Bom Bom es la imagen del paraíso reservado: un islote minúsculo en la costa norte de Príncipe, unido a la isla grande por una larga pasarela de madera que se adentra en el mar turquesa, con dos playas de arena blanca abrazándolo y la selva como telón de fondo. En él se levanta el Bom Bom Island Resort, el alojamiento más emblemático de la isla y el epicentro de su turismo de lujo sostenible.
El resort, con apenas 18 bungalows ecológicos repartidos entre la ladera y la playa, es obra del proyecto del empresario tecnológico sudafricano Mark Shuttleworth, que se enamoró de Príncipe y creó la empresa HBD para combinar turismo de bajo impacto, agricultura orgánica y conservación. Bom Bom es hoy uno de esos lugares donde el lujo se mide en naturaleza intacta, silencio y mar cristalino, más que en ostentación.
Esta guía cuenta qué es Bom Bom, cómo llegar a este rincón remoto de la Reserva de Biosfera de Príncipe, qué hacer —playas, snorkel, buceo, pesca, avistaje de ballenas, excursiones a la selva y las roças— y cómo encaja en un viaje a la isla más virgen de São Tomé y Príncipe. Es el broche de oro para quienes buscan un paraíso tropical genuino, lejos de todo y de casi todos.
Bom Bom es un islote de la costa norte de Príncipe que se convirtió en el símbolo del renacimiento turístico de la isla. Su historia reciente está ligada al empresario sudafricano Mark Shuttleworth y su compañía HBD ('here be dragons'), que desde comienzos del siglo XXI invirtió en la isla restaurando roças históricas y creando hoteles de lujo sostenible como Bom Bom, Sundy Praia y Roça Sundy, hasta volverse uno de los mayores empleadores del país. Todo ello en el marco de una isla declarada Reserva de Biosfera de la UNESCO en 2012, cuya historia de descubrimiento, cacao e independencia se cuenta en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La isla más virgen y verde del país: región autónoma y reserva de biosfera, con una capital olvidada que fue capital colonial y la roça donde se confirmó la relatividad de Einstein.
Leer la historia de La isla de Príncipe →Sin precios exactos: escala de $ (económico) a $$$$$ (lujo), con 2-3 opciones por categoría.
Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Bom Bom es uno de los pequeños islotes que rodean la isla de Príncipe, la menor y más apartada de las dos grandes islas de São Tomé y Príncipe. Como todo el archipiélago, es de origen volcánico: forma parte de la cadena de volcanes del golfo de Guinea que emergió del océano hace millones de años. Frente a la costa norte de Príncipe, Bom Bom quedó separado de la isla grande por un estrecho brazo de mar de aguas turquesas, con playas de arena a ambos lados.
Cuando los navegantes portugueses llegaron al archipiélago hacia 1470-1471, Príncipe y sus islotes estaban completamente deshabitados, cubiertos por una selva ecuatorial exuberante. La costa norte de la isla, con sus calas y su vegetación densa, permaneció durante siglos casi virgen, al margen del poblamiento colonial que se concentró alrededor de Santo António y de las plantaciones del interior.
Durante mucho tiempo, Bom Bom fue apenas un rincón salvaje más de una isla que el mundo apenas conocía. Su transformación en uno de los destinos turísticos más exclusivos de África es un fenómeno reciente, ligado a la historia contemporánea de Príncipe y a la llegada de un inversor que apostó por conservar en lugar de explotar.
La isla de Príncipe vivió, como su vecina, los grandes ciclos económicos del archipiélago: el azúcar en el siglo XVI y, sobre todo, el cacao y el café a partir del siglo XIX. En su apogeo, a comienzos del siglo XX, São Tomé y Príncipe llegó a ser el mayor productor mundial de cacao, y la isla se cubrió de 'roças', las plantaciones-pueblo que sostenían la economía con el trabajo durísimo de los 'serviçais' traídos del continente en condiciones cercanas a la esclavitud.
Con la decadencia del cacao a lo largo del siglo XX, la economía insular entró en crisis. São Tomé y Príncipe accedió a la independencia de Portugal el 12 de julio de 1975, y la isla de Príncipe, pequeña y distante de la capital, buscó desde entonces hacer valer su especificidad. Ese anhelo se concretó el 29 de abril de 1995, cuando Príncipe obtuvo el estatus de Región Autónoma, con gobierno propio.
Libre de la dependencia del cacao pero con una economía frágil, la isla empezó a mirar hacia su mayor riqueza: una naturaleza extraordinariamente conservada. Las selvas, las playas y los arrecifes que habían llegado casi intactos al siglo XXI se convirtieron en la base de un nuevo modelo de desarrollo centrado en el ecoturismo, del que Bom Bom sería una pieza clave.
El giro decisivo llegó de la mano de Mark Shuttleworth, un empresario tecnológico sudafricano —conocido por vender su empresa Thawte y por haber sido uno de los primeros 'turistas espaciales'— que se enamoró de la isla de Príncipe. Fundó la empresa HBD, cuyas siglas evocan la frase 'here be dragons' ('aquí hay dragones'), la leyenda con que los antiguos cartógrafos marcaban las tierras desconocidas en los mapas.
El proyecto de Shuttleworth combinó turismo de lujo de bajo impacto, agricultura orgánica y conservación, con una inversión de decenas de millones de dólares que convirtió a HBD en uno de los mayores empleadores del país. La compañía restauró roças históricas y desarrolló varios alojamientos de alta gama: Bom Bom en Príncipe, la exclusiva Sundy Praia con sus villas frente al mar, la histórica Roça Sundy reconvertida en hotel, y el Omali en la isla de São Tomé.
Bom Bom Island Resort se transformó así en el emblema del turismo de Príncipe: unos 18 bungalows ecológicos rediseñados por el arquitecto francés Didier Lefort, pintados de un delicado azul y decorados con arte y textiles africanos, repartidos entre la ladera y dos playas, y unidos a la isla por la característica pasarela de madera. Un lujo entendido no como ostentación, sino como acceso privilegiado a una naturaleza intacta.
En 2012, toda la isla de Príncipe, incluidos sus islotes como Bom Bom, fue declarada Reserva de Biosfera de la UNESCO, un reconocimiento a sus selvas casi vírgenes, su biodiversidad endémica y sus ecosistemas marinos. El sello internacional consolidó el rumbo de la isla: proteger su entorno y desarrollar un turismo de calidad y bajo impacto, en lugar de la explotación intensiva que había marcado la era del cacao.
Bom Bom encarna ese modelo. El resort se apoya en las riquezas naturales del norte de Príncipe —arrecifes para el buceo y el snorkel, aguas ricas para la pesca deportiva, el paso de ballenas jorobadas en temporada, playas de anidación de tortugas— y funciona como base para explorar el resto de la isla: las roças históricas como Sundy, la playa mítica de Praia Banana y la selva del Parque Natural do Obô.
Hoy Bom Bom resume la nueva historia de Príncipe: una isla que pasó de la esclavitud y el cacao a convertirse en un santuario de naturaleza y turismo sostenible. Su pasarela de madera sobre el mar turquesa, sus dos playas y sus bungalows escondidos en la selva son la imagen de un paraíso que la isla ha decidido preservar, apostando a que su mayor tesoro no es lo que se extrae de la tierra, sino lo que se conserva de ella.