Sibiu es, para muchos, la ciudad más bonita de Rumanía, y es difícil llevarles la contraria. Antigua capital de la Transilvania sajona, esta 'Hermannstadt' alemana conserva uno de los cascos históricos mejor restaurados de Europa del Este: dos plazas monumentales encadenadas, casas de colores con esos característicos tragaluces en el tejado que parecen ojos entornados —'los ojos de Sibiu', que dan a la ciudad un aire de estar siempre observándote—, torres, murallas y un puente de hierro cargado de leyenda.
Fundada por colonos sajones en el siglo XII, Sibiu fue la más rica y poderosa de las siete ciudades germanas de Transilvania, sede de gremios, banqueros e imprentas, y hasta capital del Gran Principado de Transilvania. Ese esplendor dejó un patrimonio deslumbrante, coronado por el Museo Brukenthal, una de las pinacotecas más antiguas de Europa. Restaurada con mimo, Sibiu fue Capital Europea de la Cultura en 2007, un antes y un después que la puso en el mapa turístico.
Esta guía recorre lo esencial de Sibiu con mirada práctica y cálida: sus dos plazas, el Puente de las Mentiras, la Torre del Consejo, la catedral luterana, el pintoresco barrio bajo y el gran museo Brukenthal, además del imperdible museo al aire libre ASTRA. Y cómo usarla de base para una de las rutas más espectaculares del país, la carretera Transfăgărășan. Sibiu es la Transilvania sajona en su versión más elegante, y una parada obligada en cualquier viaje por Rumanía.
Sibiu fue fundada en el siglo XII (documentada hacia 1191 como Hermannstadt) por los colonos sajones, alemanes traídos por los reyes de Hungría para poblar y defender la frontera meridional de Transilvania. Situada en un cruce de rutas comerciales, prosperó rápidamente y se convirtió en la más importante de las 'siete ciudades' sajonas que dieron a la región su nombre alemán, Siebenbürgen. Sus gremios —diecinueve llegó a haber— levantaron un formidable sistema de murallas y torres, y la ciudad se enriqueció con el comercio, la banca y la artesanía. Fue un gran foco cultural: aquí se imprimió el primer libro en Rumanía y funcionó una de las primeras farmacias y bibliotecas del país. Entre los siglos XVIII y XIX, Sibiu fue sede del gobernador y capital del Gran Principado de Transilvania, bajo los Habsburgo. El barón Samuel von Brukenthal, gobernador de origen sajón, reunió una extraordinaria colección de arte que legó a la ciudad: el Museo Brukenthal, abierto al público desde 1817, uno de los más antiguos de Europa. En 1918, con el resto de Transilvania, Sibiu se integró en Rumanía. Durante el comunismo la mayoría de los sajones emigraron a Alemania. Restaurada su ciudad vieja, Sibiu fue Capital Europea de la Cultura en 2007 y hoy es una de las urbes más prósperas y turísticas del país; su alcalde sajón, Klaus Iohannis, llegó a ser presidente de Rumanía. La historia completa está en nuestra página de historia.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Sibiu nació, como Brașov y las demás grandes ciudades de Transilvania, de la colonización sajona. En el siglo XII, los reyes de Hungría llamaron a colonos alemanes —los 'sajones'— para poblar y defender la frontera meridional de su reino, a cambio de amplios privilegios de autogobierno. Uno de esos asentamientos, documentado hacia 1191 con el nombre latino de Cibinium y el alemán de Hermannstadt (supuestamente por un fundador llamado Hermann), estaba destinado a convertirse en la ciudad más importante de la Transilvania sajona.
Su emplazamiento, en un cruce de rutas comerciales entre el centro de Europa y los Balcanes, al pie de los montes Făgăraș, favoreció un crecimiento rápido. Sibiu se organizó en gremios de artesanos y mercaderes —llegó a tener diecinueve— que dominaban la vida económica y política, y que levantaron un formidable sistema de murallas, torres y bastiones para protegerse de las incursiones tártaras y otomanas. Cada gremio defendía un tramo de la muralla y una torre.
A lo largo de la Edad Media, Sibiu se convirtió en la cabeza de la 'universidad sajona' (Universitas Saxonum), la organización política que agrupaba y representaba a los sajones de Transilvania. Era la más rica y poblada de las 'siete ciudades' (Siebenbürgen) que dieron nombre a la región, y su influencia se extendía por todo el sur transilvano. No es casualidad que buena parte del patrimonio monumental que hoy admiramos —las plazas, las iglesias, las torres de los gremios— tenga su raíz en aquellos siglos de poder gremial y prosperidad comercial.
Entre los siglos XV y XVII, Sibiu vivió su época de mayor esplendor. El comercio, la banca y la artesanía de sus gremios la hicieron próspera, y la ciudad se llenó de nobles casas de piedra, iglesias y las dos grandes plazas que hoy admiramos. La imponente iglesia gótica (hoy catedral luterana), con su torre de casi 74 metros, se erigió entre los siglos XIV y XV como símbolo del poder de la comunidad.
Sibiu fue, además, un foco cultural de primer orden. Con la Reforma protestante del siglo XVI, los sajones abrazaron el luteranismo, y la ciudad se volcó en la educación y la imprenta: aquí se imprimió el primer libro conocido en Rumanía y funcionó una de las primeras farmacias documentadas de Europa central y oriental (hoy Museo de Farmacia). Fue también un centro de la medicina, las artes y las ciencias de la Transilvania de la época.
Estratégicamente, Sibiu quedó en el centro de las luchas de poder de Transilvania, un principado que, tras la caída de Hungría ante los otomanos en 1526, se convirtió en un Estado autónomo vasallo del sultán, disputado entre otomanos y Habsburgo. Las murallas de la ciudad, constantemente reforzadas, resistieron asedios y ataques. La convivencia entre los sajones alemanes, los húngaros y la población rumana —esta última con menos derechos y viviendo a menudo en los arrabales— marcó la vida de la ciudad durante siglos.
Tras la incorporación de Transilvania al Imperio de los Habsburgo a comienzos del siglo XVIII, Sibiu alcanzó una nueva cima de importancia política. Durante buena parte de los siglos XVIII y XIX fue sede del gobernador y capital del Gran Principado de Transilvania, el centro administrativo desde el que Viena gobernaba la región.
La figura que mejor encarna este periodo es la del barón Samuel von Brukenthal (1721-1803), un sajón de Sibiu que llegó a ser gobernador de Transilvania y hombre de confianza de la emperatriz María Teresa en Viena. Brukenthal reunió una extraordinaria colección de arte europeo, libros y objetos, que instaló en su palacio barroco de la Plaza Grande. En su testamento la legó a la comunidad, y en 1817 se abrió al público como museo: el Museo Brukenthal, uno de los más antiguos de Europa, anterior incluso a muchos museos nacionales del continente.
El siglo XIX fue también el del despertar nacional. La numerosa población rumana de Transilvania, mayoritaria pero durante siglos sin plenos derechos políticos, empezó a organizarse; en Sibiu tuvo su sede la ASTRA, la Asociación Transilvana para la Literatura y la Cultura del Pueblo Rumano, fundada en 1861, motor de la cultura y la conciencia nacional rumana. La revolución de 1848 y las tensiones entre sajones, húngaros y rumanos anunciaban los grandes cambios que traería el siglo siguiente.
En 1918, con la derrota de Austria-Hungría en la Primera Guerra Mundial y la Gran Asamblea de Alba Iulia, Transilvania se unió al Reino de Rumanía, y Sibiu pasó a formar parte del Estado rumano. La ciudad, hasta entonces de mayoría sajona, empezó una lenta transformación demográfica que se aceleraría en el siglo XX.
La Segunda Guerra Mundial y el posterior régimen comunista golpearon duramente a la comunidad sajona. Muchos sajones fueron deportados a la Unión Soviética a trabajos forzados tras 1945, otros perdieron sus bienes con la nacionalización, y a lo largo de las décadas comunistas —y sobre todo tras la caída del régimen en 1989— la inmensa mayoría emigró a Alemania, atraída por la ciudadanía alemana y huyendo de la dictadura. En pocas décadas, una comunidad de siglos casi desapareció: los pueblos e iglesias fortificadas sajonas de los alrededores quedaron con su arquitectura intacta pero vaciados de sus habitantes originales.
A pesar de todo, Sibiu conservó y restauró magníficamente su casco histórico. El gran punto de inflexión llegó en 2007, cuando la ciudad fue Capital Europea de la Cultura (junto con Luxemburgo), el mismo año en que Rumanía entró en la Unión Europea. Aquel acontecimiento impulsó una restauración integral y puso a Sibiu en el mapa turístico internacional. En 2019 fue además Región Gastronómica Europea.
Un detalle simbólico de esta historia: Klaus Iohannis, de la minoría sajona, fue alcalde de Sibiu durante años, se le atribuye buena parte de su renacimiento, y en 2014 fue elegido presidente de Rumanía, cargo que ejerció durante una década. Hoy Sibiu es una de las ciudades más prósperas, cultas y turísticas del país, y para muchos la más bella: el mejor escaparate de la herencia sajona de Transilvania.