Houston es una ciudad enorme, moderna y sorprendentemente diversa: la cuarta más poblada de Estados Unidos y, según muchos índices, una de las más multiculturales del país, con comunidades de todo el mundo que se reflejan en una de las escenas gastronómicas más vibrantes y variadas que existen. Es la 'capital mundial de la energía', con sus rascacielos y su economía petrolera, pero también la 'Space City', sede del Johnson Space Center de la NASA, desde donde se controlan las misiones tripuladas.
A diferencia de ciudades más compactas, Houston se vive por barrios y distritos, repartidos por una metrópolis vastísima y plana: el Museum District, con casi una veintena de museos de primer nivel; el Theater District; Montrose, bohemio y gastronómico; los barrios mexicanos, vietnamitas, indios y de tantas otras comunidades. Es una ciudad sin la postal obvia de otras, pero con muchísimo para descubrir si uno se mueve con curiosidad.
Esta guía recorre Houston con mirada práctica: cómo visitar el Space Center, qué museos no perderse (varios son gratis), dónde comer la mejor comida del mundo a precios razonables, cómo manejarse en una ciudad pensada para el auto, y cuándo ir para esquivar el calor extremo y los huracanes. Houston premia al viajero que va con plan, hambre y ganas de ver una América diversa y futurista.
Houston fue fundada en 1836 por dos hermanos especuladores inmobiliarios de Nueva York, Augustus y John Allen, que compraron tierras pantanosas junto al Buffalo Bayou y bautizaron el pueblo en honor a Sam Houston, el general que había ganado pocos meses antes la independencia de Texas en la cercana Batalla de San Jacinto. Houston llegó a ser brevemente capital de la República de Texas (1837-1839). La ciudad creció como centro comercial y ferroviario gracias al algodón y la madera. Su gran transformación llegó en 1901 con el descubrimiento de petróleo en Spindletop, cerca de Beaumont: Houston se convirtió en el corazón de la industria petrolera de EE.UU. La apertura del Houston Ship Channel en 1914 la unió al Golfo de México y la transformó en uno de los mayores puertos del país pese a estar tierra adentro. En el siglo XX, la ciudad sumó dos pilares más: la medicina, con el gigantesco Texas Medical Center, y el espacio, con la instalación en 1961 del centro de control de la NASA (el actual Johnson Space Center) —de ahí que la primera palabra dicha desde la Luna en 1969 fuera 'Houston'—. Sin regulación de zonificación, Houston creció de forma expansiva y diversa, recibiendo enormes olas de inmigración que la convirtieron en una de las ciudades más multiculturales del país. La historia completa está en nuestra página de historia.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Houston nació de una operación inmobiliaria audaz. En agosto de 1836, apenas unos meses después de que Texas ganara su independencia de México, dos hermanos llegados de Nueva York, Augustus Chapman Allen y John Kirby Allen, compraron unas tierras pantanosas y húmedas a orillas del Buffalo Bayou, cerca de donde este se unía con otro arroyo. Su plan era fundar y vender lotes de una nueva ciudad.
Los Allen bautizaron el pueblo en honor a Sam Houston, el general que pocos meses antes había derrotado a Santa Anna en la Batalla de San Jacinto —librada muy cerca de allí— asegurando la independencia de Texas, y que era el héroe del momento. Promocionaron el lugar con folletos exagerados que prometían un clima saludable y un gran futuro comercial, ocultando lo inhóspito de aquellos pantanos llenos de mosquitos.
La apuesta, sin embargo, prosperó. En 1837, la joven ciudad fue designada capital de la República de Texas, condición que mantuvo brevemente hasta 1839, cuando la capital se trasladó a Austin. Pese a perder ese rango, Houston siguió creciendo como punto de comercio, aprovechando su ubicación junto al bayou navegable, que la conectaba con el comercio del algodón y la madera de la región.
La ciudad lleva el nombre de uno de los personajes más grandes y contradictorios de la historia de Texas: Sam Houston. Nacido en Virginia en 1793 y criado en la frontera de Tennessee, de joven se fue a vivir con los cherokee, que lo adoptaron y lo llamaron 'El Cuervo'; esa cercanía con los pueblos indígenas lo marcaría toda la vida. Fue soldado, abogado, congresista y gobernador de Tennessee antes de que un matrimonio fracasado y un escándalo lo llevaran a renunciar a todo y volver a vivir con los cherokee.
Houston terminó recalando en Texas, entonces territorio mexicano en plena rebelión de los colonos angloamericanos. Nombrado comandante del ejército texano, el 21 de abril de 1836 lideró a sus tropas en la Batalla de San Jacinto —librada justo al este de la actual ciudad—, donde en apenas 18 minutos derrotó y capturó al general y presidente mexicano Antonio López de Santa Anna, sellando la independencia de Texas al grito de '¡Recuerden El Álamo!'. Aquella victoria fulminante lo convirtió en héroe nacional.
Sam Houston fue después dos veces presidente de la República de Texas, senador y gobernador del estado ya dentro de Estados Unidos. Fiel a sus principios hasta el final, se opuso a la secesión y fue destituido como gobernador en 1861 por negarse a jurar lealtad a la Confederación durante la Guerra Civil. Cuando los hermanos Allen bautizaron su nueva ciudad en su honor en 1836, apostaban por asociar el pueblo al nombre más célebre del momento; el tiempo les dio la razón.
Durante el siglo XIX, Houston se consolidó como centro ferroviario y comercial, vinculado al algodón y al puerto de Galveston, en la costa. Pero dos acontecimientos a comienzos del siglo XX cambiaron su destino para siempre.
El primero fue el descubrimiento de petróleo. En enero de 1901, en Spindletop, un yacimiento cerca de Beaumont (al este de Houston), brotó un descomunal géiser de petróleo que inauguró la era del oro negro en Texas. Houston, bien ubicada y con infraestructura comercial, se convirtió rápidamente en el centro neurálgico de la naciente industria petrolera: refinerías, empresas y bancos se instalaron en la ciudad, que pasó a ser conocida como la 'capital mundial de la energía'.
El segundo fue la apertura del Houston Ship Channel en 1914. Tras una devastadora tormenta que arrasó Galveston en 1900, Houston impulsó el dragado de un canal de aguas profundas que conectara su puerto interior con el Golfo de México. La obra transformó a una ciudad situada tierra adentro en uno de los principales puertos de Estados Unidos, motor del comercio petrolero, químico y de carga. Petróleo y puerto cimentaron la prosperidad y el crecimiento acelerado de Houston durante todo el siglo XX.
A mediados del siglo XX, Houston añadió dos nuevos pilares a su identidad: el espacio y la medicina.
En 1961, la NASA eligió un terreno donado al sur de Houston para instalar su nuevo centro de naves tripuladas, el que sería el Lyndon B. Johnson Space Center. Desde allí se entrenó a los astronautas y se controlaron las misiones del programa Apolo que llevaron al hombre a la Luna. Por eso, cuando Neil Armstrong se posó en la superficie lunar en julio de 1969, la primera palabra que pronunció al comunicarse con la Tierra fue 'Houston'. La ciudad adoptó el apodo de 'Space City' y el espacio quedó ligado para siempre a su imagen.
Casi en paralelo, Houston desarrolló el Texas Medical Center, hoy el complejo médico más grande del mundo, con decenas de hospitales, instituciones de investigación y universidades concentrados en un mismo distrito. Pioneros de la cirugía cardíaca como Michael DeBakey y Denton Cooley trabajaron allí, y el centro se convirtió en un imán mundial para pacientes, médicos e investigadores.
Energía, espacio y medicina —junto al puerto— diversificaron la economía de Houston y la convirtieron en una de las metrópolis más dinámicas del país, aunque su dependencia del petróleo la haría vulnerable a las crisis cíclicas del sector.
Houston es famosa por una particularidad urbana: es la única gran ciudad de Estados Unidos sin un código de zonificación (zoning). Eso significa que, históricamente, el uso del suelo estuvo poco regulado, lo que permitió un crecimiento expansivo, libre y a veces caótico, con rascacielos, barrios residenciales, comercios e industrias mezclados, y una expansión horizontal interminable hacia las afueras.
Ese crecimiento atrajo enormes olas de migración a lo largo del siglo XX y XXI. A la población anglo, afroamericana e hispana original se sumaron grandes comunidades de México y Centroamérica, del sudeste asiático (una de las mayores poblaciones vietnamitas del país, llegada tras la guerra de Vietnam), de la India, de Nigeria, de Oriente Medio y de tantos otros lugares. Hoy Houston es considerada una de las ciudades más diversas étnica y culturalmente de Estados Unidos, lo que se refleja sobre todo en su extraordinaria escena gastronómica.
La ciudad también enfrentó desafíos serios. Su geografía plana, baja y propensa a inundaciones, sumada a la urbanización intensa, la hizo muy vulnerable a las tormentas: el huracán Harvey, en 2017, provocó inundaciones catastróficas. Pese a todo, Houston siguió creciendo, consolidándose como la cuarta ciudad más poblada del país y un centro global de energía, medicina, espacio y comercio.