Daugavpils es la gran ciudad del este de Letonia, la segunda del país y una de las más singulares: multicultural, algo áspera y llena de historia, a orillas del ancho río Daugava y a un paso de Lituania y Bielorrusia. Aquí conviven desde hace siglos letones, rusos, polacos, bielorrusos y otras comunidades, y esa mezcla se nota en las iglesias de distintas confesiones, en el idioma de la calle y en el carácter de una urbe que mira tanto a Occidente como al Este.
Su joya es la fortaleza de Daugavpils, una inmensa ciudadela de comienzos del siglo XIX construida por el Imperio ruso contra Napoleón: es la única fortaleza de tipo bastión de esa época en Europa oriental que se conserva prácticamente intacta, con sus murallas, fosos, cuarteles y calles interiores todavía habitadas. En su antiguo arsenal se aloja el Centro de Arte Mark Rothko, dedicado al gran pintor del expresionismo abstracto, nacido en esta ciudad en 1903, y único lugar de Europa del Este donde se exhiben originales suyos.
Esta guía recorre Daugavpils con mirada práctica: qué ver en la fortaleza y el Centro Rothko, cuánto cuesta la entrada, cómo llegar en tren desde Riga con Vivi, cómo moverse en su histórico tranvía y qué otras iglesias, museos y rincones descubrir. Es un destino con personalidad para quien quiere conocer la Letonia real, más allá de las postales de Riga.
Daugavpils nació como el castillo de Dinaburg, fundado hacia 1275 por la Orden de Livonia sobre la vieja ruta comercial del Daugava, cerca de las fronteras rusa y lituana. En 1577, el ejército de Iván IV 'el Terrible' lo conquistó y arrasó, y una nueva plaza se levantó río abajo. La ciudad cambió muchas veces de manos y de nombre —Dinaburg, Borisoglebsk, Dvinsk y, desde 1920, Daugavpils— pasando por la Mancomunidad polaco-lituana y el Imperio ruso. En 1810, el zar Alejandro I ordenó construir la gran fortaleza ante la amenaza de Napoleón, terminada recién en 1878. En el siglo XX floreció como ciudad industrial multicultural, sufrió la ocupación nazi y el exterminio de su enorme comunidad judía, y vivió el largo período soviético. Todo eso lo contamos en nuestra página de historia.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
La historia de Daugavpils empieza en el agua. El río Daugava —que en ruso se llama Dviná y que da nombre a la ciudad— fue durante siglos una de las grandes autopistas comerciales del norte de Europa, parte de la mítica ruta 'de los varegos a los griegos' que unía Escandinavia con Bizancio. Quien controlaba un punto clave de ese río controlaba el comercio, y por eso, hacia 1275, el maestre de la Orden de Livonia mandó levantar un castillo de piedra a orillas del Daugava: el castillo de Dinaburg (Naujene), en un lugar estratégico cerca de las fronteras con las tierras rusas y lituanas.
Dinaburg nació, pues, como una fortaleza de frontera, un puesto avanzado de la Orden cruzada en el sureste de Livonia, en una zona donde chocaban los intereses de la Orden, del Gran Ducado de Lituania y de los principados rusos. Durante casi tres siglos, el castillo vigiló el río y la frontera, y a su alrededor fue creciendo un pequeño núcleo de población.
Pero su posición fronteriza, que era su razón de ser, también lo condenaba a estar siempre en la primera línea de las guerras. Esa vulnerabilidad quedó trágicamente demostrada en el siglo XVI, cuando la gran tormenta de la Guerra de Livonia cayó sobre la región.
En 1577, durante la Guerra de Livonia, el ejército del zar Iván IV de Rusia, 'el Terrible', tomó y destruyó el castillo de Dinaburg. Iván ordenó entonces construir una nueva plaza fortificada unos 19 kilómetros río abajo, en el emplazamiento aproximado de la ciudad actual. Fue el primero de muchos cambios de manos y de nombre que marcarían la identidad cambiante de la ciudad.
Tras la disolución de la Orden de Livonia, la zona pasó a la Mancomunidad polaco-lituana, y Dinaburg se convirtió en una ciudad de la región de Inflanty (la Livonia polaca), con fuerte influencia católica y polaca, algo que todavía se nota en Latgale. Durante un breve período de ocupación rusa a mediados del siglo XVII (1656-1667), la ciudad llegó a llamarse Borisoglebsk. Con los repartos de Polonia de finales del siglo XVIII, Dinaburg fue anexada por el Imperio ruso en 1772.
Bajo Rusia, la ciudad creció como centro administrativo, comercial y militar. En 1893 fue rebautizada Dvinsk, nombre con el que la conocería Europa a comienzos del siglo XX. Solo en 1920, con la independencia de Letonia, recibió su nombre letón definitivo: Daugavpils, 'el castillo del Daugava'. Esa acumulación de nombres —Dinaburg, Borisoglebsk, Dvinsk, Daugavpils— resume, mejor que cualquier relato, una historia hecha de fronteras móviles y de dominios sucesivos.
El monumento que define hoy a Daugavpils nació del miedo a Napoleón. A comienzos del siglo XIX, ante la creciente tensión con la Francia napoleónica y la amenaza de una invasión del Imperio ruso, el zar Alejandro I decidió reforzar la línea del Daugava. En 1810 se puso la primera piedra de la fortaleza de Dinaburg, una gran ciudadela de tipo bastión concebida según los cánones más modernos de la ingeniería militar de la época, con murallas de tierra y ladrillo, fosos, revellines y un núcleo urbano interior.
La construcción fue lenta y accidentada. La propia invasión napoleónica de 1812 interrumpió las obras —la fortaleza aún inacabada fue atacada por las tropas francesas—, y después vinieron retrasos, graves inundaciones del Daugava y dificultades técnicas. La fortaleza no se dio por completamente terminada hasta 1878, casi setenta años después de iniciada. Para entonces, la evolución de la artillería la había vuelto en buena medida obsoleta como plaza defensiva, pero siguió cumpliendo funciones militares y de acuartelamiento.
Lo extraordinario es que esa fortaleza ha llegado hasta nosotros casi intacta: es la única fortaleza de bastión de comienzos del siglo XIX que se conserva prácticamente sin cambios en toda Europa oriental. Sus calles interiores, cuarteles y almacenes se siguieron habitando y usando durante los siglos XX y XXI, lo que la salvó de la ruina total. Hoy es el corazón patrimonial de la ciudad y alberga, en su antiguo arsenal, el Centro de Arte Mark Rothko.
En la segunda mitad del siglo XIX, la llegada del ferrocarril convirtió a Dinaburg-Dvinsk en un importante nudo de comunicaciones del Imperio ruso, cruce de líneas hacia San Petersburgo, Varsovia, Riga y Orel. La ciudad se industrializó y su población creció con rapidez, atrayendo a gentes de muy diverso origen. Dvinsk se hizo profundamente multicultural: convivían letones, rusos, polacos, bielorrusos, alemanes y, sobre todo, una numerosísima comunidad judía, que llegó a constituir cerca de la mitad de los habitantes y dio a la ciudad buena parte de su vida comercial, artesanal e intelectual. En ese mundo judío de Dvinsk nació, en 1903, Markus Rothkowitz, el futuro pintor Mark Rothko, cuya familia emigró a Estados Unidos en 1913.
El siglo XX trajo tragedias en cadena. La Primera Guerra Mundial situó la ciudad cerca del frente; después vinieron la independencia letona de 1918-1920 y el período de entreguerras. Pero el golpe más terrible llegó con la Segunda Guerra Mundial. Tras la ocupación soviética de 1940, la Alemania nazi ocupó Daugavpils en 1941, y su comunidad judía —una de las mayores de Letonia— fue casi totalmente exterminada: miles de personas fueron asesinadas en el gueto de Daugavpils y en fusilamientos masivos en los alrededores, sobre todo en el bosque de Pogulanka y en la propia fortaleza, usada como campo de prisioneros. Aquel genocidio borró para siempre uno de los rasgos esenciales de la ciudad.
La memoria de esa comunidad perdida sobrevive hoy en la sinagoga restaurada del centro y en los lugares de recuerdo, testimonio sobrio de una historia que Daugavpils no oculta.
Tras la guerra, Daugavpils quedó de nuevo incorporada a la Unión Soviética, dentro de la República Socialista Soviética de Letonia, y vivió casi medio siglo bajo el régimen comunista. Fue un período de fuerte industrialización y de llegada de trabajadores de otras repúblicas soviéticas, sobre todo de habla rusa, lo que consolidó el carácter mayoritariamente ruso-parlante de la ciudad, muy distinto del de Riga o de la Letonia rural. Se construyeron fábricas, barrios de bloques y grandes infraestructuras, mientras el casco histórico y la fortaleza envejecían.
Con la recuperación de la independencia de Letonia en 1991, Daugavpils tuvo que reinventarse. La caída de la industria soviética golpeó su economía, y la ciudad afrontó los retos de una población diversa en un nuevo Estado nacional. Poco a poco, apostó por su patrimonio y su cultura como motor de futuro: la restauración de la fortaleza y la apertura, en 2013, del Centro de Arte Mark Rothko —único en Europa del Este con obras originales del pintor— fueron pasos decisivos para poner a la ciudad en el mapa cultural europeo.
Hoy Daugavpils es la segunda ciudad de Letonia y la capital cultural del este, una urbe multicultural donde conviven iglesias católicas, ortodoxas, luteranas y de viejos creyentes, donde se oye letón y ruso en la calle y donde la enorme fortaleza imperial y el arte de Rothko atraen a un viajero curioso. Con sus siglos de fronteras cambiantes, sus muchos nombres y su mezcla de pueblos, sigue siendo una de las ciudades con más carácter y más historia de toda Letonia.