Mucho antes de la llegada de los europeos, Cuba estaba habitada por tres grandes complejos culturales de pueblos originarios, llegados en oleadas sucesivas desde el continente y las Antillas a lo largo de miles de años. Los guanahatabeyes, los más antiguos y arcaicos, sobrevivían como cazadores-recolectores y pescadores en el extremo occidental de la isla, en las tierras que hoy forman Pinar del Río y la península de Guanahacabibes. Los siboneyes, también de economía apropiadora, ocupaban cuevas y zonas costeras del centro y el occidente. Los taínos, los más numerosos y avanzados, agricultores de la yuca, el maíz, el boniato y el tabaco, dominaban el oriente y buena parte del territorio, organizados en cacicazgos gobernados por caciques.
De su lengua arahuaca sobreviven en el español universal decenas de palabras que usamos a diario: tabaco, huracán, canoa, hamaca, barbacoa, sabana, iguana, tiburón, cacique, batey o guajiro. Los taínos cultivaban en montículos llamados 'conucos', vivían en poblados de bohíos junto a plazas ceremoniales, jugaban a la pelota, tallaban la piedra y la madera y navegaban en canoas monóxilas. Su religión giraba en torno a los cemíes, espíritus y antepasados representados en pequeñas esculturas.
El 27 de octubre de 1492, en su primer viaje, Cristóbal Colón desembarcó en la costa nororiental de la isla —tradicionalmente ubicada en la bahía de Bariay, en la actual provincia de Holguín— a bordo de la Niña, la Pinta y la Santa María, y quedó deslumbrado por su belleza: 'esta es la tierra más hermosa que ojos humanos vieron', escribió en su diario. Creyó haber llegado a las costas de Asia. Durante casi dos décadas la isla apenas fue explorada, hasta que la corona decidió colonizarla de forma sistemática.
La conquista efectiva comenzó en 1510, cuando Diego Velázquez de Cuéllar dirigió la ocupación de la isla partiendo de La Española. La resistencia indígena tuvo su gran símbolo en el cacique Hatuey, llegado de La Española para advertir a los taínos cubanos del peligro español; capturado tras una tenaz guerra de guerrillas, fue quemado vivo en la hoguera hacia el 2 de febrero de 1512, cerca de Baracoa. La tradición lo considera el primer rebelde de la historia cubana, y su célebre respuesta al fraile que le ofrecía el cielo —que prefería no ir allí si los cristianos también iban— resume el choque brutal entre ambos mundos.
Entre 1511 y 1515, Velázquez fundó las siete primeras villas que estructuraron la Cuba colonial: Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa (1511), la primera capital y sede del primer obispado; San Salvador de Bayamo (1513); la Santísima Trinidad (1514); Sancti Spíritus (1514); San Cristóbal de La Habana (1514, luego trasladada); Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey (1514, también reubicada); y Santiago de Cuba (1515), que sería capital durante buena parte del siglo XVI. Desde estos núcleos, los españoles repartieron a los indígenas en encomiendas para el trabajo forzado.
La población originaria se desplomó en pocas décadas por las guerras, los abusos, el trabajo en las minas y los conucos y, sobre todo, las enfermedades europeas —viruela, sarampión, gripe— frente a las que no tenían defensas. Muy pronto los colonizadores comenzaron a importar africanos esclavizados para sustituir la mano de obra que desaparecía, sembrando la semilla de la sociedad mestiza que definiría a Cuba. Desde Santiago partieron además, entre 1518 y 1519, las expediciones de Juan de Grijalva y de Hernán Cortés hacia México, lo que convirtió a la isla en trampolín de la conquista del continente.
La posición geográfica de Cuba, en la boca del golfo de México y a la entrada del canal de las Bahamas, la convirtió en pieza estratégica del imperio español. La Habana, gracias a su bahía profunda, protegida y de boca estrecha, se transformó desde el siglo XVI en el gran puerto de reunión de la Flota de Indias: allí se juntaban los galeones que llevaban a España la plata de México y el Perú antes de cruzar juntos el Atlántico, para protegerse de piratas y corsarios. En 1607, La Habana desplazó a Santiago como capital de la isla.
Aquella riqueza que pasaba por sus muelles convirtió a la ciudad en blanco de ataques. Franceses, ingleses y holandeses la asediaron, lo que obligó a la corona a fortificarla con imponentes castillos: el de la Real Fuerza, el Morro y, más tarde, la fortaleza de San Carlos de la Cabaña. La prueba máxima llegó en 1762, cuando una escuadra británica tomó La Habana y la ocupó durante casi once meses, abriendo el comercio de la isla con nuevos mercados. En 1763, por el Tratado de París, Inglaterra devolvió La Habana a España a cambio de la Florida; aquel breve interludio dejó una lección duradera sobre el valor comercial de la isla.
Cuba se benefició también, desde 1837, del primer ferrocarril de toda Hispanoamérica —tendido para transportar la caña—, mucho antes que la propia España. La Habana crecía como una de las urbes más pobladas y ricas del hemisferio, y toda la vida económica de la 'siempre fidelísima Isla' giraba en torno al comercio marítimo, el tabaco y, cada vez más, el azúcar.
A partir de fines del siglo XVIII, Cuba se lanzó a un espectacular auge azucarero. El detonante fue la Revolución Haitiana (1791-1804), que destruyó las plantaciones de Saint-Domingue —hasta entonces el mayor productor mundial de azúcar— y dejó un enorme hueco en el mercado que los hacendados cubanos se apresuraron a llenar. Los ingenios se multiplicaron por las llanuras de Matanzas, el Valle de los Ingenios de Trinidad, Cienfuegos y buena parte del occidente y el centro de la isla.
Ese auge se sostuvo sobre una expansión brutal de la trata de esclavos: se calcula que a lo largo de la colonia cerca de un millón de africanos fueron llevados a Cuba, la inmensa mayoría en el siglo XIX, cuando la trata ya era ilegal según los tratados firmados por España. En el Valle de los Ingenios de Trinidad, hacia 1837, unos 56 ingenios empleaban a más de 11.000 esclavos. La brutalidad del sistema provocó fugas de cimarrones a los palenques y sublevaciones reprimidas con saña, como la 'Conspiración de La Escalera' de 1844 en Matanzas. La esclavitud no se abolió del todo hasta 1886.
De aquella raíz africana —yoruba, congo, carabalí— nacieron la santería y otras religiones afrocubanas, el son, la rumba, el tambor batá y buena parte de la identidad de la isla. Cuba se convirtió en la colonia más rica de España, la 'perla de las Antillas' y el 'azucarero del mundo', con una élite criolla enriquecida pero políticamente subordinada a la metrópoli, tensión que alimentaría el anhelo independentista.
Mientras casi toda Hispanoamérica se independizaba hacia 1820-1825, Cuba —junto con Puerto Rico— siguió siendo colonia española, retenida con firmeza por su enorme valor económico. El anhelo de libertad estalló el 10 de octubre de 1868, cuando el hacendado bayamés Carlos Manuel de Céspedes liberó a sus esclavos en el ingenio La Demajagua y proclamó la independencia en el llamado Grito de Yara, cerca de Manzanillo, dando inicio a la Guerra de los Diez Años (1868-1878).
El 20 de octubre de 1868, los patriotas tomaron Bayamo, donde se cantó por primera vez el himno nacional cubano, La Bayamesa, con letra de Perucho Figueredo. Aquella primera gran guerra forjó a los próceres del país: el dominicano Máximo Gómez, el mulato Antonio Maceo —el 'Titán de Bronce'— y el camagüeyano Ignacio Agramonte, muerto en combate en 1873. Céspedes, depuesto por la propia asamblea revolucionaria y aislado, cayó en San Lorenzo en 1874. La guerra terminó sin independencia con el Pacto del Zanjón de 1878; Maceo lo rechazó en la célebre Protesta de Baraguá, pero la lucha se apagó.
En 1879-1880 estalló un breve nuevo intento, la Guerra Chiquita, rápidamente sofocada por España. Aquellas dos décadas de luchas, sin embargo, no fueron en vano: crearon una conciencia nacional, mostraron que blancos y negros, criollos y libertos podían combatir juntos por una misma patria, y prepararon el terreno para la gesta definitiva que organizaría, desde el exilio, un joven poeta y periodista llamado José Martí.
El alma de la causa independentista fue José Martí (1853-1895), poeta, periodista, ensayista y organizador político que desde el exilio en Nueva York unió a los cubanos dispersos y fundó en 1892 el Partido Revolucionario Cubano. Convencido de la necesidad de una 'guerra necesaria' pero corta y bien planeada, y temeroso del apetito expansionista de Estados Unidos, Martí trabajó incansablemente para reunir a los viejos generales y a la emigración obrera de Tampa y Cayo Hueso.
La guerra definitiva comenzó el 24 de febrero de 1895 con el Grito de Baire. Martí desembarcó en Playitas de Cajobabo, en el oriente, junto a Máximo Gómez, pero murió en combate muy pronto, el 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos, convirtiéndose en el 'Apóstol' y máximo héroe nacional de Cuba. La dirección militar quedó en manos de Gómez y Maceo, que emprendieron la épica Invasión de Oriente a Occidente: en poco más de tres meses, atravesando toda la isla, cruzaron la fortificada Trocha de Júcaro a Morón y llevaron la guerra hasta Pinar del Río, la punta occidental, en diciembre de 1895 y enero de 1896.
La lucha era favorable a los mambises cuando, en la madrugada del 15 de febrero de 1898, la explosión del acorazado estadounidense Maine en el puerto de La Habana —que causó 266 muertos y cuyas causas nunca se aclararon— dio el pretexto perfecto a Estados Unidos, cuya prensa clamaba '¡Recordad el Maine!', para declarar la guerra a España. La caída de Maceo en Punta Brava en 1896 ya había privado a Cuba de su mejor general; ahora una potencia extranjera se disponía a arrebatar a los cubanos el fruto de treinta años de sacrificios.
La guerra hispano-estadounidense de 1898 fue breve y desastrosa para España. En pocos meses, la escuadra española fue destruida en la bahía de Santiago de Cuba y las tropas norteamericanas —junto a los mambises, aunque estos quedaron deliberadamente al margen del reparto— derrotaron a los peninsulares. Por el Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, España renunció a Cuba y cedió a Estados Unidos Puerto Rico, Guam y Filipinas. Los cubanos no fueron invitados a la mesa de negociaciones.
De 1899 a 1902, la isla quedó bajo ocupación militar estadounidense. Antes de retirarse, Washington impuso condiciones: la Enmienda Platt, redactada por el senador Orville H. Platt y aprobada por el Congreso norteamericano el 2 de marzo de 1901, se incorporó como apéndice a la Constitución cubana de 1901. Aquel texto otorgaba a Estados Unidos el derecho a intervenir militarmente en Cuba cuando lo estimara conveniente, limitaba la capacidad de la isla para firmar tratados y contraer deudas, y autorizaba el establecimiento de bases navales, entre ellas la de Guantánamo, arrendada por un tratado de 1903.
El 20 de mayo de 1902 nació formalmente la República de Cuba, con Tomás Estrada Palma como primer presidente. Pero era una independencia mutilada: la soberanía quedaba condicionada por la tutela del vecino del norte, la economía dependía casi por completo del mercado azucarero estadounidense y las inversiones norteamericanas dominaban ingenios, ferrocarriles y servicios. La 'República mediatizada' arrancaba con la sombra del Maine y de Platt sobre ella.
Las primeras décadas republicanas combinaron auge azucarero, fuerte influencia norteamericana, corrupción y frecuentes crisis políticas. Estados Unidos intervino militarmente varias veces al amparo de la Enmienda Platt. La 'danza de los millones' de la Primera Guerra Mundial disparó el precio del azúcar y luego lo hundió. En 1925 llegó a la presidencia Gerardo Machado, que pronto derivó en una dictadura brutal derrocada en 1933 por una revuelta popular y militar en la que emergió un sargento, Fulgencio Batista, que dominaría la política cubana durante un cuarto de siglo, primero entre bambalinas y luego como presidente electo.
La Constitución de 1940, avanzada para su tiempo, no bastó para estabilizar el país. El 10 de marzo de 1952, Batista dio un golpe de Estado que canceló las elecciones e instauró una nueva dictadura, apoyada por Washington y por los intereses de la mafia estadounidense en los casinos y cabarets de La Habana. Contra ella se alzó un joven abogado, Fidel Castro, que el 26 de julio de 1953 asaltó el cuartel Moncada de Santiago de Cuba. El ataque fracasó y Castro fue encarcelado, pero dio nombre al Movimiento 26 de Julio y, en su defensa, pronunció el alegato 'La historia me absolverá'.
Amnistiado y exiliado en México, Castro organizó la expedición del yate Granma, que partió de Tuxpan y desembarcó el 2 de diciembre de 1956 cerca de Niquero, en el oriente. Diezmados por el ejército, apenas una veintena de sobrevivientes —entre ellos Fidel, su hermano Raúl y el argentino Ernesto 'Che' Guevara— se refugiaron en la Sierra Maestra, desde donde libraron una guerra de guerrillas que fue ganando apoyo popular. El golpe decisivo llegó a fines de diciembre de 1958, con la batalla de Santa Clara ganada por el Che. El 1 de enero de 1959, Batista huyó del país de madrugada y la Revolución triunfó.
El nuevo gobierno emprendió reformas radicales que transformaron la sociedad cubana en pocos años. La Ley de Reforma Agraria del 17 de mayo de 1959 expropió los grandes latifundios; una masiva Campaña de Alfabetización llevó maestros voluntarios a los campos en 1961; y a lo largo de 1960 se nacionalizaron primero las grandes empresas estadounidenses —petroleras, azucareras, telefónicas y eléctricas— y luego la banca y centenares de compañías. Estas medidas enfrentaron rápidamente a La Habana con Washington, que rompió relaciones e impuso, a partir de 1960-1962, el embargo económico que aún perdura y que en Cuba se conoce como 'el bloqueo'.
En abril de 1961 fracasó estrepitosamente la invasión de Bahía de Cochinos (Playa Girón), en la que un contingente de exiliados entrenados por la CIA fue derrotado en menos de tres días; a raíz de aquella victoria, Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución. En octubre de 1962, la instalación secreta de misiles nucleares soviéticos en la isla desató la Crisis de los Misiles, trece días que pusieron al mundo al borde de una guerra nuclear entre Estados Unidos y la URSS y que se resolvieron con la retirada de los cohetes a cambio del compromiso norteamericano de no invadir Cuba.
Aliada de la Unión Soviética durante casi tres décadas e integrada en su bloque económico, Cuba desarrolló una notable red de salud y educación pública gratuita, con altísimos índices de alfabetización y esperanza de vida, pero también consolidó un régimen de partido único, economía centralizada y control político, con emigración masiva —como el éxodo del Mariel en 1980— y presencia militar en conflictos de África, sobre todo en Angola. El subsidio soviético sostenía una economía dependiente del azúcar que pronto quedaría a la intemperie.
La caída del bloque soviético entre 1989 y 1991 privó a Cuba de golpe de sus mercados, sus créditos y sus subsidios, y sumió a la isla en el llamado 'Período Especial en tiempo de paz', declarado en 1990: años de escasez extrema de alimentos, combustible y medicinas, apagones interminables, transporte paralizado y una crisis que en 1994 provocó el estallido del 'Maleconazo' y la crisis de los balseros. Para sobrevivir, el gobierno abrió tímidamente la economía al turismo, autorizó el dólar y permitió pequeñas formas de trabajo por cuenta propia. La llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela, con su petróleo, alivió la crisis a comienzos del siglo XXI.
En 2006, una grave enfermedad obligó a Fidel Castro a delegar el poder en su hermano Raúl, que asumió formalmente la presidencia en 2008 e impulsó reformas económicas graduales. El hito más resonante llegó en diciembre de 2014, cuando Raúl Castro y Barack Obama anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas: reabrieron embajadas en 2015 y Obama visitó La Habana en 2016, en un histórico 'deshielo' que, sin embargo, la administración de Donald Trump revertiría en buena parte a partir de 2017.
Fidel Castro murió el 25 de noviembre de 2016. En 2018, Raúl cedió la presidencia a Miguel Díaz-Canel, primer gobernante nacido después de la Revolución, cerrando la era Castro al frente del Estado. Una nueva Constitución se aprobó en 2019. En julio de 2021, las mayores protestas antigubernamentales en décadas —el llamado '11-J'— estallaron por la escasez, los apagones y la crisis de la pandemia. Hoy Cuba afronta una dura crisis económica, una inflación elevada y una emigración récord, sobre todo hacia Estados Unidos, pero conserva un peso cultural, musical y simbólico inmenso, y una identidad, una calidez humana y una capacidad de resistencia que la hacen inconfundible en el mundo.