Sabha no es un destino en sí mismo: es la puerta. Todo el que quiera adentrarse en el Fezzan profundo —Ghat, el Tadrart Acacus, los lagos de Ubari, el cráter de Waw an Namus— pasa antes por esta ciudad-oasis de casi cien mil habitantes, capital histórica de la región y cruce de caravanas desde hace más de mil años. Su fortaleza colonial italiana, Fort Elena, tan reconocible que aparece impresa en el billete de diez dinares, resume bien su papel: un puesto de control sobre las rutas del Sahara.
La historia de Sabha está atada a la del reino garamante, cuya capital, Germa, queda a poco más de cien kilómetros al oeste, con sus pirámides de adobe y sus tumbas monumentales; y también a la biografía de Muamar Gadafi, que se educó en esta ciudad antes de liderar el golpe de 1969. Desde 2011, Sabha ha cambiado de manos varias veces entre distintas facciones armadas, y hoy sigue siendo, según el propio Departamento de Estado de EE. UU., parte de un corredor activo de tráfico de personas y armas que atraviesa el Fezzan.
Esta página describe Sabha como lo que es: una ciudad con una historia caravanera real y un papel logístico central en cualquier expedición al sur de Libia, pero también un lugar que a 2026 está fuera del alcance del viajero independiente, dentro de un país en nivel 4, «No viajar», y de una región —el Fezzan— con riesgos de seguridad y de aislamiento que se suman a los del resto del país.
Sabha se desarrolló como oasis en el corazón del Fezzan, la región sahariana que durante más de mil años, entre aproximadamente el 900 a.C. y el 700 d.C., fue el corazón del reino garamante, un estado urbanizado con agricultura a gran escala, comercio transahariano y una red de pozos subterráneos (foggaras) que permitió irrigar el desierto. La capital garamante, Garama (la actual Germa), estaba a poco más de cien kilómetros de Sabha, que en cambio se consolidó más tarde como nudo de las rutas caravaneras que unían el Mediterráneo con el África subsahariana, comerciando esclavos, oro, sal y marfil. Bajo dominio otomano y después italiano, Sabha se convirtió en capital administrativa del Fezzan; los italianos construyeron aquí, en la primera mitad del siglo XX, la fortaleza conocida como Fort Elena o Fortezza Margherita, hoy instalación militar y símbolo tan reconocible que figura en el billete de diez dinares libios. En el Fezzan, y en particular en Sabha, se educó un joven Muamar Gadafi antes de convertirse en el líder del golpe de Estado de 1969. Durante la Guerra Fría, la ciudad fue escenario de ensayos de cohetes del programa alemán-libio OTRAG (1981) y de actividad vinculada al programa espacial soviético (1984-1991). Tras la caída de Gadafi en 2011, Sabha fue tomada por las fuerzas revolucionarias en septiembre de ese año, y desde entonces ha cambiado de manos varias veces, incluida su ocupación por el Ejército Nacional Libio de Jalifa Haftar en enero de 2019.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Mucho antes de que existiera Sabha como ciudad, el Fezzan ya era el centro de uno de los estados más singulares del Sahara antiguo: el reino de los garamantes, un pueblo bereber que entre aproximadamente el 900 a.C. y el 700 d.C. construyó un estado urbanizado, agrícola y comercialmente activo en pleno desierto, algo que durante mucho tiempo la arqueología occidental subestimó por prejuicio hacia las sociedades saharianas.
Su capital, Garama —la actual Germa, a poco más de cien kilómetros al oeste de Sabha—, sostenía una población considerable gracias a un sistema de pozos subterráneos conocidos como foggaras, que permitían extraer agua fósil del subsuelo para irrigar cultivos en pleno desierto. Los garamantes desarrollaron además una red comercial que llegaba hasta Roma y hasta el África subsahariana, comerciando esclavos, oro, sal y productos manufacturados, y mantuvieron una relación cambiante con el Imperio romano, a veces de comercio y a veces de guerra abierta: el propio emperador Septimio Severo llegó a capturar Garama en el 203 d.C., aunque Roma nunca sostuvo una ocupación permanente del Fezzan.
El legado más visible de esa civilización son las decenas de pirámides funerarias de adobe que rodean Germa, mausoleos escalonados que en su momento de mayor esplendor alcanzaban varios metros de altura, y que hoy siguen en pie como el testimonio más elocuente de la ambición política y religiosa de la realeza garamante.
Con el declive del reino garamante hacia el siglo VII-VIII d.C., el centro de gravedad urbano del Fezzan se desplazó, y el oasis donde hoy se levanta Sabha fue ganando protagonismo como nudo de las grandes rutas comerciales que unían el Mediterráneo con el África subsahariana. Durante los siglos siguientes, bajo distintas dinastías islámicas del norte de África, Sabha funcionó como punto de paso obligado para las caravanas que transportaban sal desde el Sahara, oro y marfil desde el Sahel, textiles y manufacturas desde el Mediterráneo, y, de forma trágica, personas esclavizadas a lo largo de una de las rutas de trata transahariana más activas del continente.
Esa función de cruce caravanero definió el carácter de la ciudad durante siglos: un oasis relativamente próspero, con mercado activo y población mixta, donde confluían mercaderes árabes, bereberes, tuareg y tubu, cada uno con su propio papel en la logística del comercio del desierto. Es esa vocación de nudo de comunicaciones, más que cualquier otro rasgo, la que explica por qué Sabha terminó consolidándose como la principal ciudad del sur libio, por encima de otros oasis de la región.
Bajo la administración otomana, que ejerció un control indirecto y variable sobre el Fezzan durante buena parte del siglo XIX, Sabha fue consolidándose como capital regional de facto, aunque el poder efectivo del sultanato en esta región remota del imperio fue siempre limitado frente al de las autoridades tribales y religiosas locales, entre ellas el creciente movimiento sanusí.
La llegada de la colonización italiana, iniciada en 1911, transformó la ciudad de manera más profunda. Italia organizó administrativamente el sur del país como el Territorio Militar de Fezzan-Ghadamès, con Sabha como su centro, y construyó aquí una fortaleza colonial —conocida como Fort Elena o Fortezza Margherita— pensada para proyectar autoridad militar sobre las rutas del Sahara y sobre las poblaciones tuareg y tubu de la región, que ofrecieron una resistencia prolongada al dominio italiano.
Esa fortaleza sobrevivió a la independencia libia de 1951 y se convirtió, con el tiempo, en un símbolo tan reconocible de la ciudad que su imagen fue incorporada al billete de diez dinares libios, una elección que subraya el peso simbólico de Sabha dentro de la identidad nacional del país, más allá de su tamaño relativamente modesto.
Tras la independencia libia en 1951, Sabha se mantuvo como la principal ciudad y capital administrativa del Fezzan dentro del Reino Unido de Libia, una posición que consolidó con la creación de instituciones educativas y administrativas propias, entre ellas la que más adelante se convertiría en la Universidad de Sabha. Fue precisamente en esta ciudad y en su región donde un joven Muamar Gadafi cursó parte de su educación, un dato biográfico que la propaganda oficial libia explotó después extensamente como parte de la construcción de su figura como líder surgido del Fezzan profundo.
Bajo el gobierno de Gadafi, que llegó al poder mediante el golpe de Estado de 1969, Sabha adquirió además un rol estratégico y militar de primer orden. En 1981, la ciudad y su entorno sirvieron como sitio de prueba para los cohetes del programa germano-libio OTRAG, un proyecto de desarrollo de tecnología de misiles que generó fuerte preocupación internacional. Entre 1984 y 1991, además, la región fue vinculada a actividad relacionada con el programa espacial soviético, en el marco de la estrecha relación militar entre Trípoli y Moscú durante buena parte de la Guerra Fría. Un informe de 2004 del Organismo Internacional de Energía Atómica vinculó también a Sabha con el entonces sospechado programa nuclear libio, aunque investigaciones posteriores no encontraron evidencia de que ese programa hubiera llegado a desarrollarse de forma efectiva.
La caída de Gadafi en 2011 golpeó con fuerza particular al Fezzan y a Sabha. La ciudad fue tomada por las fuerzas revolucionarias anti-Gadafi en septiembre de ese año, como parte de la campaña militar que se extendió hacia el sur del país tras la caída de Trípoli. Desde entonces, Sabha ha sido escenario de enfrentamientos recurrentes entre distintas facciones tribales, armadas y políticas, en un contexto de vacío de poder central que se agravó con la fractura del país entre gobiernos rivales del oeste y del este.
En enero de 2019, la ciudad fue capturada por el Ejército Nacional Libio (ENL) del mariscal Jalifa Haftar, en el marco de su ofensiva sobre el sur del país; poco después, en mayo de 2020, algunos actores políticos vinculados al Gobierno de Acuerdo Nacional reconocido por la ONU manifestaron apoyo en la ciudad, lo que ilustra la fluidez y fragmentación del control territorial en el Fezzan durante estos años.
En paralelo, Sabha se convirtió en un nodo clave de la crisis migratoria que atraviesa el Fezzan: distintos reportajes internacionales documentaron después de 2011 la existencia de subastas de personas migrantes africanas en la región, un fenómeno que las autoridades libias cuestionaron parcialmente en su alcance pero que organismos internacionales siguieron documentando como parte de una red más amplia de tráfico de personas que atraviesa el sur de Libia. El propio Departamento de Estado de EE. UU. describe hoy la cuenca del Fezzan como un corredor activo de tráfico de personas y de armas, un dato que, sumado al nivel 4 «No viajar» que rige para todo el país, define la situación actual de Sabha: una ciudad con un pasado caravanero e histórico de primer orden, pero fuera del alcance de cualquier viaje independiente a 2026.