Hernandarias es la ciudad de la energía. Asomada al río Paraná en el este del Paraguay, a pocos kilómetros de Ciudad del Este y de la Triple Frontera, esta localidad del Alto Paraná tiene un protagonista absoluto que domina su paisaje y su economía: la represa de Itaipú, una de las mayores centrales hidroeléctricas del mundo, cuya estructura se levanta en buena parte sobre su territorio.
Pero Hernandarias no es solo el muro colosal de la represa. El gigantesco embalse de Itaipú creó un nuevo paisaje de aguas tranquilas, con balnearios, costaneras y refugios de fauna creados para conservar la biodiversidad del Alto Paraná. La ciudad combina así la impronta de la gran obra de ingeniería con espacios de naturaleza y recreación a orillas del agua, en una región donde el Paraguay, la Argentina y el Brasil se tocan.
Esta guía recorre Hernandarias con mirada práctica: cómo llegar a esta ciudad del este, cómo visitar la represa de Itaipú y sus refugios biológicos, qué ofrecen el embalse y sus balnearios, y cómo aprovechar su cercanía con Ciudad del Este, el Salto del Monday y la Triple Frontera. Un destino para asombrarse con la escala de las grandes represas y disfrutar de la naturaleza del Alto Paraná.
Hernandarias lleva el nombre de Hernando Arias de Saavedra, conocido como 'Hernandarias', el primer gobernador criollo (nacido en América) de las provincias del Río de la Plata y del Paraguay, a fines del siglo XVI y comienzos del XVII. La ciudad, en el este del país, vivió su gran transformación en la segunda mitad del siglo XX con la construcción de la represa binacional de Itaipú, levantada por el Paraguay y el Brasil sobre el río Paraná en la década de 1970-1980. La colosal obra —durante muchos años la mayor central hidroeléctrica del mundo en generación de energía— se emplaza en buena parte en jurisdicción de Hernandarias, lo que transformó por completo la economía y el paisaje de la zona: llegada de trabajadores, infraestructura, un enorme embalse y la consolidación del este paraguayo como polo energético. La historia completa está en nuestra página de historia.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
La ciudad debe su nombre a Hernando Arias de Saavedra, conocido por la contracción 'Hernandarias', una de las figuras más relevantes de la historia colonial del Río de la Plata y del Paraguay. Nacido en Asunción a mediados del siglo XVI, tuvo el mérito de ser el primer gobernador criollo —es decir, nacido en América— de estas provincias, en una época en que casi todos los cargos de poder estaban reservados a españoles peninsulares.
Hernandarias gobernó en distintos períodos entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII, y dejó una huella importante por su acción de gobierno: impulsó la organización del territorio, defendió a los pueblos indígenas frente a ciertos abusos, fomentó la educación y la evangelización, y promovió la exploración de regiones del sur. Es recordado, entre otras cosas, por haber favorecido la entrada de los jesuitas para la fundación de las reducciones, que tanto marcarían la historia del Paraguay.
Que una ciudad moderna del este paraguayo lleve su nombre honra a este personaje fundacional de la identidad criolla rioplatense. El topónimo conecta a la pujante Hernandarias del siglo XX y XXI con las raíces coloniales del país, recordando a quien fuera el primer americano en gobernar estas tierras.
La región donde hoy se levanta Hernandarias, en el este del Paraguay, formaba parte del gran bosque atlántico del Alto Paraná (la 'Selva Paranaense'), uno de los ecosistemas más ricos y biodiversos de Sudamérica, que se extendía por el este paraguayo, el sur de Brasil y la provincia argentina de Misiones. Por estas tierras corría —y corre— el gran río Paraná, una de las arterias fluviales más importantes del continente, que marca aquí el límite con el Brasil.
Durante siglos, esta zona estuvo habitada por pueblos guaraníes y cubierta por una densa selva. El poblamiento moderno del Alto Paraná fue, en general, relativamente tardío en comparación con la región central del país: el este paraguayo permaneció durante mucho tiempo como una zona de frontera, de selva y de baja densidad de población, hasta que en el siglo XX comenzaron a llegar oleadas de colonos, productores agrícolas e inmigrantes.
Ese proceso de colonización agrícola, junto con la apertura de rutas y la integración con el Brasil, fue transformando el paisaje: gran parte del bosque atlántico original fue reemplazado por cultivos y ciudades. Hernandarias y las demás localidades del Alto Paraná nacieron y crecieron en ese contexto de avance sobre la selva y de poblamiento de la frontera este, antes del gran salto que traería la represa de Itaipú.
El hecho que cambió para siempre la historia de Hernandarias fue la decisión del Paraguay y el Brasil de construir juntos, sobre el río Paraná, una represa hidroeléctrica de proporciones colosales: Itaipú. El proyecto se selló con el Tratado de Itaipú, firmado en 1973 entre ambos países, que creó la entidad binacional encargada de levantar y operar la central, repartiendo en partes iguales la energía generada.
Las obras comenzaron en los años setenta y avanzaron a lo largo de la década, en uno de los mayores emprendimientos de ingeniería del mundo de la época. La construcción exigió desviar el río Paraná, levantar un muro de represa monumental, instalar gigantescas turbinas y formar un enorme embalse aguas arriba. La central entró en operación a comienzos de la década de 1980, y durante muchos años Itaipú fue la mayor central hidroeléctrica del mundo en generación de energía, un título que la convirtió en símbolo de la integración y del desarrollo de ambos países.
Gran parte de la represa y de su infraestructura quedó emplazada en jurisdicción de Hernandarias, lo que la colocó en el centro mismo de la gran obra. La ciudad pasó así de ser una localidad de frontera en el este paraguayo a ser protagonista de uno de los proyectos energéticos más importantes de Sudamérica.
La formación del embalse de Itaipú, necesario para alimentar las turbinas, supuso inundar una vasta superficie de tierras a lo largo del río Paraná, con un fuerte impacto ambiental y social. Bajo las aguas quedaron extensas áreas de bosque atlántico, islas, costas y tierras agrícolas, y desapareció uno de los grandes atractivos naturales de la región: los célebres Saltos del Guairá (Sete Quedas), un conjunto de cataratas que fueron sumergidas por el embalse.
Además, hubo que reubicar poblaciones que vivían en las zonas a inundar, y el proyecto enfrentó las tensiones propias de toda gran represa entre desarrollo energético y conservación del ambiente. La pérdida de bosque atlántico —un ecosistema ya muy amenazado— fue uno de los costos ecológicos más significativos de la obra.
Como respuesta y medida de mitigación, la entidad Itaipú impulsó programas ambientales que incluyeron la creación de refugios biológicos y reservas naturales en torno al embalse, destinados a conservar fauna y flora del Alto Paraná, así como iniciativas de reforestación, viveros, cría de especies y educación ambiental. Estas áreas protegidas, varias de ellas próximas a Hernandarias, son hoy parte del legado ambiental de Itaipú y un atractivo natural de la región.
La Hernandarias de hoy es una ciudad profundamente marcada por Itaipú y por su pertenencia al gran aglomerado urbano del Alto Paraná, junto con Ciudad del Este, Presidente Franco y Minga Guazú. La represa transformó su economía y su población, atrayendo trabajadores, infraestructura y servicios, y consolidó al este paraguayo como el gran polo energético del país.
Más allá de la generación de electricidad, Itaipú impulsó también el turismo: hoy la represa recibe gran cantidad de visitantes que llegan a conocer la magnitud de la obra, recorrer la central, asombrarse con la iluminación nocturna y visitar los refugios biológicos. Hernandarias se beneficia de ese flujo turístico y de su cercanía con otros grandes atractivos de la región, como el Salto del Monday, la Triple Frontera y las Cataratas del Iguazú.
Así, la ciudad combina hoy su carácter de centro energético con una creciente vocación turística y recreativa, apoyada en el embalse, sus balnearios y la naturaleza conservada en torno a la represa. Hernandarias se presenta como la puerta de entrada a Itaipú, un destino donde el visitante puede medir, en una sola jornada, la escala descomunal de una de las grandes obras humanas del siglo XX y el valor de la naturaleza del Alto Paraná.