Huacachina es una postal improbable: un oasis de verdad, con una laguna rodeada de palmeras, en medio de un mar de dunas gigantes del desierto costero peruano. Está a apenas 5 km de la ciudad de Ica y se ha convertido en uno de los lugares más fotografiados del país. Es pequeño -lo recorrés a pie en minutos- pero el entorno de arena es enorme y espectacular, sobre todo al atardecer.
El gran atractivo es la aventura sobre las dunas. La actividad estrella es el tour en areneros (dune buggies), unos vehículos todoterreno que suben y bajan las dunas como una montaña rusa, combinado con sandboard: bajás las laderas de arena sobre una tabla, sentado o de pie. La mayoría de los tours salen a media tarde para terminar viendo el atardecer desde lo alto de las dunas, uno de los momentos más lindos del viaje.
Huacachina suele visitarse como parada en la ruta sur entre Lima y Paracas/Nazca. Muchos viajeros la combinan con Paracas y las Islas Ballestas (la 'fauna' del Pacífico) en un fin de semana, o la usan como escala camino a Nazca. Con un día o una noche alcanza para vivir lo esencial: la vuelta en arenero, el sandboard y el atardecer sobre el desierto.
La leyenda dice que Huacachina ('mujer que llora' en quechua) nació de las lágrimas de una princesa que huyó al desierto tras perder a su amado. La explicación real es geológica: un afloramiento de agua subterránea hizo crecer vegetación, y las dunas que la rodearon protegieron la laguna del viento, formando el oasis. La leyenda y la formación están en la página de historia.
Leer la historia completa →El desierto costero del sur: cuna de las culturas Paracas y Nazca, de las misteriosas líneas en la pampa, del oasis de Huacachina, de las islas Ballestas, del pisco y de la cultura afroperuana de Chincha.
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