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Historia del país

Historia de Rumania

La Dacia, Trajano y el origen de la latinidad rumana

Mucho antes de que existiera Rumania, las tierras al norte del bajo Danubio estaban habitadas por los dacios (o getas), un pueblo tracio de agricultores, pastores y guerreros que hacia el cambio de era había construido un reino poderoso en las montañas de los Cárpatos. Su centro político y religioso era Sarmizegetusa Regia, una ciudadela fortificada en las alturas de Transilvania, rodeada de santuarios y talleres, y su fuerza descansaba en las célebres minas de oro y plata del macizo. Bajo el rey Decébalo, la Dacia se convirtió en una amenaza y una tentación para Roma: sus incursiones al sur del Danubio inquietaban a la provincia de Mesia, y su oro despertaba la codicia imperial.

El choque llegó con el emperador Trajano, hispano de origen y uno de los grandes conquistadores de la historia romana. En dos guerras durísimas —la primera en 101-102, la segunda en 105-106— las legiones cruzaron el Danubio. Para la segunda campaña, el arquitecto Apolodoro de Damasco levantó sobre el río un puente de piedra monumental en Drobeta, una proeza de ingeniería. Los romanos avanzaron hacia el corazón de las montañas, cortaron el agua a Sarmizegetusa y tomaron la ciudad en el 106. Decébalo, acorralado, se suicidó para no caer prisionero, y su cabeza fue enviada a Roma. La conquista quedó grabada para siempre en la Columna de Trajano, todavía en pie en la capital italiana, cuyos relieves narran la campaña en detalle.

Dacia se convirtió así, el 11 de agosto del 106, en la provincia romana más nueva y una de las más ricas, gracias a sus minas de oro. Roma trajo colonos "ex toto orbe romano", fundó ciudades, trazó calzadas y difundió el latín. Aquí nace la tesis central de la identidad rumana: de la fusión entre esos colonos latinos y la población daco-romana habría surgido un pueblo que conservó una lengua romance —el rumano— a pesar de que el emperador Aureliano evacuó oficialmente la provincia hacia el 271-275, ante la presión de godos y otros pueblos. Esa "continuidad daco-romana" al norte del Danubio es negada por buena parte de la historiografía húngara, que sostiene la teoría de una inmigración posterior de pastores romanizados desde el sur. El debate, lejos de ser puramente académico, ha alimentado durante siglos la disputa por Transilvania. Lo indudable es el resultado: el rumano es hoy una lengua romance, hermana del italiano, el español y el francés, escrita con palabras como pâine (pan), timp (tiempo) o carte (libro).

https://en.wikipedia.org/wiki/Roman_Daciahttps://en.wikipedia.org/wiki/Trajan%27s_Dacian_Warshttps://www.britannica.com/biography/Decebalus

La Edad Media: Valaquia, Moldavia y Transilvania

Durante el largo milenio que separa la retirada de Roma de la formación de los Estados rumanos medievales, las tierras al norte del Danubio fueron corredor y campamento de pueblos migratorios: godos, hunos, gépidos, ávaros, eslavos, búlgaros, pechenegos, cumanos y, en el siglo XIII, los mongoles. Los rumanos, según su propia tradición, sobrevivieron replegados en las montañas y los bosques, organizados en pequeñas comunidades rurales (cnezate y voievodate). Es un período oscuro, con pocas fuentes escritas, en el que la Iglesia ortodoxa y la liturgia en eslavo eclesiástico marcaron la cultura de estas tierras, orientándolas hacia Bizancio y el mundo eslavo más que hacia la Roma latina de la que venía su lengua.

Hacia el siglo XIV cristalizaron por fin dos Estados rumanos independientes. Al sur de los Cárpatos surgió el principado de Valaquia (Țara Românească, "la tierra rumana"), consolidado por el voivoda Basarab I, que hacia 1330 derrotó al rey de Hungría en la batalla de Posada y aseguró su autonomía. Al este de las montañas nació el principado de Moldavia, cuya fundación se atribuye a Bogdan I hacia 1359, cuando se emancipó también de la tutela húngara. Ambos principados eran monarquías electivas y turbulentas, donde los boyardos (la nobleza terrateniente) elegían y derrocaban príncipes, y su historia estuvo marcada por figuras que combatieron a los grandes imperios vecinos: Mircea el Viejo en Valaquia y, sobre todo, Esteban el Grande (Ștefan cel Mare) en Moldavia, que reinó casi medio siglo (1457-1504), frenó a los otomanos, a los húngaros y a los polacos, y mandó levantar decenas de iglesias y monasterios, por lo que la Iglesia ortodoxa lo canonizó siglos después.

La tercera tierra rumana, Transilvania, siguió un camino distinto. Desde el siglo XI-XII quedó integrada en el reino de Hungría, que la organizó como un voivodato y la pobló con colonos: los szeklers (una población de lengua húngara asentada como guardianes de frontera) y los sajones, colonos germanos llamados por los reyes húngaros a partir del siglo XII, que fundaron ciudades amuralladas prósperas como Sibiu (Hermannstadt), Brașov (Kronstadt) y Sighișoara (Schäßburg). El poder político y los privilegios quedaron en manos de tres "naciones" —los nobles húngaros, los sajones y los szeklers, unidos desde 1437 en la Unio Trium Nationum—, mientras la mayoría rumana, campesina y ortodoxa, quedaba excluida de esos derechos. Esa desigualdad, montada sobre la disputa por saber quién habitó primero la región, sería una de las grandes fracturas de la historia de Europa central.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Transylvaniahttps://en.wikipedia.org/wiki/Wallachiahttps://en.wikipedia.org/wiki/Moldavia

Vlad Țepeș, el Empalador: el Drácula histórico

Ningún personaje rumano es tan mundialmente conocido —y tan deformado— como Vlad III, voivoda de Valaquia, apodado Țepeș, "el Empalador". Nació hacia 1431, probablemente en la ciudadela de Sighișoara, hijo de Vlad II Dracul. El apellido Dracul viene de la Orden del Dragón (draco en latín), una cofradía de caballeros creada por el emperador Segismundo para defender la cristiandad de los otomanos, a la que su padre pertenecía; Vlad III fue llamado por eso Drăculea, "hijo de Dracul", el nombre que la posteridad convertiría en Drácula. De niño, él y su hermano fueron entregados como rehenes a la corte otomana, una experiencia que marcó su vida.

Vlad reinó en Valaquia en tres períodos separados (1448, 1456-1462 y 1476). Su fama proviene sobre todo del segundo, en el que gobernó con mano de hierro. Buscó reforzar el poder central frente a los boyardos, a los que reprimió con dureza, y resistió la expansión otomana, negándose a pagar el tributo al sultán. Su método de castigo predilecto —el empalamiento, del que deriva su apodo Țepeș, de țeapă, "estaca"— lo aplicó tanto a enemigos externos como internos. El episodio más célebre es el de 1462: en su retirada ante el ejército de Mehmed II, dejó tras de sí un "bosque" de miles de otomanos empalados a orillas del camino, un espectáculo tan atroz que, según las crónicas, hizo retroceder al propio sultán conquistador de Constantinopla. Murió combatiendo hacia fines de 1476 o comienzos de 1477; según las fuentes, fue decapitado y su cabeza, enviada al sultán conservada en miel.

Conviene separar al personaje histórico de la leyenda. La imagen monstruosa de Vlad se difundió en vida y sobre todo tras su muerte a través de panfletos alemanes y rusos que exageraban sus crueldades con fines políticos; los historiadores actuales debaten las cifras de víctimas, muy infladas por esas fuentes hostiles. En la memoria rumana, en cambio, se lo recuerda más bien como un gobernante severo pero justo, defensor del país frente a los turcos. El vínculo con los vampiros es una invención literaria muy posterior: el escritor irlandés Bram Stoker tomó prestado el nombre "Drácula" para su novela de 1897 y lo situó en un castillo de Transilvania, región donde Vlad apenas gobernó. El castillo de Bran, hoy promocionado como "el castillo de Drácula", tiene una relación histórica endeble con el voivoda real. Vlad Țepeș es así un caso de manual de cómo un personaje histórico se transforma en mito: no hay que confundir al príncipe valaco del siglo XV con el conde vampiro de la ficción.

https://en.wikipedia.org/wiki/Vlad_the_Impalerhttps://www.britannica.com/biography/Vlad-the-Impalerhttps://en.wikipedia.org/wiki/Order_of_the_Dragon

El dominio otomano, Miguel el Valiente y los fanariotas

A lo largo de los siglos XV y XVI, Valaquia y Moldavia cayeron en la órbita del Imperio otomano. A diferencia de los Balcanes o de la Hungría central, los principados rumanos nunca fueron anexionados ni convertidos en provincias turcas: conservaron su autonomía, sus príncipes cristianos, su Iglesia ortodoxa y sus instituciones, a cambio de reconocer la soberanía del sultán y pagarle un tributo anual (el haraç) cada vez más gravoso. Era una vasallaje que preservaba la identidad cristiana pero sometía la economía y la política de los principados a la Sublime Puerta, y que los dejaba además expuestos a los enfrentamientos entre otomanos, Habsburgo, polacos y rusos que se libraban en su territorio.

Un instante fulgurante rompió ese esquema en el año 1600. Miguel el Valiente (Mihai Viteazul), voivoda de Valaquia, logró reunir por primera y única vez bajo un solo cetro los tres países rumanos: tras derrotar en 1599 al príncipe de Transilvania en la batalla de Șelimbăr y ocupar Alba Iulia, se hizo también con Moldavia en 1600. Aquella unión de Valaquia, Transilvania y Moldavia duró apenas unos meses —Miguel fue derrotado por la nobleza transilvana y los Habsburgo y asesinado en 1601—, pero el nacionalismo rumano del siglo XIX la elevó a símbolo y precedente de la unidad nacional, convirtiendo a Miguel el Valiente en un héroe fundacional.

En el siglo XVIII, el dominio otomano se endureció con el llamado "régimen fanariota". Desconfiando de los príncipes autóctonos, el sultán empezó a nombrar como gobernantes de Valaquia y Moldavia a griegos ricos del barrio de Fanar, en Constantinopla, que compraban el cargo y buscaban recuperar su inversión exprimiendo a la población. Fue una época de corrupción, impuestos asfixiantes y decadencia, aunque también de modernización administrativa y cultural de cuño griego. El período fanariota, junto con las guerras ruso-turcas que asolaron los principados, alimentó el resentimiento contra el yugo otomano y el deseo de emancipación que estallaría en el siglo XIX.

https://en.wikipedia.org/wiki/Michael_the_Bravehttps://en.wikipedia.org/wiki/Phanariotshttps://www.britannica.com/place/Romania/The-Ottoman-dominat

Transilvania bajo los Habsburgo y el despertar rumano

Mientras Valaquia y Moldavia orbitaban en torno a los otomanos, Transilvania siguió otro rumbo. Tras el desastre húngaro de Mohács (1526), la región se constituyó como principado autónomo, vasallo del sultán pero de hecho independiente, y se convirtió en un refugio del protestantismo —calvinistas, luteranos, unitarios— y en un raro ejemplo de tolerancia religiosa para su época, consagrada por el Edicto de Turda de 1568. Ese pluralismo, sin embargo, no incluía a los rumanos ortodoxos: aunque probablemente ya eran mayoría en el campo, seguían excluidos del sistema de las "tres naciones" (húngaros, sajones y szeklers), sin representación política ni reconocimiento de su fe.

Tras la retirada de los otomanos de Hungría a fines del siglo XVII, Transilvania pasó a manos de los Habsburgo de Viena, que la incorporaron a su imperio y consolidaron su control después de 1711. Para debilitar el protestantismo y atraerse a los rumanos, Viena promovió a fines del siglo XVII la creación de la Iglesia greco-católica (uniata): una parte de los ortodoxos rumanos aceptó la autoridad del papa a cambio de conservar el rito bizantino y de acceder a ciertos derechos y a la educación. De esas escuelas greco-católicas de Blaj surgiría la "Escuela Transilvana" (Școala Ardeleană), un movimiento de eruditos que a fines del siglo XVIII fundamentó con argumentos históricos y lingüísticos el origen latino y la continuidad daco-romana de los rumanos, poniendo las bases intelectuales del nacionalismo.

Ese despertar tuvo dos hitos. En 1784 estalló la gran revuelta campesina de Horea, Cloșca y Crișan, una insurrección de campesinos rumanos contra los señores feudales que fue aplastada con dureza y cuyos cabecillas fueron ejecutados. Y en 1791 los líderes rumanos presentaron al emperador el Supplex Libellus Valachorum, una petición que reclamaba para los rumanos —invocando su antigüedad como descendientes de los colonos de Trajano— los mismos derechos políticos que tenían las otras naciones de Transilvania. Viena la desoyó, pero el documento marcó el nacimiento del movimiento nacional rumano en Transilvania. En la revolución de 1848, que sacudió todo el imperio, los rumanos transilvanos, dirigidos por Avram Iancu, se enfrentaron a los revolucionarios húngaros —que querían unir Transilvania a Hungría— y reclamaron sus propios derechos nacionales, en un choque que anticipó el conflicto del siglo siguiente.

https://en.wikipedia.org/wiki/Principality_of_Transylvania_(https://en.wikipedia.org/wiki/Supplex_Libellus_Valachorumhttps://www.britannica.com/place/Romania/Romanians-in-Transy

La unión de los principados (1859), la independencia y el reino

El nacionalismo romántico que recorrió Europa a mediados del siglo XIX prendió con fuerza entre los rumanos, que empezaron a soñar con un solo Estado que reuniera a Valaquia y Moldavia. La revolución de 1848 en los principados fue reprimida por otomanos y rusos, pero la idea de la unión siguió creciendo, apoyada además por Francia de Napoleón III. La ocasión llegó tras la guerra de Crimea y el Congreso de París de 1856, que puso a los principados bajo garantía de las potencias. En una jugada audaz, las asambleas de Moldavia y de Valaquia eligieron al mismo hombre como príncipe: Alexandru Ioan Cuza, elegido en Iași el 5 de enero y en Bucarest el 24 de enero de 1859. Con ese doble voto se creó de hecho un solo Estado, los Principados Unidos, que en 1862 adoptaron oficialmente el nombre de Rumania y a Bucarest como capital.

Cuza impulsó reformas modernizadoras profundas —secularización de los vastos bienes de los monasterios, reforma agraria que repartió tierra a los campesinos, código civil, educación—, pero se enemistó con los conservadores y los liberales, que en 1866 lo obligaron a abdicar. En su lugar, la clase política trajo a un príncipe extranjero, como era costumbre para dar estabilidad y prestigio: Carol I, de la casa alemana de Hohenzollern-Sigmaringen, que reinaría casi medio siglo (1866-1914).

El gran objetivo era sacudirse la soberanía otomana. La oportunidad la dio la guerra ruso-turca de 1877-1878: Rumania se alió con Rusia, proclamó su independencia el 9 de mayo de 1877 y su ejército, con el propio Carol al mando, combatió con distinción en el sitio de Plevna, en Bulgaria. La independencia fue reconocida internacionalmente en el Tratado de Berlín de 1878. En la negociación, sin embargo, Rusia se quedó con el sur de Besarabia y compensó a Rumania con la Dobruja del Norte, la franja entre el Danubio y el mar Negro con el puerto de Constanța, lo que dejó un resquemor hacia el poderoso aliado. Ya plenamente soberana, Rumania se proclamó reino en 1881 y Carol I fue coronado rey. Bajo su largo reinado el país se modernizó, construyó ferrocarriles, universidades y una capital que empezó a llamarse "el pequeño París", aunque la inmensa masa campesina seguía en la pobreza, como mostró la sangrienta revuelta rural de 1907.

https://en.wikipedia.org/wiki/United_Principalities_of_Moldahttps://www.britannica.com/biography/Alexandru-Ioan-Cuzahttps://en.wikipedia.org/wiki/Romanian_War_of_Independence

La Primera Guerra Mundial y la Gran Unión de 1918

Rumania entró en la Primera Guerra Mundial en agosto de 1916, del lado de la Entente (Francia, Reino Unido, Rusia), con el objetivo declarado de conquistar Transilvania y unir a todos los rumanos en un solo Estado. La campaña empezó en desastre: los ejércitos de las Potencias Centrales ocuparon Bucarest y buena parte del país en pocos meses, y el gobierno y la corte tuvieron que refugiarse en Iași, en Moldavia, la única región que resistió. En 1918, con Rusia hundida en la revolución bolchevique, Rumania quedó aislada y se vio forzada a firmar una paz humillante con los alemanes. Pero el derrumbe final de las Potencias Centrales, ese mismo otoño, dio vuelta la situación por completo.

El hundimiento de Austria-Hungría y del Imperio ruso abrió la puerta a lo que los rumanos llaman la Marea Unire, la Gran Unión. En cuestión de meses, tres regiones de mayoría o fuerte presencia rumana proclamaron su unión con el reino: Besarabia (la actual República de Moldavia), que se había separado de Rusia, votó unirse el 27 de marzo de 1918; Bucovina, en el norte, lo hizo el 28 de noviembre; y, sobre todo, Transilvania, donde una gran asamblea nacional reunida en Alba Iulia el 1 de diciembre de 1918 proclamó la unión con Rumania. Esa fecha, el 1 de diciembre, es hoy la fiesta nacional del país.

Así nació la "Rumania Grande" (România Mare), que con la incorporación de Transilvania, el Banato, Besarabia y Bucovina alcanzó su mayor extensión histórica, cerca de 295.000 km², y duplicó su población. Los tratados de paz de 1919-1920, en particular el de Trianon con Hungría, consagraron esas fronteras. Fue el momento de mayor plenitud del nacionalismo rumano, pero también el origen de tensiones duraderas: la nueva Rumania era un Estado multinacional con grandes minorías —húngaros y alemanes en Transilvania, judíos, ucranianos— y Hungría nunca aceptó la pérdida de Transilvania, que reclama en su memoria como una amputación. El período de entreguerras fue de vida parlamentaria pero también de creciente inestabilidad, corrupción y, hacia los años treinta, del ascenso de un violento movimiento fascista y antisemita, la Guardia de Hierro (o Legión del Arcángel Miguel), que sembraría el terror y empujaría al país hacia la catástrofe.

https://en.wikipedia.org/wiki/Great_Unionhttps://en.wikipedia.org/wiki/Greater_Romaniahttps://en.wikipedia.org/wiki/Union_of_Transylvania_with_Rom

La Segunda Guerra Mundial, Antonescu y el Holocausto rumano

El estallido de la Segunda Guerra Mundial fue devastador para la Rumania Grande. En el verano de 1940, bajo la presión de Hitler y Stalin, el país perdió en pocas semanas un tercio de su territorio sin combatir: la Unión Soviética se anexionó Besarabia y el norte de Bucovina; el Segundo Arbitraje de Viena, dictado por Alemania e Italia, entregó a Hungría la mitad norte de Transilvania; y Bulgaria recuperó el sur de la Dobruja. El desastre precipitó la caída del rey Carol II y el ascenso al poder del general Ion Antonescu, que se proclamó Conducător ("conductor"), gobernó al principio junto a la Guardia de Hierro y luego, tras aplastar la sangrienta rebelión legionaria de enero de 1941 —acompañada de un pogromo en Bucarest que dejó más de cien judíos asesinados—, instauró una dictadura militar personal.

Antonescu alió a Rumania con la Alemania nazi y, en junio de 1941, sumó al país a la invasión de la Unión Soviética junto a la Wehrmacht, con el objetivo de recuperar Besarabia y Bucovina. La tropa rumana combatió hasta Stalingrado, donde sufrió pérdidas enormes. Pero el capítulo más oscuro de estos años es el Holocausto en Rumania, en el que el régimen de Antonescu tuvo responsabilidad directa y propia, no como mero satélite alemán. Todo empezó con el pogromo de Iași, a fines de junio de 1941, en el que las autoridades rumanas asesinaron al menos a unos 13.000 judíos entre matanzas en la ciudad y los "trenes de la muerte" en los que miles murieron asfixiados. Después vinieron las deportaciones masivas de judíos —y también de miles de romaníes (gitanos)— a la región de Transnistria, la franja de Ucrania ocupada bajo administración rumana, donde perecieron por fusilamientos, hambre, frío y epidemias.

El balance es terrible y, durante décadas, fue negado o minimizado. Según la Comisión Internacional para el Estudio del Holocausto en Rumania, presidida por Elie Wiesel, las autoridades rumanas y alemanas fueron responsables de la muerte de entre 280.000 y 380.000 judíos en los territorios bajo control rumano, además de las decenas de miles de judíos del norte de Transilvania —bajo dominio húngaro— deportados a Auschwitz en 1944. La postura rumana ante los judíos fue contradictoria: mientras exterminaba a los de Besarabia, Bucovina y Transnistria, Antonescu frenó en 1942 la deportación a los campos alemanes de los judíos del núcleo del país, lo que salvó a buena parte de la comunidad de la Vieja Rumania. En agosto de 1944, con el Ejército Rojo en la frontera, el joven rey Miguel I dio un golpe de Estado, arrestó a Antonescu y cambió de bando: Rumania pasó a combatir contra Alemania. El giro adelantó el fin de la guerra pero no evitó lo que venía: la ocupación soviética. Antonescu fue juzgado y fusilado en 1946.

https://encyclopedia.ushmm.org/content/en/article/romaniahttps://en.wikipedia.org/wiki/Ia%C8%99i_pogromhttps://en.wikipedia.org/wiki/The_Holocaust_in_Romania

La dictadura comunista y el régimen de Ceaușescu

Con el Ejército Rojo ocupando el país, Rumania cayó en la órbita soviética. En pocos años, el Partido Comunista —minúsculo antes de la guerra— se hizo con todo el poder mediante fraude, coacción y represión. En 1947 se forzó la abdicación del rey Miguel I y se proclamó la República Popular Rumana. Bajo la dirección de Gheorghe Gheorghiu-Dej se implantó un régimen estalinista de manual: colectivización forzada del campo, nacionalización de la industria, planes quinquenales, culto al partido y una policía política omnipresente, la Securitate, que llenó las cárceles y los campos de trabajo —como el tristemente célebre canal Danubio-Mar Negro o la prisión de Sighet— de "enemigos de clase", antiguos políticos, curas, campesinos y disidentes. Gheorghiu-Dej logró además que las tropas soviéticas se retiraran de Rumania en 1958.

A su muerte, en 1965, tomó las riendas Nicolae Ceaușescu, que gobernaría durante casi un cuarto de siglo. Al principio despertó cierta esperanza y hasta simpatía en Occidente: relajó algo la censura, permitió más apertura cultural y, sobre todo, marcó distancia de Moscú, condenando en 1968 la invasión soviética de Checoslovaquia. Esa imagen de comunista "independiente" le valió créditos, visitas de líderes occidentales y prestigio internacional. Pero el espejismo duró poco. Tras un viaje a China y Corea del Norte a comienzos de los setenta, Ceaușescu quedó fascinado por el maoísmo y el modelo de Kim Il-sung, y volvió obsesionado con un culto a la personalidad delirante: se hizo llamar "Conductor" y "Genio de los Cárpatos", y colocó a su esposa Elena y a su familia en los puestos clave del Estado.

Los años ochenta fueron de miseria creciente. Decidido a pagar por completo la deuda externa del país, Ceaușescu exportó buena parte de los alimentos y la energía y sometió a la población a un racionamiento brutal: cortes de luz y calefacción, colas interminables, escasez de pan, carne y hasta bombillas. A la vez emprendió megaproyectos faraónicos, como el descomunal Palacio del Pueblo de Bucarest —hoy el Palacio del Parlamento, uno de los edificios más grandes del mundo—, para cuya construcción arrasó un barrio histórico entero de la capital. Su plan de "sistematización" pretendía demoler miles de pueblos y reconcentrar a los campesinos en bloques de cemento. La represión de la Securitate, el hambre y el frío, junto con políticas natalistas coercitivas que prohibieron el aborto y los anticonceptivos y llenaron los orfanatos de niños abandonados, hicieron de la Rumania de los ochenta uno de los regímenes más opresivos y grotescos del bloque del Este.

https://en.wikipedia.org/wiki/Nicolae_Ceau%C8%99escuhttps://www.britannica.com/biography/Nicolae-Ceausescuhttps://en.wikipedia.org/wiki/Systematization_(Romania)

La revolución de 1989

Cuando en 1989 se derrumbaban pacíficamente los regímenes comunistas de Polonia, Hungría, Checoslovaquia y la propia Alemania del Este, en Rumania Ceaușescu parecía inamovible. Su caída, sin embargo, fue la más rápida y la más violenta de todas. La chispa saltó en Timișoara, la gran ciudad del oeste, el 16 de diciembre de 1989: una protesta en defensa de László Tőkés, pastor reformado de la minoría húngara al que las autoridades querían desalojar, se transformó en una manifestación multitudinaria contra el régimen. Ceaușescu ordenó al ejército y a la Securitate abrir fuego, y el 17 de diciembre hubo muchos muertos, aunque la ciudad no se rindió.

El desenlace llegó en Bucarest. El 21 de diciembre, Ceaușescu convocó una gran concentración en el balcón del Comité Central, seguro de recibir el respaldo popular de siempre. Ante las cámaras de la televisión estatal, la multitud empezó a abuchearlo y a corear consignas: el dictador quedó paralizado, con el desconcierto pintado en la cara, en una escena transmitida en directo que marcó el fin del hechizo. Esa noche y la siguiente, Bucarest se llenó de manifestantes y de disparos. El 22 de diciembre, con el ejército pasándose al lado de la revuelta, Ceaușescu y su esposa Elena huyeron en helicóptero desde la azotea del edificio, pero fueron capturados poco después.

Lo que siguió fue confuso y sangriento. Un autodenominado Frente de Salvación Nacional, integrado en buena parte por antiguos comunistas encabezados por Ion Iliescu, tomó el poder, mientras en las calles se combatía contra supuestos "terroristas" fieles al régimen en una batalla nunca del todo esclarecida. El 25 de diciembre, día de Navidad, Nicolae y Elena Ceaușescu fueron juzgados en un tribunal militar sumarísimo, condenados por genocidio y "sabotaje económico", y fusilados de inmediato; las imágenes de sus cadáveres dieron la vuelta al mundo. La revolución rumana dejó más de mil muertos, la mayoría después de la caída de la pareja presidencial. Su carácter —levantamiento popular genuino, golpe palaciego aprovechado por la nomenklatura, o ambas cosas a la vez— sigue siendo objeto de debate historiográfico y de causas judiciales décadas después. Lo indiscutible es que puso fin a más de cuatro décadas de comunismo.

https://en.wikipedia.org/wiki/Romanian_revolutionhttps://www.britannica.com/event/Romanian-Revolution-of-1989https://en.wikipedia.org/wiki/Trial_and_execution_of_Nicolae

La Rumania actual y la Unión Europea

La transición poscomunista fue lenta y difícil. Los primeros años estuvieron dominados por Ion Iliescu y el Frente de Salvación Nacional, con episodios turbios como las mineriadas, las violentas irrupciones de mineros en Bucarest para reprimir a la oposición estudiantil en 1990 y 1991. La economía, atrasada y sobredimensionada por la industria pesada comunista, sufrió una dura reconversión, con inflación, desempleo y una gran emigración: millones de rumanos partieron a trabajar a Italia, España y otros países de Europa occidental, y sus remesas se volvieron un pilar de la economía. La corrupción, herencia y a la vez rasgo persistente del nuevo sistema, se convirtió en el gran problema de la vida pública.

Aun así, Rumania encaró con decisión su integración en Occidente. Ingresó en la OTAN en 2004 y, tras años de reformas exigidas por Bruselas, en la Unión Europea el 1 de enero de 2007, junto con Bulgaria. Fue una transformación profunda: fondos europeos para infraestructura, apertura de fronteras, libre circulación de sus ciudadanos. Por las persistentes dudas sobre la corrupción y el crimen organizado, la Comisión Europea mantuvo durante años un Mecanismo de Cooperación y Verificación para supervisar la justicia rumana, y el ingreso pleno al espacio Schengen se demoró hasta bien entrada la década de 2020.

La Rumania de hoy es una república democrática y un Estado miembro de la UE de casi veinte millones de habitantes, con una economía que ha crecido con fuerza y un sector tecnológico pujante, pero todavía marcada por desigualdades regionales, por la emigración de su juventud y por la lucha —a veces heroica, con grandes movilizaciones ciudadanas contra la corrupción— por consolidar el Estado de derecho. El país ha empezado también a mirar de frente su pasado: reconoció oficialmente su responsabilidad en el Holocausto tras el informe de la Comisión Wiesel de 2004, y sigue procesando la memoria del comunismo y de la revolución de 1989. Para el viajero, esa historia superpuesta —la Dacia romana, los monasterios medievales, las ciudadelas sajonas de Transilvania, el legado otomano, los palacios del reino, las cicatrices del comunismo— está inscripta en cada región del país.

https://en.wikipedia.org/wiki/2007_enlargement_of_the_Europehttps://www.britannica.com/place/Romania/Romania-since-1989https://en.wikipedia.org/wiki/Romania

🗺️ Historia por provincia / estado

Bucarest y Valaquia
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Bucovina y Maramureș (norte)
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El Danubio y el Mar Negro (este)
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Oeste y Banato
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Transilvania
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📚 Bibliografía

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