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Historia del país

Historia de Comoras

Austronesios, bantúes y árabes: el poblamiento del archipiélago

Las Comoras se poblaron tarde y desde muchas direcciones a la vez, y esa mezcla explica lo que son hoy. Los primeros en llegar, entre los siglos VIII y XIII, fueron navegantes austronesios, marinos del sudeste asiático que en las mismas travesías colonizaron la vecina Madagascar. Trajeron consigo cultivos asiáticos —el arroz, el plátano, el taro— y dejaron una huella genética que todavía se rastrea en la población comorense, con una contribución austronesia estimada en torno al 20 por ciento.

Casi en paralelo, desde fines del primer milenio, llegaron desde la costa de África Oriental pueblos bantúes de habla sabaki, agricultores y pescadores que se sumaron a los recién llegados. De ese encuentro nació el corazón cultural del archipiélago: los comorenses y su lengua, el shikomori (o comorense), un idioma bantú emparentado con el suajili y cargado de préstamos árabes. Yacimientos arqueológicos como el de Dembeni, en Mayotte, o Sima, en Anjouan, muestran ya entre los siglos IX y XII aldeas activas en el comercio del Índico, con cerámica china y persa importada.

Sobre esa base africana y austronesia se depositó, con los siglos, una tercera capa: la de los comerciantes árabes y persas del golfo, que introdujeron el islam y las redes mercantiles que conectaban las islas con Arabia, Persia, la India y el mundo suajili. No fue una simple colonización extranjera, sino la lenta fusión de tres mundos —africano, asiático y árabe— en un pueblo nuevo, isleño y musulmán, abierto al mar por todos sus costados.

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Los shirazi, el islam y la cultura swahili

Hacia el siglo X, el comercio del Índico ya había traído a las islas el islam y a las élites que lo encarnaban: los shirazi. El nombre alude a la ciudad persa de Shiraz, y una célebre leyenda cuenta que siete hermanos shirazi zarparon en siete barcos y fundaron colonias en la costa suajili, en el noroeste de Madagascar y en las Comoras. Los historiadores discuten si fueron migrantes reales del golfo o si "shirazi" fue sobre todo una identidad de prestigio que las familias dirigentes locales adoptaron para legitimar su poder. Lo cierto es que, entre los siglos XV y XVI, linajes shirazi y, más tarde, familias árabes hadramíes emparentaron con la nobleza isleña y fundaron dinastías gobernantes en cada isla.

Con ellos, las Comoras se integraron de lleno en la civilización swahili que se extendía por la costa de África Oriental, desde Mogadiscio hasta Sofala. Aparecieron ciudades de piedra de coral con mezquitas, casas de patios interiores y puertas talladas, la escritura árabe y una vida urbana refinada volcada al comercio marítimo. El islam sunní se afianzó como religión de todos —hoy más del 98 por ciento de los comorenses son musulmanes— y modeló el derecho, la educación y el calendario de fiestas.

La cultura comorense que cristalizó en esos siglos sigue viva: las bodas suntuosas del gran matrimonio (anda), la música y los ritos cofrades de raíz sufí, la arquitectura de las medinas. Las Comoras no fueron una periferia pobre del mundo suajili, sino uno de sus eslabones prósperos, un puente entre el continente africano, Madagascar y el gran comercio del Índico.

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Los sultanatos de las islas: los "sultanats batailleurs"

A diferencia de un gran reino unificado, las Comoras vivieron durante siglos fragmentadas en una constelación de pequeños sultanatos que competían y guerreaban entre sí. Los franceses bautizarían más tarde a este mosaico, sobre todo en Gran Comora, como los "sultanats batailleurs", los sultanatos guerreros. La isla de Ngazidja llegó a estar dividida en once sultanatos simultáneos; los más poderosos fueron los de Itsandra y Bambao, cada uno con su capital, su palacio y su corte de consejeros. Los sultanes de Ngazidja tenían, en realidad, un poder limitado, y las alianzas y rivalidades entre ciudades cambiaban sin cesar.

Anjouan siguió un camino distinto. Hacia el año 1500 se fundó allí el sultanato de Ndzuani, que logró unificar toda la isla y se volvió el más poderoso y comercial del archipiélago: sus puertos naturales de Domoni y Mutsamudu eran escalas vitales para los barcos que iban y venían entre África, Madagascar, la India y el golfo Pérsico. Mohéli, la más pequeña, tuvo su propia historia: su sultanato tomó forma tardíamente, en 1830, cuando el príncipe malgache Ramanetaka —que adoptaría el nombre de Abderemane— llegó desde Madagascar y se hizo con la isla.

Esta fragmentación fue, a la vez, riqueza y debilidad. Riqueza cultural, porque cada sultanato dejó medinas, ciudadelas y mezquitas que hoy se cuentan entre los grandes tesoros del país. Debilidad política, porque unas islas divididas y enfrentadas serían presa fácil, primero de las razzias esclavistas venidas de Madagascar y, después, de las potencias europeas que se repartían el Índico.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sultans_of_the_Comoroshttps://www.africanhistoryextra.com/p/a-history-of-grande-cohttps://en.wikipedia.org/wiki/Sultanate_of_Ndzuwani

Comercio del Índico, esclavos y las razzias malgaches

La prosperidad de las Comoras nació del mar. Situadas en el paso entre África y Madagascar, y batidas por los monzones, las islas exportaban clavo de olor, ámbar gris, tortuga, arroz y esclavos, e importaban tejidos, armas y manufacturas. Anjouan, en particular, se especializó en abastecer de agua, víveres y refresco a los barcos europeos que hacían la ruta de la India; los capitanes ingleses la conocían como Johanna, y muchos marinos guardaron memoria de su hospitalidad.

En ese mundo, la esclavitud fue una realidad central que conviene nombrar sin eufemismos. Las islas participaban de la trata del Índico como mercado y como puente, y a la vez fueron víctimas de ella. Entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, flotas de guerreros malgaches —betsimisaraka y sakalava— lanzaron devastadoras razzias esclavistas sobre las Comoras: asaltaban las aldeas costeras, incendiaban las medinas y se llevaban a miles de personas cautivas. Aquellas incursiones despoblaron regiones enteras, obligaron a fortificar los pueblos y dejaron un trauma profundo en la memoria isleña.

Europa había asomado mucho antes. Los portugueses avistaron el archipiélago hacia 1505, camino de la India, y en 1529 lo visitaron los hermanos franceses Parmentier; ingleses y neerlandeses recalaron después. Pero durante siglos ninguna potencia se instaló de forma permanente: las Comoras siguieron siendo un archipiélago de sultanatos, próspero y vulnerable, hasta que la debilidad sembrada por las guerras internas y las razzias abrió la puerta a la conquista francesa.

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De Mayotte al protectorado: la conquista francesa

La colonización de las Comoras empezó por una sola isla. En 1841, el sultán Andriantsoly (Andrian Souli), un príncipe de origen malgache que gobernaba una Mayotte debilitada por las guerras y las razzias, cedió su isla a Francia a cambio de protección militar y de una pensión vitalicia. Con ese tratado, Mayotte se convirtió en posesión francesa, y su destino se separó por primera vez del de las otras tres islas: una fractura que, dos siglos después, seguiría marcando la política del archipiélago.

El resto llegó en 1886. Tras una campaña militar en Gran Comora, donde las fuerzas francesas derrotaron cerca de Moroni al sultán Said Ali, Francia declaró protectorados sobre Ngazidja, Ndzuani y Mwali. Los sultanes, antaño temibles, quedaron reducidos a figuras ceremoniales y, hacia 1909-1912, el último de ellos abdicó. La figura clave de esos años fue Léon Humblot, un naturalista y empresario francés nombrado residente en Gran Comora, que acumuló un poder inmenso: llegó a controlar buena parte de la isla como si fuera su feudo personal, entre la administración colonial y su propia compañía de plantaciones.

En 1908 las cuatro islas fueron incorporadas administrativamente a la colonia de Madagascar, con capital en Dzaoudzi, en Mayotte. Las Comoras dejaban así de ser un conjunto de sultanatos soberanos para convertirse en un apéndice colonial lejano y descuidado, gobernado desde Antananarivo y pensado, sobre todo, como una fuente de cultivos tropicales para el mercado francés.

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Las Islas de los Perfumes: plantaciones, ylang-ylang y vainilla

Bajo el dominio francés, las Comoras adquirieron el apodo que aún las define: las Islas de los Perfumes. La compañía de Humblot y otras sociétés francesas transformaron las tierras más fértiles en grandes plantaciones de cultivos de exportación: vainilla, clavo de olor, cacao, copra y, sobre todo, ylang-ylang, un árbol de flores amarillas y perfume embriagador cuyo aceite esencial se destila para la perfumería fina. Las Comoras se volvieron uno de los mayores productores mundiales de esencia de ylang-ylang, ingrediente de perfumes legendarios, y sus destilerías artesanales impregnaron el aire de las islas con un aroma dulce e inconfundible.

Detrás del romanticismo del nombre se escondía una economía brutalmente extractiva. Las mejores tierras quedaron en manos de las compañías coloniales, y la población comorense fue empujada a trabajar por salarios miserables o confinada a las peores parcelas. El cultivo de alimentos se descuidó en favor de los productos de renta, de modo que un archipiélago fértil se volvió dependiente de importar buena parte de su comida, una vulnerabilidad que perdura hasta hoy. La colonia se administró con mínima inversión en escuelas, caminos o salud.

El estatus político fue cambiando lentamente. Ocupadas por los británicos durante la Segunda Guerra Mundial, las Comoras se separaron administrativamente de Madagascar en 1946 y pasaron a ser territorio de ultramar francés, con representación en la Asamblea Nacional. Un referéndum en 1958 confirmó el vínculo con Francia y en 1961 las islas obtuvieron autonomía interna, con capital en Moroni. Pero el reclamo de independencia crecía, alimentado por la pobreza, la emigración y el ejemplo de la descolonización africana.

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La independencia de 1975 y la herida de Mayotte

En diciembre de 1974, Francia organizó un referéndum de autodeterminación en las Comoras. En el conjunto del archipiélago, una abrumadora mayoría votó por la independencia, pero los resultados se contaron isla por isla, y en Mayotte —de mayoría cristiana y católica en parte, con élites vinculadas a Francia— predominó el voto por seguir siendo francesa. Amparándose en ese detalle, París maniobró para desgajar a Mayotte del proceso.

El 6 de julio de 1975, el parlamento comorense cortó por lo sano: proclamó de forma unilateral la independencia de las cuatro islas, con Ahmed Abdallah como primer presidente. Las Naciones Unidas admitieron a las Comoras como Estado miembro sobre la base de sus fronteras coloniales completas, es decir, incluyendo Mayotte, y desde entonces múltiples resoluciones han reafirmado la soberanía comorense sobre la isla. Francia, sin embargo, retuvo el control efectivo de Mayotte, y en referendos posteriores sus habitantes ratificaron una y otra vez su voluntad de seguir ligados a París; en 2011, Mayotte se convirtió en el departamento número 101 de Francia.

Así nació el diferendo que aún hoy define la relación entre las Comoras y Francia: para las Comoras y para la ONU, Mayotte es una isla comorense ocupada; para Francia y para la mayoría de los mahoreses, es territorio francés de pleno derecho. El asunto es todo menos abstracto. Cada año, miles de comorenses cruzan el brazo de mar entre Anjouan y Mayotte en frágiles lanchas llamadas kwassa-kwassa buscando entrar en territorio francés, en una de las rutas migratorias más mortíferas del mundo. La independencia dejó, desde el primer día, una herida sin cerrar.

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Golpes, mercenarios y separatismo: de Bob Denard a la Unión

Pocos países acumulan una historia postcolonial tan convulsa. Las Comoras han sufrido más de veinte golpes o intentos de golpe desde 1975, y muchos llevan la firma de un mismo personaje: el mercenario francés Bob Denard. Apenas un mes después de la independencia, en agosto de 1975, Denard derrocó al presidente Ahmed Abdallah y lo reemplazó por Ali Soilih, un revolucionario que impuso un régimen socialista radical y anticlerical que escandalizó a la sociedad musulmana. En 1978, Denard volvió —esta vez con apoyo de Rodesia y Sudáfrica—, derrocó y mató a Ali Soilih y repuso en el poder a Abdallah, sobre cuya guardia presidencial reinaría durante once años como verdadero hombre fuerte en la sombra.

En 1989, el presidente Abdallah murió de un disparo en circunstancias nunca aclaradas, en un episodio que apuntaba al propio Denard; la presión de Francia forzó por fin la salida del mercenario. Pero Denard aún regresaría en 1995, en un último golpe (la operación Kaskari) contra el presidente Said Mohamed Djohar, que Francia sofocó desembarcando tropas en la operación Azalée. Entre golpe y golpe, la inestabilidad era crónica, la economía se hundía y la política se fragmentaba.

El punto más grave llegó en 1997, cuando Anjouan y Mohéli, hartas del centralismo de Gran Comora y de la miseria, declararon su secesión. Anjouan llegó a votar en referéndum, con más del 99 por ciento, su independencia, e incluso pidió —sin éxito— reintegrarse a Francia siguiendo el modelo de Mayotte. El intento del gobierno de recuperar la isla por la fuerza desató un conflicto armado. La salida vino de la mano de la Organización para la Unidad Africana: el Acuerdo de Fomboni de 2001 refundó el país como la Unión de las Comoras, con una nueva Constitución que concedió amplia autonomía a cada isla —presidente y gobierno propios— y estableció una presidencia rotativa de la Unión entre las tres islas.

Ese es, a grandes rasgos, el país de hoy. El coronel Azali Assoumani, que había tomado el poder en un golpe en 1999, se consolidó bajo el nuevo sistema y ha dominado la política comorense durante buena parte del siglo XXI, reelegido en comicios cuestionados por la oposición y tras reformar la Constitución en 2018 para prolongar su mandato; en 2023 las Comoras llegaron incluso a presidir la Unión Africana. Nación joven, pobre y frágil, dependiente de las remesas de su enorme diáspora y todavía marcada por el reclamo de Mayotte, las Comoras siguen siendo, pese a todo, un rincón de belleza serena en el corazón del Índico: tres islas de volcanes, medinas de coral y campos de ylang-ylang que aún perfuman el aire.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_the_Comoros_(1978%Ehttps://en.wikipedia.org/wiki/Bob_Denardhttps://en.wikipedia.org/wiki/1997_Anjouan_independence_refehttps://www.peaceagreements.org/view/conflict/18/Anjouan+Cri

🗺️ Historia por provincia / estado

Anjouan (Ndzuani)
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Gran Comora (Ngazidja)
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Mohéli (Mwali)
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📚 Bibliografía

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