Róterdam es la ciudad que mira al futuro. Mientras buena parte de los Países Bajos conserva sus cascos históricos de canales y casas de gablete, Róterdam eligió otro camino: tras quedar reducida a escombros por el bombardeo alemán de mayo de 1940, se reconstruyó desde cero apostando por la modernidad. El resultado es una metrópolis vibrante, llena de rascacielos, puentes audaces, arquitectura experimental y un espíritu de trabajo y reinvención que sus habitantes resumen en una frase: 'Rotterdam no habla, Rotterdam hace'.
El protagonista es siempre el agua. Sobre el río Nieuwe Maas se levanta el elegante puente Erasmus —apodado 'el Cisne'— que conecta el centro con la moderna orilla sur de Kop van Zuid. A pocos pasos están las famosas Casas Cubo de Piet Blom, el imponente mercado Markthal con su techo abovedado pintado, y el Depot Boijmans van Beuningen, un edificio espejado en forma de cuenco que guarda y exhibe toda la colección de un gran museo. Y detrás de tanta vanguardia sobrevive un rincón con alma antigua: Delfshaven, el viejo puerto de donde zarparon los Padres Peregrinos rumbo a América en 1620.
Esta guía recorre lo esencial de Róterdam con mirada práctica y cálida: qué ver entre tanta arquitectura sorprendente, cómo moverse en metro, tranvía, ferry o bici, dónde comer en sus mercados y barrios de moda, y cómo aprovechar su ubicación privilegiada para conocer el resto de la Randstad. Es una ciudad joven, multicultural y sin complejos, perfecta para quien quiere ver los Países Bajos más allá de la postal de los molinos.
Róterdam nació como un pequeño asentamiento de pescadores junto a una presa (un 'dam') construida sobre el río Rotte hacia el siglo XIII, de donde toma su nombre. Recibió derechos de ciudad en 1340 y, gracias a su ubicación estratégica en el delta del Rin y el Mosa, fue creciendo como puerto comercial. Durante el Siglo de Oro neerlandés (siglo XVII) prosperó con el comercio marítimo y la Compañía de las Indias Orientales, y de su puerto de Delfshaven partieron en 1620 los Padres Peregrinos rumbo al Nuevo Mundo. En el siglo XIX, con la apertura del canal Nieuwe Waterweg hacia el mar del Norte, Róterdam se convirtió en uno de los grandes puertos del mundo. El momento más trágico de su historia llegó el 14 de mayo de 1940, cuando la aviación alemana bombardeó el centro de la ciudad durante la invasión de los Países Bajos, arrasando casi por completo el casco antiguo y dejando a decenas de miles de personas sin hogar. En lugar de reconstruir el pasado, Róterdam decidió reinventarse: a lo largo de la posguerra y las décadas siguientes levantó una ciudad moderna, con rascacielos, arquitectura experimental y un urbanismo audaz que la distingue de cualquier otra urbe neerlandesa. Su puerto fue durante muchos años el más activo del planeta y sigue siendo el mayor de Europa. Hoy Róterdam es una ciudad joven, multicultural y dinámica, capital del diseño y la arquitectura contemporánea de los Países Bajos. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El corazón urbano de los Países Bajos: Delft, donde fue asesinado Guillermo de Orange y pintó Vermeer; La Haya, sede del gobierno y capital mundial del derecho internacional; Róterdam, arrasada en 1940 y reconstruida como ciudad del futuro; y los molinos y pólders de Kinderdijk y los campos de tulipanes de Keukenhof.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
El nombre de Róterdam revela su propio origen: 'dam' (presa) sobre el río 'Rotte'. Hacia 1270, como parte final del gran dique de Schieland (el Schielands Hoge Zeedijk) que protegía la región de las inundaciones, se construyó una presa con esclusas de desagüe en la desembocadura del Rotte, donde este se une al río Nieuwe Maas. La primera mención documental del topónimo 'Rotterdam' data de 1283, y poco antes del año 1300 el asentamiento ya contaba con parroquia propia.
Alrededor de esa presa, hacia 1275, se levantaron las primeras casas de madera, dando origen a lo que hoy es la calle Hoogstraat, el eje más antiguo de la ciudad. El Rotte cumplía una doble función para el territorio circundante: desagüe de las tierras bajas y vía de transporte hacia el interior. Precisamente porque la presa cortaba la navegación fluvial, se volvió necesario trasbordar mercancías de un lado a otro, y en torno a esa actividad de trasbordo floreció un pequeño núcleo comercial de pescadores y comerciantes.
El 7 de junio de 1340, el conde Guillermo IV de Holanda otorgó a Róterdam los derechos de ciudad (stadsrechten) de forma definitiva, tras concesiones parciales anteriores. Para los cerca de 2.000 habitantes que tenía entonces, esto significó la exención de ciertos peajes y tributos, el derecho a celebrar ferias anuales y la facultad de tener autoridades y tribunales propios. Fue el punto de partida administrativo de lo que, siglos después, se convertiría en uno de los mayores puertos del mundo.
Durante los siglos XV y XVI, Róterdam creció como puerto pesquero (célebre por el arenque) y comercial, aunque a la sombra de otras ciudades holandesas más grandes como Ámsterdam o Delft. Su gran despegue llegó con el Siglo de Oro neerlandés, en el siglo XVII, cuando los Países Bajos se convirtieron en la mayor potencia comercial y marítima de Europa. Róterdam obtuvo una de las seis cámaras regionales de la poderosa Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC), lo que la conectó con las rutas comerciales de Asia y multiplicó su actividad portuaria.
Uno de los episodios más recordados de esta época, y de enorme resonancia en la historia de Estados Unidos, ocurrió en el barrio de Delfshaven (entonces el puerto marítimo de la vecina ciudad de Delft, hoy integrado a Róterdam). Un grupo de disidentes religiosos ingleses —separatistas puritanos que habían roto con la Iglesia anglicana— se había instalado primero en Ámsterdam y luego en Leiden, donde vivieron casi doce años bajo la guía del pastor John Robinson, en el marco de la tolerancia religiosa que ofrecía la República de las Provincias Unidas.
El 22 de julio de 1620 (1 de agosto según el calendario gregoriano), tras una noche de oración y ayuno y un último sermón de Robinson en la iglesia que hoy se conoce como Pelgrimvaderskerk (Iglesia de los Padres Peregrinos), este grupo zarpó desde el muelle de Delfshaven a bordo del pequeño barco Speedwell. En Southampton se unieron al Mayflower; el Speedwell resultó no ser apto para la travesía oceánica y fue abandonado, por lo que todos los peregrinos continuaron el viaje en el Mayflower, llegando a las costas de América del Norte en noviembre de 1620 para fundar la colonia de Plymouth, en el actual Massachusetts. La iglesia de Delfshaven conserva hasta hoy ese nombre en homenaje a aquella partida.
El auge industrial del siglo XIX transformó a Róterdam en un actor de primer orden del comercio europeo. Gracias a su posición en el delta del Rin y el Mosa, la ciudad se convirtió en el gran puerto de tránsito para la cuenca del Rin, justo cuando Alemania vivía una intensa industrialización y el comercio con Gran Bretaña crecía sin pausa. A mediados de siglo, Róterdam ya figuraba entre las mayores ciudades portuarias del mundo.
Sin embargo, había un problema físico: los brazos naturales del delta del Rin y el Mosa se iban colmatando de sedimentos, dificultando cada vez más el acceso de los barcos de mayor calado hacia el mar del Norte. La solución fue una obra de ingeniería colosal: el Nieuwe Waterweg ('Nueva Vía de Agua'), un canal artificial de unos 20,5 kilómetros cuya construcción comenzó el 31 de octubre de 1863 y se completó en 1872. Este nuevo canal garantizó a Róterdam un acceso directo y estable al mar, y resultó decisivo: mientras otros puertos rivales enfrentaban limitaciones, Róterdam quedó perfectamente conectada con el pujante hinterland industrial alemán.
El resultado de esa obra, sumado a la expansión ferroviaria y a la revolución industrial, catapultó a Róterdam hasta convertirla, durante el último cuarto del siglo XIX, en el principal puerto de Europa, posición que mantendría —y ampliaría, ya en el siglo XX, con el desarrollo del complejo petroquímico de Europoort en la desembocadura del Nieuwe Waterweg— hasta convertirse en el puerto más activo del planeta durante buena parte del siglo XX, título que conservó hasta comienzos del siglo XXI, cuando fue superado por puertos asiáticos. Aun así, sigue siendo, con enorme diferencia, el mayor puerto de Europa.
El episodio más trágico y determinante de la historia de Róterdam ocurrió durante la invasión alemana de los Países Bajos, en mayo de 1940. Tras varios días de combates para forzar la rendición neerlandesa, la Luftwaffe recibió la orden de bombardear el centro de la ciudad para quebrar la resistencia y obligar la capitulación del ejército holandés. Aunque en un primer momento se había solicitado un ataque de precisión con bombarderos en picado Junkers Ju 87, Hermann Göring ordenó en cambio un bombardeo de alfombra, ejecutado por unos 90 bombarderos Heinkel He 111 del Kampfgeschwader 54.
El ataque comenzó alrededor de las 13:20 horas del 14 de mayo de 1940 y dejó caer cerca de 60 toneladas de bombas explosivas e incendiarias sobre el centro histórico. Según una lista oficial publicada en 2022, murieron al menos 1.150 personas (711 de ellas ese mismo día), y unas 85.000 quedaron sin hogar. La víctima más joven tenía apenas 19 días de vida; la de mayor edad, 91 años. El fuego, alimentado por depósitos de combustible y la profusión de construcciones de madera, ardió durante días y arrasó unos 2,6 kilómetros cuadrados del casco histórico: más de 25.000 viviendas, 24 iglesias y miles de comercios, almacenes y edificios públicos quedaron reducidos a escombros.
Ese mismo día, ante la magnitud de la destrucción y la amenaza de bombardeos similares sobre otras ciudades, los Países Bajos capitularon ante Alemania. Terminada la ocupación, el comisionado gubernamental para la reconstrucción, Johannes Ringers, tomó una decisión drástica: en lugar de intentar restaurar lo que quedaba del tejido medieval y renacentista, se optó por arrasar por completo el centro y reconstruirlo desde cero bajo criterios de urbanismo moderno. Aquella casi total desaparición de la arquitectura antigua, dolorosa como episodio bélico, abrió paradójicamente el camino para que Róterdam se convirtiera, décadas después, en un laboratorio de arquitectura y planificación urbana contemporánea. El escultor Ossip Zadkine inmortalizó la tragedia en 'De Verwoeste Stad' ('La ciudad destruida'), una estatua de seis metros con un agujero en el pecho donde debería estar el corazón, inaugurada en 1953 y hoy uno de los memoriales más visitados de la ciudad.
En las décadas posteriores a 1940, Róterdam emprendió una de las reconstrucciones urbanas más ambiciosas de Europa. En lugar de replicar el pasado, la ciudad apostó decididamente por la modernidad: anchas avenidas, edificios funcionales de posguerra y, ya desde los años cincuenta, experimentos urbanísticos pioneros como la Lijnbaan (1953), una de las primeras calles comerciales peatonales de Europa, concebida para separar el tránsito de vehículos de la vida cotidiana de los peatones.
Esa vocación experimental se profundizó en las décadas siguientes. En los años ochenta, el arquitecto Piet Blom levantó las célebres Casas Cubo (1984), un llamativo conjunto de viviendas inclinadas 45 grados pensado como un 'bosque urbano'. En los noventa se inauguró el puente Erasmus (1996), del arquitecto Ben van Berkel, que se transformó de inmediato en el nuevo símbolo de la ciudad y en la puerta hacia la reconversión de la antigua zona portuaria de Kop van Zuid, donde surgieron rascacielos como la torre De Rotterdam, del estudio de Rem Koolhaas (OMA), uno de los arquitectos más influyentes del mundo, nacido y formado en la propia Róterdam.
El impulso continuó en el siglo XXI: la nueva estación central, Rotterdam Centraal, reabrió en 2014 con su icónica marquesina triangular de acero; ese mismo año se inauguró el Markthal, el espectacular mercado-vivienda de MVRDV con su gigantesco mural interior; y en 2021 abrió el Depot Boijmans Van Beuningen, el primer depósito de arte del mundo totalmente abierto al público, también obra de MVRDV. Hoy Róterdam es considerada la capital neerlandesa de la arquitectura contemporánea y uno de los laboratorios urbanos más observados de Europa, un desenlace inesperado para una ciudad que, ochenta años atrás, había quedado reducida a cenizas.
La necesidad de mano de obra para reconstruir la ciudad y sostener su gigantesco puerto e industria atrajo, desde mediados del siglo XX, sucesivas oleadas migratorias: primero desde antiguas colonias neerlandesas como Surinam y las Antillas, luego trabajadores invitados de Turquía y Marruecos, y más recientemente inmigrantes de Cabo Verde y de decenas de otros orígenes. Como resultado, Róterdam es hoy una de las ciudades más multiculturales de los Países Bajos, con más de la mitad de su población de origen migrante, algo que se refleja de forma directa en su gastronomía, sus barrios (como Katendrecht, antiguo barrio chino portuario hoy reconvertido) y su vida cultural.
El puerto, aunque ya no ostenta el título de mayor del mundo (superado por Shanghái, Singapur y otros puertos asiáticos desde comienzos del siglo XXI), sigue siendo, por lejos, el más grande de Europa, con el complejo de Europoort y Maasvlakte como epicentro de la industria petroquímica y la logística continental. Esa doble identidad —motor económico industrial y ciudad de vanguardia cultural y arquitectónica— define a la Róterdam contemporánea: una urbe que, lejos de esconder las cicatrices de 1940, las convirtió en el punto de partida de su reinvención permanente.