El Parque Nacional Manovo-Gounda St. Floris es el mayor parque de las sabanas de África Central: 17.400 kilómetros cuadrados en el noreste de la República Centroafricana, entre la frontera con Chad y el macizo de los Bongos. Fue creado en 1979 e inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1988 por su diversidad de ecosistemas —llanuras de inundación, sabanas arboladas, mesetas de arenisca, bosques de galería— y por la riqueza de su fauna.
También es uno de los casos mejor documentados de destrucción de un patrimonio natural. En 1997 fue incorporado a la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro, y allí sigue. Las cifras están publicadas y son contundentes: caída de alrededor del 80 % de la población de elefantes entre 1981 y 1985; hasta el 80 % de la fauna del parque abatida por cazadores fuertemente armados según los informes de los años noventa; otra caída del 75 % en los grandes mamíferos entre 2005 y 2010; 280.000 cabezas de ganado dentro del área protegida en 2010; rinoceronte negro occidental declarado extinto en 2011.
Esta página es informativa y patrimonial, no una guía de viaje. El parque no tiene actividad turística desde 1997 y las recomendaciones oficiales de Estados Unidos y España desaconsejan por completo desplazarse a la República Centroafricana. Lo que sí existe, y merece contarse, es el valor natural del sitio y la historia de su devastación y de los intentos de recuperación en curso desde 2018 bajo gestión de la Wildlife Conservation Society.
El parque nació en 1979 de la unificación de áreas protegidas del noreste centroafricano y fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1988, en la 12.ª sesión del Comité, por los criterios naturales (ix) y (x). Durante los años ochenta funcionaron allí campamentos de safari fotográfico, pero la presión de la caza furtiva —ivory y carne, con incursiones armadas desde Sudán y Chad— derrumbó las poblaciones de fauna: los relevamientos de 1985 mostraron una caída de cerca del 80 % de los elefantes respecto de 1981. A comienzos de 1997, el tiroteo contra cuatro miembros del personal del parque y el deterioro general de la seguridad paralizaron por completo el turismo y los proyectos de desarrollo; ese mismo año el sitio fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro. El rinoceronte negro occidental se declaró extinto en 2011 y hacia 2017 ya no se avistaban elefantes, leones, hipopótamos ni jirafas. Desde 2018 la Wildlife Conservation Society gestiona el parque bajo un acuerdo público-privado de 25 años, y en 2023 el sitio fue designado zona núcleo de una reserva de biosfera de la UNESCO.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
El Manovo-Gounda St. Floris ocupa 17.400 kilómetros cuadrados en el noreste de la República Centroafricana, principalmente en la prefectura de Bamingui-Bangoran y extendiéndose hacia Vakaga. Con las áreas protegidas circundantes, el conjunto llega a rondar los 80.000 kilómetros cuadrados: una de las mayores superficies protegidas continuas del continente.
Sus límites son fluviales y orográficos. Al norte, la frontera con Chad, marcada por los ríos Aouk y Kameur. Al este, el río Vakaga. Al oeste, el río Manovo, unos cuarenta kilómetros al este de Ndélé. Al sur, la cresta del macizo de los Bongos. La ruta que une Ndélé con Birao atraviesa el parque de parte a parte.
Lo que hace excepcional al sitio es que reúne tres pisos ecológicos muy distintos. En el norte, las llanuras de inundación de los bahr Aouk y Kameur, praderas herbáceas mantenidas por la crecida periódica y por el fuego, que sostienen una avifauna acuática abundante. En el centro, la sabana arbolada de transición, salpicada de inselbergs graníticos que emergen de la llanura. Y al sur, la meseta de arenisca de la Chaîne des Bongos, un relieve accidentado con bosques de galería densos y bambú en las cotas altas.
Esa combinación de ecosistemas es lo que sustentó la inscripción del parque en la Lista del Patrimonio Mundial por los criterios naturales (ix) —procesos ecológicos y biológicos— y (x) —hábitats de conservación in situ de la biodiversidad—. En el sitio se han registrado unas 57 especies de mamíferos y 320 de aves, y BirdLife International lo reconoce como Área Importante para las Aves.
El parque nacional se constituyó en 1979, reuniendo bajo una figura única áreas protegidas que ya existían en el noreste centroafricano y cuyos nombres siguen presentes en la denominación del sitio: los sectores del Manovo, del Gounda y de Saint Floris.
Eran los años en que el noreste centroafricano se contaba entre las grandes reservas de fauna de sabana del continente. La región combinaba densidades notables de elefantes, búfalos, antílopes y grandes carnívoros con una presión humana muy baja: es una de las zonas menos pobladas de África.
En 1988, en su 12.ª sesión, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO inscribió el sitio en la Lista del Patrimonio Mundial como bien natural. Fue el reconocimiento internacional del valor universal excepcional de ese conjunto de ecosistemas de sabana.
Durante esa etapa hubo también turismo. En el parque funcionaron campamentos de safari fotográfico, y quienes trabajaron allí en los años ochenta describen un entorno de enorme abundancia de fauna y de aves. Ese modelo de turismo de naturaleza en la sabana centroafricana desaparecería por completo en menos de una década.
La historia del colapso de la fauna del Manovo-Gounda está inusualmente bien documentada, y las cifras hablan por sí solas.
Los relevamientos realizados en 1985 revelaron una caída de aproximadamente el 80 % en la población de elefantes respecto de 1981: apenas cuatro años. En 1983, la población de elefantes del sector Gounda-St. Floris se estimaba en unos 2.500 animales, y ya estaba bajo amenaza severa. Los estudios comparativos de 1985 y 2005 mostraron una tendencia sostenida a la baja, atribuida a cazadores de marfil procedentes de Sudán y de Chad.
La presión no era la de la caza de subsistencia. Se trataba de partidas fuertemente armadas que operaban a escala industrial sobre el marfil y sobre la carne. Los informes que motivaron la inscripción del sitio en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro señalaban que esos cazadores podían haber abatido hasta el 80 % de la fauna del parque, además del pastoreo ilegal de ganado y de la minería artesanal.
El punto de quiebre institucional llegó a comienzos de 1997, cuando cuatro miembros del personal del parque fueron tiroteados. Ese hecho, sumado al deterioro general de la seguridad, paralizó todos los proyectos de desarrollo y puso fin al turismo. Ese mismo año, 1997, el Comité del Patrimonio Mundial inscribió el sitio en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro, donde permanece desde entonces.
El declive continuó en el siglo XXI. Entre 2005 y 2010 se registró una caída adicional del 75 % en las poblaciones de grandes mamíferos. En 2010 se contabilizaban unos 50.000 grandes mamíferos silvestres dentro del parque, frente a 280.000 cabezas de ganado doméstico: la relación invertida es la mejor síntesis de lo que había ocurrido. El rinoceronte negro occidental fue declarado extinto en 2011. La evaluación de perspectivas de conservación de la UICN de 2014 describía «buena parte de la gran fauna ya perdida» y calificaba las perspectivas de altamente inciertas. Para 2017, con el país sumido en la crisis abierta en 2013 y el parque prácticamente abandonado, ya no se registraban avistamientos de elefantes, leones, hipopótamos ni jirafas.
En 2018, el Gobierno de la República Centroafricana firmó con la Wildlife Conservation Society (WCS) un acuerdo de colaboración público-privada por 25 años renovables para la gestión del parque. La organización supervisa desde entonces varias áreas protegidas del noreste del país, con el Manovo-Gounda como foco principal.
El acuerdo de paz de 2019 y una misión conjunta de la UNESCO y la UICN abrieron una ventana: se estableció un período de evaluación de cinco años, entre 2019 y 2024, destinado a determinar si el sitio conservaba potencial de restauración o si su valor universal excepcional se había perdido de manera irreversible.
El plan de gestión desplegó un dispositivo concreto: 44 guardaparques formados para el combate a la caza furtiva, 44 «guardias tango» —pastores locales encargados de gestionar los corredores de trashumancia, es decir, de negociar con los propios ganaderos en vez de enfrentarlos— y 32 monitores ecológicos dedicados a los relevamientos de fauna. Según los informes de gestión, la trashumancia dentro del parque se redujo a menos del 3 % de su valor inicial: es probablemente el resultado más tangible de la nueva etapa.
En cuanto a la fauna, los indicios son prudentes pero reales. La observación directa y los rastros recogidos durante las patrullas de biomonitoreo indican la presencia persistente de elefantes y de otras especies emblemáticas. No se han publicado, sin embargo, cifras de población consolidadas que permitan hablar de recuperación cuantificada.
El reconocimiento institucional llegó en 2023, cuando el parque fue designado zona núcleo de una reserva de biosfera de la UNESCO, un gesto que valida la mejora de los resultados de conservación. El sitio sigue, no obstante, en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro.
El Manovo-Gounda St. Floris es un caso de estudio incómodo y necesario. Es un sitio del Patrimonio Mundial cuyo valor universal excepcional fue reconocido en 1988 y que once años después ya estaba en la Lista en Peligro, no por un desastre natural ni por un proyecto de infraestructura, sino por la combinación de caza furtiva transfronteriza, presión ganadera, minería informal y colapso de la capacidad del Estado para proteger su propio territorio.
También es un recordatorio de que el patrimonio natural no es reversible del todo. La sabana puede recuperarse, la trashumancia puede reconducirse, los elefantes pueden volver. El rinoceronte negro occidental, no: se declaró extinto en 2011 y no hay plan de gestión que lo devuelva.
Y es, finalmente, un argumento contra el turismo ingenuo. Ninguna guía honesta puede proponer hoy un viaje a este parque: no hay servicios, no hay entradas, no hay operadores, y las autoridades consulares de Estados Unidos y de España desaconsejan por completo desplazarse al país, con advertencia expresa sobre minas antipersonales en zonas fronterizas. Lo que sí se puede hacer es contar qué hay allí, qué había, quién lo destruyó y quién está intentando recuperarlo, con nombres, fechas y cifras verificables. Eso también es una forma de proteger un patrimonio.