo militar de la revuelta que cambiaría el destino de todo Oriente Próximo.

en.wikipedia.org · Oultrejordainen.wikipedia.org · Kerak Castleen.wikipedia.org · Hejaz railwaybritannica.com · History

La Gran Revuelta Árabe y Lawrence de Arabia

Durante la Primera Guerra Mundial, el Imperio otomano combatió del lado de Alemania, y los británicos buscaron debilitarlo por dentro alentando una rebelión árabe. En 1916, tras un intercambio de cartas entre el alto comisionado británico en Egipto y el jerife Husein bin Ali de La Meca —jefe de la dinastía hachemí, que decía descender del profeta Mahoma—, estalló la Gran Revuelta Árabe. A cambio de sublevarse contra los otomanos, Husein creía haber recibido la promesa de un gran reino árabe independiente que abarcaría buena parte de Oriente Próximo.

Los hijos de Husein encabezaron la revuelta, y a su lado combatió un joven oficial y arqueólogo británico, Thomas Edward Lawrence, que pasaría a la historia como 'Lawrence de Arabia'. La lucha en el territorio de la actual Jordania fue intensa: los rebeldes y sus asesores británicos hostigaban el ferrocarril del Hiyaz con voladuras constantes y usaban los desiertos —entre ellos el espectacular Wadi Rum, que Lawrence describió en 'Los siete pilares de la sabiduría'— como base de operaciones. El golpe más célebre fue la toma de Aqaba, el 6 de julio de 1917: en lugar de atacar el puerto desde el mar, la fuerza árabe lo asaltó por sorpresa desde el desierto interior, tras una larga marcha, y lo conquistó casi sin bajas propias.

La revuelta contribuyó al derrumbe otomano en Oriente Próximo, pero la promesa de independencia se cumplió a medias. En secreto, Gran Bretaña y Francia ya se habían repartido la región en el acuerdo Sykes-Picot de 1916, y la Declaración Balfour de 1917 comprometía a Londres con un 'hogar nacional judío' en Palestina. Los árabes sintieron que habían sido traicionados, y de esa frustración, y del reparto que vino después, nacería el mapa —y muchos de los conflictos— del Oriente Próximo contemporáneo.

smithsonianmag.com · True story lawrence arabia 180951857en.wikipedia.org · Arab Revolten.wikipedia.org · Battle of Aqaba

El Mandato británico y el nacimiento de Transjordania

Terminada la guerra, la Sociedad de Naciones repartió las provincias árabes del extinto Imperio otomano entre las potencias vencedoras bajo la figura de los 'mandatos'. Francia se quedó con Siria y el Líbano; Gran Bretaña, con Palestina e Irak. En 1920, los franceses expulsaron de Damasco al emir Faisal, hijo de Husein, que había proclamado allí un breve reino árabe. Su hermano Abdullah marchó entonces con hombres armados hacia el norte, en teoría para reconquistar el trono de su hermano, y llegó a la región desértica al este del Jordán, que había quedado en una especie de vacío de poder dentro del mandato británico de Palestina.

En marzo de 1921, en la Conferencia de El Cairo, el ministro británico de Colonias, Winston Churchill, resolvió el problema con un arreglo pragmático: se reconocería a Abdullah como emir de un nuevo territorio, el Emirato de Transjordania ('el otro lado del Jordán'), separado administrativamente de la Palestina al oeste del río, donde regiría la política del hogar nacional judío. Así, casi de un plumazo y para satisfacer a la dinastía hachemí, nació la entidad política que sería la base del país actual.

Durante las dos décadas siguientes, Transjordania fue un emirato semiautónomo bajo tutela británica. Abdullah gobernaba con el apoyo de Londres, que financiaba la administración y organizaba la fuerza militar que se haría legendaria: la Legión Árabe, entrenada y comandada durante años por oficiales británicos, entre ellos John Bagot Glubb, 'Glubb Pasha'. Amán, la antigua aldea junto a las ruinas romanas, se convirtió en la modesta capital de este emirato joven, que iba forjando poco a poco las instituciones de un Estado.

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La independencia de 1946 y la dinastía hachemí

El fin de la Segunda Guerra Mundial aceleró la descolonización. El 22 de marzo de 1946, Gran Bretaña y el emir Abdullah firmaron en Londres un tratado que reconocía la independencia de Transjordania. El 25 de mayo de ese año —fecha que hoy se celebra como Día de la Independencia—, el país fue elevado a la categoría de reino con el nombre de Reino Hachemí de Transjordania, y Abdullah pasó de emir a rey. En 1949, tras la guerra con Israel y la incorporación de Cisjordania, el nombre se simplificó al que lleva hoy: Reino Hachemí de Jordania.

La dinastía hachemí que reina desde entonces es una de las familias más antiguas y prestigiosas del mundo árabe, y su legitimidad se apoya en su alegado linaje directo con el profeta Mahoma. El fundador del reino, Abdullah I, fue asesinado en 1951 en la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, por un nacionalista palestino; su nieto Hussein, que estaba a su lado y sobrevivió al atentado, subiría al trono en 1953, con apenas 17 años, y reinaría durante 46 años, hasta su muerte en 1999.

El largo reinado de Hussein definió a la Jordania moderna. Le tocó gobernar un país pobre en recursos, sin petróleo abundante, encajado entre vecinos poderosos y atravesado por la cuestión palestina. Su habilidad para maniobrar entre las grandes potencias, los países árabes e Israel, sobreviviendo a golpes, atentados y guerras, le valió el apodo de 'el rey superviviente'. A su muerte, en 1999, lo sucedió su hijo Abdullah II, el monarca actual, que ha continuado la línea de estabilidad y alineamiento con Occidente de su padre.

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La cuestión palestina y las guerras con Israel

Ningún factor ha marcado más la historia de la Jordania independiente que su vínculo con Palestina. En 1948, tras la retirada británica y la proclamación del Estado de Israel, estalló la primera guerra árabe-israelí. La Legión Árabe jordana fue el ejército árabe más eficaz del conflicto y logró retener Cisjordania y la parte oriental de Jerusalén, incluida la Ciudad Vieja con sus lugares santos. En 1950, Jordania anexó formalmente Cisjordania, una medida reconocida por muy pocos países, y otorgó la ciudadanía jordana a su población palestina. De golpe, el reino duplicó su población y los palestinos pasaron a ser una parte enorme —para muchos, la mayoría— de sus habitantes.

El equilibrio se rompió en junio de 1967, con la Guerra de los Seis Días. Jordania entró en el conflicto del lado de Egipto y Siria y sufrió una derrota catastrófica: Israel ocupó toda Cisjordania y Jerusalén Este, es decir, cerca de la mitad del territorio que el reino administraba y sus sitios más sagrados y significativos. Una nueva y masiva oleada de refugiados palestinos cruzó el río hacia la orilla oriental, sumándose a los que ya habían llegado en 1948 y tensionando aún más al país.

Esa presión demográfica y política tendría consecuencias internas graves. Con el tiempo, sin embargo, la relación de Jordania con la cuestión palestina cambió de rumbo. En 1988, el rey Hussein renunció formalmente a los reclamos jordanos sobre Cisjordania en favor de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Y en 1994, Jordania firmó un tratado de paz con Israel —el segundo país árabe en hacerlo, después de Egipto—, que puso fin al estado de guerra, fijó las fronteras y reconoció un papel especial de la monarquía hachemí en la custodia de los lugares santos musulmanes de Jerusalén.

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Septiembre Negro (1970)

El episodio más doloroso de la historia interna de Jordania se conoce como Septiembre Negro. A fines de los años sesenta, tras la derrota de 1967 y con cientos de miles de refugiados palestinos en el país, las organizaciones guerrilleras palestinas —agrupadas en la OLP— habían construido en Jordania una suerte de Estado dentro del Estado: controlaban campos de refugiados, portaban armas abiertamente, montaban controles y desafiaban la autoridad del gobierno y del rey. Las tensiones con el ejército jordano venían escalando desde 1969.

El detonante fue la ola de secuestros aéreos de septiembre de 1970: militantes del Frente Popular para la Liberación de Palestina desviaron varios aviones comerciales y volaron tres de ellos, ya vacíos, en un aeródromo del desierto jordano, ante las cámaras del mundo entero. Fue un desafío directo a la soberanía del reino. El 16 de septiembre, el rey Hussein declaró la ley marcial y ordenó al ejército recuperar el control. Los combates, concentrados en Amán y en el norte del país, fueron durísimos y se cobraron miles de vidas. Las estimaciones de muertos varían mucho según las fuentes, desde varios miles hasta cifras más altas que dan las fuentes palestinas; la ausencia de recuentos independientes hace que el número exacto siga siendo objeto de discusión.

Una intervención de tropas sirias en apoyo de los palestinos amenazó con internacionalizar el conflicto, pero fue rechazada. El 27 de septiembre, la mediación de otros líderes árabes en El Cairo logró un alto el fuego entre Hussein y el líder de la OLP, Yasser Arafat. La lucha se reanudó de forma intermitente hasta mediados de 1971, cuando el ejército jordano expulsó definitivamente a las fuerzas guerrilleras, que se trasladaron al Líbano. El episodio consolidó el poder de la monarquía dentro de Jordania, pero dejó una herida profunda en la relación entre el Estado y su población de origen palestino, y dio nombre al grupo que perpetraría el atentado de Múnich en 1972.

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La Jordania actual: estabilidad, refugiados y turismo

La Jordania del siglo XXI es, ante todo, una excepción de estabilidad en un vecindario en llamas. Rodeada por Siria, Irak, Arabia Saudita, Israel y los territorios palestinos, ha atravesado décadas de guerras regionales sin derrumbarse. Cuando en 2011 la ola de las 'primaveras árabes' sacudió a buena parte del mundo árabe, Jordania vivió protestas por corrupción, desempleo y falta de reformas, pero el rey Abdullah II respondió con cambios de gobierno y ajustes constitucionales que evitaron el estallido que sí derribó a otros regímenes.

El gran rasgo estructural del país sigue siendo la acogida de refugiados. A las sucesivas oleadas de palestinos se sumaron cientos de miles de iraquíes tras las guerras de Irak, y luego una enorme llegada de sirios a partir de 2011: Jordania ha albergado a más de un millón de refugiados sirios, y el campo de Zaatari se convirtió en uno de los mayores del mundo. Es uno de los países con más refugiados por habitante del planeta, algo que ejerce una presión constante sobre el agua —Jordania es uno de los Estados con mayor escasez hídrica del mundo—, los servicios públicos y una economía frágil, muy dependiente de la ayuda exterior.

Sin recursos de petróleo comparables a los de sus vecinos del Golfo, Jordania se apoya en los servicios, la industria del fosfato y la potasa, las remesas de sus trabajadores en el extranjero y, de manera creciente, el turismo. Petra, Wadi Rum, el mar Muerto, Jerash, Madaba y los castillos del desierto atraen a viajeros de todo el mundo, y el sector es una de las principales fuentes de divisas y de empleo. Con una población que ronda los once millones de habitantes y una posición geográfica tan estratégica como incómoda, la Jordania actual sigue haciendo lo que ha hecho durante toda su corta historia como Estado: equilibrarse con habilidad entre potencias, absorber los sacudones de la región y mantener a flote un reino que nació casi de la improvisación.

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Amán y el norte

Historia de Amán y el norte · Jordania

Amán, de Rabbat Ammón a capital moderna

La capital de Jordania es una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, y su nombre lo delata: viene de Rabbat Ammón, la capital del reino bíblico de Ammón que floreció aquí en la Edad del Hierro. Sobre su colina más alta, la Ciudadela (Yábal al Qalaa), se apilan las capas de la historia: restos ammonitas, el Templo de Hércules romano, un palacio omeya del siglo VIII y una iglesia bizantina, todo en un mismo cerro. A sus pies, en la ciudad baja, se conserva un gran teatro romano excavado en la ladera, con capacidad para unos seis mil espectadores.

En época grecorromana, la ciudad se llamó Filadelfia, en honor al rey egipcio Tolomeo II Filadelfo, y fue una de las urbes de la Decápolis. Después de siglos de esplendor decayó, y durante buena parte del período otomano quedó reducida casi a ruinas deshabitadas. Su renacimiento empezó en la década de 1870, cuando el gobierno otomano asentó allí a refugiados circasianos que huían de la conquista rusa del Cáucaso, y se aceleró con la llegada del ferrocarril del Hiyaz a comienzos del siglo XX.

Cuando Abdullah eligió a Amán como capital de su nuevo emirato en la década de 1920, era todavía una localidad modesta de pocos miles de habitantes. A partir de ahí, y sobre todo con las oleadas de refugiados palestinos de 1948 y 1967, la ciudad creció de manera explosiva hasta convertirse en la gran metrópolis de más de cuatro millones de habitantes que es hoy: una capital de contrastes, con el centro antiguo y sus cafés por un lado y los barrios modernos de galerías, universidades y torres por el otro.

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Jerash, la 'Pompeya de Oriente'

A unos 50 kilómetros al norte de Amán se encuentra Jerash, la antigua Gerasa, una de las ciudades romanas de provincias mejor conservadas del mundo, hasta el punto de que se la ha llamado la 'Pompeya de Oriente'. A diferencia de la ciudad italiana, no la sepultó una erupción sino el lento abandono tras los terremotos y los cambios de época, lo que dejó en pie un conjunto urbano de una integridad asombrosa.

El visitante entra por el Arco de Adriano, levantado hacia el año 129 para conmemorar la visita del emperador. Más adelante se abre la célebre Plaza Oval, una gran explanada rodeada de columnas jónicas, de la que arranca el Cardo Máximo, la calle principal porticada, con las marcas de las ruedas de los carros todavía visibles en el pavimento. A los costados se alzan los templos de Zeus y de Artemisa, dos teatros, ninfeos, termas y basílicas bizantinas con mosaicos, testimonio del paso del paganismo al cristianismo.

Gerasa perteneció a la Decápolis y vivió su mayor esplendor entre los siglos I y III, gracias al comercio y a la agricultura de una región fértil. La conquista islámica y, sobre todo, el devastador terremoto del año 749 la fueron reduciendo, y con el tiempo quedó cubierta de arena y olvidada, hasta su redescubrimiento en el siglo XIX. Hoy es, después de Petra, el segundo gran atractivo arqueológico de Jordania, y cada verano acoge un festival de cultura entre sus columnas.

en.wikipedia.org · Jerashworldhistory.org · Gerasa

Umm Qais y la Gádara de los filósofos

En el extremo noroeste del país, sobre una colina que domina un cruce de fronteras y de paisajes, están las ruinas de Umm Qais, la antigua Gádara. Desde aquí la vista abarca a la vez el valle del río Jordán, el mar de Galilea (o lago Tiberíades) y las alturas del Golán, un mirador privilegiado sobre tres territorios cargados de historia.

Gádara fue también una de las ciudades de la Decápolis y un centro de cultura griega poco común: de aquí salieron poetas y filósofos de renombre en la Antigüedad, como el poeta epigramático Meleagro y el satírico Menipo, lo que le valió la fama de ser una pequeña 'Atenas de Oriente'. De su pasado grecorromano quedan un teatro de basalto negro, calles con columnas, una basílica y las tumbas monumentales de la necrópolis.

El lugar tiene además una resonancia bíblica: la 'región de los gadarenos' que mencionan los Evangelios, escenario del episodio del endemoniado y los cerdos, suele asociarse con esta zona. A las ruinas antiguas se superpone, curiosamente, un pueblo otomano del siglo XIX construido en parte con las piedras reaprovechadas de la ciudad clásica, de modo que en Umm Qais conviven, unas sobre otras, la Gádara grecorromana y la aldea de tiempos del imperio otomano.

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El norte fértil, el granero del país

El norte de Jordania es, geográficamente, muy distinto del resto del país. Mientras que hacia el sur y el este predomina el desierto, aquí las montañas de Ajlun y las colinas de Irbid reciben más lluvia y conservan bosques de pinos y encinas, olivares y campos de trigo. No es casualidad que las grandes ciudades de la Decápolis —Gerasa, Gádara, Pella, Capitolias— se levantaran justamente en esta franja: era la más apta para la agricultura y la más poblada desde la Antigüedad.

En el corazón de esta región se alza el castillo de Ajlun (Qalaat ar Rabad), una fortaleza construida a partir de 1184 por un general de Saladino para controlar las rutas y vigilar los movimientos de los cruzados asentados al otro lado del Jordán. Es un raro ejemplo de castillo netamente islámico —y no cruzado— de la época de las Cruzadas, y desde sus torres se domina un amplio tramo del valle.

Hoy Irbid, cerca de la frontera con Siria, es la segunda ciudad más poblada de Jordania y un importante centro universitario. Toda esta zona norte, más verde y más agrícola, ha sido históricamente el 'granero' del país y la puerta natural hacia Damasco, con la que estas tierras estuvieron ligadas durante siglos, tanto bajo los omeyas como bajo los otomanos.

en.wikipedia.org · Ajloun Castleen.wikipedia.org · Irbid

Una capital moldeada por los refugiados

Si algo explica la Amán de hoy es la historia de las migraciones forzadas del último siglo. La ciudad que Abdullah heredó en los años veinte era pequeña; la que gobierna hoy Abdullah II es una metrópolis que concentra a casi la mitad de la población del país. Ese salto se debe, en buena parte, a las sucesivas oleadas de refugiados que encontraron en la capital su lugar de asentamiento.

Los palestinos que llegaron en 1948 y 1967 transformaron la ciudad y la sociedad jordana: hoy una parte muy grande de la población de Amán es de origen palestino, y su presencia moldeó la economía, la cultura y la política. A ellos se sumaron, en las décadas siguientes, iraquíes que huían de las guerras y las sanciones, y más tarde sirios que escapaban del conflicto iniciado en 2011. Cada oleada dejó su marca en barrios, comercios, dialectos y cocina.

Este crecimiento acelerado tuvo su costo: una expansión urbana a veces caótica, una presión enorme sobre el agua —siempre escasa— y sobre los servicios, y las tensiones propias de una ciudad que ha tenido que integrar, una y otra vez, a poblaciones desarraigadas. Pero también hizo de Amán una capital cosmopolita y relativamente abierta para la región, un punto de encuentro donde conviven las muchas historias que han ido a parar a Jordania desde todo Oriente Próximo.

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📍 Destinos de Amán y el norte
AmanJerashUmm Qais

📚 Bibliografía

  • Amman — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Amman
  • Jerash — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Jerash
  • Gerasa — World History Encyclopedia — https://www.worldhistory.org/Gerasa/
  • Gadara — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Gadara
  • Ajloun Castle — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Ajloun_Castle
  • Irbid — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Irbid
  • Ancient Jordan — World History Encyclopedia — https://www.worldhistory.org/Jordan/
  • Jordan — UNHCR — https://www.unhcr.org/countries/jordan

El sur: Petra, Wadi Rum y la Carretera del Rey

Historia de El sur: Petra, Wadi Rum y la Carretera del Rey · Jordania

Petra, la capital tallada en la roca

El sur de Jordania guarda el símbolo del país entero: Petra, la capital del reino nabateo, esculpida en la arenisca rosada de un valle escondido entre montañas. Los nabateos, un pueblo árabe originariamente nómada, se asentaron aquí hacia el siglo IV a. C. y convirtieron un cañón inaccesible en una ciudad de decenas de miles de habitantes gracias a su dominio del agua y del comercio de caravanas.

Se entra a Petra por el Siq, un desfiladero natural de paredes altísimas y más de un kilómetro de largo, que se abre de golpe frente a la fachada del Tesoro (Al Khazneh), tallada directamente en la roca con columnas y frontones de inspiración helenística. Pero el Tesoro es apenas el comienzo: el valle esconde cientos de tumbas monumentales, un teatro excavado en la piedra, templos, un gran altar de sacrificios en lo alto de la montaña y el imponente Monasterio (Ad Deir), al que se sube por cientos de escalones.

Tras la anexión romana del año 106 d. C., Petra siguió habitada un tiempo, pero el desvío del comercio hacia otras rutas y los terremotos —sobre todo el del 363— la fueron despoblando. Durante siglos quedó fuera del mapa para Occidente, conocida solo por los beduinos de la zona, hasta que en 1812 el suizo Johann Ludwig Burckhardt, disfrazado de peregrino, logró que lo guiaran hasta ella y la reveló al mundo. Hoy es Patrimonio de la Humanidad y una de las 'nuevas siete maravillas del mundo', y su imagen es prácticamente la marca de Jordania.

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Wadi Rum, el desierto de Lawrence

Al sur de Petra se extiende Wadi Rum, el 'valle de la Luna', un paisaje de arena roja del que emergen enormes macizos de granito y arenisca. Es uno de los desiertos más espectaculares del mundo y también un lugar cargado de historia: en sus paredes hay petroglifos e inscripciones dejados por los pueblos que lo habitaron durante milenios, entre ellos los nabateos, y todavía lo recorren las tribus beduinas que mantienen su forma de vida tradicional.

Wadi Rum quedó ligado para siempre a la Gran Revuelta Árabe de la Primera Guerra Mundial. Fue una de las bases de operaciones de las fuerzas árabes y de su asesor británico, T. E. Lawrence, que desde estos desiertos preparó los ataques al ferrocarril del Hiyaz y la audaz toma de Aqaba en 1917. Lawrence describió estos paisajes en su libro 'Los siete pilares de la sabiduría', y una formación rocosa del valle lleva hoy su nombre.

Protegido como área natural y Patrimonio de la Humanidad por su valor cultural y paisajístico, Wadi Rum es hoy uno de los grandes destinos turísticos del país: se recorre en vehículos todoterreno o en camello y se duerme en campamentos beduinos bajo un cielo tan estrellado como pocos quedan en el mundo. Su aspecto de otro planeta le valió además convertirse en escenario de numerosas películas ambientadas en Marte y en mundos lejanos.

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Aqaba, la única ventana al mar

En el extremo sur del país, sobre el mar Rojo, está Aqaba, la única salida al mar de Jordania: apenas unos 27 kilómetros de costa apretados en el vértice donde se juntan cuatro países —Jordania, Israel, Egipto y Arabia Saudita—. Esa franja mínima ha sido, sin embargo, estratégica desde la Antigüedad, porque conecta el interior con las rutas marítimas del mar Rojo y del océano Índico.

La historia de Aqaba es larga: fue el puerto edomita y nabateo de Ayla, un centro comercial en época romana e islámica temprana, y un punto de paso de peregrinos. Su momento más célebre en la historia moderna llegó el 6 de julio de 1917, cuando las fuerzas árabes de la Revuelta, guiadas por Lawrence, la tomaron por sorpresa atacándola desde el desierto interior en lugar de hacerlo desde el mar, donde apuntaban sus cañones. La caída de Aqaba dio a los rebeldes y a los británicos un puerto clave para abastecerse en su avance hacia el norte.

Hoy Aqaba es el gran puerto comercial de Jordania y, a la vez, un centro turístico de playa y buceo. Sus aguas cálidas todo el año y sus arrecifes de coral, con una fauna marina rica en peces tropicales, la convierten en un destino de submarinismo. Declarada zona económica especial para atraer inversión, la ciudad combina su función logística —por aquí entra buena parte del comercio del país— con complejos turísticos frente al golfo que lleva su nombre.

en.wikipedia.org · Aqabaen.wikipedia.org · Battle of Aqaba

La Carretera del Rey y los castillos cruzados

Atravesando el sur de Jordania de norte a sur discurre una de las vías más antiguas del mundo: la Carretera del Rey (King's Highway), una ruta comercial y de peregrinación que ya se menciona en la Biblia y que durante milenios unió Siria con el golfo de Aqaba y Arabia. Por ella pasaron caravanas de incienso, ejércitos y peregrinos, y a lo largo de su trazado se fueron levantando ciudades, santuarios y fortalezas.

El monumento más imponente de esta ruta es el castillo de Karak, una gran fortaleza cruzada empezada hacia 1142 sobre un espolón que domina el valle. Fue una de las plazas fuertes del reino latino de Jerusalén al este del Jordán, el señorío de Oultrejourdain, y desde ella su tristemente célebre señor, Reinaldo de Châtillon, asaltaba las caravanas musulmanas. Sus provocaciones ayudaron a desatar la reacción de Saladino, que tras su victoria de Hattin en 1187 acabó apoderándose de la fortaleza. Karak conserva hoy un laberinto de salas abovedadas, pasadizos y galerías de piedra que recuerdan aquel choque de mundos.

Más al sur, la Carretera del Rey pasa cerca de otro castillo cruzado, Shobak (el antiguo Montréal), y de innumerables sitios históricos, lo que hace de este eje una verdadera ruta a través del tiempo. Recorrerla es cruzarse, en pocas horas, con reinos bíblicos, ciudades nabateas, mosaicos bizantinos y fortalezas medievales, todos alineados a lo largo de un camino que la geografía trazó mucho antes que la historia.

en.wikipedia.org · King's Highway (ancient)en.wikipedia.org · Kerak Castle

Dana, la montaña y el ecoturismo

El sur de Jordania no es solo arqueología y desierto: también guarda la mayor reserva natural del país, la Reserva de la Biosfera de Dana, que desciende desde las cumbres de más de 1.500 metros de altura hasta las tierras bajas cercanas al valle del Rift, atravesando varias franjas climáticas y una enorme variedad de paisajes. Esta diversidad hace de Dana un refugio para especies de plantas y animales, algunas raras o amenazadas.

En el borde de la reserva se aferra a la ladera la aldea de piedra de Dana, un pueblo otomano de casas centenarias que llegó a quedar casi abandonado y que se recuperó, en parte, gracias al ecoturismo. La Real Sociedad para la Conservación de la Naturaleza de Jordania impulsó aquí un modelo pionero en el país: proteger el entorno y, al mismo tiempo, generar ingresos y empleo para las comunidades locales a través de albergues, senderismo y artesanía.

Dana representa así una cara distinta y más reciente de la historia jordana: la del esfuerzo por conservar un patrimonio natural en un país de recursos escasos y clima difícil, y por hacer del turismo sostenible una herramienta de desarrollo. Sus senderos conectan las alturas frescas con los cañones que bajan hacia el desierto, y permiten recorrer a pie una de las zonas de mayor biodiversidad de todo Oriente Próximo.

en.wikipedia.org · Dana Biosphere Reserverscn.org.jo
📍 Destinos de El sur: Petra, Wadi Rum y la Carretera del Rey
PetraWadi RumAqabaDanaKarak

📚 Bibliografía

  • Petra — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Petra
  • Petra — UNESCO World Heritage Centre — https://whc.unesco.org/en/list/326/
  • Wadi Rum — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Wadi_Rum
  • Wadi Rum Protected Area — UNESCO — https://whc.unesco.org/en/list/1377/
  • Aqaba — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Aqaba
  • Battle of Aqaba — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Aqaba
  • Kerak Castle — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Kerak_Castle
  • Dana Biosphere Reserve — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Dana_Biosphere_Reserve

El valle del Jordán y el mar Muerto

Historia de El valle del Jordán y el mar Muerto · Jordania

El mar Muerto, el punto más bajo de la Tierra

El valle del Jordán forma parte del Gran Valle del Rift, la enorme fractura geológica que recorre desde el este de África hasta Siria, y en su tramo jordano alcanza el punto más bajo de toda la superficie terrestre: la orilla del mar Muerto, situada a más de 400 metros por debajo del nivel del mar, y descendiendo cada año un poco más. No es en realidad un mar, sino un lago sin salida, alimentado por el río Jordán, en el que el agua solo se evapora y deja atrás las sales.

Esa concentración extrema de sal —muchas veces superior a la del océano— hace imposible la vida de peces y algas, de ahí su nombre, y produce el fenómeno que asombra a todos los visitantes: uno flota sin esfuerzo, empujado hacia arriba por la densidad del agua. El barro mineral de sus orillas y sus sales se usan desde la Antigüedad con fines cosméticos y medicinales; ya los egipcios recurrían al betún que afloraba en sus aguas.

Esta depresión tiene también una honda carga histórica y bíblica: en sus cercanías se sitúan tradicionalmente las ciudades de Sodoma y Gomorra, y en la orilla del Jordán, al norte, el lugar del bautismo de Jesús (Betania más allá del Jordán, hoy Patrimonio de la Humanidad). El gran drama contemporáneo del mar Muerto es su retroceso: la desviación de las aguas del río Jordán para uso agrícola y humano ha hecho que el nivel del lago baje de forma alarmante, dejando al descubierto socavones y una franja de tierra donde antes había agua.

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Madaba y el mapa más antiguo de Tierra Santa

En las tierras altas que dominan el valle, al sur de Amán, está Madaba, conocida como la 'ciudad de los mosaicos'. Fue una población moabita y luego una ciudad romana y bizantina, y de esa etapa cristiana proviene su tesoro: la mayor concentración de mosaicos bizantinos de Jordania, que cubrían los suelos de sus iglesias y de sus casas entre los siglos V y VIII.

El más famoso está en el suelo de la iglesia ortodoxa de San Jorge: el Mapa de Madaba, del siglo VI. Es la representación cartográfica más antigua que se conserva de Tierra Santa, un enorme mosaico que muestra el territorio desde el Líbano hasta el delta del Nilo, con el río Jordán, el mar Muerto —surcado por barcas— y decenas de ciudades identificadas. En el centro aparece Jerusalén, dibujada con detalle, con sus murallas, sus puertas y su calle principal porticada, lo que lo convierte en una fuente valiosísima para conocer la geografía religiosa de la época.

Madaba tiene además una particularidad social: es una de las localidades de Jordania con mayor proporción de población cristiana, heredera de aquellas antiguas comunidades bizantinas. La ciudad mantiene viva la tradición del mosaico con talleres y una escuela dedicada a enseñar y restaurar este arte, de modo que el oficio que dio fama a Madaba hace mil quinientos años sigue practicándose en sus calles.

en.wikipedia.org · Madabaen.wikipedia.org · Madaba Map

El Monte Nebo y la mirada de Moisés

A pocos kilómetros de Madaba se alza el Monte Nebo, una elevación desde la que, en un día despejado, se abarca todo el valle del Jordán, el mar Muerto y, a lo lejos, las colinas de Jerusalén y Jericó. Según la tradición recogida en el libro del Deuteronomio, fue desde esta cima donde Moisés contempló la Tierra Prometida, a la que no llegaría a entrar, antes de morir. Por eso el Monte Nebo es uno de los grandes lugares de peregrinación de Jordania.

Sobre la cumbre, las comunidades cristianas bizantinas construyeron a partir del siglo IV un memorial y una basílica para conmemorar a Moisés, cuyos restos de mosaicos, notablemente bien conservados, muestran escenas de caza y de pastoreo. El lugar estuvo a cargo de frailes franciscanos, que lo excavaron y protegieron durante el siglo XX. En 2000, el papa Juan Pablo II visitó el Monte Nebo dentro de su peregrinación por Tierra Santa, lo que reforzó su condición de sitio sagrado para las tres religiones monoteístas.

El Monte Nebo condensa bien lo que hace especial a esta región: la superposición de la geografía y el relato religioso. Desde su cima se entiende físicamente por qué estas tierras, en el borde del valle que separa la meseta jordana de las colinas de Palestina, han sido durante milenios frontera, escenario bíblico y lugar de paso entre civilizaciones.

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Wadi Mujib y los cañones del Rift

La brusca diferencia de altura entre la meseta jordana y la depresión del mar Muerto ha tallado en el paisaje una serie de cañones espectaculares por los que el agua baja hacia el punto más bajo de la Tierra. El más impresionante es el Wadi Mujib, un desfiladero profundo que en la Antigüedad marcaba la frontera del río Arnón, la vieja divisoria entre el reino de Moab y los territorios al norte que menciona la Biblia.

Hoy Wadi Mujib forma parte de una reserva natural que protege uno de los ecosistemas más singulares del país: al desembocar directamente en el mar Muerto, es la reserva situada a menor altitud del mundo. Entre sus paredes de roca, el agua permanente permite la vida de plantas y animales adaptados a este ambiente extremo, en pleno desierto. Se ha convertido en un destino de barranquismo, donde los visitantes remontan el cañón caminando y nadando entre las paredes de piedra y las pozas.

Este rincón muestra otra faceta del valle del Jordán: la del agua que, pese a la aridez general, ha esculpido gargantas, sostenido oasis y hecho posible la vida y la agricultura a lo largo de la historia. En un país que figura entre los de mayor escasez hídrica del planeta, estos cañones y sus manantiales recuerdan hasta qué punto el agua ha sido siempre, en esta tierra, el recurso más disputado y más precioso.

en.wikipedia.org · Mujib Nature Reserveen.wikipedia.org · Arnon Stream

El valle, cuna de la agricultura y granero del reino

El fondo del valle del Jordán, cálido y regado por el río, ha sido tierra de cultivo desde los albores de la humanidad. En esta franja del Rift, la agricultura es tan antigua como el Neolítico, y algunos de los asentamientos humanos más tempranos del mundo surgieron a orillas del Jordán. La combinación de tierras fértiles, temperaturas templadas incluso en invierno y disponibilidad de agua convirtió el valle en un lugar habitado sin interrupción durante milenios.

En la Jordania moderna, el valle del Jordán es el gran vergel del país. Gracias al riego —en buena parte a través del Canal del Rey Abdullah, que lleva agua a lo largo del valle—, aquí se cultivan frutas, verduras, cítricos y bananas que abastecen a la población y se exportan. Es la zona agrícola más productiva de un país donde el terreno cultivable es escaso y el agua, un bien crítico.

Ese mismo valle es también una frontera sensible: el río Jordán marca buena parte del límite con Israel y con Cisjordania, y por eso ha sido escenario de tensiones y de acuerdos, desde las guerras del siglo XX hasta el tratado de paz de 1994 y los pactos sobre el reparto de las aguas. Así, la depresión más baja del planeta reúne en pocos kilómetros lo más antiguo —la primera agricultura, los relatos bíblicos— y lo más contemporáneo de la historia jordana: la geopolítica del agua y de las fronteras.

en.wikipedia.org · Jordan Valleyen.wikipedia.org · Jordan River
📍 Destinos de El valle del Jordán y el mar Muerto
Mar MuertoMadabaMonte NeboWadi Mujib

📚 Bibliografía

  • Dead Sea — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Dead_Sea
  • Baptism Site 'Bethany Beyond the Jordan' — UNESCO — https://whc.unesco.org/en/list/1446/
  • Madaba — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Madaba
  • Madaba Map — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Madaba_Map
  • Mount Nebo — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Mount_Nebo
  • Mujib Nature Reserve — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Mujib_Nature_Reserve
  • Jordan Valley — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Jordan_Valley
  • Jordan River — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Jordan_River

Los castillos del desierto (el este)

Historia de Los castillos del desierto (el este) · Jordania

Qué son los 'castillos del desierto'

Al este de Amán, donde la ciudad da paso a la estepa árida y despoblada, se dispersa un conjunto de construcciones que la tradición llama 'castillos del desierto', aunque muy pocos fueron en realidad fortalezas. Se trata en su mayoría de palacios, residencias, baños, caravanserais y complejos agrícolas construidos entre los siglos VII y VIII, sobre todo bajo la dinastía omeya, que gobernó el mundo islámico desde la cercana Damasco.

Durante mucho tiempo se explicó su presencia en pleno desierto como refugios de recreo de los príncipes omeyas, que venían a cazar y a llevar una vida de campo lejos de la ciudad. Hoy los historiadores matizan esa imagen: además de pabellones de placer, muchos de estos edificios eran centros para administrar la agricultura y el pastoreo de la estepa, puntos de contacto con las tribus beduinas cuyo apoyo el poder omeya necesitaba, y paradas en las rutas que unían Siria con Arabia e Irak.

Lo que hace únicos a estos sitios es que conservan, en un estado excepcional, el arte de los primeros tiempos del islam: frescos, estucos, tallas y baños que muestran una cultura mucho menos austera y más abierta a las influencias bizantinas y persas de lo que suele imaginarse. Recorrer el circuito de los castillos del desierto es asomarse al mundo de los omeyas, la primera gran dinastía del islam, en el escenario mismo donde tuvieron su corazón.

en.wikipedia.org · Desert castlesworldhistory.org · Umayyad Dynasty

Qusayr Amra y sus frescos asombrosos

El más célebre de todos los castillos del desierto es Qusayr Amra, un pequeño complejo de baños y sala de audiencias construido en la primera mitad del siglo VIII, probablemente bajo el califa omeya al Walid II. Su aspecto exterior, modesto y de piedra clara, no anticipa lo que guarda dentro: sus paredes y bóvedas están cubiertas de frescos, un caso rarísimo en el arte islámico y por eso mismo de un valor incalculable.

Las pinturas muestran escenas de caza, banquetes, personajes, músicos y bañistas, e incluso figuras humanas y desnudos, algo que sorprende frente a la idea de un islam contrario a las imágenes. En una de las salas aparece un célebre retrato de 'los reyes enemigos', que representaría a soberanos vencidos o rivales de los omeyas. Y en la cúpula del baño caliente se conserva una de las representaciones más antiguas del cielo pintadas sobre una superficie no plana: un mapa celeste con las constelaciones y el zodíaco.

Por la excepcionalidad de estos frescos, Qusayr Amra fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El sitio es una ventana única a la vida cortesana de los primeros califas, a sus gustos, sus placeres y su cosmopolitismo, y desmiente la imagen de un mundo omeya rígido y cerrado: aquí se ve, en color, una élite refinada que heredaba y reinterpretaba las tradiciones artísticas de Bizancio y de Persia.

whc.unesco.orgen.wikipedia.org · Qasr Amra

Qasr Kharana, el enigma de la estepa

En medio de una llanura pelada, a orillas de la carretera que lleva hacia el este, se levanta Qasr Kharana, quizás el más 'castillo' de todos por su aspecto: un edificio cuadrado y macizo, de dos plantas, con muros altos, torres redondas en las esquinas y una sola entrada. A primera vista parece una fortaleza militar, pero los estudiosos coinciden en que sus estrechas aberturas no servían realmente para disparar y que no tenía una función defensiva clara.

Una inscripción pintada en su interior lo fecha en torno al año 710, lo que lo convierte en uno de los edificios islámicos primitivos mejor datados de la región. Su verdadera función se sigue discutiendo: pudo ser un caravanserai —una posada para caravanas—, un lugar de reunión con los jefes tribales de la zona o una residencia. Alrededor de un patio central se distribuyen decenas de habitaciones en dos pisos, algunas todavía decoradas con estucos.

Qasr Kharana resume bien el misterio que envuelve a estos sitios: construcciones sólidas y cuidadas, levantadas con esfuerzo en medio de la nada, cuyo propósito exacto no siempre está claro. Lo que sí revelan es la intensa actividad de los omeyas en esta estepa, que hoy parece vacía pero que en el siglo VIII era un espacio vivo, cruzado por rutas, rebaños, caravanas y las idas y venidas de una corte que no quería perder el contacto con el desierto del que provenía.

en.wikipedia.org · Qasr Kharanaen.wikipedia.org · Desert castles

Qasr Azraq, el oasis y el cuartel de Lawrence

Más al este, donde el desierto esconde uno de los pocos oasis permanentes de la región, se alza Qasr Azraq, una fortaleza distinta a las demás: está construida enteramente en basalto negro, la roca volcánica de la zona, lo que le da un aspecto sombrío e inconfundible. Su ubicación junto al agua la hizo estratégica durante milenios: hay vestigios romanos en su origen, fue reformada por los omeyas y reconstruida en el siglo XIII por los ayubíes y mamelucos para controlar las rutas del desierto.

El castillo de Azraq tiene además un capítulo en la historia moderna. Durante el invierno de 1917 a 1918, en plena Gran Revuelta Árabe, T. E. Lawrence —Lawrence de Arabia— lo usó como cuartel de operaciones, instalándose con las fuerzas árabes en las salas sobre la puerta de entrada mientras preparaban el avance hacia Damasco. El propio Lawrence dejó constancia de aquellas semanas en la fortaleza de piedra negra en su libro 'Los siete pilares de la sabiduría'.

El oasis de Azraq que dio sentido a la fortaleza fue, durante siglos, un punto vital de agua en medio del desierto y un refugio de aves migratorias entre África y Eurasia. En el siglo XX, la sobreexplotación de sus acuíferos para abastecer a Amán estuvo a punto de secarlo por completo, y hoy sobrevive como reserva natural gracias a los esfuerzos de recuperación. La historia de Azraq —fortaleza, cuartel y humedal amenazado— reúne así el pasado militar y el drama ambiental del agua que atraviesan toda la historia de Jordania.

en.wikipedia.org · Qasr Azraqen.wikipedia.org · Azraq Wetland Reserve

El este: frontera, tribus y campos de refugiados

Más allá de los castillos, la mitad oriental de Jordania es una inmensa extensión de desierto de basalto y estepa que se prolonga hacia Irak, Siria y Arabia Saudita. Es la parte menos poblada y más dura del país, dominada históricamente por las tribus beduinas cuya lealtad ha sido, desde la fundación del Estado, uno de los pilares del reino hachemí: de estas tribus salieron buena parte de los soldados de la Legión Árabe y del ejército jordano.

Esta región desértica es también una zona de fronteras delicadas. Por aquí pasan las líneas que separan a Jordania de Irak y de Siria, trazadas en buena medida por las potencias europeas tras la Primera Guerra Mundial con criterios más geométricos que humanos. En las últimas décadas, esas fronteras se convirtieron en la puerta de entrada de las oleadas de refugiados: primero iraquíes, y desde 2011 una enorme cantidad de sirios que huían de la guerra civil.

En esta zona, cerca de la ciudad de Mafraq, se levantó a partir de 2012 el campo de refugiados de Zaatari, que llegó a albergar a decenas de miles de sirios y se convirtió en uno de los mayores campos de refugiados del mundo, casi una ciudad improvisada en el desierto. Así, el este jordano condensa dos constantes de la historia del país: el peso de las tribus del desierto en la construcción del Estado y la condición de Jordania como tierra de acogida, una y otra vez, de los desplazados de todos los conflictos de la región.

en.wikipedia.org · Zaatari refugee campunhcr.org · Jordan
📍 Destinos de Los castillos del desierto (el este)
Castillos Del Desierto

📚 Bibliografía

  • Desert castles — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Desert_castles
  • Umayyad Dynasty — World History Encyclopedia — https://www.worldhistory.org/Umayyad_Dynasty/
  • Quseir Amra — UNESCO World Heritage Centre — https://whc.unesco.org/en/list/327/
  • Qasr Amra — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Qasr_Amra
  • Qasr Kharana — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Qasr_Kharana
  • Qasr Azraq — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Qasr_Azraq
  • Zaatari refugee camp — Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Zaatari_refugee_camp
  • Jordan — UNHCR — https://www.unhcr.org/countries/jordan

📚 Bibliografía

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Casi nada de lo que le pasó a Jordania le pasó solo: estas son las historias de al lado.

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Petra, Jordan -The Treasury