Cayo Guillermo es uno de esos rincones del Caribe cubano que parecen sacados de una postal: arena blanquísima, aguas que van del turquesa al verde esmeralda, manglares, bancos de arena en medio del mar y algunas de las dunas más altas del Caribe. Es un pequeño cayo del archipiélago de los Jardines del Rey, pegado a Cayo Coco, en la costa norte de la provincia de Ciego de Ávila, y forma parte de uno de los grandes destinos de sol y playa de Cuba.
Su gran fama tiene nombre propio: Ernest Hemingway. El escritor navegó estas aguas y las inmortalizó en sus novelas —especialmente en 'Islas en el Golfo'—, y a él le debe su nombre la joya del cayo: la Playa Pilar, bautizada como el yate del autor, considerada una de las playas más bellas de Cuba. Frente a ella, los bancos de arena de Cayo Media Luna invitan a caminar mar adentro con el agua a la cintura.
Esta guía recorre lo esencial de Cayo Guillermo con mirada práctica: qué playas y rincones no perderse, cómo llegar por el pedraplén, qué actividades náuticas hacer, cómo combinarlo con Cayo Coco y los atractivos de tierra firme, y qué tener en cuenta al alojarse en sus resorts. Es el destino ideal para quien busca playa caribeña de primer nivel con un toque de leyenda literaria.
Cayo Guillermo forma parte del archipiélago de los Jardines del Rey, un conjunto de cayos del norte de Cuba que fue bautizado en el siglo XVI por el conquistador Diego Velázquez en honor al rey Fernando el Católico ('Jardines del Rey'). Durante siglos, estos cayos permanecieron prácticamente deshabitados, refugio de pescadores, aves marinas y, en épocas pasadas, de piratas y contrabandistas que aprovechaban sus laberintos de manglares e islotes. La fama internacional del cayo llegó de la mano de Ernest Hemingway, que navegó estas aguas en su yate Pilar durante las décadas de 1930 y 1940 y las convirtió en escenario de su literatura, especialmente de la novela póstuma 'Islas en el Golfo'. La playa más famosa del cayo lleva justamente el nombre de su barco. El gran cambio llegó a finales del siglo XX, cuando Cuba desarrolló el turismo de los Jardines del Rey: se construyó el largo pedraplén que une los cayos con tierra firme y se levantaron los grandes resorts todo incluido que hoy convierten a Cayo Guillermo y al vecino Cayo Coco en uno de los principales destinos de playa del país. Ese desarrollo, sin embargo, ha generado debate por su impacto sobre los frágiles ecosistemas de manglares y arrecifes. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La provincia de la piña y de los Jardines del Rey: cañaverales y frutales en el centro de la isla, la histórica Trocha de Júcaro a Morón de las guerras de independencia, la ciudad del gallo de Morón, y cayos de fama mundial —Coco y Guillermo— de arena blanca y flamencos que enamoraron a Hemingway.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Hay un archipiélago cubano que lleva casi cinco siglos ostentando un nombre de la realeza española: los Jardines del Rey. Y hay un cayo dentro de él, pequeño y de dunas altísimas, que un pescador millonario y premio Nobel convirtió en escenario de una de sus novelas. Ese cayo es Cayo Guillermo, y su historia mezcla conquistadores, corsarios, a Ernest Hemingway y una de las transformaciones turísticas más veloces del Caribe. Cayo Guillermo forma parte del archipiélago de los Jardines del Rey, un extenso conjunto de cayos e islotes que bordean la costa norte del centro de Cuba, dentro del gran sistema insular Sabana-Camagüey. El nombre del archipiélago se remonta a comienzos del siglo XVI: según la tradición, fue el conquistador Diego Velázquez de Cuéllar quien bautizó estas islas como 'Jardines del Rey' en honor al rey Fernando el Católico, monarca de España en la época de la conquista de Cuba.
El nombre evoca la belleza casi paradisíaca de estos cayos: aguas transparentes, arena blanca, manglares, arrecifes de coral y una abundante vida marina y de aves. Durante siglos, sin embargo, esa belleza permaneció prácticamente intacta y deshabitada, ya que los cayos eran de difícil acceso y carecían de agua dulce y condiciones para el poblamiento estable.
Cayo Guillermo, un pequeño cayo situado al oeste de Cayo Coco, comparte esa historia natural. Su entorno de dunas —de las más altas del Caribe—, playas vírgenes y bajos arenosos lo convirtió, mucho antes del turismo, en un refugio de fauna y un punto de referencia para los navegantes que recorrían el laberinto de islas del norte cubano.
Durante la mayor parte de su historia, Cayo Guillermo y los demás cayos de los Jardines del Rey permanecieron despoblados o habitados solo de forma estacional. Sin fuentes de agua dulce ni tierras de cultivo, no se prestaban al asentamiento permanente, pero sí eran frecuentados por pescadores que aprovechaban la riqueza de sus aguas, por recolectores de carey y por las enormes colonias de aves marinas y acuáticas, incluidos los flamencos rosados que todavía hoy pueblan la zona.
El laberinto de cayos, manglares y canales del norte cubano tuvo también, como buena parte del Caribe, su época de piratas, corsarios y contrabandistas. Estas islas ofrecían escondites naturales y rutas discretas para el comercio ilegal que esquivaba el monopolio español, así como refugio temporal para embarcaciones. Esa aura de aislamiento y aventura formó parte de la identidad de los Jardines del Rey durante siglos.
Así, mientras las villas coloniales del interior de Cuba crecían y prosperaban, los cayos del norte se mantuvieron como un territorio salvaje y poco transitado, un mundo aparte de dunas, playas y manglares que solo mucho más tarde, ya en el siglo XX, empezaría a llamar la atención por motivos muy distintos: primero literarios y, finalmente, turísticos.
La fama internacional de Cayo Guillermo nació de la mano de la literatura. El escritor estadounidense Ernest Hemingway, residente en Cuba durante muchos años, fue un apasionado navegante y pescador que recorrió las aguas del norte cubano a bordo de su célebre yate, el 'Pilar', durante las décadas de 1930 y 1940. Estos cayos, con sus bajos arenosos, sus arrecifes y su pesca abundante, fueron uno de sus escenarios predilectos.
Hemingway convirtió estas aguas en literatura. En su novela póstuma 'Islas en el Golfo' ('Islands in the Stream'), publicada en 1970, los cayos del norte de Cuba —Cayo Guillermo entre ellos— aparecen como escenario de la acción, transmitiendo la belleza y la soledad de estos parajes marinos. La conexión del cayo con el escritor quedó tan grabada que la playa más famosa del lugar, Playa Pilar, lleva precisamente el nombre de su yate.
De este modo, mucho antes de que se construyera el primer hotel, Cayo Guillermo ya tenía un lugar en el imaginario internacional gracias a Hemingway. Esa aura literaria sigue siendo hoy uno de los grandes atractivos del destino y forma parte del relato turístico que acompaña a sus playas: el visitante navega, en cierto modo, por las mismas aguas que inspiraron a uno de los grandes escritores del siglo XX.
El gran cambio en la historia de Cayo Guillermo llegó a finales del siglo XX, cuando Cuba apostó por desarrollar el turismo de sol y playa en los Jardines del Rey como una de sus principales fuentes de divisas. Para hacer accesibles los cayos, hasta entonces aislados, se construyó un largo pedraplén: una carretera levantada sobre el mar que cruza la bahía de Perros y une los cayos (Cayo Coco y Cayo Guillermo) con tierra firme, en la provincia de Ciego de Ávila.
Con el acceso resuelto, se levantaron grandes resorts todo incluido frente a las playas, dotados de hoteles, piscinas, centros náuticos y de buceo, y se desarrolló un aeropuerto en Cayo Coco (Jardines del Rey, CCC) para recibir vuelos chárter internacionales. Cayo Guillermo y Cayo Coco se transformaron así, en pocas décadas, en uno de los polos turísticos de playa más importantes de Cuba, con la célebre Playa Pilar como gran emblema.
Este desarrollo, sin embargo, no estuvo exento de controversia. La construcción del pedraplén alteró la circulación natural del agua en la bahía y generó preocupación por su impacto sobre los frágiles ecosistemas de manglares, arrecifes de coral y aves de la zona. La tensión entre el aprovechamiento turístico y la conservación de estos ambientes —parte de una reserva de gran valor ecológico— sigue siendo un tema presente. Hoy, Cayo Guillermo combina su condición de destino de playa de primer nivel con el desafío de preservar la naturaleza que, junto con la leyenda de Hemingway, lo hizo famoso. La historia de la región se completa con la del vecino Cayo Coco y la provincia de Ciego de Ávila.