El glaciar Fox es el hermano tranquilo del célebre Franz Josef, a solo media hora de distancia: otra lengua de hielo azul que baja desde las cumbres de los Alpes del Sur hasta la exuberante selva templada de la costa oeste, pero con menos gente, un pueblo más pequeño y un aire más sereno. Está dentro del Parque Nacional Westland Tai Poutini, parte del Área de Patrimonio Mundial Te Wāhipounamu, uno de los últimos grandes territorios salvajes del planeta.
Fox tiene un as bajo la manga que su vecino no tiene: el Lake Matheson, uno de los lagos más fotografiados de Nueva Zelanda. En sus aguas quietas, oscuras por los taninos de la selva, se reflejan como en un espejo perfecto las dos montañas más altas del país, el Aoraki/Mount Cook y el Mount Tasman, coronadas de nieve. En un amanecer sin viento, la imagen es sencillamente mágica. A esto se suma la experiencia estrella de los glaciares: el heli-hike, un vuelo en helicóptero que deja al visitante sobre el hielo para caminar entre grietas y cuevas azules.
Esta guía recorre el glaciar Fox con mirada práctica: cómo llegar (no hay tren ni aeropuerto), cuánto cuesta el heli-hike y qué alternativas hay si el clima no deja volar, cómo y cuándo hacer el circuito del Lake Matheson para ver el reflejo del Aoraki, y por qué muchos prefieren la calma de Fox a las multitudes de Franz Josef. Un rincón donde el hielo, la selva y las montañas más altas del país se dan la mano.
El glaciar lleva el nombre europeo de Sir William Fox, primer ministro de Nueva Zelanda, que lo visitó en 1872. Su nombre maorí es Te Moeka o Tuawe, 'el lecho de Tuawe', ligado a la misma leyenda que el vecino Franz Josef: la de la mujer Hine Hukatere y su amado, aquí llamado Tuawe, que murió en la montaña. La zona es rohe del iwi Ngāi Tahu, que recorría la costa oeste (Te Tai Poutini) en busca de pounamu (jade). El parque nacional se creó en 1960 y en 1990 pasó a integrar el Patrimonio Mundial Te Wāhipounamu. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La salvaje costa occidental de la Isla Sur, tierra ancestral del pounamu (jade) de Ngāi Tahu, transformada por la fiebre del oro de 1864 y el carbón. Un litoral remoto de selva húmeda donde los glaciares Franz Josef y Fox descienden casi hasta el mar, entre las rocas apiladas de Punakaiki.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Como su vecino Franz Josef, el glaciar Fox tenía un nombre maorí mucho antes de que llegaran los europeos, y ese nombre está unido a la misma leyenda de amor y tragedia. Los maoríes lo llamaban Te Moeka o Tuawe, 'el lecho de Tuawe'. La historia, propia del iwi Ngāi Tahu, es la de Hine Hukatere, una joven que amaba las montañas, y su amado, aquí llamado Tuawe, a quien convenció de subir a las alturas de los Alpes del Sur. Menos experimentado que ella, Tuawe cayó desde las cumbres y murió. El dolor de Hine Hukatere fue tan grande que sus lágrimas, congeladas por los dioses, formaron los glaciares; y el lugar donde reposó el cuerpo de Tuawe quedó marcado por el glaciar que lleva su nombre, 'el lecho de Tuawe'.
Esta leyenda, compartida entre los dos glaciares vecinos (Franz Josef es Kā Roimata o Hine Hukatere, 'las lágrimas de Hine Hukatere'), muestra cómo los maoríes leían este paisaje extraordinario a través de historias que le daban sentido y profundidad emocional. Para ellos, estos ríos de hielo no eran fenómenos geológicos abstractos, sino la huella eterna de un amor y una pérdida.
La costa oeste de la Isla Sur, Te Tai Poutini, era territorio (rohe) del iwi Ngāi Tahu (y antes de Waitaha y Kāti Māmoe). Su gran atractivo era el pounamu, el jade o piedra verde neozelandesa, un material sagrado y valiosísimo que se hallaba en los ríos de la región y que se usaba para herramientas, armas y adornos. Los maoríes emprendían largos y difíciles viajes a través de los pasos alpinos para obtener esta preciada piedra, que era objeto de un comercio que recorría todo el país. El nombre maorí de la Isla Sur, Te Waipounamu, 'las aguas de la piedra verde', refleja precisamente la importancia de este recurso, tan ligado a la costa oeste donde se encuentran los glaciares.
El glaciar recibió su nombre europeo en honor a Sir William Fox, un político británico que fue primer ministro de Nueva Zelanda en varias ocasiones durante el siglo XIX. Fox visitó la zona en 1872, y el glaciar quedó bautizado con su apellido, un nombre que ha perdurado hasta hoy. Como en el caso de Franz Josef, el nombre europeo convivió durante mucho tiempo con el olvido oficial del nombre maorí, hasta que en época reciente se le devolvió reconocimiento, y hoy el glaciar figura con el doble nombre: Fox Glacier / Te Moeka o Tuawe.
Los primeros europeos que exploraron esta región de la costa oeste, a mediados del siglo XIX, quedaron asombrados por la misma peculiaridad geográfica que hace famoso a Franz Josef: el glaciar Fox, alimentado por las enormes nevadas de los Alpes del Sur, desciende con fuerte pendiente hasta muy baja altitud, adentrándose casi en la selva templada de tierras bajas. Es uno de los poquísimos lugares del mundo donde un glaciar de latitudes templadas llega tan cerca de un bosque húmedo y exuberante de helechos y musgos.
Esta región vivió también, como toda la costa oeste, el impacto de la fiebre del oro de la década de 1860. Buscadores de oro se lanzaron a los ríos y las playas de arena negra del oeste en busca de fortuna, en una época dura y aventurera que dejó huellas todavía visibles, como los restos de la actividad minera en lugares como Gillespies Beach, cerca del pueblo de Fox. La combinación de oro, jade y, más tarde, la belleza de los glaciares fue atrayendo poco a poco a más gente a este rincón remoto y lluvioso de Nueva Zelanda.
El glaciar Fox, como Franz Josef, es un glaciar dinámico que responde a los cambios en las nevadas y las temperaturas avanzando y retrocediendo. A lo largo del siglo XX vivió distintos ciclos, con fases de avance —como la que ocurrió entre las décadas de 1980 y 2000, cuando el glaciar creció y su lengua bajó bien hacia el valle— y fases de retroceso. Desde alrededor de 2008, sin embargo, Fox ha entrado en una marcada fase de retroceso, perdiendo hielo y retirándose valle arriba de forma notable.
Este retroceso convierte al glaciar en un testigo directo y elocuente del calentamiento global. Quienes caminan por el valle pueden ver con sus propios ojos cuánto se ha retirado el hielo en pocas décadas, y los científicos advierten que, de continuar la tendencia, glaciares como Fox y Franz Josef podrían experimentar un retroceso drástico en el futuro, alterando por completo estos paisajes tan singulares.
El dinamismo del glaciar tiene también un lado peligroso. La lengua y el valle de Fox son zonas de gran actividad, con caídas de bloques de hielo, desprendimientos de roca y crecidas súbitas del río de deshielo. Además, el camino de acceso al glaciar Fox ha sufrido daños importantes por el clima y los deslizamientos en distintos años, obligando a cierres y reparaciones. Durante mucho tiempo, guías llevaban a los visitantes a caminar directamente sobre la lengua accediendo a pie desde el valle; pero tras varios accidentes graves y mortales por desprendimientos, ese acceso se cerró por seguridad, y hoy la única forma de pisar el hielo es llegando en helicóptero (heli-hike) a las partes altas y estables, siempre con guías expertos. El glaciar, como toda la costa oeste, exige respeto y prudencia.
La protección formal de la zona llegó con la creación del Parque Nacional Westland (hoy Westland Tai Poutini National Park) en 1960, que abarca los glaciares Fox y Franz Josef, las montañas de los Alpes del Sur, la selva templada y una franja de costa salvaje. El parque protege un gradiente ecológico extraordinario, que va de las cumbres nevadas y los glaciares a la selva lluviosa y el mar en muy pocos kilómetros. En 1990, Westland Tai Poutini pasó a integrar el Área de Patrimonio Mundial Te Wāhipounamu, junto con los parques de Fiordland, Aoraki/Mount Cook y Mount Aspiring, reconocida por la UNESCO por su valor natural excepcional y por representar la historia geológica y evolutiva de Gondwana.
El pueblo de Fox creció, como Franz Josef, al calor del turismo, aunque siempre a la sombra —más tranquila y con menos gente— de su vecino más famoso. Su gran carta es el Lake Matheson, el lago espejo que refleja las montañas más altas del país, una de las imágenes más icónicas de Nueva Zelanda. Junto con el turismo llegaron los desafíos de la conservación y la seguridad en un entorno de gran belleza pero también de peligros naturales.
Como en toda la Isla Sur, la historia de Fox está entrelazada con el largo proceso de reparación hacia el iwi Ngāi Tahu. Las injustas compras de tierras de la Corona en el siglo XIX despojaron a Ngāi Tahu de gran parte de su territorio y de recursos como el pounamu de la costa oeste. Tras más de un siglo de reclamos, el Ngāi Tahu Claims Settlement Act de 1998 trajo una disculpa formal del Estado, compensación y —de forma muy significativa para la costa oeste— la devolución a Ngāi Tahu de la propiedad y el control del pounamu de la región, reconociendo su relación ancestral con esta piedra sagrada. El doble nombre del glaciar, Fox / Te Moeka o Tuawe, simboliza ese reconocimiento y el resurgimiento del te reo māori: la historia de un primer ministro británico del siglo XIX, sí, pero también, y más profundamente, el lecho eterno de Tuawe, el amado perdido de la leyenda que los maoríes contaban mucho antes de que llegara nadie a ponerle otro nombre.