Presidente Figueiredo es la gran escapada de naturaleza por tierra desde Manaus, conocida en todo Brasil como la 'Terra das Cachoeiras', la Tierra de las Cascadas. Es un municipio de la Región Metropolitana de la capital amazonense, plantado en plena selva sobre la ruta federal BR-174 (la que une Manaus con Boa Vista, en Roraima). En su enorme territorio se cuentan más de cien caídas de agua repartidas por el bosque (las fuentes hablan de entre 100 y 150 cascadas, con varias decenas catalogadas y aptas para visita), además de grutas, cavernas, balnearios de aguas oscuras y lagunas cristalinas. Acá la Amazonía se vive distinto que en el río: entre el rumor de las cascadas, los paredones de arenisca y los senderos de tierra firme.
El paisaje tiene una explicación geológica preciosa. Las rocas de la región (areniscas antiquísimas del flanco norte de la Amazonia brasileña) fueron talladas por el agua durante millones de años, formando saltos, paredones esculpidos, grutas con galerías y esos 'baños de hidromasaje' naturales que aparecen en algunas cascadas cuando baja el caudal. Buena parte de este conjunto está protegido dentro del APA Caverna do Maroaga, un Área de Protección Ambiental estadual creada en 1990 que abarca cientos de miles de hectáreas de cavernas, grutas y cascadas. Es, además, territorio histórico del pueblo indígena Waimiri-Atroari y zona de sitios con inscripciones rupestres.
Para vos, viajero, lo más práctico es usar Manaus como campamento base: casi todos llegan haciéndolo en el día (el famoso 'bate-volta') o quedándose una o dos noches en el propio pueblo. El viaje por la BR-174 es asfaltado y toma alrededor de 2 horas. Un dato clave: muchas cascadas están dentro de propiedades privadas o reservas que cobran una entrada o 'tasa de conservación', y varias atracciones (sobre todo grutas y cascadas alejadas) solo se visitan con guía acreditado, contratado en el Centro de Atendimento ao Turista (CAT). No es un capricho: los senderos son aislados y a veces difíciles, y el guía es obligatorio por seguridad. Llevá calzado para mojarte, ropa de cambio, repelente y ganas de caminar.
El territorio de lo que hoy es Presidente Figueiredo fue durante milenios hogar de pueblos indígenas, en especial los Waimiri-Atroari, que dejaron inscripciones rupestres y cuya memoria sobrevive incluso en el nombre de la Caverna do Maroaga (por un guerrero que, según los guías, se refugió allí). La región empezó a transformarse con la apertura de la ruta BR-174 entre Manaus y Boa Vista, iniciada en 1968 durante la dictadura militar, una obra que tuvo consecuencias trágicas para los Waimiri-Atroari. El municipio fue creado el 10 de diciembre de 1981, desmembrado de Novo Airão e Itapiranga (con áreas de Silves y Urucará), y se instaló efectivamente entre 1982 y 1983. Su nombre no homenajea al presidente militar João Batista Figueiredo (que gobernaba en ese momento y que, según las crónicas, se incomodó con la idea), sino a João Baptista de Figueiredo Tenreiro Aranha, el primer presidente de la provincia de Amazonas en el siglo XIX. Con los años, la abundancia de cascadas, grutas y selva convirtió al municipio en uno de los grandes destinos de ecoturismo del norte de Brasil, la 'Terra das Cachoeiras'. La historia completa está en nuestra página de historia.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Mucho antes de que existiera el municipio, este rincón de la Amazonía, al norte de Manaus, era hogar de pueblos indígenas. El más importante de la región es el pueblo Waimiri-Atroari, que habitaba (y todavía habita, en su territorio demarcado) las tierras entre los actuales estados de Amazonas y Roraima. Para ellos, como para tantos pueblos amazónicos, los ríos, las grutas y la selva no eran un decorado turístico sino el mundo entero: lugar de vida, de refugio y de memoria.
De esa presencia milenaria quedan huellas concretas. La región conserva inscripciones rupestres (grabados y pinturas en piedra), testimonios de poblaciones originarias que vivieron aquí mucho antes de la llegada europea. Estos sitios arqueológicos son frágiles: algunos han sufrido daños o han tenido que cerrarse para su preservación, y varios están bajo cuidado de organismos como el IPHAN. Las investigaciones arqueológicas en la zona (incluidas las realizadas en el área de la represa de Balbina en los años ochenta) localizaron decenas de sitios y recuperaron piezas con registros rupestres, junto con vestigios ligados a los Waimiri-Atroari.
Esa herencia indígena sigue viva incluso en los nombres del paisaje. La célebre Caverna do Maroaga lleva, según los guías locales, el nombre de un guerrero Waimiri-Atroari que se habría refugiado allí; 'Maroaga' o 'Maruaga' sería, además, un título dado a los jefes de las tribus. Visitar hoy las grutas, los paredones rupestres y las cascadas es también caminar sobre una historia humana profunda, que conviene recorrer con respeto y, siempre que se pueda, con guías que sepan contarla.
El gran factor que abrió la región al poblamiento moderno fue la ruta BR-174, que une Manaus (Amazonas) con Boa Vista (Roraima). Su construcción comenzó en 1968, en plena dictadura militar brasileña, dentro de una agenda de 'integración' y 'progreso' que buscaba abrir la Amazonía con grandes obras de infraestructura. Por donde hoy se transita en un par de horas para llegar a las cascadas, antes solo había selva cerrada.
Esa apertura tuvo un costado trágico que la historia reciente reconoció. La construcción de la BR-174 atravesó el territorio de los Waimiri-Atroari y derivó en un conflicto y en violaciones gravísimas contra ese pueblo. Los relatos y los informes (incluido el de la Comisión Nacional de la Verdad) documentan una caída demográfica brutal: de unos miles de indígenas en los años setenta a pocos cientos en los ochenta, el período de mayor actividad de la obra. En 2018, la Justicia Federal de Amazonas reconoció oficialmente las violaciones cometidas contra los Waimiri-Atroari durante la apertura de la ruta. Es una memoria dolorosa que conviene no borrar al hablar del 'desarrollo' de la región.
La ruta, sin embargo, fue también el eje a lo largo del cual se fue formando el poblamiento que daría origen al municipio. Las primeras ocupaciones se asentaron sobre la BR-174 y en las áreas vinculadas a Novo Airão e Itapiranga, de cuyos territorios se desprendería buena parte del futuro Presidente Figueiredo. La historia del municipio nace, así, entrelazada con la de esta carretera: la misma que hoy te lleva a las cascadas es la que, décadas atrás, transformó para siempre la vida de la región.
El municipio de Presidente Figueiredo fue creado el 10 de diciembre de 1981, por la Enmienda Constitucional nº 12, con territorios desmembrados principalmente de Novo Airão y de Itapiranga (la villa y los alrededores de Balbina), además de áreas adyacentes de Silves y Urucará. La instalación efectiva del municipio se concretó con las elecciones generales de 1982 y, en consecuencia, con la asunción del intendente (prefeito) y los concejales en enero de 1983. La vecindad con Manaus, en pleno crecimiento por la Zona Franca, fue decisiva para el desarrollo de la región.
El origen del nombre es uno de los datos más curiosos del municipio, y conviene aclararlo bien. El topónimo NO homenajea al presidente militar João Batista de Oliveira Figueiredo, que gobernaba Brasil justamente en 1981; al contrario, las crónicas locales cuentan que este se habría incomodado con la idea de que un municipio llevara su nombre. El homenaje es, en realidad, a João Baptista de Figueiredo Tenreiro Aranha, el primer presidente de la provincia de Amazonas en el período imperial del siglo XIX. Así, el 'Figueiredo' del nombre mira al siglo XIX y no al gobierno militar contemporáneo a la fundación.
Este detalle suele sorprender a los visitantes y vale la pena tenerlo claro, porque la coincidencia de apellidos y de época (un presidente Figueiredo gobernando cuando se crea un municipio llamado 'Presidente Figueiredo') hace que mucha gente asuma lo contrario. Conocer la verdadera dedicatoria ayuda a entender que el nombre celebra una figura histórica de la provincia, no a un mandatario de la dictadura.
Con el correr de las décadas, lo que había sido un territorio abierto por una carretera se descubrió como un tesoro natural. La combinación de areniscas antiquísimas, ríos de aguas oscuras y selva dio lugar a un paisaje extraordinario: más de cien cascadas (las fuentes hablan de entre 100 y 150 caídas, con varias decenas catalogadas y aptas para visita), además de grutas, cavernas, balnearios y lagunas cristalinas. De ahí nació el apodo que hoy define al municipio: la 'Terra das Cachoeiras', la Tierra de las Cascadas.
Un hito clave para la conservación fue la creación del APA Caverna do Maroaga, el Área de Protección Ambiental estadual establecida por decreto en 1990, que abarca cientos de miles de hectáreas (referencias de unas 374.700 ha) de cavernas, grutas y cascadas, y reúne decenas de atractivos turísticos. Las rocas de Maroaga están entre las formaciones geológicas más antiguas del flanco norte de la Amazonia brasileña, lo que suma un enorme valor geológico y espeleológico al destino.
Apoyado en su cercanía con Manaus y en la BR-174 asfaltada, Presidente Figueiredo se consolidó como uno de los grandes polos de ecoturismo y turismo de aventura del norte de Brasil. Cascadas como Iracema, Santuário o Urubuí, grutas como Maroaga y la Judéia, y actividades como rappel, tirolesa, rafting y espeleología atraen a viajeros de todo el país, muchos de ellos en el clásico 'bate-volta' de un día desde la capital. Hoy el municipio busca crecer cuidando ese patrimonio: buena parte de las atracciones están en propiedades privadas o reservas que cobran tasas de conservación, y muchas exigen guía acreditado, en un equilibrio entre abrir la naturaleza al visitante y protegerla para que siga siendo la Tierra de las Cascadas.