Palma es la puerta de entrada a Mallorca, pero quedarse sólo con la idea de 'ciudad de paso hacia la playa' es perderse la mitad. Tiene un casco antiguo de calles angostas y patios señoriales, una catedral gótica que se asoma al mar y barrios como Santa Catalina donde la gente sale a comer y tomar algo hasta tarde. Todo queda cerca: en un día caminando ves la Catedral, la Almudaina, la Lonja y el Born sin tomar un colectivo.
Para el que viaja con presupuesto ajustado, Palma tiene trucos. El Castell de Bellver es gratis los domingos. La Almudaina es gratis para ciudadanos iberoamericanos los miércoles y domingos a la tarde. La Fundació Miró no cobra los sábados desde las 15 h. Es Baluard tiene los viernes de 'pagá lo que quieras'. Las playas urbanas son públicas, y el menú del día a mediodía es la mejor forma de comer bien sin pagar precios de turista.
Además es una base cómoda para conocer la isla. Desde la estación de Plaça d'Espanya sale el tren de madera a Sóller, que atraviesa la Serra de Tramuntana. Hay excursiones a las Cuevas del Drach, a Valldemossa y a calas del sur. Y la conexión aérea es enorme: decenas de vuelos diarios a Madrid y Barcelona, y ferris nocturnos a la península. Si te toca entrar a Europa por España, Palma es un buen lugar para empezar o terminar el viaje.
Los romanos fundaron la ciudad en el año 123 a. C., cuando el cónsul Quinto Cecilio Metelo conquistó las Baleares; la llamaron Palma. Tras siglos de decadencia, vándalos y bizantinos, en el año 903 la tomó el general Isam al-Jaulani y la ciudad pasó a llamarse Madina Mayurqa. Durante más de tres siglos fue un puerto musulmán próspero: de esa época quedan los Banys Àrabs (Baños Árabes) y la base de la Almudaina, el antiguo alcázar. El 31 de diciembre de 1229 Jaime I de Aragón entró en la ciudad y la convirtió en Ciutat de Mallorca, capital de un reino propio. Ese mismo período arrancó la Catedral, sobre la antigua mezquita mayor; se consagró en 1346 y las obras siguieron hasta 1601. Jaime II mandó construir el Castell de Bellver entre 1300 y 1311, y en el siglo XV Guillem Sagrera levantó la Lonja de los mercaderes. El Reino de Mallorca terminó absorbido por la Corona de Aragón en el siglo XIV y la ciudad perdió peso político. Bellver funcionó como prisión durante siglos: ahí estuvo preso Gaspar Melchor de Jovellanos entre 1802 y 1808. A principios del siglo XX, Antoni Gaudí reformó el interior de la Catedral (1904-1914). El gran cambio llegó en los años 60 con el turismo de masas: la isla pasó de unos 500.000 visitantes en 1960 a más de 6,7 millones en 1997. Joan Miró vivió y pintó en Palma sus últimas décadas, y su taller hoy es museo. En 2016 el Ayuntamiento fijó 'Palma' como nombre oficial. Hoy la ciudad discute cómo convivir con el turismo: el impuesto de turismo sostenible, vigente desde 2016, financia proyectos ambientales y patrimoniales.
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