Gaborone es una de las capitales más jóvenes de África, y su historia está pegada a la de la propia nación. Durante toda la época del protectorado, la administración de Bechuanalandia se dirigía, insólitamente, desde Mafeking, una ciudad situada fuera del territorio, en Sudáfrica. Cuando la independencia se volvió inevitable, hubo que construir una capital propia desde cero.
Se eligió el emplazamiento de una pequeña localidad junto a la estación de tren, cerca de la aldea del jefe Gaborone, de donde tomó el nombre. Entre 1964 y 1965 se levantó a toda prisa una ciudad planificada, con sus edificios de gobierno, y en 1965 se convirtió en la sede del autogobierno interno. El 30 de septiembre de 1966, en Gaborone se izó por primera vez la bandera de Botswana independiente. La ciudad creció después a un ritmo vertiginoso, de un puñado de miles de habitantes a una metrópoli de varios cientos de miles.
Hoy Gaborone —"Gabs", para los locales— es el corazón político, administrativo y económico del país: sede del gobierno, del Parlamento, de la Universidad de Botswana y de las grandes empresas ligadas al diamante. A sus puertas, la Reserva de Vida Silvestre de Gaborone permite ver fauna a minutos del centro. Es una capital tranquila y ordenada, símbolo de un país que se construyó a sí mismo, casi de la nada, en apenas unas décadas.
En el centro financiero de Gaborone se alza el Monumento a los Tres Dikgosi, tres estatuas de bronce que representan a Khama III de los bangwato, Sebele I de los bakwena y Bathoen I de los bangwaketse. Son los jefes que en 1895 viajaron a Inglaterra para pedirle a la reina Victoria y al secretario de las Colonias que Bechuanalandia siguiera bajo la corona y no cayera en manos de la compañía de Cecil Rhodes. Su gestión diplomática salvó al territorio del peor colonialismo y hoy se los honra como padres fundadores.
Ese monumento resume el papel de esta región como corazón político de Botswana. Aquí, en el sureste del país, se concentran la mayoría de la población, las principales aldeas históricas de los grandes merafe tswana y las instituciones del Estado. Es la Botswana más poblada y desarrollada, la que mira hacia Sudáfrica y hacia la modernidad.
El este también fue el escenario donde la joven democracia botsuana echó raíces: donde se instalaron el Parlamento y la kgotla nacional, donde se debatieron las políticas del diamante y donde, elección tras elección, se sostuvo un sistema multipartidista que en 2024 protagonizó su primer relevo pacífico de partido en el poder. Del viaje de los tres dikgosi a las urnas de 2024, esta región es el hilo conductor de la historia política del país.
En el noreste de esta región, Francistown es la segunda ciudad de Botswana y una de las más antiguas, con un pasado muy distinto al del resto del país. Su origen no está en el ganado ni en la política tswana, sino en el oro. A fines del siglo XIX, el descubrimiento de yacimientos en la región del río Tati desató una de las primeras fiebres del oro del sur de África, y en torno a las minas creció un pueblo de buscadores, comerciantes y aventureros.
La ciudad debe su nombre a Daniel Francis, un prospector que adquirió concesiones mineras en la zona en aquellos años. El llamado Tati Concession fue un enclave particular dentro del protectorado, con una historia minera propia que dejó una impronta industrial y cosmopolita poco habitual en la región. Francistown se convirtió en un nudo ferroviario y comercial sobre la línea que unía Sudáfrica con Rhodesia, un papel de encrucijada que conserva hasta hoy.
Aunque el oro nunca la hizo tan rica como prometía la leyenda, Francistown mantuvo su carácter de ciudad de frontera y de tránsito. Hoy es un importante centro comercial e industrial, puerta hacia el este, hacia las salinas de Makgadikgadi y hacia los pasos fronterizos con Zimbabue, y guarda un aire histórico y trabajador que la distingue de la más administrativa Gaborone.
El este de Botswana es el corazón histórico de los bangwato, el mayor de los merafe tswana, cuya capital tradicional es Serowe, una de las aldeas más grandes de África austral. De esta casa real salieron algunas de las figuras clave del país: Khama III, el jefe cristiano que viajó a Inglaterra en 1895; su nieto Seretse Khama, primer presidente de Botswana; y el hijo de este, Ian Khama, también presidente entre 2008 y 2018. La historia de los bangwato y la de la nación están entrelazadas como en ningún otro pueblo.
Cerca de Serowe se encuentra el Santuario de Rinocerontes de Khama, una reserva comunitaria creada en 1992 para proteger a los rinocerontes blancos y negros, especies que la caza furtiva había llevado al borde de la desaparición en el país. Gestionado con participación de las comunidades locales, se ha convertido en uno de los mejores lugares de Botswana para ver rinocerontes de cerca y en un modelo de conservación comunitaria heredero del espíritu de Moremi.
En el extremo oriental, donde el río Limpopo marca la frontera y se juntan Botswana, Sudáfrica y Zimbabue, se extiende el Tuli Block: una franja agreste de paisajes de piedra roja, koppies rocosos, baobabs y bosques ribereños, con una fauna abundante y solitaria. Fue una zona de granjas y concesiones a colonos en tiempos coloniales, y hoy alberga reservas privadas donde elefantes, leones y leopardos habitan uno de los rincones más salvajes y menos visitados del país. Del reino de los bangwato al Tuli, el este condensa buena parte de la memoria y la naturaleza de Botswana.