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Historia de Los castillos del desierto (el este)

Qué son los 'castillos del desierto'

Al este de Amán, donde la ciudad da paso a la estepa árida y despoblada, se dispersa un conjunto de construcciones que la tradición llama 'castillos del desierto', aunque muy pocos fueron en realidad fortalezas. Se trata en su mayoría de palacios, residencias, baños, caravanserais y complejos agrícolas construidos entre los siglos VII y VIII, sobre todo bajo la dinastía omeya, que gobernó el mundo islámico desde la cercana Damasco.

Durante mucho tiempo se explicó su presencia en pleno desierto como refugios de recreo de los príncipes omeyas, que venían a cazar y a llevar una vida de campo lejos de la ciudad. Hoy los historiadores matizan esa imagen: además de pabellones de placer, muchos de estos edificios eran centros para administrar la agricultura y el pastoreo de la estepa, puntos de contacto con las tribus beduinas cuyo apoyo el poder omeya necesitaba, y paradas en las rutas que unían Siria con Arabia e Irak.

Lo que hace únicos a estos sitios es que conservan, en un estado excepcional, el arte de los primeros tiempos del islam: frescos, estucos, tallas y baños que muestran una cultura mucho menos austera y más abierta a las influencias bizantinas y persas de lo que suele imaginarse. Recorrer el circuito de los castillos del desierto es asomarse al mundo de los omeyas, la primera gran dinastía del islam, en el escenario mismo donde tuvieron su corazón.

https://en.wikipedia.org/wiki/Desert_castleshttps://www.worldhistory.org/Umayyad_Dynasty/

Qusayr Amra y sus frescos asombrosos

El más célebre de todos los castillos del desierto es Qusayr Amra, un pequeño complejo de baños y sala de audiencias construido en la primera mitad del siglo VIII, probablemente bajo el califa omeya al Walid II. Su aspecto exterior, modesto y de piedra clara, no anticipa lo que guarda dentro: sus paredes y bóvedas están cubiertas de frescos, un caso rarísimo en el arte islámico y por eso mismo de un valor incalculable.

Las pinturas muestran escenas de caza, banquetes, personajes, músicos y bañistas, e incluso figuras humanas y desnudos, algo que sorprende frente a la idea de un islam contrario a las imágenes. En una de las salas aparece un célebre retrato de 'los reyes enemigos', que representaría a soberanos vencidos o rivales de los omeyas. Y en la cúpula del baño caliente se conserva una de las representaciones más antiguas del cielo pintadas sobre una superficie no plana: un mapa celeste con las constelaciones y el zodíaco.

Por la excepcionalidad de estos frescos, Qusayr Amra fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El sitio es una ventana única a la vida cortesana de los primeros califas, a sus gustos, sus placeres y su cosmopolitismo, y desmiente la imagen de un mundo omeya rígido y cerrado: aquí se ve, en color, una élite refinada que heredaba y reinterpretaba las tradiciones artísticas de Bizancio y de Persia.

https://whc.unesco.org/en/list/327/https://en.wikipedia.org/wiki/Qasr_Amra

Qasr Kharana, el enigma de la estepa

En medio de una llanura pelada, a orillas de la carretera que lleva hacia el este, se levanta Qasr Kharana, quizás el más 'castillo' de todos por su aspecto: un edificio cuadrado y macizo, de dos plantas, con muros altos, torres redondas en las esquinas y una sola entrada. A primera vista parece una fortaleza militar, pero los estudiosos coinciden en que sus estrechas aberturas no servían realmente para disparar y que no tenía una función defensiva clara.

Una inscripción pintada en su interior lo fecha en torno al año 710, lo que lo convierte en uno de los edificios islámicos primitivos mejor datados de la región. Su verdadera función se sigue discutiendo: pudo ser un caravanserai —una posada para caravanas—, un lugar de reunión con los jefes tribales de la zona o una residencia. Alrededor de un patio central se distribuyen decenas de habitaciones en dos pisos, algunas todavía decoradas con estucos.

Qasr Kharana resume bien el misterio que envuelve a estos sitios: construcciones sólidas y cuidadas, levantadas con esfuerzo en medio de la nada, cuyo propósito exacto no siempre está claro. Lo que sí revelan es la intensa actividad de los omeyas en esta estepa, que hoy parece vacía pero que en el siglo VIII era un espacio vivo, cruzado por rutas, rebaños, caravanas y las idas y venidas de una corte que no quería perder el contacto con el desierto del que provenía.

https://en.wikipedia.org/wiki/Qasr_Kharanahttps://en.wikipedia.org/wiki/Desert_castles

Qasr Azraq, el oasis y el cuartel de Lawrence

Más al este, donde el desierto esconde uno de los pocos oasis permanentes de la región, se alza Qasr Azraq, una fortaleza distinta a las demás: está construida enteramente en basalto negro, la roca volcánica de la zona, lo que le da un aspecto sombrío e inconfundible. Su ubicación junto al agua la hizo estratégica durante milenios: hay vestigios romanos en su origen, fue reformada por los omeyas y reconstruida en el siglo XIII por los ayubíes y mamelucos para controlar las rutas del desierto.

El castillo de Azraq tiene además un capítulo en la historia moderna. Durante el invierno de 1917 a 1918, en plena Gran Revuelta Árabe, T. E. Lawrence —Lawrence de Arabia— lo usó como cuartel de operaciones, instalándose con las fuerzas árabes en las salas sobre la puerta de entrada mientras preparaban el avance hacia Damasco. El propio Lawrence dejó constancia de aquellas semanas en la fortaleza de piedra negra en su libro 'Los siete pilares de la sabiduría'.

El oasis de Azraq que dio sentido a la fortaleza fue, durante siglos, un punto vital de agua en medio del desierto y un refugio de aves migratorias entre África y Eurasia. En el siglo XX, la sobreexplotación de sus acuíferos para abastecer a Amán estuvo a punto de secarlo por completo, y hoy sobrevive como reserva natural gracias a los esfuerzos de recuperación. La historia de Azraq —fortaleza, cuartel y humedal amenazado— reúne así el pasado militar y el drama ambiental del agua que atraviesan toda la historia de Jordania.

https://en.wikipedia.org/wiki/Qasr_Azraqhttps://en.wikipedia.org/wiki/Azraq_Wetland_Reserve

El este: frontera, tribus y campos de refugiados

Más allá de los castillos, la mitad oriental de Jordania es una inmensa extensión de desierto de basalto y estepa que se prolonga hacia Irak, Siria y Arabia Saudita. Es la parte menos poblada y más dura del país, dominada históricamente por las tribus beduinas cuya lealtad ha sido, desde la fundación del Estado, uno de los pilares del reino hachemí: de estas tribus salieron buena parte de los soldados de la Legión Árabe y del ejército jordano.

Esta región desértica es también una zona de fronteras delicadas. Por aquí pasan las líneas que separan a Jordania de Irak y de Siria, trazadas en buena medida por las potencias europeas tras la Primera Guerra Mundial con criterios más geométricos que humanos. En las últimas décadas, esas fronteras se convirtieron en la puerta de entrada de las oleadas de refugiados: primero iraquíes, y desde 2011 una enorme cantidad de sirios que huían de la guerra civil.

En esta zona, cerca de la ciudad de Mafraq, se levantó a partir de 2012 el campo de refugiados de Zaatari, que llegó a albergar a decenas de miles de sirios y se convirtió en uno de los mayores campos de refugiados del mundo, casi una ciudad improvisada en el desierto. Así, el este jordano condensa dos constantes de la historia del país: el peso de las tribus del desierto en la construcción del Estado y la condición de Jordania como tierra de acogida, una y otra vez, de los desplazados de todos los conflictos de la región.

https://en.wikipedia.org/wiki/Zaatari_refugee_camphttps://www.unhcr.org/countries/jordan

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Castillos Del Desierto

📚 Bibliografía

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