Puerto Vallarta es el gran destino de playa del Pacífico mexicano que logró conservar su alma de pueblo: un casco antiguo de calles empedradas, casitas blancas con techos de teja roja y buganvillas, asomado a la inmensa Bahía de Banderas y respaldado por las montañas selváticas de la Sierra Madre. A diferencia de los grandes resorts planificados, 'Vallarta' creció a partir de un viejo pueblo pesquero llamado Las Peñas, y esa mezcla de tradición y turismo cosmopolita es justamente su encanto. Acá conviven el Malecón lleno de esculturas y vida nocturna con las playas escondidas a las que solo se llega en barco.
El corazón de la ciudad es El Centro, con su famoso Malecón —un paseo marítimo de más de un kilómetro jalonado de esculturas de bronce, galerías, restaurantes y bares— y la inconfundible Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, coronada por una réplica de la corona de la emperatriz Carlota que se ha vuelto el símbolo de la ciudad. Al sur del Río Cuale está la Zona Romántica (el Viejo Vallarta), el barrio más bohemio y arbolado, con la animada Playa Los Muertos, la mejor gastronomía y el principal ambiente LGBT de México. Por todas partes, el mar y la montaña enmarcan una postal difícil de olvidar.
Pero Puerto Vallarta es mucho más que su centro. La Bahía de Banderas esconde playas a las que no llega ningún auto —Yelapa, Quimixto, Las Ánimas, Caletas—, accesibles solo en lancha o catamarán, con cascadas en plena selva. Frente a la costa está Los Arcos, la primera área marina protegida de México, paraíso del snorkel y el buceo. Entre diciembre y marzo, las ballenas jorobadas llegan a la bahía a reproducirse y se las puede avistar. Y tierra adentro, la Sierra Madre ofrece tirolesas, ríos y aventura. Playa, selva, cultura y buena mesa, todo en un mismo lugar.
Puerto Vallarta nació como un modesto pueblo pesquero llamado Las Peñas, fundado oficialmente hacia 1851 en la desembocadura del Río Cuale, sobre la Bahía de Banderas. En sus orígenes funcionó como puerto de embarque de sal hacia las minas de plata de la sierra, como San Sebastián del Oeste, y como caleta de pescadores y agricultores aislada del resto del país, a la que prácticamente solo se llegaba por mar. El 31 de mayo de 1918, el pueblo fue elevado a la categoría de municipio y rebautizado Puerto Vallarta en honor a Ignacio Luis Vallarta, ilustre jurista y exgobernador de Jalisco. Durante décadas siguió siendo una localidad pequeña y tranquila, hasta que el cine cambió su destino: en 1963 el director John Huston filmó en la cercana playa de Mismaloya 'La noche de la iguana', con Richard Burton y Ava Gardner. El romance paralelo entre Burton y Elizabeth Taylor —que lo acompañó al rodaje— se convirtió en un escándalo mundial, y la prensa internacional puso los ojos en este paraíso ignorado del Pacífico. Aquella publicidad inesperada disparó el turismo: llegaron hoteles, el aeropuerto y los inversores, y Puerto Vallarta se transformó en pocas décadas en uno de los principales destinos de playa de México, sin perder del todo el aire de pueblo que conserva en su centro histórico. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa →La cuna de lo mexicano por excelencia: tierra del tequila, el mariachi y la charrería, con Guadalajara, la 'Perla de Occidente', los paisajes agaveros Patrimonio de la Humanidad y la playa de Puerto Vallarta.
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