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Historia del país

Historia de Argelia

Los amazigh y el reino de Numidia

Antes de que existiera cualquier nombre extranjero, el norte de África era tierra de los amazigh —los bereberes, «los hombres libres»—, un conjunto de pueblos autóctonos cuya presencia se remonta a la prehistoria. En el Sahara, cuando todavía era una sabana verde y húmeda, esos pueblos y sus antecesores dejaron en el Tassili n’Ajjer y otros macizos una de las mayores galerías de arte rupestre del mundo, con escenas de caza, ganado y danzas que tienen hasta unos doce mil años de antigüedad.

En el primer milenio antes de nuestra era, los fenicios fundaron factorías comerciales en la costa, y desde Cartago irradiaron su influencia púnica sobre el litoral. Tierra adentro, los bereberes se organizaron en reinos. Durante la Segunda Guerra Púnica, dos grandes confederaciones —los masilios y los masesilios— se disputaron el poder. De esa pugna emergió la figura decisiva de Masinisa, que tras aliarse con Roma y combatir junto a Escipión en la batalla de Zama (202 a.C.), que selló la derrota de Aníbal y de Cartago, unificó a los pueblos bereberes en un solo Estado: el reino de Numidia, con capital en Cirta, la actual Constantina.

Masinisa gobernó durante décadas hasta su muerte, hacia 148 a.C., y convirtió a Numidia en una potencia agrícola y militar. Su nieto Yugurta desafió abiertamente a Roma en una larga guerra (112-105 a.C.) que terminó con su captura y muerte, y que anunció el fin de la independencia numida. Poco a poco, los reinos bereberes cayeron bajo la órbita romana, pero la identidad amazigh —su lengua, el tamazight, y su arraigo a la tierra— sobrevivió a todos los imperios que vendrían después.

https://en.wikipedia.org/wiki/Numidiahttps://en.wikipedia.org/wiki/Masinissahttps://www.britannica.com/place/Algeria/History

El África romana: Timgad, Djémila y San Agustín

Tras la destrucción de Cartago en 146 a.C. y la anexión de Numidia, Roma hizo del norte de la actual Argelia una de las regiones más prósperas de su imperio. Formaba parte de las provincias del África romana y de la Mauritania Cesariense, y se convirtió en un inmenso granero: sus llanuras producían el trigo y el aceite de oliva que alimentaban a Roma, y sus ciudades florecieron con foros, teatros, termas y arcos triunfales.

Dos de ellas son hoy joyas del patrimonio mundial. Timgad, la antigua Thamugadi, fue fundada de la nada por el emperador Trajano hacia el año 100 d.C. como colonia para los veteranos de la Legio III Augusta; su trazado en cuadrícula casi perfecto, con el cardo y el decumano cruzándose en ángulo recto, su arco de Trajano y hasta su biblioteca pública la convirtieron en un modelo de urbanismo romano, «la Pompeya de África». Djémila, la antigua Cuicul, fue levantada poco antes, bajo el emperador Nerva, encaramada en un espolón de montaña a casi 900 metros de altura, y conserva templos, foros y unos mosaicos deslumbrantes.

El norte de África fue también un gran centro del cristianismo primitivo. De la ciudad de Hipona (la actual Annaba) fue obispo Agustín, nacido en 354 en Tagaste, autor de las Confesiones y de La ciudad de Dios, uno de los pensadores más influyentes de la historia de Occidente. San Agustín murió en el año 430, durante el asedio de Hipona por los vándalos, el pueblo germánico que arrasó el África romana. Tras los vándalos llegaron los bizantinos en el siglo VI, que reconquistaron parte del territorio, pero el poder romano ya se apagaba y una nueva era estaba por comenzar.

https://whc.unesco.org/en/list/194/https://whc.unesco.org/en/list/191/https://en.wikipedia.org/wiki/Augustine_of_Hippo

La conquista árabe y la islamización

En el siglo VII, la expansión del islam desde Arabia alcanzó el Magreb. Las primeras incursiones árabes en el norte de África comenzaron hacia 647, y en 670 el general Uqba ibn Nafi fundó Kairuán, en la vecina Túnez, como base de la conquista. Pero el avance no fue fácil: los bereberes opusieron una resistencia feroz, encarnada en figuras legendarias como el rey Kusayla y, sobre todo, la Kahina (Dihya), una reina guerrera bereber que hacia finales del siglo VII lideró la lucha contra los ejércitos omeyas antes de ser derrotada.

Hacia comienzos del siglo VIII, el Magreb quedó incorporado al califato, y la mayoría de los bereberes adoptaron el islam, aunque conservaron su lengua y muchas de sus costumbres. Muchos se sumaron con entusiasmo a la expansión musulmana: buena parte de los ejércitos que conquistaron la península ibérica a partir de 711 estaban formados por bereberes norteafricanos.

La islamización no borró las tensiones. Los bereberes, que a menudo se sentían tratados como súbditos de segunda por las élites árabes, abrazaron con frecuencia corrientes del islam que expresaban su rebeldía, como el jariyismo. En 740 estalló una gran revuelta bereber contra el califato omeya, y de ese fermento surgieron los primeros Estados independientes del Magreb. La religión musulmana y la lengua árabe echaron raíces profundas, pero se fundieron con el sustrato amazigh en una síntesis cultural que define a Argelia hasta hoy.

https://www.britannica.com/place/Algeria/Historyhttps://en.wikipedia.org/wiki/Muslim_conquest_of_the_Maghrebhttps://en.wikipedia.org/wiki/Kahina

Dinastías bereberes: de los rustamíes a los zayyaníes

Entre los siglos VIII y XVI, el territorio argelino fue el escenario de una sucesión de dinastías, muchas de ellas bereberes, que dejaron una huella profunda. La primera fue el imamato rustamí, fundado en 776 con capital en Tahert (la actual Tiaret): un Estado ibadí, austero y comerciante, que prosperó gracias a las rutas del oro y los esclavos que cruzaban el Sahara, hasta que fue destruido por los fatimíes en el siglo X.

Los fatimíes, una dinastía chií, nacieron precisamente en suelo argelino, apoyados por los bereberes kutama de la Pequeña Cabilia, antes de conquistar Egipto y fundar El Cairo. Al marcharse hacia el este dejaron el Magreb central en manos de sus aliados bereberes, los ziríes y su rama, los hammadíes, que fundaron ciudades como la Qal’a de los Banu Hammad —hoy Patrimonio de la Humanidad— y engrandecieron Béjaïa. En el siglo XI, la llegada de las tribus árabes de los Banu Hilal transformó el paisaje humano y aceleró la arabización de las llanuras.

Más tarde, dos grandes imperios bereberes surgidos en el actual Marruecos —los almorávides y los almohades— unificaron todo el Magreb y al-Ándalus. Cuando el imperio almohade se desmoronó en el siglo XIII, el occidente argelino quedó en manos de la dinastía de los zayyaníes (o abdalwadíes), que hicieron de Tlemcen su brillante capital durante más de tres siglos, un foco de arte hispano-morisco, ciencia y comercio, hasta la llegada de los otomanos.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Algeriahttps://en.wikipedia.org/wiki/Rustamid_dynastyhttps://en.wikipedia.org/wiki/Zayyanid_dynasty

La Regencia de Argel: otomanos y corsarios

A comienzos del siglo XVI, la costa argelina quedó atrapada entre dos fuerzas: la España de los Reyes Católicos, que tras la caída de Granada extendía su avance hacia el Magreb y ocupaba plazas como Orán (1509), y el Imperio otomano, en plena expansión por el Mediterráneo. En ese contexto irrumpieron los hermanos Barbarroja, corsarios de origen griego al servicio del islam: Aruj se apoderó de Argel en 1516, y tras su muerte su hermano Jeireddín (Hayreddín) puso la ciudad bajo la soberanía del sultán otomano en 1519.

Nació así la Regencia de Argel, una provincia otomana de amplísima autonomía gobernada sucesivamente por beylerbeys, pachás, agás y, finalmente, deys. Argel se convirtió en una de las grandes potencias corsarias del Mediterráneo: sus flotas asaltaban los barcos cristianos y las costas europeas, capturando cautivos que eran rescatados o vendidos como esclavos. Se calcula que a lo largo de los siglos cientos de miles de europeos pasaron por los baños de Argel; entre ellos estuvo, célebremente, Miguel de Cervantes, cautivo en la ciudad entre 1575 y 1580.

La Regencia fue un Estado próspero y temido, con una identidad propia dentro del mundo otomano. Pero hacia el siglo XVIII y comienzos del XIX su poder marítimo declinó frente a las armadas europeas. El episodio que precipitó su final fue diplomático y casi absurdo: en 1827, en una disputa por una deuda impagada, el dey Hussein golpeó al cónsul francés con su abanico o espantamoscas. Francia usó aquel «agravio» como pretexto para preparar una invasión que cambiaría la historia del país.

https://en.wikipedia.org/wiki/Regency_of_Algiershttps://en.wikipedia.org/wiki/Hayreddin_Barbarossahttps://www.britannica.com/place/Algeria/The-Ottoman-period

La conquista francesa de 1830 y la resistencia de Abd el-Kader

El 5 de julio de 1830, tras un desembarco masivo, las tropas francesas entraron en Argel y el dey Hussein capituló. Lo que había empezado como una expedición de castigo se transformó en una empresa de conquista y colonización que se prolongaría más de un siglo. Francia se anexionó Argelia de manera gradual y sangrienta, convirtiéndola en algo distinto de una simple colonia: en 1848 fue declarada parte integral del territorio francés, organizada en departamentos como si fuera una prolongación de la metrópoli al otro lado del Mediterráneo.

La resistencia fue inmediata y tenaz. Su gran figura fue el emir Abd el-Kader, un joven jefe religioso y militar que a partir de 1832 unificó a numerosas tribus del oeste y del interior y construyó un verdadero Estado, con administración, ejército y capital móvil. Durante quince años libró una guerra contra un ejército muy superior, y aunque firmó treguas como el tratado de la Tafna (1837), la lucha se reanudó. Frente a él, el general Bugeaud aplicó una guerra de tierra quemada —las brutales razzias, la destrucción de cosechas y aldeas, e incluso matanzas por asfixia de poblaciones refugiadas en cuevas— que causó una enorme mortandad. Abd el-Kader se rindió finalmente en 1847 y fue desterrado; hoy es venerado como padre de la nación argelina.

La colonización avanzó entonces con toda su fuerza. Llegaron colonos europeos —franceses, pero también españoles, italianos y malteses— que formarían la comunidad de los pieds-noirs, y se apropiaron de las mejores tierras. Los musulmanes fueron despojados, sometidos a un régimen jurídico discriminatorio (el «código del indígena») y reducidos a la condición de súbditos sin ciudadanía plena, mientras el decreto Crémieux de 1870 sí otorgaba la ciudadanía francesa a los judíos de Argelia. Insurrecciones como la gran revuelta de la Cabilia de 1871 fueron aplastadas con dureza. Sobre ese despojo y esa humillación se incubó, durante generaciones, el nacionalismo argelino.

https://en.wikipedia.org/wiki/French_conquest_of_Algeriahttps://en.wikipedia.org/wiki/Abdelkader_ibn_Muhieddinehttps://www.britannica.com/place/Algeria/The-French-conquest

La guerra de independencia (1954-1962)

El nacionalismo argelino maduró en la primera mitad del siglo XX, alimentado por pensadores y militantes como Messali Hadj y Ferhat Abbas, y por la frustración de las promesas incumplidas tras las dos guerras mundiales, en las que muchos argelinos combatieron por Francia. Un punto de quiebre fueron las masacres de Sétif y Guelma, el 8 de mayo de 1945: una manifestación nacionalista, reprimida con extrema violencia, dejó miles de muertos musulmanes y marcó a toda una generación.

El 1 de noviembre de 1954, el recién creado Frente de Liberación Nacional (FLN) lanzó una serie de ataques coordinados que dieron inicio a la guerra de independencia; esa fecha, la «Toussaint Rouge», es hoy la fiesta nacional argelina. El conflicto fue largo y atroz por ambos bandos. El FLN, a través de su brazo armado, combinó la guerrilla rural con atentados urbanos; Francia respondió con un despliegue de cientos de miles de soldados, la tortura sistemática —documentada durante la llamada batalla de Argel de 1957— y el desplazamiento forzado de millones de campesinos a campos de reagrupamiento. La guerra dividió profundamente a la propia sociedad francesa y provocó, en 1958, la caída de la Cuarta República y el regreso al poder de Charles de Gaulle.

Tras años de combates y de negociaciones, los acuerdos de Évian, firmados el 18 de marzo de 1962, dispusieron un alto el fuego, y un referéndum abrumador condujo a la independencia, proclamada el 5 de julio de 1962. El costo humano fue inmenso y sus cifras siguen siendo objeto de debate: los historiadores estiman entre varios cientos de miles y cerca de un millón de muertos, mientras que la memoria oficial argelina habla de un millón y medio de «mártires». El final estuvo teñido de tragedia: la violencia de la organización terrorista OAS, el éxodo de casi un millón de pieds-noirs, y la matanza de miles de harkis —los argelinos que habían servido a Francia— abandonados a su suerte. Argelia nacía como nación soberana, pero con heridas que tardarían generaciones en cerrar.

https://en.wikipedia.org/wiki/Algerian_Warhttps://www.britannica.com/event/Algerian-Warhttps://en.wikipedia.org/wiki/%C3%89vian_Accords

La Argelia independiente: Boumédiène, la década negra y el Hirak

La joven república nació bajo la hegemonía del FLN, convertido en partido único. Su primer presidente, Ahmed Ben Bella, fue derrocado en 1965 por un golpe de su ministro de Defensa, Houari Boumédiène, que gobernó hasta su muerte en 1978 e impuso un modelo de socialismo de Estado, nacionalizó los hidrocarburos —la gran riqueza del país— y proyectó a Argelia como líder del Tercer Mundo y del no alineamiento. Le sucedió Chadli Bendjedid, bajo cuyo mandato la caída de los precios del petróleo y el descontento social desembocaron en las revueltas de octubre de 1988.

Esas protestas forzaron una apertura democrática y el fin del partido único. Pero cuando el Frente Islámico de Salvación (FIS) se encaminaba a ganar las primeras elecciones legislativas pluralistas, el ejército anuló el proceso en enero de 1992 y forzó la renuncia de Bendjedid. La reacción islamista y la represión desataron la «década negra», una guerra civil atroz que entre 1992 y comienzos de los 2000 causó del orden de cien mil a doscientos mil muertos, con masacres de aldeas enteras cuya autoría todavía se discute. Fue uno de los capítulos más dolorosos de la historia del país, y conviene nombrarlo con sobriedad y con respeto por sus víctimas.

La guerra se apagó bajo la presidencia de Abdelaziz Bouteflika, elegido en 1999, que impulsó una política de «concordia civil» y gobernó durante veinte años, marcados por la reconstrucción pero también por la corrupción y el inmovilismo. En febrero de 2019, cuando Bouteflika —anciano y enfermo— pretendía un quinto mandato, estalló el Hirak, un movimiento popular pacífico y masivo que recorrió todo el país y logró su renuncia en abril de ese año. En diciembre de 2019 fue elegido presidente Abdelmadjid Tebboune. Hoy Argelia es una potencia energética y regional, joven en su población y milenaria en su historia, que sigue buscando el equilibrio entre su herencia amazigh y árabe, las demandas de libertad y el peso de un pasado tan glorioso como doloroso.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Algeriahttps://en.wikipedia.org/wiki/Algerian_Civil_Warhttps://en.wikipedia.org/wiki/2019%E2%80%932021_Algerian_pro

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📚 Bibliografía

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