Ixtapa es el rostro moderno y planificado del binomio turístico más famoso de la Costa Grande de Guerrero. Mientras Zihuatanejo, a pocos kilómetros, conserva su alma de pueblo de pescadores, Ixtapa fue diseñado desde cero en los años setenta como un destino de playa de gran formato: una larga avenida frente al mar, flanqueada por hoteles de varias plantas, todos asomados a la extensa y dorada playa El Palmar.
Es la opción ideal para quien busca la comodidad de un resort frente a una playa amplia: deportes acuáticos, dos campos de golf de diseño internacional, una marina, restaurantes, vida nocturna y la cercanía de la naturaleza. Su gran atractivo natural es la isla Ixtapa, un islote-reserva de vida silvestre, a poca distancia en lancha, con playas resguardadas perfectas para el snorkel y para pasar el día entre peces de colores. Y la enorme ventaja de Ixtapa es poder combinarlo con el encanto auténtico de Zihuatanejo a un paso.
Esta guía recorre Ixtapa con mirada práctica: qué ver y qué hacer en su zona hotelera y la playa El Palmar, cómo cruzar a la isla Ixtapa, dónde practicar golf, snorkel o surf, cómo llegar desde el aeropuerto o Ciudad de México, cómo moverse en combi entre Ixtapa y Zihuatanejo, cuántos días quedarse y cómo armar un viaje que combine lo mejor de ambos mundos: la comodidad del resort y la autenticidad del pueblo. Un destino cómodo, soleado y familiar del Pacífico mexicano.
Ixtapa es uno de los grandes destinos turísticos planificados de México. A finales de los años sesenta, el Banco de México creó un fondo especial para desarrollar nuevos centros turísticos en las costas del país, y los dos primeros elegidos fueron Cancún e Ixtapa. El proyecto, encabezado por el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), eligió una franja de cocoteros y manglares junto al tradicional pueblo de pescadores de Zihuatanejo. La construcción comenzó hacia 1970 y la operación formal arrancó en 1974: se levantaron grandes hoteles en hilera frente a la playa El Palmar, infraestructura urbana, una marina y campos de golf, dando vida a un destino diseñado para el turismo internacional. El nombre 'Ixtapa' proviene del náhuatl y se relaciona con la sal ('lugar de la sal' o 'sobre la sal'). La cercana isla Ixtapa se integró como reserva de vida silvestre y atracción natural. Desde entonces, Ixtapa y Zihuatanejo funcionan como un binomio complementario: el centro turístico moderno y el pueblo auténtico, uno de los modelos más exitosos del Pacífico mexicano. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La provincia del Pacífico sur, entre la Sierra Madre y el mar: cuna de la plata de Taxco y del galeón de Manila en Acapulco, escenario del Congreso de Chilpancingo de 1813 y de los 'Sentimientos de la Nación', estado que lleva el nombre del insurgente Vicente Guerrero y tierra de la cultura afromexicana de la Costa Chica.
Leer la historia de Guerrero →Sin precios exactos: escala de $ (económico) a $$$$$ (lujo), con 2-3 opciones por categoría.
Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Antes de convertirse en uno de los destinos turísticos más conocidos del Pacífico mexicano, el lugar donde hoy se levanta Ixtapa era una franja agreste de plantaciones de cocoteros, esteros y manglares, junto al mar. No había hoteles ni avenidas: solo palmeras, lagunas costeras y una rica vida silvestre de aves, iguanas y cocodrilos, en un entorno de gran belleza natural pero prácticamente despoblado.
La vida de la región giraba en torno al cercano pueblo de pescadores de Zihuatanejo, a pocos kilómetros, asomado a una bahía mansa y resguardada. Allí, durante siglos, las comunidades habían vivido de la pesca y del mar, en un enclave tranquilo y apartado de los grandes circuitos. La zona de Ixtapa, en cambio, era apenas un paraje rural, aprovechado para el cultivo del coco y poco más.
El propio nombre 'Ixtapa' guarda una raíz antigua: proviene del náhuatl y suele relacionarse con la sal ('iztatl'), con interpretaciones como 'lugar de la sal' o 'sobre la sal', en alusión quizá a salinas o a la presencia del mar. Sobre ese paisaje de cocoteros y manglares, a comienzos de los años setenta, se proyectaría una transformación radical impulsada por el Estado mexicano.
A finales de la década de 1960, el gobierno mexicano decidió impulsar el turismo como motor de desarrollo económico mediante una estrategia inédita: crear centros turísticos planificados desde cero en lugares con potencial pero sin infraestructura. En 1968, el Banco de México creó un fondo especial destinado a desarrollar nuevos destinos turísticos en las costas del país, identificando los sitios más prometedores tras estudios de viabilidad.
Los dos primeros destinos elegidos para este programa pionero fueron Cancún, en el Caribe, e Ixtapa, en el Pacífico. La gestión de estos proyectos quedó en manos del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), el organismo encargado de planear, financiar y construir los nuevos polos turísticos. Por primera vez, México no esperaba a que el turismo creciera de forma espontánea, sino que diseñaba ciudades-resort completas con criterios urbanísticos modernos.
Para Ixtapa, la elección recayó en la franja de cocoteros y manglares junto a Zihuatanejo. La construcción comenzó hacia 1970. El plan contemplaba una zona hotelera ordenada frente a la playa, infraestructura urbana (calles, agua, electricidad, drenaje), una marina, campos de golf y servicios pensados para el turismo internacional. Era un proyecto ambicioso que cambiaría para siempre la fisonomía de esta parte de la Costa Grande de Guerrero.
Durante los primeros años de la década de 1970, sobre el antiguo paraje de cocoteros, fue tomando forma una ciudad turística completamente nueva. A lo largo de la playa El Palmar —una extensa franja de arena dorada de unos 4,5 kilómetros abierta al Pacífico— se levantó la Zona Hotelera, con grandes hoteles modernos dispuestos en hilera frente al mar. Se trazaron avenidas, se dotó a la zona de servicios e infraestructura y se construyeron las primeras instalaciones turísticas.
Ixtapa inició su operación formal en 1974, presentándose al mundo como un destino de playa de gran formato, cómodo y planificado, en contraste con el pueblo tradicional de Zihuatanejo. A los hoteles se sumaron, con el tiempo, dos campos de golf de 18 hoyos diseñados por figuras del golf internacional —Robert Trent Jones Jr. y Robert von Hagge—, la Marina Ixtapa, restaurantes, comercios y zonas residenciales. El conjunto convirtió a Ixtapa en un polo turístico de referencia del Pacífico.
Un elemento clave del proyecto fue la valorización de la naturaleza circundante. La cercana isla Ixtapa (Isla Grande) se integró como reserva de vida silvestre y atracción natural, con sus playas resguardadas ideales para el snorkel. Los esteros y manglares de Playa Linda, con su fauna de aves y cocodrilos, también pasaron a formar parte de la oferta. Así, Ixtapa combinó desde el inicio la infraestructura del resort con el atractivo de un entorno natural privilegiado.
El desarrollo de Ixtapa no borró a su vecino Zihuatanejo, sino que dio origen a una fórmula turística singular y muy exitosa: el binomio Ixtapa-Zihuatanejo. A pocos kilómetros de distancia conviven dos destinos de carácter opuesto y complementario. Por un lado, Ixtapa, moderno, planificado, con sus grandes hoteles, su golf y su marina, pensado para la comodidad del turismo internacional. Por el otro, Zihuatanejo, el auténtico pueblo de pescadores, con su bahía resguardada, su malecón, su mercado y sus playas tradicionales.
Esta dualidad se convirtió en el gran atractivo de la zona. El visitante puede alojarse en un resort frente a la amplia playa El Palmar y, en pocos minutos de combi o taxi, sumergirse en el ambiente de pueblo de Zihuatanejo, comer pescado fresco en su malecón, recorrer su centro de callecitas o cruzar en lancha a la playa Las Gatas. La combinación de la infraestructura del resort con la autenticidad del pueblo ofrece lo mejor de dos mundos.
A lo largo de las décadas, Ixtapa-Zihuatanejo se consolidó como uno de los destinos de playa más queridos del Pacífico mexicano, con su aeropuerto internacional, su oferta hotelera y su entorno natural. El éxito del modelo —destino planificado junto a pueblo tradicional— ha sido citado como ejemplo de cómo el desarrollo turístico puede convivir con la preservación de la identidad local, aunque no sin tensiones y desafíos propios del crecimiento.
Medio siglo después de su nacimiento, Ixtapa es un destino plenamente consolidado del Pacífico mexicano. Su zona hotelera frente a la playa El Palmar concentra resorts de distintas categorías, muchos con esquema todo incluido, que reciben a familias y parejas atraídas por el sol, la arena dorada y la comodidad de los servicios. La avenida hotelera, los restaurantes y la Marina Ixtapa configuran un destino ordenado y cómodo.
Más allá de la playa principal, Ixtapa se distingue por su combinación de deportes y naturaleza. Sus dos campos de golf de diseño internacional, rodeados de palmeras y lagunas, lo han convertido en un referente del golf en la costa pacífica. La isla Ixtapa, con sus playas de aguas calmas y su vida marina, sigue siendo una de las excursiones imprescindibles, ideal para el snorkel. Y la pesca deportiva de altura —pez vela, dorado, marlín— mantiene su prestigio, compartida con Zihuatanejo.
El destino conserva la lógica con la que fue concebido: ofrecer la comodidad del resort en un entorno natural privilegiado, con el plus de tener a un paso el encanto auténtico de Zihuatanejo. Esa identidad doble —el Ixtapa moderno y el Zihuatanejo tradicional— sigue siendo, hasta hoy, la mejor carta de presentación de uno de los rincones más atractivos de la Costa Grande de Guerrero.