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Pocos lugares de México ofrecen dos viajes en uno a quince minutos de distancia. Zihuatanejo es una bahía con pueblo de verdad: pescadores que descargan a las siete de la mañana, señoras que venden chilate (una bebida de cacao y arroz) junto al mercado, lanchas que cruzan a Las Gatas por cien pesos. Ixtapa, en cambio, es una zona hotelera trazada a regla, con ciclopista, marina y playas largas de mar abierto. Podés dormir en uno y pasar el día en el otro con un boleto de urvan de MX$ 21.
Lo que más vale acá es gratis o casi: Playa La Ropa, con agua calma y bandera azul; el Paseo del Pescador al atardecer; la ciclopista de casi 25 km entre la Marina de Ixtapa y Playa Linda; el estero con cocodrilos que se ven desde un mirador. Lo que se paga también es barato si lo hacés por tu cuenta: la lancha a Isla Ixtapa, el snorkel en el arrecife de Las Gatas o un plato de tiritas de pescado, el ceviche en tiras que nació en esta costa.
Hay que decirlo claro: Ixtapa Zihuatanejo está en Guerrero, y los gobiernos de EE. UU., Canadá y Reino Unido tienen advertencias para ese estado. Canadá y Reino Unido exceptúan a Ixtapa y Zihuatanejo siempre que llegues en avión. Por eso esta ficha recomienda volar al aeropuerto ZIH y moverte dentro de la zona turística. Con esa precaución, ofrece playas para nadar, pesca deportiva, naturaleza a mano y comida de mar honesta a precios de pueblo.
La costa de Zihuatanejo estuvo habitada mucho antes de los españoles. Cerca, en Soledad de Maciel, el INAH estudia la antigua Xihuacan, con ocupación desde el Preclásico y apogeo entre 650 y 950 d. C. El origen del pueblo se asocia con Cihuatlán, un asentamiento cuitlateco que los mexicas sometieron a tributo en 1497. El nombre se suele traducir del náhuatl como 'lugar de mujeres'. En 1527 Hernán Cortés armó en esta bahía tres naves que zarparon el 31 de octubre al mando de Álvaro de Saavedra Cerón rumbo a Filipinas; sólo La Florida llegó a destino. Durante siglos Zihuatanejo fue apenas un puerto de pescadores. En 1811 pasó a depender de Tecpan, en 1824 del Estado de México y en 1849 del nuevo estado de Guerrero. El 23 de diciembre de 1953 se creó el municipio de José Azueta. El gran cambio llegó con el turismo planificado. En 1968 el Banco de México creó un fondo para desarrollar nuevos destinos de playa y Ixtapa, sobre antiguos cocotales y esteros, fue uno de los elegidos. La obra empezó en 1970, en 1971 se armó el fideicomiso federal y en 1974 abrió el primer hotel y el centro comenzó a operar formalmente. En 1976 se inauguraron el aeropuerto internacional y el campo de golf Palma Real. En 2008 el Congreso de Guerrero rebautizó el municipio como Zihuatanejo de Azueta. Hoy tiene 126.001 habitantes (INEGI 2020) y en 2026 su aeropuerto crece a doble dígito, aunque las alertas de viaje sobre Guerrero siguen pesando en la llegada de extranjeros.
Leer la historia completa ↓La provincia del Pacífico sur, entre la Sierra Madre y el mar: cuna de la plata de Taxco y del galeón de Manila en Acapulco, escenario del Congreso de Chilpancingo de 1813 y de los 'Sentimientos de la Nación', estado que lleva el nombre del insurgente Vicente Guerrero y tierra de la cultura afromexicana de la Costa Chica.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Para millones de personas en el mundo, Zihuatanejo es el nombre de un sueño: la playa del Pacífico mexicano a la que Andy Dufresne le pide a su amigo Red que vaya a buscarlo al final de 'Sueño de fuga' (The Shawshank Redemption), 'un lugar cálido sin memoria'. Lo que la película no cuenta es que ese paraíso existe de verdad, y que su historia es mucho más antigua y más rica que cualquier guion de Hollywood: la de un pueblo de pescadores asomado a una de las bahías más resguardadas del país, habitado desde hace siglos y ligado a la mayor ruta comercial de la era colonial. Mucho antes de la llegada de los españoles, la bahía de Zihuatanejo y la franja de la actual Costa Grande de Guerrero estaban habitadas por pueblos indígenas vinculados a los grandes señoríos del Occidente mexicano, entre ellos el imperio purépecha (tarasco) de Michoacán, que extendió su influencia hasta esta costa. Estas comunidades vivían de la pesca, la recolección de sal y moluscos, la agricultura y el comercio costero, aprovechando una de las bahías más abrigadas del litoral.
El nombre del lugar conserva la memoria de aquel mundo. 'Zihuatanejo' deriva del náhuatl 'Cihuatlán', que suele traducirse como 'lugar de mujeres'. Distintas interpretaciones lo asocian a un antiguo culto a deidades femeninas, a una organización social en la que las mujeres tenían un papel destacado, o a la presencia de comunidades de mujeres en la zona. El sufijo despectivo o diminutivo '-nejo' se sumó más tarde, dando la forma actual del topónimo.
Una tradición muy arraigada cuenta que el cazonci (gobernante) tarasco Caltzontzin ordenó construir una barrera de piedras dentro del mar para formar una alberca natural donde bañarse con tranquilidad. Ese rompeolas artificial, según el relato, dio origen a la actual playa de Las Gatas, cuyas aguas calmas y cristalinas siguen siendo, hasta hoy, una de las maravillas de la bahía. Más allá de su grado de historicidad, la leyenda muestra la importancia que la región tuvo para los pueblos prehispánicos.
Tras la caída de Tenochtitlan en 1521, Hernán Cortés y los conquistadores españoles se lanzaron a explorar la costa del Pacífico —el 'Mar del Sur'— en busca de puertos desde los que organizar la navegación hacia Asia y nuevas tierras. En ese contexto, la bahía de Zihuatanejo fue uno de los primeros lugares de la costa mexicana avistados y admirados por los españoles, hacia 1521-1527, gracias a su excepcional abrigo natural.
Las expediciones enviadas por Cortés recorrieron el litoral identificando bahías y fondeaderos aptos para la construcción de astilleros y el resguardo de naves. Zihuatanejo, con su bahía mansa y resguardada del oleaje, llamó la atención de aquellos primeros navegantes. La región quedó integrada al dominio español y a la organización de la Nueva España, aunque, por su lejanía y escasa población, conservó durante mucho tiempo un carácter apartado.
La importancia estratégica del Pacífico mexicano crecería pronto de la mano de un proyecto monumental: la ruta del Galeón de Manila, que durante dos siglos y medio convertiría a Acapulco —no muy lejos de Zihuatanejo— en el gran puerto del comercio con Asia. Aunque Acapulco concentró ese tráfico, las bahías de la Costa Grande, incluida Zihuatanejo, quedaron ligadas al imaginario y a las leyendas de aquella ruta transpacífica.
Durante 250 años, entre 1565 y 1815, el Galeón de Manila (la 'Nao de China') cruzó el océano Pacífico uniendo la ciudad de Manila, en Filipinas, con el puerto de Acapulco, en la Nueva España. Aquellos enormes barcos transportaban sedas, porcelanas, marfiles, especias y objetos de lujo de Asia, que desde Acapulco se distribuían por toda América y se enviaban a Europa. Era una de las rutas comerciales más ricas y largas de la historia.
La bahía de Zihuatanejo, situada en la misma costa del Pacífico, quedó ligada a esa ruta y a sus leyendas. La más célebre explica el nombre de la playa más famosa del lugar: la 'Playa La Ropa'. Cuenta la tradición que un galeón cargado de telas y ropas finas que venía de Oriente naufragó o vio caer al mar parte de su cargamento cerca de la bahía, y que las prendas terminaron varadas y extendidas sobre la arena de esa playa, de donde habría tomado su curioso nombre.
Más allá de la leyenda, la época del galeón dejó a Zihuatanejo como un punto secundario y tranquilo de una costa dominada por la actividad de Acapulco. La región siguió siendo, durante siglos, un apacible enclave de pescadores y pequeñas comunidades. Esa vida marinera, sencilla y ligada al mar, definiría el carácter del pueblo durante todo el periodo colonial y buena parte de la época independiente, hasta el siglo XX.
Durante la mayor parte de su historia, Zihuatanejo fue un tranquilo y pequeño pueblo de pescadores, alejado de los grandes circuitos. Sus habitantes vivían de la pesca en la bahía, de pequeños cultivos y del comercio local. La vida transcurría con lentitud frente a un mar generoso, en un entorno de gran belleza pero casi desconocido para el turismo masivo. Esa autenticidad marinera es, todavía hoy, la esencia que distingue a 'Zihua'.
Todo cambió en la década de 1970. El gobierno mexicano, a través del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) —el mismo organismo que impulsó Cancún—, eligió la zona contigua a Zihuatanejo para desarrollar un centro turístico planificado desde cero: Ixtapa. Sobre una franja de cocoteros y manglares se construyeron grandes hoteles modernos en hilera frente a la playa, infraestructura, un campo de golf y servicios pensados para el turismo internacional. Ixtapa nació así como destino diseñado, en contraste con el Zihuatanejo espontáneo y tradicional de al lado.
La llegada de Ixtapa puso a toda la región en el mapa mundial y trajo el aeropuerto, los hoteles y un flujo constante de visitantes. Pero Zihuatanejo, lejos de perder su identidad, supo conservar su carácter de pueblo: su centro de callecitas, su mercado, su malecón y sus barcas de pesca. El binomio Ixtapa-Zihuatanejo —el centro turístico moderno y el pueblo auténtico, a pocos kilómetros uno del otro— se convirtió en una de las fórmulas más atractivas del Pacífico mexicano.
En junio de 2023, Zihuatanejo recibió el nombramiento de Pueblo Mágico por parte de la Secretaría de Turismo del gobierno federal, un reconocimiento que celebra precisamente lo que el desarrollo turístico de Ixtapa no borró: su identidad de auténtico pueblo de pescadores, su bahía, su patrimonio cultural y su ambiente tradicional. El distintivo reforzó el atractivo de Zihuatanejo como destino con alma propia, complementario al moderno Ixtapa.
Hoy, Zihuatanejo equilibra su vocación turística con su esencia marinera. El Paseo del Pescador (malecón) sigue siendo el corazón del pueblo, con las barcas de pesca fondeadas frente a la playa principal y los restaurantes de mariscos. Las grandes playas de la bahía —La Ropa, Las Gatas, La Madera— atraen a viajeros de todo el mundo, mientras el mercado, las callecitas del centro y el pequeño Museo Arqueológico de la Costa Grande mantienen viva la memoria del lugar.
La región conserva además su prestigio como destino de pesca deportiva, de snorkel y de atardeceres, en un entorno de bahías abrigadas y vida marina abundante. Zihuatanejo representa hoy una manera distinta de vivir el Pacífico mexicano: sin las multitudes ni la altura de los grandes resorts, apostando por el encanto del pueblo, la calidez de su gente y la belleza serena de una de las bahías más bellas del país.