Poltava es una de esas ciudades ucranianas de tamaño medio, tranquila y arbolada, que esconde un peso histórico y cultural enorme. Es, ante todo, la cuna de la literatura ucraniana moderna: aquí vivió y escribió Iván Kotliarevski, autor de la 'Eneida' ucraniana, la obra que a fines del siglo XVIII inauguró la lengua literaria del país. Y es el escenario de uno de los hechos de armas más célebres de la historia de Europa oriental: la batalla de Poltava de 1709, que enfrentó al zar Pedro I de Rusia con el rey Carlos XII de Suecia —aliado del hetman cosaco ucraniano Iván Mazepa— y que cambió el rumbo de la región para los siglos siguientes.
Importante: desde la invasión rusa a gran escala de febrero de 2022, Ucrania está en guerra y bajo ley marcial. Poltava no es, por ahora, un destino turístico seguro: por su ubicación en el centro-este, relativamente más cerca del frente, está algo más expuesta que el oeste, con alertas aéreas y ataques con misiles y drones, además del toque de queda nocturno. Los gobiernos, incluido el argentino, desaconsejan viajar al país. Esta guía es informativa y cultural, pensada para conocer Poltava y su historia y para planificar una visita cuando las condiciones de seguridad lo permitan, sin frivolizar una guerra en curso.
Con esas advertencias por delante, esta guía recorre la Poltava imprescindible: la elegante Plaza Redonda con su columna de la Gloria, la Casa-Museo de Kotliarevski, el complejo memorial del Campo de la Batalla, las iglesias históricas y la célebre cocina poltaviana. Muchos precios, horarios y servicios están hoy alterados por la guerra, así que todo dato debe reconfirmarse antes de cualquier viaje futuro.
Poltava aparece mencionada ya en el siglo XII (como Ltava) en las crónicas de la Rus, aunque la zona estuvo poblada mucho antes. En la Edad Media y la Edad Moderna fue tierra cosaca, parte del Hetmanato, y su nombre quedó ligado para siempre a la batalla de Poltava de 1709, en la que el ejército del zar Pedro I derrotó al rey Carlos XII de Suecia, aliado del hetman ucraniano Iván Mazepa; aquella derrota selló el sometimiento de Ucrania a Rusia. A fines del siglo XVIII, en Poltava, Iván Kotliarevski escribió la 'Eneida', considerada la primera gran obra de la literatura ucraniana moderna. En el siglo XIX fue capital de provincia del Imperio ruso y floreció como centro cultural. En el siglo XX vivió la Revolución, el Holodomor, la ocupación nazi y el Holocausto, y la época soviética. Desde 1991 es parte de la Ucrania independiente. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El corazón histórico de Ucrania: Kiev, la milenaria «madre de las ciudades rusas» a orillas del Dniéper, la zona de exclusión de Chernóbil, la Uman de los peregrinos jasídicos y la Poltava de la batalla que cambió el este de Europa.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
El territorio de Poltava está habitado desde tiempos muy antiguos, como atestiguan los hallazgos arqueológicos de asentamientos de la Edad del Bronce y del Hierro en las orillas del río Vorskla. El nombre de la ciudad aparece por primera vez en las crónicas de la Rus de Kiev en 1174, mencionada como 'Ltava', un pequeño enclave en los confines de aquel gran estado eslavo oriental. La devastadora invasión mongola del siglo XIII arrasó, como en tantos lugares, la vida de la región.
Durante los siglos siguientes, estas tierras fértiles de la orilla izquierda del Dniéper pasaron por manos lituanas y polacas y quedaron expuestas a las incursiones de los tártaros de Crimea. Era una zona de frontera, de estepa abierta, donde se fue forjando el mundo cosaco: comunidades de hombres libres, guerreros y campesinos que huían de la servidumbre y organizaban su propia vida militar y social.
En el siglo XVII, con el gran levantamiento cosaco de Bohdán Jmelnitski contra Polonia (1648), Poltava se integró en el Hetmanato cosaco, el estado ucraniano de los cosacos, y se convirtió en el centro de un regimiento (un distrito militar-administrativo). Fue una época de afirmación de la identidad cosaca ucraniana, con su cultura, su arte —el barroco cosaco— y sus instituciones propias, aunque cada vez más bajo la creciente tutela de la Rusia moscovita, a la que Jmelnitski se había vinculado por el tratado de Pereyáslav de 1654.
El nombre de Poltava quedó grabado en la historia europea por la batalla que se libró en sus campos el 8 de julio de 1709 (27 de junio en el calendario juliano de la época). Fue el enfrentamiento decisivo de la Gran Guerra del Norte, que enfrentaba al joven y expansivo Imperio ruso del zar Pedro I 'el Grande' con la Suecia del rey guerrero Carlos XII, entonces una de las grandes potencias militares del continente.
Para Ucrania, la batalla tiene un significado trágico y profundo, ligado a la figura del hetman Iván Mazepa. Durante años, Mazepa había servido al zar, pero, viendo cómo Moscú erosionaba la autonomía del Hetmanato, tomó una decisión audaz y arriesgada: en 1708 se alió en secreto con Carlos XII de Suecia, con la esperanza de liberar a Ucrania del creciente dominio ruso. La apuesta salió mal. En Poltava, el ejército sueco, agotado y lejos de sus bases, fue aplastado por las fuerzas rusas. Carlos XII y Mazepa huyeron al territorio otomano, donde el hetman moriría poco después.
Las consecuencias fueron enormes. La victoria consolidó a Rusia como gran potencia europea y hundió a Suecia. Y para Ucrania significó el fin de sus esperanzas de autonomía: Pedro I reprimió con dureza a los partidarios de Mazepa —incluida la destrucción de la capital cosaca, Baturyn— y aceleró el desmantelamiento del Hetmanato. Durante la época imperial, y luego la soviética, Mazepa fue presentado como un 'traidor'; la Ucrania independiente lo reivindica, en cambio, como un patriota que buscó la libertad de su país. La misma batalla, dos memorias opuestas.
Si la batalla de 1709 marcó el sometimiento político de Ucrania, un siglo después Poltava fue escenario de un acontecimiento cultural de signo opuesto: el nacimiento de la literatura ucraniana moderna. Su protagonista fue Iván Kotliarevski (1769-1838), nacido y muerto en la ciudad, funcionario y escritor que hizo algo revolucionario para su tiempo.
En 1798 se publicó la primera parte de su 'Eneida' (Eneyida), una parodia burlesca del poema épico de Virgilio en la que los héroes troyanos se convertían en cosacos ucranianos. Lo verdaderamente trascendental no era el argumento, sino la lengua: Kotliarevski la escribió en el ucraniano vivo y popular que hablaba la gente, no en el eslavo eclesiástico ni en el ruso de la administración. Con ello demostró que el habla del pueblo ucraniano podía ser una gran lengua literaria, y sentó las bases del renacer nacional que continuarían Tarás Shevchenko y toda la literatura ucraniana posterior.
Kotliarevski escribió también la comedia musical 'Natalka Poltavka', ambientada precisamente en Poltava, otra piedra fundacional del teatro ucraniano. La ciudad conserva y celebra su memoria con una casa-museo y monumentos. No es casualidad, además, que de esta misma región saliera otro gigante de las letras: Nikolái Gógol, nacido en Velyki Sorochyntsi, cerca de Poltava, cuya obra bebe del folclore y los paisajes ucranianos de esta tierra.
Bajo el Imperio ruso, Poltava se convirtió en capital de la gobernación (provincia) homónima y vivió un período de crecimiento y embellecimiento. A comienzos del siglo XIX se trazó su gran obra urbanística, la Plaza Redonda (Kruhla Plóscha), un elegante conjunto circular de estilo neoclásico imperial, en cuyo centro se erigió en 1811 la Columna de la Gloria para conmemorar el primer centenario de la batalla de 1709.
La ciudad prosperó como centro administrativo, comercial y agrícola de una región muy fértil, la del 'chernozem' (tierra negra), y también como foco cultural. Poltava fue un lugar importante para el movimiento nacional ucraniano del siglo XIX: aquí se desarrolló una intensa vida intelectual y literaria, pese a las políticas de rusificación y a las prohibiciones que el zarismo impuso a la lengua ucraniana (como los decretos que restringieron su uso en la imprenta y la enseñanza).
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la ciudad se modernizó, con nuevos edificios, escuelas, un teatro y una vida burguesa activa. Poltava mantenía, además, una notable diversidad, con comunidades ucraniana, rusa y judía. La región entera respiraba la cultura ucraniana que Kotliarevski había ayudado a hacer respetable, y que se convertiría en bandera de la conciencia nacional del siglo XX.
El siglo XX trajo a Poltava, como a toda Ucrania, una sucesión de catástrofes. Tras la Revolución de 1917 y la guerra civil, la región quedó integrada en la Ucrania soviética. La colectivización forzosa de la agricultura desató una de las mayores tragedias de la historia ucraniana: el Holodomor, la hambruna provocada por las requisas de grano de Stalin en 1932-1933, que golpeó con especial saña a las fértiles regiones cerealeras como Poltava, causando la muerte por inanición de multitudes de campesinos. Ucrania y numerosos países lo reconocen como genocidio.
Apenas una década después llegó la Segunda Guerra Mundial. Poltava fue ocupada por la Alemania nazi en 1941, y su ocupación trajo terror, deportaciones de trabajadores forzados y el Holocausto: la comunidad judía de la ciudad fue perseguida y en gran parte asesinada en fusilamientos masivos, como en tantas localidades ucranianas. La ciudad sufrió combates y destrucciones antes de ser liberada por el Ejército Rojo en 1943.
En la posguerra, bajo el régimen soviético, Poltava fue reconstruida y se desarrolló como ciudad industrial y de servicios, con nuevos barrios y fábricas, sin perder su carácter de centro cultural y su orgullo por la herencia de Kotliarevski. La memoria del Holodomor y de las víctimas de la guerra quedó, sin embargo, largamente silenciada o instrumentalizada por el poder soviético, y solo se recuperaría plenamente tras la independencia.
Con la independencia de Ucrania en 1991, Poltava recuperó libremente su identidad cultural y su memoria histórica. La figura de Kotliarevski, la herencia cosaca y la lengua ucraniana, siempre fuertes en la región, pudieron celebrarse sin las restricciones del pasado. La ciudad se afirmó como un centro cultural y educativo de referencia en el centro del país, orgulloso de su historia literaria y de su papel fundacional en la identidad nacional.
La interpretación de su pasado también cambió: la batalla de 1709 y la figura del hetman Mazepa dejaron de leerse con los ojos del relato imperial ruso, que lo tachaba de traidor, para ser reivindicados como parte de la larga lucha ucraniana por su autonomía. Poltava se convirtió, además, en un destino apreciado por el turismo interno, por su Plaza Redonda, sus museos, su ambiente tranquilo y su célebre gastronomía.
La invasión rusa a gran escala de febrero de 2022 alcanzó también a Poltava. Por su ubicación en el centro-este del país, relativamente más cerca del frente que las ciudades del oeste, ha estado expuesta a alertas aéreas y a ataques con misiles y drones, algunos de ellos letales, contra infraestructuras y objetivos militares y, trágicamente, también civiles. La ciudad vive hoy bajo ley marcial, con toque de queda y bajo la amenaza de la guerra, mientras mantiene en pie su vida cultural. Esta guía se ofrece con respeto por esa realidad: como un homenaje a una ciudad que encarna, en su historia, el largo y difícil camino de Ucrania hacia su libertad.