Aviso importante: esta guía describe el Parque Nacional Virunga como referencia, pero el parque está cerrado al turismo desde 2020 y se ubica en una región en conflicto armado. Desde comienzos de 2025 la zona ha vivido una grave escalada, con la toma de la cercana Goma por el grupo rebelde M23. Numerosos gobiernos desaconsejan todo viaje al este de la RD Congo. Antes de siquiera plantearse un viaje, es imprescindible verificar el estado oficial del parque y los avisos de viaje actualizados. Con esa advertencia por delante, vale la pena conocer por qué Virunga es uno de los lugares más extraordinarios de África.
El Parque Nacional Virunga es el parque nacional más antiguo del continente africano: fue creado en 1925, cuando la región era colonia belga, para proteger a los gorilas de montaña de los volcanes Virunga. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, es un mosaico natural asombroso que en sus casi 8.000 km² reúne gorilas de montaña, dos volcanes activos —el Nyiragongo, con su lago de lava, y el Nyamuragira—, sabanas con elefantes e hipopótamos, el lago Edward, selvas y las cumbres glaciares del macizo Rwenzori, las 'Montañas de la Luna'.
Virunga es también un símbolo de la lucha por la conservación en condiciones extremas. Sus guardaparques han pagado un precio altísimo: más de 200 rangers han muerto protegiendo el parque de la caza furtiva, los grupos armados y la explotación ilegal. La historia del parque, contada en el documental 'Virunga' (2014), es un relato de heroísmo y tragedia. Esta guía recorre su naturaleza y su significado, siempre con la advertencia de que su visita depende hoy, más que nunca, de una paz que aún no ha llegado.
Virunga fue fundado en 1925 por el rey Alberto I de Bélgica con el nombre de Parque Nacional Alberto, el primer parque nacional de África, creado para proteger a los gorilas de montaña. Tras la independencia, en 1969 fue rebautizado Parque Nacional Virunga, y en 1979 la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Décadas de guerras en el este del Congo lo han golpeado duramente: figura en la lista de Patrimonio en Peligro y más de 200 guardaparques han muerto defendiéndolo. La historia completa, incluida la epopeya de sus rangers, está en nuestra página dedicada.
Leer la historia completa ↓El este montañoso guarda los gorilas de montaña de Virunga, el lago de lava del Nyiragongo y los Grandes Lagos, pero es también una zona de conflicto armado activo: consultá siempre los avisos oficiales.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
La historia de Virunga comienza en 1925, cuando el rey Alberto I de Bélgica creó, en lo que entonces era el Congo Belga, el Parque Nacional Alberto (Parc National Albert): el primer parque nacional del continente africano. La motivación principal era proteger a los gorilas de montaña que habitaban las laderas boscosas de los volcanes Virunga, cuya supervivencia empezaba a preocupar a naturalistas y científicos. El rey belga se había inspirado en los parques nacionales de Estados Unidos, que había visitado, y quiso replicar la idea en África.
En sus orígenes, el parque se limitaba a la zona de tres volcanes en el sur, pero con los años se fue ampliando enormemente hacia el norte, incorporando las llanuras del río Rutshuru, el lago Edward y, más lejos, las montañas Rwenzori. Así llegó a abarcar casi 8.000 km² de una diversidad de ambientes extraordinaria: desde glaciares ecuatoriales hasta lagos, sabanas, selvas y volcanes activos. Pocos parques del mundo reúnen semejante variedad de paisajes.
La creación del parque tuvo, como tantas iniciativas coloniales, una cara oscura: la conservación se impuso a menudo desplazando o restringiendo a las poblaciones locales que habitaban o usaban esas tierras. Aun así, Virunga sentó un precedente histórico para la protección de la naturaleza en África y salvó de la extinción a especies emblemáticas. Su valor quedó consagrado en 1979, cuando la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad.
Con la independencia del Congo en 1960, el parque atravesó tiempos difíciles. La inestabilidad política, la falta de recursos y la caza furtiva golpearon a la fauna. En 1969, bajo el régimen de Mobutu, el Parque Nacional Alberto fue rebautizado con un nombre africano: Parque Nacional Virunga, tomado de la cadena de volcanes. Durante un tiempo, en los años setenta, hubo esfuerzos por revitalizarlo y desarrollar el turismo, y el parque llegó a atraer visitantes internacionales.
Sin embargo, la crisis económica del Zaire de Mobutu y la corrupción fueron minando la gestión. La caza furtiva se intensificó, y poblaciones enteras de elefantes e hipopótamos empezaron a mermar. El parque, como tantas instituciones del país, entró en una espiral de deterioro. La protección de los gorilas de montaña, en particular, dependía cada vez más de la labor heroica y mal pagada de los guardaparques y de la ayuda de organizaciones internacionales.
El golpe más duro llegaría con las guerras de finales del siglo XX. La región de los Grandes Lagos se convirtió en uno de los escenarios más violentos del planeta, y Virunga quedó atrapado en el centro de esa tormenta, con consecuencias devastadoras para su naturaleza y para quienes la protegían.
En 1994, el genocidio de Ruanda desencadenó una catástrofe humanitaria que se derramó sobre el este del Congo. Más de un millón de refugiados ruandeses cruzaron la frontera y se instalaron en enormes campamentos alrededor de Goma, en los bordes mismos del Parque Virunga. La presión sobre el parque fue brutal: se talaron bosques para leña, se cazó fauna para comer y las áreas protegidas quedaron rodeadas de desesperación y violencia.
A esa crisis siguieron la Primera (1996-1997) y la Segunda Guerra del Congo (1998-2003), conflictos descomunales que involucraron a varios países africanos y causaron millones de muertes. El este del país, y con él Virunga, se llenó de grupos armados que se financiaban con la caza furtiva, la tala ilegal, el carbón vegetal y la minería. Los gorilas y los hipopótamos fueron masacrados; la población de hipopótamos del parque se desplomó de decenas de miles a unos pocos centenares.
En medio de ese caos, los guardaparques de Virunga siguieron patrullando, muchas veces enfrentándose a hombres armados mejor equipados que ellos. El costo humano fue y sigue siendo altísimo: más de 200 rangers han muerto en cumplimiento de su deber a lo largo de las décadas, defendiendo el parque de milicias, cazadores furtivos y traficantes. Virunga se convirtió, tristemente, en uno de los lugares más peligrosos del mundo para trabajar en la conservación.
A partir de mediados de la década de 2000, Virunga vivió un notable intento de renacimiento bajo la dirección del conservacionista belga Emmanuel de Merode, que asumió la gestión del parque en 2008. Con apoyo de fundaciones internacionales, se profesionalizó el cuerpo de guardaparques, se recuperaron poblaciones de fauna, se reabrió cuidadosamente el turismo de gorilas y de ascenso al Nyiragongo, y se impulsaron proyectos de desarrollo para las comunidades, como pequeñas centrales hidroeléctricas destinadas a dar electricidad y empleo, y a reducir la dependencia del carbón vegetal que devastaba el bosque.
Este esfuerzo, sin embargo, chocó con poderosos intereses. En 2014, el documental 'Virunga', nominado al Oscar, mostró al mundo la lucha del parque contra la caza furtiva, los grupos armados y las presiones de una compañía petrolera que pretendía explorar en busca de crudo dentro de sus límites. Ese mismo año, De Merode sobrevivió a un intento de asesinato a tiros en una carretera del parque. La película convirtió a Virunga en un símbolo internacional de la conservación heroica y contribuyó a frenar los planes petroleros.
Durante algunos años, Virunga logró combinar conservación, turismo responsable y desarrollo local, y llegó a ser un destino de primer nivel para ver gorilas de montaña y ascender al volcán. Miles de visitantes conocieron sus maravillas y sus ingresos ayudaron a sostener el parque y a las comunidades. Fue un período de esperanza que demostró lo que Virunga podía llegar a ser en tiempos de paz.
La fragilidad de ese renacimiento quedó dolorosamente expuesta a partir de 2018-2020. Secuestros de turistas, ataques de grupos armados y, finalmente, la pandemia de COVID-19 en 2020 llevaron al cierre del parque al turismo. Lo que en principio parecía una interrupción temporal se prolongó por la persistente inseguridad de la región, que impidió una reapertura estable.
La situación se agravó de manera dramática a partir de finales de 2024, con el avance del grupo rebelde M23 —respaldado, según numerosos informes internacionales, por Ruanda— sobre Kivu del Norte. En enero de 2025, el M23 tomó la ciudad de Goma, la puerta de entrada histórica a Virunga, en una ofensiva que dejó centenares de muertos y desplazó a multitudes; el aeropuerto de Goma quedó dañado y cerrado, y a lo largo de 2025 permaneció fuera de servicio. El este del Congo se sumió en una de las peores crisis de su historia reciente, y numerosos gobiernos reforzaron sus avisos desaconsejando todo viaje a la región.
En este contexto, el Parque Nacional Virunga permanece cerrado al turismo, y su reapertura depende por completo de que se alcance una paz que, al momento de escribir esta guía, no ha llegado. Su naturaleza sigue siendo extraordinaria y sus guardaparques siguen arriesgando la vida por protegerla, pero para el viajero la recomendación es clara: Virunga es hoy un destino que solo se puede admirar de lejos, a la espera de tiempos mejores, guiándose siempre por los avisos oficiales de seguridad. En 2025, el parque cumplió cien años; ojalá su segundo siglo le traiga la paz que tanto merece.