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Historia de Jordania

Los reinos bíblicos: Ammón, Moab y Edom

Mucho antes de que existiera la idea de Jordania, las tierras al este del río Jordán estuvieron habitadas desde el Paleolítico y vieron surgir, en la Edad del Hierro, tres reinos que la Biblia hebrea nombra una y otra vez: Ammón, Moab y Edom. No eran invenciones literarias. La arqueología ha confirmado su existencia con murallas, templos, inscripciones y cerámica, y ha permitido reconstruir bastante de aquellas sociedades del primer milenio antes de nuestra era.

Ammón se extendía en torno a su capital, Rabbat Ammón, sobre las colinas donde hoy está la ciudadela de Amán —el nombre de la capital jordana conserva el de aquel reino—. Moab ocupaba la meseta al este del mar Muerto, y de allí proviene una de las piezas epigráficas más famosas del Cercano Oriente, la Estela de Mesha o Piedra Moabita, del siglo IX a. C., donde el rey moabita Mesha narra sus guerras contra el reino de Israel. Edom, más al sur, en la región montañosa de las actuales Petra y Wadi Musa, era famoso por sus rutas comerciales y por el cobre de sus minas.

Estos reinos convivieron, comerciaron y guerrearon con los hebreos, los arameos y, sobre todo, con los grandes imperios mesopotámicos. Asiria primero y Babilonia después los sometieron a tributo y terminaron por absorberlos entre los siglos VIII y VI a. C. Cuando el Imperio persa dominó la región, Moab y Edom ya habían desaparecido como entidades políticas, y su territorio quedó abierto a las tribus árabes que llegaban del sur y del desierto. Entre ellas venían los que cambiarían para siempre la historia de esta tierra: los nabateos.

https://www.worldhistory.org/Jordan/https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Jordanhttps://www.britannica.com/place/Jordan/History

Los nabateos y el esplendor de Petra

Hacia el siglo IV a. C., un pueblo árabe originariamente nómada, los nabateos, se estableció en las montañas del sur de la actual Jordania y fundó lo que sería una de las civilizaciones más deslumbrantes de la Antigüedad. Su capital, Petra —que ellos llamaban Raqmu—, quedó tallada en la piedra arenisca de tonos rosados y rojizos de un valle escondido, al que se accede por un desfiladero angosto de más de un kilómetro, el Siq, que desemboca de golpe frente a la fachada del célebre 'Tesoro' (Al Khazneh).

La riqueza nabatea no venía de la tierra, árida y difícil, sino del comercio. Petra estaba en el cruce de las grandes rutas de caravanas que traían incienso y mirra del sur de Arabia, especias de la India y seda de más lejos, para distribuirlas hacia el Mediterráneo. Los nabateos cobraban peajes y protección, y con ese dinero construyeron una ciudad monumental. Su verdadero genio, sin embargo, fue el agua: en un desierto donde llueve poquísimo, diseñaron un sistema de presas, canales, cisternas y tuberías de cerámica que captaba hasta la última gota de las crecidas y abastecía a decenas de miles de habitantes.

El reino nabateo llegó a su apogeo entre los siglos I a. C. y I d. C., y se extendió por buena parte del sur de Jordania, el Néguev y el norte de Arabia. En el año 106 d. C., el emperador Trajano lo anexó al Imperio romano sin necesidad de una gran guerra, y lo convirtió en la provincia de Arabia Pétrea. Petra siguió próspera un tiempo, pero el desplazamiento de las rutas comerciales hacia el mar y una serie de terremotos —el más devastador en el año 363 d. C.— la fueron vaciando. Con los siglos quedó olvidada por Occidente, hasta que en 1812 el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt volvió a darla a conocer. Hoy es Patrimonio de la Humanidad y una de las 'nuevas siete maravillas del mundo'.

https://www.livius.org/articles/people/nabataeans/https://whc.unesco.org/en/list/326/https://en.wikipedia.org/wiki/Petra

La Decápolis grecorromana

La huella grecorromana en Jordania empieza con las conquistas de Alejandro Magno, a fines del siglo IV a. C., y con el reparto de su imperio entre sus generales. Durante los siglos siguientes, la región fue disputada por los reinos helenísticos de los tolomeos de Egipto y los seléucidas de Siria, que fundaron o refundaron ciudades a la manera griega, con sus ágoras, teatros y templos. De aquella época viene el trazado urbano que la conquista romana potenciaría después.

Cuando Roma se instaló en Oriente, en el siglo I a. C., varias de esas ciudades se agruparon en una liga informal conocida como la Decápolis, es decir, 'las diez ciudades', mencionada incluso en los Evangelios. Eran centros de cultura griega dentro de un mundo semita, con autonomía y comercio propios. Buena parte de ellas estaba en la Jordania actual: Gerasa (la actual Jerash), Gádara (Umm Qais), Filadelfia —el nombre grecorromano de Amán, en honor al rey Tolomeo II Filadelfo— y Pella, entre otras.

La joya de este período es Jerash, considerada una de las ciudades romanas de provincias mejor conservadas del mundo. Su plaza oval rodeada de columnas, la larga calle porticada (el Cardo Máximo), los arcos, los templos de Zeus y Artemisa y sus dos teatros dan una idea nítida de cómo era una ciudad próspera del Imperio. Gádara, hoy Umm Qais, se alzaba en un altozano con vistas al mar de Galilea, al valle del Jordán y a los Altos del Golán, y fue cuna de poetas y filósofos griegos. Este esplendor urbano se prolongó, con altibajos, hasta bien entrada la época bizantina.

https://www.worldhistory.org/Decapolis/https://en.wikipedia.org/wiki/Decapolishttps://en.wikipedia.org/wiki/Jerash

Bizancio y la edad de oro de los mosaicos

Con la división del Imperio romano y el ascenso del cristianismo, la actual Jordania quedó integrada en el Imperio bizantino, la mitad oriental que sobrevivió a la caída de Roma. Entre los siglos IV y VII, la región vivió una etapa de intensa cristianización: las antiguas ciudades de la Decápolis se llenaron de iglesias y basílicas, y el territorio se cubrió de comunidades monásticas y lugares de peregrinación ligados a los relatos bíblicos.

El legado más extraordinario de esos siglos son los mosaicos. Madaba, al sur de Amán, se ganó el apodo de 'ciudad de los mosaicos' por la enorme cantidad de pavimentos que conserva. El más famoso está en el suelo de la iglesia ortodoxa de San Jorge: el llamado Mapa de Madaba, del siglo VI, la representación cartográfica más antigua que se conserva de Tierra Santa, con Jerusalén en el centro, el río Jordán, el mar Muerto y decenas de localidades identificadas con sus nombres. A pocos kilómetros, el Monte Nebo —el lugar desde donde, según la tradición, Moisés contempló la Tierra Prometida antes de morir— guarda un conjunto de mosaicos en el memorial construido sobre las ruinas de una basílica bizantina.

Esta prosperidad no estuvo exenta de sobresaltos. Terremotos como el del año 749, epidemias como la peste de Justiniano en el siglo VI y las largas guerras entre bizantinos y persas sasánidas fueron desgastando a la región. Cuando en el siglo VII irrumpieron desde Arabia los ejércitos del islam, el dominio bizantino sobre estas tierras estaba maduro para caer.

https://en.wikipedia.org/wiki/Madaba_Maphttps://whc.unesco.org/en/tentativelists/5479/https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Jordan

La conquista islámica y los castillos omeyas del desierto

En el año 636, en la batalla de Yarmuk —librada en el valle de un río que hoy marca parte de la frontera entre Jordania y Siria—, los ejércitos árabes musulmanes derrotaron de forma decisiva a los bizantinos y abrieron Oriente Próximo al islam. La región que hoy es Jordania quedó incorporada al naciente califato y empezó una lenta arabización e islamización que, con el tiempo, transformaría por completo su población y su cultura.

Bajo la dinastía omeya, que gobernó desde Damasco entre 661 y 750, estas tierras vivieron un momento de esplendor. Al estar en el corazón del califato, cerca de la capital, se llenaron de residencias, baños y fortines que la historiografía agrupa bajo el nombre de 'castillos del desierto'. Repartidos por la estepa al este de Amán, servían como pabellones de caza, paradas de caravana, centros agrícolas y lugares de retiro para los príncipes omeyas. El más célebre es Qusayr Amra, un pequeño palacio con baños cuyas paredes conservan frescos con escenas de caza, figuras humanas y hasta un mapa del cielo pintado en una cúpula, algo excepcional en el arte islámico temprano; hoy es Patrimonio de la Humanidad. A él se suman Qasr Kharana, con aspecto de fortaleza compacta, y Qasr Azraq, la fortaleza de basalto negro construida sobre un oasis.

Tras la caída de los omeyas frente a los abasíes en 750, el centro del poder islámico se mudó a Bagdad y la actual Jordania pasó a ser una zona periférica. Durante siglos fue tierra de paso de peregrinos hacia La Meca y escenario de disputas entre potencias regionales, sin volver a ser un centro político de primer orden hasta tiempos muy recientes.

https://whc.unesco.org/en/list/327/https://en.wikipedia.org/wiki/Desert_castleshttps://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Jordan

Cruzados, mamelucos y los siglos otomanos

Entre los siglos XI y XIII, la actual Jordania volvió a ser frontera y campo de batalla. Los cruzados, llegados de Europa para conquistar Tierra Santa, extendieron su presencia al este del Jordán, en una región que llamaron Oultrejourdain ('Ultramar del Jordán'). Para controlar las rutas de caravanas y de peregrinos que unían Egipto con Siria y Arabia, levantaron una cadena de fortalezas, entre ellas el imponente castillo de Karak, construido a partir de 1142 sobre un espolón rocoso que domina la Carretera del Rey. Su señor, Reinaldo de Châtillon, se hizo tristemente famoso por asaltar caravanas musulmanas y desafiar las treguas, y sus provocaciones contribuyeron a desencadenar la ofensiva de Saladino: en 1187, tras la decisiva batalla de Hattin, el sultán tomó el control de la región y Karak cayó en manos musulmanas.

A partir del siglo XIII, la región pasó a manos de los mamelucos, la dinastía de origen esclavo-militar que gobernaba desde El Cairo y que frenó tanto a los cruzados como a la temible invasión mongola. Los mamelucos reforzaron los castillos, organizaron la ruta de peregrinación a La Meca y mantuvieron el territorio como una provincia de tránsito, en una época de relativa tranquilidad y también de cierto estancamiento. En 1516 y 1517, el sultán otomano Selim I derrotó a los mamelucos e incorporó Siria, Palestina, Egipto y, con ellos, la actual Jordania al vasto Imperio otomano. Comenzaba una etapa de unos cuatro siglos en la que estas tierras fueron una periferia lejana, administrada desde Damasco y despoblada en buena parte, con la vida concentrada en algunas aldeas agrícolas del norte y en las tribus beduinas que dominaban el desierto y la estepa.

Para Estambul, el valor principal de la región era la ruta de peregrinación: cada año, la gran caravana del Hajj partía de Damasco hacia La Meca atravesando lo que hoy es Jordania, y los otomanos construyeron fortines para protegerla de los asaltos de las tribus. Fuera de ese eje, el control del gobierno era débil y a menudo nominal: buena parte del territorio se regía por la autoridad de los jeques tribales más que por los funcionarios del sultán.

El gran cambio llegó a comienzos del siglo XX con la construcción del ferrocarril del Hiyaz, inaugurado en tramos entre 1904 y 1908, que unía Damasco con Medina pasando por Amán y Maán. La línea buscaba facilitar la peregrinación y reforzar el dominio otomano sobre la región, y de paso reactivó pueblos que llevaban siglos dormidos. Amán, que era poco más que una aldea circasiana —repoblada en la década de 1870 por refugiados del Cáucaso—, empezó a crecer gracias al tren. Ese mismo ferrocarril, pocos años después, se convertiría en el gran objetivo militar de la revuelta que cambiaría el destino de todo Oriente Próximo.

https://en.wikipedia.org/wiki/Oultrejordainhttps://en.wikipedia.org/wiki/Kerak_Castlehttps://en.wikipedia.org/wiki/Hejaz_railwayhttps://www.britannica.com/place/Jordan/History

La Gran Revuelta Árabe y Lawrence de Arabia

Durante la Primera Guerra Mundial, el Imperio otomano combatió del lado de Alemania, y los británicos buscaron debilitarlo por dentro alentando una rebelión árabe. En 1916, tras un intercambio de cartas entre el alto comisionado británico en Egipto y el jerife Husein bin Ali de La Meca —jefe de la dinastía hachemí, que decía descender del profeta Mahoma—, estalló la Gran Revuelta Árabe. A cambio de sublevarse contra los otomanos, Husein creía haber recibido la promesa de un gran reino árabe independiente que abarcaría buena parte de Oriente Próximo.

Los hijos de Husein encabezaron la revuelta, y a su lado combatió un joven oficial y arqueólogo británico, Thomas Edward Lawrence, que pasaría a la historia como 'Lawrence de Arabia'. La lucha en el territorio de la actual Jordania fue intensa: los rebeldes y sus asesores británicos hostigaban el ferrocarril del Hiyaz con voladuras constantes y usaban los desiertos —entre ellos el espectacular Wadi Rum, que Lawrence describió en 'Los siete pilares de la sabiduría'— como base de operaciones. El golpe más célebre fue la toma de Aqaba, el 6 de julio de 1917: en lugar de atacar el puerto desde el mar, la fuerza árabe lo asaltó por sorpresa desde el desierto interior, tras una larga marcha, y lo conquistó casi sin bajas propias.

La revuelta contribuyó al derrumbe otomano en Oriente Próximo, pero la promesa de independencia se cumplió a medias. En secreto, Gran Bretaña y Francia ya se habían repartido la región en el acuerdo Sykes-Picot de 1916, y la Declaración Balfour de 1917 comprometía a Londres con un 'hogar nacional judío' en Palestina. Los árabes sintieron que habían sido traicionados, y de esa frustración, y del reparto que vino después, nacería el mapa —y muchos de los conflictos— del Oriente Próximo contemporáneo.

https://www.smithsonianmag.com/history/true-story-lawrence-ahttps://en.wikipedia.org/wiki/Arab_Revolthttps://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Aqaba

El Mandato británico y el nacimiento de Transjordania

Terminada la guerra, la Sociedad de Naciones repartió las provincias árabes del extinto Imperio otomano entre las potencias vencedoras bajo la figura de los 'mandatos'. Francia se quedó con Siria y el Líbano; Gran Bretaña, con Palestina e Irak. En 1920, los franceses expulsaron de Damasco al emir Faisal, hijo de Husein, que había proclamado allí un breve reino árabe. Su hermano Abdullah marchó entonces con hombres armados hacia el norte, en teoría para reconquistar el trono de su hermano, y llegó a la región desértica al este del Jordán, que había quedado en una especie de vacío de poder dentro del mandato británico de Palestina.

En marzo de 1921, en la Conferencia de El Cairo, el ministro británico de Colonias, Winston Churchill, resolvió el problema con un arreglo pragmático: se reconocería a Abdullah como emir de un nuevo territorio, el Emirato de Transjordania ('el otro lado del Jordán'), separado administrativamente de la Palestina al oeste del río, donde regiría la política del hogar nacional judío. Así, casi de un plumazo y para satisfacer a la dinastía hachemí, nació la entidad política que sería la base del país actual.

Durante las dos décadas siguientes, Transjordania fue un emirato semiautónomo bajo tutela británica. Abdullah gobernaba con el apoyo de Londres, que financiaba la administración y organizaba la fuerza militar que se haría legendaria: la Legión Árabe, entrenada y comandada durante años por oficiales británicos, entre ellos John Bagot Glubb, 'Glubb Pasha'. Amán, la antigua aldea junto a las ruinas romanas, se convirtió en la modesta capital de este emirato joven, que iba forjando poco a poco las instituciones de un Estado.

https://en.wikipedia.org/wiki/Emirate_of_Transjordanhttps://www.britannica.com/place/Jordan/Transjordan-the-Hashhttps://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Jordan

La independencia de 1946 y la dinastía hachemí

El fin de la Segunda Guerra Mundial aceleró la descolonización. El 22 de marzo de 1946, Gran Bretaña y el emir Abdullah firmaron en Londres un tratado que reconocía la independencia de Transjordania. El 25 de mayo de ese año —fecha que hoy se celebra como Día de la Independencia—, el país fue elevado a la categoría de reino con el nombre de Reino Hachemí de Transjordania, y Abdullah pasó de emir a rey. En 1949, tras la guerra con Israel y la incorporación de Cisjordania, el nombre se simplificó al que lleva hoy: Reino Hachemí de Jordania.

La dinastía hachemí que reina desde entonces es una de las familias más antiguas y prestigiosas del mundo árabe, y su legitimidad se apoya en su alegado linaje directo con el profeta Mahoma. El fundador del reino, Abdullah I, fue asesinado en 1951 en la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, por un nacionalista palestino; su nieto Hussein, que estaba a su lado y sobrevivió al atentado, subiría al trono en 1953, con apenas 17 años, y reinaría durante 46 años, hasta su muerte en 1999.

El largo reinado de Hussein definió a la Jordania moderna. Le tocó gobernar un país pobre en recursos, sin petróleo abundante, encajado entre vecinos poderosos y atravesado por la cuestión palestina. Su habilidad para maniobrar entre las grandes potencias, los países árabes e Israel, sobreviviendo a golpes, atentados y guerras, le valió el apodo de 'el rey superviviente'. A su muerte, en 1999, lo sucedió su hijo Abdullah II, el monarca actual, que ha continuado la línea de estabilidad y alineamiento con Occidente de su padre.

https://en.wikipedia.org/wiki/Treaty_of_London_(1946)https://www.britannica.com/place/Jordan/Transjordan-the-Hashhttps://en.wikipedia.org/wiki/Hussein_of_Jordan

La cuestión palestina y las guerras con Israel

Ningún factor ha marcado más la historia de la Jordania independiente que su vínculo con Palestina. En 1948, tras la retirada británica y la proclamación del Estado de Israel, estalló la primera guerra árabe-israelí. La Legión Árabe jordana fue el ejército árabe más eficaz del conflicto y logró retener Cisjordania y la parte oriental de Jerusalén, incluida la Ciudad Vieja con sus lugares santos. En 1950, Jordania anexó formalmente Cisjordania, una medida reconocida por muy pocos países, y otorgó la ciudadanía jordana a su población palestina. De golpe, el reino duplicó su población y los palestinos pasaron a ser una parte enorme —para muchos, la mayoría— de sus habitantes.

El equilibrio se rompió en junio de 1967, con la Guerra de los Seis Días. Jordania entró en el conflicto del lado de Egipto y Siria y sufrió una derrota catastrófica: Israel ocupó toda Cisjordania y Jerusalén Este, es decir, cerca de la mitad del territorio que el reino administraba y sus sitios más sagrados y significativos. Una nueva y masiva oleada de refugiados palestinos cruzó el río hacia la orilla oriental, sumándose a los que ya habían llegado en 1948 y tensionando aún más al país.

Esa presión demográfica y política tendría consecuencias internas graves. Con el tiempo, sin embargo, la relación de Jordania con la cuestión palestina cambió de rumbo. En 1988, el rey Hussein renunció formalmente a los reclamos jordanos sobre Cisjordania en favor de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Y en 1994, Jordania firmó un tratado de paz con Israel —el segundo país árabe en hacerlo, después de Egipto—, que puso fin al estado de guerra, fijó las fronteras y reconoció un papel especial de la monarquía hachemí en la custodia de los lugares santos musulmanes de Jerusalén.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Jordanhttps://www.britannica.com/place/Jordan/The-Six-Day-War-and-https://en.wikipedia.org/wiki/Israel%E2%80%93Jordan_peace_tr

Septiembre Negro (1970)

El episodio más doloroso de la historia interna de Jordania se conoce como Septiembre Negro. A fines de los años sesenta, tras la derrota de 1967 y con cientos de miles de refugiados palestinos en el país, las organizaciones guerrilleras palestinas —agrupadas en la OLP— habían construido en Jordania una suerte de Estado dentro del Estado: controlaban campos de refugiados, portaban armas abiertamente, montaban controles y desafiaban la autoridad del gobierno y del rey. Las tensiones con el ejército jordano venían escalando desde 1969.

El detonante fue la ola de secuestros aéreos de septiembre de 1970: militantes del Frente Popular para la Liberación de Palestina desviaron varios aviones comerciales y volaron tres de ellos, ya vacíos, en un aeródromo del desierto jordano, ante las cámaras del mundo entero. Fue un desafío directo a la soberanía del reino. El 16 de septiembre, el rey Hussein declaró la ley marcial y ordenó al ejército recuperar el control. Los combates, concentrados en Amán y en el norte del país, fueron durísimos y se cobraron miles de vidas. Las estimaciones de muertos varían mucho según las fuentes, desde varios miles hasta cifras más altas que dan las fuentes palestinas; la ausencia de recuentos independientes hace que el número exacto siga siendo objeto de discusión.

Una intervención de tropas sirias en apoyo de los palestinos amenazó con internacionalizar el conflicto, pero fue rechazada. El 27 de septiembre, la mediación de otros líderes árabes en El Cairo logró un alto el fuego entre Hussein y el líder de la OLP, Yasser Arafat. La lucha se reanudó de forma intermitente hasta mediados de 1971, cuando el ejército jordano expulsó definitivamente a las fuerzas guerrilleras, que se trasladaron al Líbano. El episodio consolidó el poder de la monarquía dentro de Jordania, pero dejó una herida profunda en la relación entre el Estado y su población de origen palestino, y dio nombre al grupo que perpetraría el atentado de Múnich en 1972.

https://en.wikipedia.org/wiki/Black_Septemberhttps://www.britannica.com/topic/Black-September-political-ohttps://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Amman_(1970)

La Jordania actual: estabilidad, refugiados y turismo

La Jordania del siglo XXI es, ante todo, una excepción de estabilidad en un vecindario en llamas. Rodeada por Siria, Irak, Arabia Saudita, Israel y los territorios palestinos, ha atravesado décadas de guerras regionales sin derrumbarse. Cuando en 2011 la ola de las 'primaveras árabes' sacudió a buena parte del mundo árabe, Jordania vivió protestas por corrupción, desempleo y falta de reformas, pero el rey Abdullah II respondió con cambios de gobierno y ajustes constitucionales que evitaron el estallido que sí derribó a otros regímenes.

El gran rasgo estructural del país sigue siendo la acogida de refugiados. A las sucesivas oleadas de palestinos se sumaron cientos de miles de iraquíes tras las guerras de Irak, y luego una enorme llegada de sirios a partir de 2011: Jordania ha albergado a más de un millón de refugiados sirios, y el campo de Zaatari se convirtió en uno de los mayores del mundo. Es uno de los países con más refugiados por habitante del planeta, algo que ejerce una presión constante sobre el agua —Jordania es uno de los Estados con mayor escasez hídrica del mundo—, los servicios públicos y una economía frágil, muy dependiente de la ayuda exterior.

Sin recursos de petróleo comparables a los de sus vecinos del Golfo, Jordania se apoya en los servicios, la industria del fosfato y la potasa, las remesas de sus trabajadores en el extranjero y, de manera creciente, el turismo. Petra, Wadi Rum, el mar Muerto, Jerash, Madaba y los castillos del desierto atraen a viajeros de todo el mundo, y el sector es una de las principales fuentes de divisas y de empleo. Con una población que ronda los once millones de habitantes y una posición geográfica tan estratégica como incómoda, la Jordania actual sigue haciendo lo que ha hecho durante toda su corta historia como Estado: equilibrarse con habilidad entre potencias, absorber los sacudones de la región y mantener a flote un reino que nació casi de la improvisación.

https://www.unhcr.org/countries/jordanhttps://en.wikipedia.org/wiki/Jordanhttps://www.britannica.com/place/Jordan

🗺️ Historia por provincia / estado

Amán y el norte
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El sur: Petra, Wadi Rum y la Carretera del Rey
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El valle del Jordán y el mar Muerto
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Los castillos del desierto (el este)
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📚 Bibliografía

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