San Francisco —que todo el mundo llama San Pancho— es el vecino tranquilo y elegante de Sayulita, en la Riviera Nayarit. A solo unos kilómetros de su bulliciosa hermana surfera, este pequeño pueblo costero ofrece una experiencia más calmada, sofisticada y auténtica: una sola calle principal que baja hasta una playa amplia y dorada, palmeras, casas de colores y un ambiente relajado que enamora a quienes buscan paz frente al Pacífico.
San Pancho tiene fama de ser el 'pueblo bohemio y chic' de la Riviera Nayarit, con una notable escena cultural y gastronómica para su tamaño. Aquí conviven la comunidad local nayarita con residentes y visitantes extranjeros, en un equilibrio que ha dado lugar a iniciativas comunitarias admirables, como Entreamigos, un centro cultural y social que es orgullo del pueblo, además de restaurantes de autor, galerías, un campo de polo y eventos culturales.
La playa de San Pancho es ancha y hermosa, ideal para caminar y ver atardeceres espectaculares, aunque su oleaje suele ser más fuerte que el de Sayulita (más para disfrutar que para nadar sin precaución). El pueblo es también un punto de conservación de tortugas marinas y base para explorar la naturaleza y las playas de la zona. Esta guía te cuenta qué hacer, dónde comer y cómo disfrutar este rincón sereno del Pacífico mexicano.
San Francisco (San Pancho) fue durante mucho tiempo un tranquilo pueblo de pescadores y agricultores en la costa de Nayarit, en una región culturalmente ligada al pueblo huichol (wixárika). Su historia moderna tiene un capítulo singular: en la década de 1970, el presidente de México Luis Echeverría Álvarez eligió a San Pancho como sede de un ambicioso proyecto de desarrollo rural integral, el 'Centro de Capacitación para el Desarrollo de la Comunidad' y proyectos asociados, dotando al pequeño pueblo de infraestructura sorprendente para su tamaño: hospital, escuela, plantas, y hasta instalaciones que buscaban convertirlo en un modelo de desarrollo (de ahí algunos lo apodaron 'el pueblo del presidente'). Tras el fin de ese sexenio, muchos de esos proyectos quedaron inconclusos o abandonados, pero dejaron una huella en el pueblo. A partir de las décadas siguientes, y sobre todo con el auge turístico de la Riviera Nayarit en los años 2000, San Pancho se transformó —como su vecina Sayulita— en un destino, pero conservando un perfil más tranquilo, cultural y sofisticado. Hoy es conocido por su ambiente relajado, su escena gastronómica y cultural, y proyectos comunitarios como Entreamigos. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La provincia del Pacífico entre la sierra huichola y la Riviera Nayarit: tierra cora y wixárika, de la mística isla de Mexcaltitán —el posible Aztlán—, y de playas surferas como Sayulita y San Pancho.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
La calle principal de San Pancho se llama 'Tercer Mundo', y las demás llevan nombres de países y continentes en desarrollo: Asia, África, América Latina, Nicaragua, Palestina. No es una excentricidad hippie, sino la huella de uno de los experimentos políticos más insólitos del México del siglo XX, cuando un presidente quiso convertir este pueblo de pescadores en la aldea modelo del 'tercer mundo'. Pero para entender esa historia hay que empezar por el principio, cuando San Pancho no era más que un rincón olvidado frente al Pacífico.
San Francisco —San Pancho— nació, como tantos pueblos de la costa de Nayarit, ligado al mar y a la tierra. Durante generaciones fue una pequeña comunidad de pescadores y agricultores frente al océano Pacífico, en una región tropical de selva, palmeras y playas, culturalmente vinculada al pueblo huichol (wixárika), cuya cosmovisión y arte impregnan toda la zona de la actual Riviera Nayarit.
La economía tradicional del pueblo giraba en torno a la pesca y a cultivos propios de la costa nayarita. Era un asentamiento modesto y aislado, alejado de las rutas principales y del desarrollo, con una vida sencilla marcada por el ritmo del mar y de las estaciones. El nombre de San Francisco corresponde a su santo patrono, una herencia de la evangelización católica de la región durante la época colonial.
Durante buena parte del siglo XX, San Pancho permaneció como un rincón tranquilo y poco conocido de la costa, sin el protagonismo de los grandes puertos o centros turísticos. Esa condición de pueblo apacible y discreto cambiaría de forma inesperada en la década de 1970, gracias a un singular capítulo de la historia política mexicana.
El episodio más singular de la historia de San Pancho ocurrió en la década de 1970, durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976). Echeverría se enamoró de la belleza del pueblo, llegó a comprar una propiedad para usarla como casa de descanso, y decidió convertirlo en un experimento: la aldea modelo, autosuficiente, que otros países del 'tercer mundo' pudieran imitar. De ahí el nombre de la avenida principal, 'Tercer Mundo', y el de las demás calles, bautizadas con países y continentes en desarrollo.
Con fondos federales, San Pancho recibió una infraestructura asombrosa para su tamaño: electricidad, drenaje, un hospital, escuelas, un museo y hasta una efímera 'Universidad del Tercer Mundo'. El corazón del proyecto era un complejo agroindustrial de varias naves donde se procesarían alimentos para la Conasupo (Compañía Nacional de Subsistencias Populares), la paraestatal que abastecía de productos básicos a la población. La idea era que el pueblo produjera, transformara y se sostuviera solo, como vitrina del desarrollo rural mexicano. Por toda esa atención presidencial, muchos empezaron a llamarlo coloquialmente 'el pueblo del presidente'.
Sin embargo, como suele ocurrir con los proyectos atados a un sexenio, al terminar el mandato de Echeverría y cambiar el gobierno, buena parte de estas iniciativas quedó inconclusa, subutilizada o abandonada. La universidad cerró, las naves agroindustriales se vaciaron y las instalaciones fueron quedando en desuso. Pese a ello, ese legado físico —edificios, infraestructura, hasta el propio callejero— marcó para siempre al pueblo y, con el tiempo, algunos de esos espacios encontrarían una nueva vida, como el edificio que hoy alberga al centro comunitario Entreamigos.
Tras décadas como pueblo tranquilo, San Pancho empezó a transformarse a partir de finales del siglo XX y, sobre todo, con el auge turístico de la costa de Nayarit en los años 2000. El éxito de Puerto Vallarta y el desarrollo de toda la franja costera del sur del estado pusieron en el mapa a los pueblos vecinos, entre ellos San Pancho y la cercana Sayulita.
La creación de la marca turística 'Riviera Nayarit' en la primera década del siglo XXI impulsó la promoción y la inversión en toda la región. San Pancho, sin embargo, siguió un camino distinto al de la vecina Sayulita: mientras esta se convertía en un destino surfero y fiestero de moda, San Pancho cultivó un perfil más tranquilo, elegante y sofisticado, atrayendo a un público que buscaba descanso, buena gastronomía y un ambiente más reposado.
En el pueblo se asentó una comunidad de residentes extranjeros (estadounidenses, canadienses, europeos) que, en lugar de masificarlo, contribuyeron a darle un carácter cultural y bohemio: surgieron restaurantes de autor, galerías de arte, festivales culturales (como festivales de música y de cine en distintas épocas) y proyectos comunitarios. San Pancho se ganó la fama de ser el rincón 'chic y con alma' de la Riviera Nayarit.
El San Pancho actual es un ejemplo de cómo un pueblo puede crecer turísticamente sin perder del todo su alma. Uno de sus mayores orgullos es Entreamigos, un centro comunitario sin fines de lucro fundado en los años 2000 e instalado en uno de los edificios heredados del viejo proyecto de desarrollo de los años 70. Entreamigos ofrece a la comunidad local educación, biblioteca, talleres, programas para niños y jóvenes, y un sistema de reciclaje y reúso, financiado por voluntariado, donaciones y una tienda de segunda mano. Se ha convertido en un símbolo del espíritu colaborativo del pueblo, donde la comunidad mexicana y los residentes extranjeros trabajan juntos.
Esa vocación comunitaria y cultural define a San Pancho. El pueblo conserva su tranquilidad, su escala humana y su belleza natural —la playa amplia, los atardeceres, la selva circundante— mientras ofrece una escena gastronómica y artística notable, eventos culturales, conservación de tortugas marinas y hasta un sorprendente club de polo (La Patrona). Es un destino que apuesta por un turismo más reposado, consciente y de calidad.
Hoy, San Pancho es uno de los rincones más queridos de la Riviera Nayarit para quienes buscan una alternativa serena a los destinos masivos: un pueblo donde se come bien, se descansa de verdad, se respira cultura y se siente el calor de una comunidad que cuida su identidad. De pueblo de pescadores a 'pueblo del presidente' y, finalmente, a refugio bohemio y sostenible, San Pancho ha sabido reinventarse conservando su carácter.