Aviso importante: esta guía describe Goma como referencia, pero la ciudad no es hoy un destino turístico viable. Goma está en el este de la RD Congo, una región en conflicto armado, y en enero de 2025 fue tomada por el grupo rebelde M23 tras días de combates que causaron centenares de muertos. Su aeropuerto quedó cerrado y numerosos gobiernos desaconsejan todo viaje a la zona. Antes de cualquier planteo de viaje es imprescindible consultar los avisos oficiales de seguridad. Con esa advertencia por delante, conocer Goma ayuda a entender el este del Congo, su belleza y su drama.
En tiempos de paz, Goma es una ciudad de ubicación privilegiada y sobrecogedora: se asienta a orillas del lago Kivu, uno de los Grandes Lagos de África, con las aguas azules a un lado y la silueta humeante del volcán Nyiragongo al otro. Ha sido durante años la puerta de entrada al Parque Nacional Virunga —a los gorilas de montaña y al ascenso al volcán—, un animado centro comercial fronterizo y la sede de innumerables organizaciones humanitarias que operan en el este del país. Su vida cotidiana, su música y su energía contrastan con la dureza de su entorno.
Pero Goma es también una ciudad marcada por la tragedia: sobrevivió a la erupción del Nyiragongo en 2002, que sepultó barrios enteros bajo la lava, y ha estado en el epicentro de las guerras que asolan el este del Congo desde los años noventa. La toma por el M23 en 2025 fue el capítulo más reciente y devastador de esa historia. Esta guía cuenta qué es Goma, por qué importa y qué la hace única, siempre bajo la advertencia de que su visita depende de una paz que hoy no existe.
Goma creció como ciudad fronteriza a orillas del lago Kivu durante la época colonial belga y se disparó en población a partir de 1994, cuando el genocidio de Ruanda envió a más de un millón de refugiados a sus alrededores. Desde entonces ha sido un epicentro de las guerras del este del Congo. En 2002, la erupción del volcán Nyiragongo destruyó buena parte de la ciudad. En enero de 2025 fue tomada por el grupo rebelde M23, en la peor crisis de su historia reciente, con su aeropuerto cerrado y la ciudad bajo ocupación. La historia completa está en nuestra página dedicada.
Leer la historia completa ↓El este montañoso guarda los gorilas de montaña de Virunga, el lago de lava del Nyiragongo y los Grandes Lagos, pero es también una zona de conflicto armado activo: consultá siempre los avisos oficiales.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Goma nació y creció como ciudad fronteriza en el extremo norte del lago Kivu, en una de las regiones más bellas y fértiles de África central. La zona, de clima templado por la altitud y suelos volcánicos ricos, había sido habitada por pueblos de agricultores y pastores. Durante la época colonial belga, Goma se desarrolló como un pequeño centro administrativo y comercial, hermanado de hecho con la localidad vecina de Gisenyi, al otro lado de la frontera, en lo que entonces era el Ruanda-Urundi bajo administración belga.
Su posición era estratégica: junto a un gran lago navegable, en la frontera con Ruanda, al pie de una cadena de volcanes y a las puertas de lo que sería el Parque Nacional Alberto (hoy Virunga). El lago Kivu ofrecía transporte y pesca; las tierras volcánicas, buenas cosechas; y la frontera, comercio. Goma fue afianzándose como nudo de la región de Kivu, una de las más pobladas y productivas del este del Congo.
Tras la independencia del Congo en 1960, Goma siguió siendo una ciudad de tamaño medio, capital de su región, relativamente próspera dentro de las dificultades del país. Nada hacía prever entonces que, en las décadas siguientes, se convertiría en el epicentro de algunas de las mayores tragedias humanitarias y bélicas del planeta, ni que su nombre daría la vuelta al mundo asociado a refugiados, volcanes y guerra.
El punto de inflexión en la historia de Goma llegó en 1994. Ese año, el genocidio de Ruanda —en el que fueron asesinadas cerca de 800.000 personas, en su mayoría de la etnia tutsi— terminó con la victoria del Frente Patriótico Ruandés. En su repliegue, más de un millón de refugiados hutus, entre ellos población civil pero también responsables del genocidio y milicias armadas, cruzaron la frontera y se agolparon en enormes campamentos alrededor de Goma.
La llegada masiva y repentina de semejante multitud desbordó por completo a la ciudad y a la región. Se levantaron campamentos gigantescos en condiciones sanitarias catastróficas; una epidemia de cólera mató a decenas de miles de personas en cuestión de semanas, en una de las mayores emergencias humanitarias que se recuerdan. Goma se convirtió, de la noche a la mañana, en el centro de una operación de ayuda internacional descomunal y en un símbolo del sufrimiento de los Grandes Lagos.
Aquellos campamentos, además, se transformaron en bases de milicias armadas que usaban el este del Congo como retaguardia, sembrando la semilla de los conflictos que vendrían. La presencia de esos grupos armados en su territorio fue el detonante que Ruanda y sus aliados esgrimirían para intervenir militarmente en el Congo, arrastrando a la región a una espiral de guerras que continúa hasta hoy. Goma quedó, para siempre, en el ojo del huracán.
Desde finales de los años noventa, Goma vivió en el centro de las guerras que asolaron el este del Congo. La Primera Guerra del Congo (1996-1997) llevó al poder a Laurent-Désiré Kabila; la Segunda (1998-2003), a menudo llamada la 'Guerra Mundial Africana' por la cantidad de países implicados, causó millones de muertos, la mayoría por hambre y enfermedad. El este, con sus riquezas minerales (oro, coltán, casiterita), se convirtió en un tablero de saqueo disputado por ejércitos, gobiernos vecinos y decenas de grupos armados.
Goma cambió de manos varias veces y sufrió ocupaciones, combates y crisis recurrentes. Incluso tras los acuerdos de paz de comienzos de los 2000, la violencia nunca cesó del todo en Kivu: surgieron sucesivas rebeliones, y la ciudad siguió siendo la capital humanitaria de una emergencia crónica, con campamentos de desplazados internos en sus alrededores y una enorme presencia de cascos azules de la ONU (la misión MONUSCO) y de organizaciones de ayuda.
En 2012, un primer movimiento rebelde llamado M23 llegó a tomar Goma brevemente, antes de ser derrotado en 2013. Pero las causas profundas del conflicto —disputas étnicas, control de los minerales, la tensión entre el Congo y Ruanda— nunca se resolvieron. La calma en Goma fue siempre frágil y provisional, una tregua entre tormentas, mientras la ciudad crecía sin cesar por la llegada continua de gente que huía de la violencia rural.
Como si la guerra no bastara, Goma ha tenido que convivir con la amenaza permanente del volcán Nyiragongo, que se alza a pocos kilómetros al norte. El 17 de enero de 2002, el volcán entró en erupción y una colada de lava fluida bajó hasta la ciudad, atravesó su centro, destruyó miles de edificios y comercios, cubrió parte de la pista del aeropuerto y llegó hasta la orilla del lago Kivu. Unas 250.000 personas debieron huir, muchas cruzando temporalmente a Ruanda.
Goma se reconstruyó sobre la lava, con esa resiliencia asombrosa que la caracteriza: barrios enteros se levantaron literalmente sobre la roca negra solidificada. Pero la amenaza siguió latente. El 22 de mayo de 2021, el Nyiragongo volvió a erupcionar, esta vez casi sin aviso previo, y la lava arrasó zonas del norte de la ciudad, causó decenas de muertes y provocó de nuevo una evacuación masiva ante el temor de nuevas coladas y de una posible liberación de gases del lago Kivu.
Estas catástrofes volcánicas, superpuestas a la guerra crónica, hacen de Goma una de las ciudades que vive bajo mayor cúmulo de amenazas del planeta. Y, sin embargo, su población no ha dejado de crecer ni de reconstruir, aferrada a la fertilidad de sus tierras, a la belleza de su lago y a una vitalidad que sobrevive a todas las tragedias. Pocas ciudades del mundo condensan tanta belleza y tanto peligro en un mismo lugar.
El capítulo más reciente y devastador de la historia de Goma se abrió a fines de 2024 y comienzos de 2025. Una nueva y poderosa ofensiva del grupo rebelde M23 —respaldado, según numerosos informes de la ONU y de gobiernos, por Ruanda— avanzó sobre Kivu del Norte y, a finales de enero de 2025, se lanzó sobre Goma. Tras cerca de dos días de combates encarnizados contra el ejército congoleño, en los que murieron centenares de personas y muchas más resultaron heridas, el M23 tomó el control de la ciudad.
El aeropuerto de Goma, escenario de intensos enfrentamientos, quedó gravemente dañado —con su torre de control y sus instalaciones destruidas— y fuera de servicio. A lo largo de 2025 permaneció cerrado, y su reapertura se convirtió en un pulso político: el M23 rechazó las gestiones del gobierno congoleño para reabrirlo, y la ciudad quedó aislada por vía aérea, lo que agravó enormemente la crisis humanitaria en una región con millones de desplazados que dependían de la ayuda que llegaba por ese aeropuerto.
Goma pasó a vivir bajo la administración del M23, en una situación tensa y precaria que testimonios recogidos por medios internacionales describieron como de miedo e incertidumbre. La comunidad internacional advirtió del riesgo de una guerra regional más amplia. Para el viajero, la conclusión es inequívoca: Goma es hoy una ciudad en zona de conflicto activo, desaconsejada por los gobiernos, y su futuro como destino depende por completo de que se alcance una paz que, al momento de escribir esta guía, sigue sin llegar. Conocer su historia es rendir homenaje a la resiliencia de sus habitantes y comprender el drama del este del Congo.