Uarzazate es la gran puerta del sur de Marruecos: el lugar donde el Alto Atlas se abre hacia los desiertos, los oasis y los valles de kasbahs de barro. Situada al otro lado de las montañas desde Marrakech, es la ciudad desde la que arrancan casi todas las rutas hacia el Sahara —hacia las dunas de Merzouga y Zagora—, hacia el exuberante Valle del Draa y hacia la 'ruta de las mil kasbahs' del Dades y el Todra. Su nombre, en bereber, significaría 'sin ruido' o 'sin confusión', y algo de esa calma de frontera del desierto se respira todavía en sus calles anchas y su horizonte inmenso.
Pero Uarzazate tiene una segunda vida que la ha hecho famosa en el mundo entero: es el Hollywood de Marruecos. La luz limpísima del sur, los paisajes de desierto, montaña y kasbahs de adobe, y unos costes de producción bajos convirtieron a la ciudad y sus alrededores en uno de los grandes platós de cine al aire libre del planeta. Aquí se levantan enormes estudios —los Estudios Atlas, los CLA— y por estos decorados y estas tierras han pasado producciones legendarias: de 'Lawrence de Arabia' a 'Gladiator', de 'La joya del Nilo' a 'La última tentación de Cristo', pasando por 'Juego de Tronos', que convirtió a la cercana Aït Ben Haddou en la ciudad de Yunkai.
Esta guía recorre lo esencial de Uarzazate con mirada práctica: cómo visitar los estudios de cine y la histórica Kasbah de Taourirt, cómo organizar desde aquí la excursión al desierto o a los valles, y cómo aprovechar la ciudad como base para el imperdible ksar de Aït Ben Haddou. Un apunte útil: Uarzazate es más un punto de partida y de servicios que un destino monumental en sí mismo; su gran valor está en su posición estratégica y en el cine, y en ser el trampolín hacia algunos de los paisajes más deslumbrantes de Marruecos.
La región de Uarzazate ha estado habitada desde antiguo por poblaciones bereberes, y durante siglos fue un cruce de caminos en las rutas caravaneras que atravesaban el Atlas para comerciar entre el norte de Marruecos y el África subsahariana: sal, oro, dátiles, especias y esclavos pasaban por estos valles jalonados de kasbahs y ksour (poblados fortificados de adobe). El punto de control más importante de la zona fue la Kasbah de Taourirt, que en los siglos XVIII y XIX se convirtió en un bastión de la poderosa familia El Glaoui, los 'señores del Atlas', que dominaron el sur de Marruecos aliándose con el poder central y, más tarde, con las autoridades del protectorado francés. La Uarzazate moderna, sin embargo, es en gran medida una creación del siglo XX: los franceses la desarrollaron a partir de 1928 como puesto administrativo y militar (guarnición de la Legión) para controlar el sur, y de ahí su trazado ordenado y sus avenidas anchas, atípicos en Marruecos. Tras la independencia de 1956, la ciudad creció como capital provincial y centro de servicios del sur. Su gran despegue llegó con dos motores: el cine, que desde los años sesenta y setenta encontró aquí un plató natural y acabó instalando grandes estudios (Atlas Studios se fundó en 1983), y más recientemente la energía solar, con el complejo Noor de Uarzazate, una de las mayores plantas termosolares del mundo, inaugurada a partir de 2016 a las afueras. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El Marruecos de las kasbahs de barro, las rutas caravaneras y las dunas: Uarzazate y su capital del cine, el ksar de Ait Ben Haddou, las dunas de Merzouga en el Sahara, los palmerales del Draa y el Dades y las gargantas del Todra, tierra de los amazigh del Atlas.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Mucho antes de que existieran los estudios de cine o las avenidas trazadas por los franceses, la región de Uarzazate era ya un punto neurálgico de la vida del sur marroquí. Habitada desde antiguo por poblaciones bereberes (amazigh), se encontraba en el cruce de las grandes rutas caravaneras que unían el corazón de Marruecos —Marrakech, Fez— con el desierto del Sahara y, más allá, con el África subsahariana.
Por estos valles áridos, entre el Alto Atlas y el Anti-Atlas, circulaban durante siglos las caravanas de camellos cargadas de sal, oro, dátiles, cuero, especias y también esclavos, en un comercio transahariano que enriqueció a quienes controlaban los pasos. El paisaje se fue jalonando de ksour (poblados fortificados) y kasbahs de adobe, esas ciudadelas de tierra cruda que defendían los oasis y los puntos de control. El propio nombre 'Uarzazate' se suele interpretar, desde el bereber, como 'sin ruido' o 'sin confusión', quizá en referencia a un lugar tranquilo y despejado, o a un punto de paso seguro.
En ese mundo de caravanas, cada oasis y cada garganta tenía su señor local, y las alianzas y rivalidades entre familias bereberes determinaban quién cobraba los peajes y protegía (o asaltaba) a los mercaderes. De ese entramado surgió la fuerza que dominaría la región en los siglos siguientes: la casa de los Glaoua.
El monumento que mejor cuenta el pasado de Uarzazate es la Kasbah de Taourirt, una imponente ciudadela de adobe levantada y ampliada sobre todo entre los siglos XVIII y XIX. Taourirt fue uno de los bastiones de la familia El Glaoui (los Glaoua), una dinastía bereber que llegó a controlar buena parte del sur de Marruecos y los pasos del Atlas.
El ascenso de los Glaoua es una de las historias más fascinantes del Marruecos moderno. Su poder se disparó a finales del siglo XIX cuando socorrieron al sultán Muley Hassan I, que quedó atrapado con su ejército en el Atlas: en agradecimiento, el sultán los colmó de armas y privilegios, incluida una valiosa artillería que los convirtió en la familia más poderosa de la región. Desde sus kasbahs —Telouet, Taourirt— controlaban las caravanas y administraban vastos territorios. El más célebre de todos, Thami El Glaoui, llegó a ser pachá de Marrakech y una figura clave del país en el siglo XX.
Los Glaoua jugaron a dos bandas con astucia y crueldad: se aliaron con las autoridades del protectorado francés a partir de 1912, lo que les permitió mantener y ampliar su dominio sobre el sur a cambio de servir a los intereses coloniales. Thami El Glaoui protagonizó incluso la conjura que en 1953 destronó temporalmente al sultán Mohammed V. Aquella jugada le costaría la caída en desgracia: cuando el sultán regresó triunfante y Marruecos marchó hacia la independencia, el poder de los 'señores del Atlas' se derrumbó, y Thami murió en 1956, el mismo año de la independencia, desacreditado como colaborador de los franceses.
La Uarzazate que hoy recorre el viajero, con sus avenidas anchas y su trazado ordenado, tan distinto del laberinto de las medinas tradicionales, es en gran medida una creación del siglo XX y del colonialismo francés. Hasta entonces, la zona era un conjunto de aldeas y kasbahs en torno a los oasis; no existía una ciudad propiamente dicha.
A partir de 1928, en pleno protectorado, los franceses desarrollaron Uarzazate como puesto administrativo y militar. Establecieron aquí una guarnición —con presencia de la Legión Extranjera— para controlar el rebelde y estratégico sur del país, todavía en proceso de 'pacificación', y como centro desde el que administrar la región. De ahí proviene el urbanismo racional y las calles amplias que caracterizan a la ciudad, atípicos en Marruecos y herencia directa de su origen como plaza colonial.
Tras la independencia de Marruecos en 1956, Uarzazate quedó como capital de provincia y principal centro de servicios de todo el sur: el lugar con hospital, administración, mercado y transporte al que acudían los habitantes de los valles y oasis de una vasta región. Su posición de encrucijada —puerta del desierto, cruce de las rutas hacia el Draa, el Dades y el Tafilalet— la convirtió en un nudo imprescindible, aunque durante décadas siguió siendo una ciudad modesta y polvorienta de frontera.
El gran vuelco en el destino de Uarzazate llegó con el cine. Ya desde mediados del siglo XX, los grandes directores descubrieron en los paisajes del sur marroquí —desiertos, montañas, kasbahs de adobe, cielos limpísimos— un escenario natural insuperable y barato para rodar epopeyas históricas, bíblicas y de aventuras. David Lean filmó parte de 'Lawrence de Arabia' (1962) en la región, y a partir de ahí el goteo de producciones no paró de crecer.
En 1983 se fundaron los Atlas Film Studios, que con el tiempo se convirtieron en uno de los mayores complejos de rodaje al aire libre del mundo, a los que luego se sumaron los CLA Studios. Por Uarzazate y sus alrededores han pasado decenas de superproducciones: 'La joya del Nilo', 'La última tentación de Cristo' de Scorsese, 'Kundun', 'La momia', 'Gladiator', 'Babel', 'Reino de los cielos', y series como 'Juego de Tronos' o 'Prison Break', entre muchísimas otras. La cercana Aït Ben Haddou, Patrimonio de la Humanidad, es probablemente el decorado natural más filmado del país.
Esta industria transformó la economía y la fama de la ciudad, que se ganó el apodo de 'Hollywood de Marruecos' o 'Hollywood del desierto'. Miles de habitantes de la región trabajan como técnicos, extras y constructores de decorados, y los estudios se han convertido, además, en atracción turística visitable.
En las últimas décadas, Uarzazate ha sumado a su papel de puerta del desierto y capital del cine una nueva vocación de vanguardia tecnológica. Aprovechando que se encuentra en una de las regiones más soleadas del planeta, Marruecos eligió sus alrededores para levantar el complejo solar Noor, una de las mayores centrales de energía solar concentrada (termosolar) del mundo, inaugurada por fases a partir de 2016.
Noor —cuyo nombre significa 'luz' en árabe— es un símbolo de la ambiciosa apuesta del país por las energías renovables y por reducir su dependencia de los combustibles importados. Miles de espejos parabólicos y una torre central captan el sol del desierto para generar electricidad, en un paisaje futurista que contrasta poderosamente con las kasbahs de barro y las caravanas de camellos de los alrededores.
Así, la Uarzazate de hoy es una ciudad de contrastes fascinantes: la del comercio caravanero y los señores del Atlas; la del urbanismo colonial francés; la de los decorados de cine que recrean Roma, Egipto o Poniente; y la de la energía solar de última generación. Sigue siendo, ante todo, el gran trampolín del sur marroquí: el lugar desde el que el viajero se lanza hacia las dunas de Merzouga, los palmerales del Draa, las gargantas del Todra y algunos de los paisajes más deslumbrantes de todo el norte de África. Una puerta, en definitiva, hacia el desierto y hacia la imaginación.