Balzers es la puerta sur de Liechtenstein y uno de sus rincones más apacibles: un pueblo del extremo del valle del Rin, en la mismísima frontera con Suiza, coronado por una de las estampas más bonitas del país. Sobre una colina rocosa en pleno centro se alza el castillo de Gutenberg, una fortaleza medieval intacta que, a diferencia del castillo del príncipe en Vaduz, sí se puede visitar en parte, con su capilla y su jardín de rosas.
Aquí no hay bullicio ni grandes multitudes: Balzers es ambiente rural, casas cuidadas, viñedos, capillas y el rumor del Rin. La colina del castillo, habitada desde tiempos prehistóricos, ha sido testigo de milenios de historia, desde los primeros pobladores neolíticos hasta los caballeros medievales; de hecho, aquí se halló la célebre figurita romana del 'Marte de Gutenberg', hoy orgullo del Museo Nacional. Es un lugar para pasear sin prisa, subir a la fortaleza y disfrutar de las vistas al valle.
Esta guía recorre Balzers con mirada práctica y cálida: cómo visitar el castillo de Gutenberg y su jardín, qué ver en el pueblo y sus capillas, cómo llegar aprovechando la cercanía a Suiza y cómo empezar aquí el Liechtenstein-Weg, el sendero que cruza todo el país. Es un destino tranquilo y con encanto, perfecto para combinar con la capital y para descubrir el lado más sereno del principado.
La colina rocosa donde hoy se alza el castillo de Gutenberg está habitada desde el Neolítico: las excavaciones han sacado a la luz objetos prehistóricos y, sobre todo, la famosa figura de bronce conocida como el 'Marte de Gutenberg', de época romana, hoy en el Museo Nacional de Vaduz. El castillo medieval data del siglo XII y su nombre aparece documentado por primera vez en 1296; perteneció a los señores de Frauenberg y, tras la muerte del último de ellos en 1314, pasó a la casa de Habsburgo. Fue reformado en torno a 1500 por orden del emperador Maximiliano I tras los daños de la guerra de Suabia (1499), y siguió habitado hasta el siglo XVIII, cuando los incendios y el abandono lo arruinaron; sus piedras se usaron incluso para reconstruir el pueblo tras el gran incendio de 1795. Cayó en ruinas hasta que fue reconstruido entre 1905 y 1912. Balzers, como el resto del sur del valle, formó parte del condado de Vaduz y, desde 1719, del principado de Liechtenstein. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El sur del principado: Balzers coronada por el castillo de Gutenberg, con sus hallazgos prehistóricos, y Triesenberg, el pueblo de montaña fundado por los walser que aún conserva su dialecto.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
En el extremo sur de Liechtenstein, allí donde el valle del Rin se estrecha antes de entrar en Suiza, hay una colina rocosa que emerge de golpe en medio de las casas de Balzers. Sobre ella se alza el castillo de Gutenberg, y bajo sus muros duerme una de las historias más largas del país: la de un lugar que ha estado habitado sin interrupción durante milenios, desde los primeros campesinos del Neolítico hasta los caballeros medievales y los turistas de hoy.
Pocas colinas tan pequeñas han visto pasar tanta historia. En sus laderas se han encontrado herramientas de la Edad de Piedra, objetos de la Edad del Bronce y del Hierro, y una joya romana que es el orgullo arqueológico del principado: el Marte de Gutenberg, una estatuilla de bronce del dios de la guerra. Cada capa de tierra de esta colina guarda una época distinta, y sobre todas ellas se construyó, en la Edad Media, la fortaleza que todavía la corona.
Balzers no es un pueblo monumental ni bullicioso; es tranquilo, rural, casi soñoliento. Pero su colina lo convierte en uno de los lugares con más profundidad histórica de Liechtenstein. Subir a Gutenberg no es solo ver un castillo bonito: es pararse sobre siete mil años de presencia humana en el valle del Rin.
La colina del castillo de Gutenberg es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Liechtenstein, y su ocupación se remonta al Neolítico. Su posición elevada, defendible y con buenas vistas sobre el valle la hizo atractiva para el asentamiento humano desde hace miles de años. Las excavaciones han sacado a la luz restos de distintas épocas prehistóricas: herramientas de piedra, cerámica, objetos de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro, prueba de una presencia continua a lo largo de milenios.
El hallazgo más célebre es de época romana: el 'Marte de Gutenberg' (Mars von Gutenberg), una fina estatuilla de bronce de unos doce centímetros que representa al dios romano de la guerra, encontrada en la colina y datada en los primeros siglos de nuestra era. Es una de las piezas arqueológicas más valiosas y reproducidas del país, y hoy se exhibe en el Museo Nacional (Landesmuseum) de Vaduz. Su aparición confirma que la colina fue también un lugar de culto o de importancia en época romana, cuando el valle del Rin estaba plenamente integrado en el Imperio.
Esa profundidad temporal es lo que hace especial a Balzers. Mientras que muchos pueblos alpinos nacieron en la Edad Media, aquí la vida se remonta a la prehistoria, y la colina funcionó como un imán para las sucesivas culturas que poblaron el valle. El castillo medieval que vemos hoy es, en realidad, el último de una larga serie de ocupantes de ese mismo peñón.
El castillo de Gutenberg tal como lo conocemos tiene su origen en el siglo XII, cuando sobre la vieja colina se levantó una fortaleza señorial. Su nombre aparece documentado por primera vez en 1296. En los siglos XII y XIII perteneció a los señores de Frauenberg (Frauenberg-Gutenberg), una familia noble de la región; tras la muerte del último de ellos, Heinrich von Frauenberg, hacia 1314, el castillo pasó a manos de la poderosa casa de Habsburgo, la dinastía que dominaba buena parte de las tierras al sur del lago de Constanza.
Como tantas fortalezas de la región, Gutenberg sufrió las guerras de fines de la Edad Media. En 1499, la guerra de Suabia —el conflicto entre la Confederación Suiza y el emperador Maximiliano I de Habsburgo— dejó daños en el valle y en el castillo. A comienzos del siglo XVI, por orden del propio Maximiliano I, la fortaleza fue objeto de importantes obras de reconstrucción y refuerzo para reparar esos destrozos, lo que le dio buena parte de su aspecto actual. Durante siglos, Gutenberg fue una de las fortalezas clave del sur del valle del Rin.
Gutenberg es, junto con el castillo de Vaduz, una de las dos únicas fortalezas de Liechtenstein que han sobrevivido intactas (el país tuvo hasta cinco castillos, de los cuales varios son hoy ruinas). Esa supervivencia no fue fácil ni continua: como se verá, el castillo estuvo a punto de desaparecer, y su presencia actual se debe a una reconstrucción muy posterior.
A partir del siglo XVII, el castillo de Gutenberg perdió su función militar y entró en decadencia. Sufrió varios incendios y, aunque hacia 1750 todavía se usaba como residencia, el deterioro era imparable. El golpe final para el conjunto de Balzers llegó en 1795, cuando un gran incendio devastó buena parte del pueblo: para reconstruir las casas, los vecinos usaron como cantera las piedras del castillo ya arruinado. Así, la fortaleza medieval fue desmantelándose poco a poco, hasta quedar reducida a ruinas durante todo el siglo XIX.
El renacimiento llegó a comienzos del siglo XX. Entre 1905 y 1912, el castillo fue reconstruido con cuidado, recuperando su silueta y devolviéndole la dignidad de fortaleza que había perdido. Esa reconstrucción es la razón por la que hoy podemos ver un castillo intacto y no un montón de ruinas, y la que ha permitido que Gutenberg se convierta en uno de los símbolos de Balzers y del país. Con el tiempo, el conjunto pasó a manos del Estado de Liechtenstein.
Hoy el castillo de Gutenberg pertenece al Estado y cumple una función cultural: su patio exterior y su colina están abiertos todo el año, y su capilla y su jardín de rosas —este último reconstruido en 2010— se pueden visitar los domingos de la temporada de verano. Acoge conciertos, bodas y actos culturales, y las visitas guiadas permiten conocer su interior en los meses cálidos. De la fortaleza guerrera de los Habsburgo al escenario de bodas y conciertos, Gutenberg resume el destino apacible de un país que hace siglos que no conoce la guerra.
Más allá de su castillo, Balzers es un pueblo con historia propia. Formado por dos núcleos —el propio Balzers y el vecino Mäls—, fue durante siglos una comunidad campesina del sur del valle del Rin, dedicada a la agricultura, la ganadería y los viñedos de sus laderas soleadas. Como todo el sur del actual principado, perteneció al condado de Vaduz, y con la compra de este por la casa de Liechtenstein y la creación del principado en 1719, Balzers se convirtió en uno de sus municipios.
La vida de Balzers estuvo marcada, como la de otros pueblos ribereños, por el Rin: sus crecidas amenazaban las tierras bajas, y el encauzamiento del río en época moderna fue clave para ganar terreno cultivable y seguridad. La religiosidad católica dejó su huella en la iglesia parroquial de San Nicolás y en las numerosas capillas que salpican el municipio. En el siglo XX, Balzers acompañó la transformación general del país, con algo de industria y servicios, aunque conservando su carácter tranquilo y su fisonomía rural.
Hoy Balzers es la puerta sur de Liechtenstein: el punto donde comienza el sendero nacional Liechtenstein-Weg, que cruza todo el país hasta la frontera austríaca, y una parada muy recomendable para quien quiera ver el lado más sereno y auténtico del principado. Su castillo intacto, su colina milenaria y su ambiente de pueblo del valle lo convierten en un contrapunto perfecto a la capital, y en un lugar donde la historia se siente bajo los pies con solo subir a la roca de Gutenberg.