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Historia de Letonia

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Los pueblos del ámbar: tribus bálticas y finesas

Mucho antes de que existiera algo llamado Letonia, la tierra entre el río Daugava y el mar estaba habitada por varios pueblos emparentados pero distintos. Los primeros grupos humanos llegaron cuando se retiró el hielo de la última glaciación, hace unos diez u once mil años, siguiendo a los renos por una tundra que recién se cubría de bosque. Con los milenios se formaron cuatro tribus bálticas cuyos nombres todavía resuenan en las regiones actuales: los latgalos (o letgalos) en el este, los semigalios (zemgales) en el centro-sur, los curonios (kursi) en el oeste y los selonios (sēļi) en el sudeste. A ellos se sumaba un pueblo de lengua fino-úgrica, los livonios (o livones), asentado en la costa norte y en la desembocadura del Daugava; de ellos viene el nombre de Livonia, con el que Europa designaría durante siglos a toda la región.

Eran sociedades de agricultores, pescadores, apicultores y guerreros, organizadas en pequeños reinos y castros de madera. El Báltico les daba un tesoro codiciado en toda Europa desde la Antigüedad: el ámbar, la resina fósil que los romanos llamaban "el oro del norte" y que viajaba por rutas comerciales hasta el Mediterráneo. Los curonios, buenos navegantes, llegaron a tener fama de piratas en el mar. Del nombre de los latgalos, latgaļi, deriva en última instancia la palabra "Letonia" (Latvija). Estos pueblos no dejaron ciudades de piedra ni crónicas escritas: lo que sabemos de ellos viene de la arqueología y, sobre todo, de las crónicas de quienes vinieron a conquistarlos.

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La cruzada del norte y la fundación de Riga (1201)

A fines del siglo XII, la Iglesia de Roma dirigió su cruzada no solo a Tierra Santa sino también al Báltico oriental, todavía pagano. El primer misionero, el monje alemán Meinhard, empezó a predicar entre los livonios del Daugava en la década de 1180 y fue nombrado obispo. Pero la conversión pacífica fracasó, y sus sucesores optaron por la espada. El decisivo fue Alberto de Buxhoeveden, obispo llegado con barcos y caballeros: en 1201 fundó Riga en la orilla del Daugava y la convirtió en la base de la conquista. La fecha marca el nacimiento de la que hoy es la capital y la mayor ciudad de todo el Báltico.

Para sostener la guerra santa, Alberto creó en 1202 una orden militar, los Hermanos de la Espada (o Portaespadas), monjes guerreros que en las décadas siguientes sometieron a sangre y fuego a livonios, latgalos, selonios y a buena parte de los curonios. Los semigalios, en cambio, resistieron con obstinación durante casi un siglo. El territorio conquistado se organizó como Terra Mariana, la "Tierra de María", puesta bajo protección papal en 1207. La cruzada fue documentada por Enrique de Livonia en su crónica latina, una fuente extraordinaria y a la vez brutal: describe matanzas, bautismos forzados y aldeas incendiadas. En una generación, los pueblos bálticos perdieron su independencia y quedaron sometidos a una élite germano-cristiana que gobernaría la región durante los siguientes setecientos años.

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La Orden de Livonia y la Riga hanseática

En 1236, los Hermanos de la Espada fueron aplastados por lituanos y semigalios en la batalla de Saule, y los restos de la orden se fusionaron con los Caballeros Teutónicos: nació así la Orden de Livonia, la rama báltica de los teutónicos. Durante casi tres siglos, la vieja Livonia fue un mosaico de poderes en tensión permanente: la Orden, el arzobispado de Riga, varios obispados y las ciudades. De esa fragmentación surgió también un margen de autonomía para las urbes.

Riga se sumó a la Liga Hanseática en 1282 y se volvió uno de sus grandes puertos del este, exportando cereales, lino, cáñamo, cera, miel y madera hacia Europa occidental y actuando de puente comercial con las tierras rusas del interior. En sus calles se levantaron gremios, iglesias góticas de ladrillo y casas de mercaderes que todavía definen el casco antiguo, hoy Patrimonio de la Humanidad. El poder económico y político quedó en manos de los alemanes del Báltico: nobleza terrateniente, clero y burguesía urbana que hablaban alemán y miraban por encima del hombro a la mayoría campesina de habla letona. Esa élite germana sería la clase dominante durante siglos, más allá de qué imperio mandara por encima de ella. Para los letones, en cambio, la Baja Edad Media trajo el endurecimiento gradual de la servidumbre: quedaron atados a la tierra y al señor, sin apenas derechos.

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La Reforma, la guerra de Livonia y el fin de la Orden

En el siglo XVI, la Reforma protestante prendió con fuerza en las ciudades de Livonia: Riga adoptó el luteranismo hacia 1522 y el credo evangélico se volvió mayoritario en la mayor parte del país, una marca que perdura. La religión reforzó también el uso escrito del letón, porque los pastores necesitaban catecismos e himnos en la lengua del pueblo; los primeros libros impresos en letón datan justamente de esta época.

La vieja Confederación de Livonia, débil y dividida, no sobrevivió a la presión de sus vecinos. En 1558, el zar Iván el Terrible invadió el territorio y desató la larga y devastadora guerra de Livonia (1558-1583), en la que también intervinieron Polonia-Lituania, Suecia y Dinamarca. La Orden de Livonia se derrumbó: en 1561 se disolvió formalmente y sus tierras se repartieron. El último maestre, Gotthard Kettler, se convirtió al luteranismo, se hizo vasallo del rey polaco y transformó sus dominios del oeste en un ducado hereditario. El resto de Livonia quedó bajo la corona polaco-lituana. Así terminó, tras tres siglos y medio, el Estado cruzado alemán, aunque la nobleza germano-báltica siguió mandando sobre la tierra y sus campesinos como si nada hubiera cambiado.

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El ducado de Curlandia y sus colonias tropicales

De ese reparto nació una rareza histórica: el ducado de Curlandia y Semigalia (1562-1795), un pequeño Estado vasallo de Polonia-Lituania que abarcaba el oeste y el centro-sur de la actual Letonia, gobernado por la dinastía Kettler desde Mītava (la actual Jelgava). Bajo el duque Jacobo Kettler (Jēkabs), a mediados del siglo XVII, este ducado diminuto vivió un auge sorprendente. Jacobo impulsó la industria del hierro, los astilleros y una flota mercante y de guerra propia, y se lanzó a una aventura colonial que parece increíble para un territorio tan chico: Curlandia llegó a fundar una colonia en la isla de Tobago, en el Caribe, y otra en la desembocadura del río Gambia, en África occidental, con las que comerció azúcar, tabaco y otros productos.

La fantasía imperial fue efímera. La invasión sueca durante la Segunda Guerra del Norte (mediados del siglo XVII) arruinó la economía, y las colonias se perdieron frente a neerlandeses e ingleses. Ya debilitado, el ducado cayó cada vez más bajo la órbita rusa hasta que en 1795, con el tercer reparto de Polonia, fue anexado directamente por el Imperio ruso. Las ciudades de Kuldīga (Goldingen), primera capital ducal, y de la costa curlandesa conservan todavía el aire de aquel período. La historia de Curlandia se cuenta a veces en clave pintoresca, pero conviene no olvidar que aquel comercio incluyó también la participación en la trata de esclavos en el Atlántico, como el de las demás potencias coloniales de la época.

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Del "buen tiempo sueco" al Imperio ruso

Mientras Curlandia seguía su camino aparte, el norte de la actual Letonia —la región de Vidzeme, junto con Riga— pasó de Polonia a Suecia tras las guerras de comienzos del siglo XVII. El período sueco (1629-1721) dejó buena memoria entre los campesinos: se lo recuerda como los "buenos tiempos suecos" porque la corona ordenó algo la administración, fundó escuelas parroquiales, promovió la traducción de la Biblia al letón e intentó frenar los peores abusos de los señores. A Livonia se la llamaba entonces "el granero de Suecia" por su producción de cereal.

Todo cambió con la Gran Guerra del Norte. El zar Pedro el Grande tomó Riga en 1710, tras un asedio y una epidemia de peste que diezmó a la ciudad, y en 1721, por el tratado de Nystad, Suecia cedió Vidzeme y Riga al Imperio ruso. Con la anexión de Curlandia en 1795, todo el territorio letón quedó dentro de Rusia, repartido en las gobernaciones de Livonia, Curlandia y una porción de la de Vítebsk. Los zares mantuvieron los privilegios de la nobleza alemana del Báltico, que siguió siendo la clase dominante y proveyó al Imperio de generales y ministros. Un avance decisivo llegó temprano: la servidumbre se abolió en Curlandia en 1817 y en Vidzeme en 1819, décadas antes que en Rusia, aunque a los campesinos se los liberó "sin tierra", es decir, sin más que su libertad personal, lo que los dejó a merced de los terratenientes durante mucho tiempo más.

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El despertar nacional y las dainas

A mediados del siglo XIX, una generación de jóvenes letones educados —hijos de campesinos que habían llegado a la universidad— empezó a rechazar la idea de que ser letón fuera apenas una condición campesina destinada a diluirse en la cultura alemana o rusa. Fue el llamado Primer Despertar Nacional, animado por el movimiento de los Jóvenes Letones (Jaunlatvieši). Figuras como Krišjānis Valdemārs, Juris Alunāns y Atis Kronvalds defendieron el valor de la lengua letona, fundaron periódicos, promovieron la educación y la economía propias y afirmaron que los letones eran una nación con derecho a su cultura.

El monumento intelectual de ese despertar fue la recopilación de las dainas, las breves canciones populares tradicionales, cuartetas concentradas y milenarias que habían transmitido de boca en boca la cosmovisión, la mitología y la vida cotidiana del pueblo. Krišjānis Barons dedicó décadas a reunir y ordenar cientos de miles de estas piezas en su famoso "armario de las dainas", una obra monumental que hoy forma parte del registro Memoria del Mundo de la Unesco. La cultura coral —los grandes festivales de canto, iniciados en 1873— se volvió el gran rito colectivo de la identidad letona y lo sigue siendo. Sobre este cimiento cultural se montó, a comienzos del siglo XX, una política cada vez más audaz. La Revolución de 1905 sacudió con fuerza a Letonia: hubo huelgas, incendios de mansiones señoriales alemanas y una dura represión que dejó cientos de fusilados y deportados, pero que templó a toda una generación de futuros líderes.

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1918: la primera república

La Primera Guerra Mundial golpeó a Letonia de lleno: el frente entre Alemania y Rusia atravesó su territorio, Curlandia fue ocupada por los alemanes y cientos de miles de personas huyeron como refugiados. En el bando ruso se formaron los Fusileros Letones (Latviešu strēlnieki), unidades de élite que se hicieron famosas por su valor y que después, en su mayoría, se pasaron a la revolución bolchevique. En medio del derrumbe de los imperios, el 18 de noviembre de 1918 el Consejo Popular proclamó en Riga la República de Letonia, con Kārlis Ulmanis como primer jefe de gobierno.

La independencia hubo que ganarla en el campo de batalla. La guerra de independencia (1918-1920) fue un caos de tres frentes: los bolcheviques rusos, que llegaron a controlar casi todo el país e instalaron un breve gobierno soviético; las tropas alemanas y los cuerpos francos germano-bálticos, que intentaron quedarse con Letonia para Alemania; y los propios letones, apoyados por Estonia y por la flota británica. La victoria en la batalla de Cēsis (junio de 1919) contra la Landeswehr alemana fue decisiva. En 1920, la Rusia soviética reconoció la independencia "para siempre" en el tratado de Riga. La joven república emprendió una reforma agraria radical que repartió las grandes propiedades de la nobleza alemana entre los campesinos, y adoptó una constitución democrática, la Satversme. Pero, como en tantos países europeos de entreguerras, la democracia parlamentaria se tambaleó: en 1934, Ulmanis dio un golpe de Estado, disolvió el Parlamento y los partidos, y gobernó de forma autoritaria bajo el lema del "nuevo letón", con culto a su persona, hasta la llegada de los soviéticos.

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1940-1945: las ocupaciones y el Holocausto

El destino de Letonia se decidió en un despacho de Moscú. El pacto Molotov-Ribbentrop de agosto de 1939 entre la Alemania nazi y la Unión Soviética incluía un protocolo secreto que asignaba los países bálticos a la esfera soviética. En junio de 1940, la URSS ocupó Letonia y, tras unas elecciones fraudulentas, la anexó como república soviética. El primer año de dominio estalinista culminó en la noche del 13 al 14 de junio de 1941 con la deportación en vagones de ganado de más de quince mil personas a Siberia —familias enteras, con niños y ancianos—, el episodio que los letones recuerdan como el "Año del Terror".

Pocos días después, en el marco de la invasión alemana de la URSS, la Wehrmacht ocupó Letonia. Una parte de la población, traumatizada por el año soviético, recibió a los alemanes como liberadores, pero lo que llegó con ellos fue el exterminio. De los aproximadamente 93.000 judíos que vivían en Letonia, cerca de 70.000 fueron asesinados, alrededor de tres cuartas partes de la comunidad, en uno de los porcentajes de aniquilación más altos de toda Europa. Las sinagogas de Riga fueron incendiadas en julio de 1941; se creó el gueto de Riga; y en las dos matanzas de Rumbula, el 30 de noviembre y el 8 de diciembre de 1941, unos 25.000 judíos fueron fusilados en el bosque bajo la dirección del oficial de las SS Friedrich Jeckeln. Es un hecho documentado y sin atenuantes que unidades letonas colaboraron en el genocidio: el tristemente célebre comando Arājs, formado por voluntarios locales, participó en el asesinato de decenas de miles de judíos, letones y de otros países. Al mismo tiempo, hubo letones que arriesgaron su vida para salvar a sus vecinos: Žanis Lipke, obrero portuario de Riga, escondió y salvó a más de cincuenta judíos y es honrado como Justo entre las Naciones. Entre 1943 y 1945, además, Alemania reclutó a decenas de miles de letones en la Legión Letona de las Waffen-SS, en buena medida por movilización forzosa, un tema que sigue generando un debate historiográfico y político legítimo y espinoso.

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Medio siglo soviético

En 1944-1945, el Ejército Rojo expulsó a los alemanes y Letonia volvió a ser anexada por la Unión Soviética, esta vez por casi medio siglo. Ni Estados Unidos ni la mayoría de las democracias occidentales reconocieron jamás de iure esa anexión, lo que resultaría clave en 1991. Miles de letones huyeron al exilio en Occidente ante el regreso soviético. En los bosques, una guerrilla anticomunista —los "hermanos del bosque" (mežabrāļi)— resistió con las armas durante años, hasta ser aplastada.

La sovietización fue brutal. En marzo de 1949, en la Operación Priboi, alrededor de 42.000 personas de Letonia —sobre todo campesinos acusados de "kulaks" y familias de la resistencia— fueron deportadas en masa a Siberia para quebrar la oposición y forzar la colectivización de la tierra. El régimen impulsó una industrialización acelerada y trasladó a Letonia a cientos de miles de trabajadores de otras repúblicas soviéticas, principalmente rusos. El efecto demográfico fue enorme y duradero: la proporción de letones en su propia tierra cayó de forma dramática, y en Riga y otras ciudades industriales los letones llegaron a ser minoría. La política de rusificación presionó sobre la lengua y la cultura. Esa transformación de la composición de la población durante el período soviético es el origen directo de la numerosa minoría de habla rusa que todavía hoy vive en Letonia y de las tensiones sobre ciudadanía e idioma que marcaron las décadas siguientes.

en.wikipedia.org · Latvian Soviet Socialist Republicen.wikipedia.org · Operation Priboien.wikipedia.org · Forest Brothers

La Revolución Cantada y la cadena humana

Cuando Mijaíl Gorbachov abrió con la perestroika un espacio de libertad, Letonia lo aprovechó cantando. A fines de los años ochenta, el movimiento independentista que recorrió los tres países bálticos se conoció como la "Revolución Cantada", porque su forma de protesta eran las grandes concentraciones de canto coral, prohibidas de hecho durante décadas. En 1988 se fundó el Frente Popular de Letonia (Latvijas Tautas fronte), que canalizó a cientos de miles de personas.

El gesto más impresionante llegó el 23 de agosto de 1989, en el cincuentenario del pacto Molotov-Ribbentrop: cerca de dos millones de personas de Estonia, Letonia y Lituania se tomaron de la mano y formaron una cadena humana ininterrumpida de unos 675 kilómetros que unió Tallin, Riga y Vilna, la Vía Báltica. Fue una imagen que dio la vuelta al mundo y desnudó ante todos que la anexión de 1940 había sido un crimen que los bálticos no aceptaban. El 4 de mayo de 1990, el Sóviet Supremo letón declaró el restablecimiento de la independencia. Moscú respondió con presión y, en enero de 1991, con violencia: en las "jornadas de las barricadas", los ciudadanos de Riga levantaron barricadas para proteger los edificios clave, y las unidades especiales soviéticas (OMON) mataron a varias personas. El desenlace llegó con el fracaso del golpe de los comunistas duros en Moscú: el 21 de agosto de 1991, Letonia proclamó la plena independencia, reconocida enseguida por el mundo y, poco después, por la propia URSS antes de disolverse.

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La Letonia de hoy: Unión Europea, OTAN y euro

La Letonia independiente se propuso desde el primer día "volver a Europa" y anclarse en Occidente para no repetir el siglo XX. El camino incluyó una transición económica dura, con hiperinflación y reconversión industrial en los noventa, y la restitución de la ciudadanía sobre la base de la continuidad jurídica del Estado anterior a 1940, lo que dejó fuera durante años a buena parte de los residentes de origen soviético como "no ciudadanos", una cuestión sensible que la Unión Europea siguió de cerca y que se fue resolviendo de manera gradual.

En 2004, Letonia culminó su giro histórico al ingresar a la vez en la Unión Europea y en la OTAN. En 2014 adoptó el euro como moneda, y en 2016 entró en la OCDE. El país, uno de los más golpeados por la crisis financiera de 2008-2009, recuperó luego el crecimiento y hoy es una economía de servicios y tecnología con una capital, Riga, que concentra buena parte de la población y de la actividad. La invasión rusa de Ucrania en 2022 reforzó su compromiso con la defensa colectiva y con Ucrania, y reavivó los debates sobre seguridad, memoria histórica e integración de la minoría rusohablante. Con menos de dos millones de habitantes, una lengua báltica milenaria y una tradición coral que sigue llenando estadios cada cinco años, Letonia mantiene viva la misma identidad que durante siglos resistió a todos los imperios que la gobernaron.

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Kurzeme: el oeste y sus playas

Historia de Kurzeme: el oeste y sus playas · Letonia

De los curonios al ducado de Curlandia

Kurzeme es la península occidental de Letonia, la antigua Curlandia (Kurland), y toma su nombre de los curonios (kursi), la tribu báltica de navegantes y guerreros que la habitaba y que tenía fama de piratas en el mar. Los curonios resistieron a los cruzados alemanes más que otros pueblos, pero terminaron sometidos en el siglo XIII. Tras la disolución de la Orden de Livonia en 1561, la región se transformó en el ducado de Curlandia y Semigalia (1562-1795), un Estado vasallo de Polonia-Lituania gobernado por la dinastía Kettler.

Bajo el duque Jacobo Kettler, a mediados del siglo XVII, este ducado pequeño vivió un auge notable: desarrolló la industria del hierro, los astilleros y una flota propia, y llegó a fundar colonias en la isla caribeña de Tobago y en la desembocadura del río Gambia, en África occidental. Fue una de las historias coloniales más insólitas de Europa: un ducado báltico diminuto compitiendo, por un momento, con neerlandeses e ingleses en los mares tropicales. La aventura se desvaneció con las guerras del siglo XVII, y en 1795 Curlandia fue anexada por el Imperio ruso.

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Kuldīga, la capital del ducado

Kuldīga (Goldingen en alemán) fue una de las capitales del ducado de Curlandia y conserva uno de los cascos históricos de madera y ladrillo mejor preservados de la región báltica, un conjunto que en 2023 fue inscripto en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Sus calles empedradas, sus casas de los siglos XVII y XVIII y su ambiente de villa detenida en el tiempo la convierten en una de las joyas del oeste letón.

Su emblema natural es la cascada del río Venta, el Ventas rumba: no es alta, pero con sus casi 250 metros de ancho es considerada la cascada más ancha de Europa. Durante siglos, en primavera y otoño, los habitantes pescaban allí con canastas los peces que intentaban saltar el desnivel, una imagen que hizo célebre a la ciudad. Junto a la cascada se conserva un antiguo puente de ladrillo del siglo XIX, uno de los más largos de su tipo en Europa. Kuldīga resume el encanto tranquilo y patrimonial de la vieja Curlandia.

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Ventspils y Liepāja: los puertos del oeste

La costa de Kurzeme está marcada por dos ciudades portuarias con historias intensas. Ventspils (Windau) fue puerto hanseático y sede de la Orden, y hoy es una ciudad prolija y coqueta, con playa de bandera azul y uno de los puertos de carga más importantes del país. Liepāja (Libau), más al sur, fue a fines del siglo XIX y comienzos del XX un gran puerto del Imperio ruso y uno de los principales puntos de partida de la enorme emigración que cruzó el Atlántico rumbo a América: por sus muelles pasaron cientos de miles de personas —letones, judíos, rusos, lituanos— camino a Estados Unidos.

En Liepāja, el zar hizo construir a fines del siglo XIX una gran base naval, Karosta ("el puerto de guerra"), con su imponente catedral ortodoxa de San Nicolás y un barrio militar entero. Durante la época soviética, Karosta fue una zona militar cerrada y secreta, prohibida incluso para la mayoría de los propios habitantes de la ciudad. Liepāja tiene además fama de "ciudad de la música" y del viento, con largas playas de arena y dunas. Ambas ciudades muestran cómo el Báltico fue, según la época, ventana al comercio, puerta de emigración y frontera militarizada.

en.wikipedia.org · Ventspilsen.wikipedia.org · Liepājaen.wikipedia.org · Karosta

Cabo Kolka y la costa de los livonios

En el extremo norte de Kurzeme, donde el golfo de Riga se junta con el mar Báltico abierto, está el cabo Kolka (Kolkasrags), un paraje salvaje de playas desiertas, bancos de arena y bosques de pino barridos por el viento. Frente a la punta, bajo el agua, se extiende un peligroso banco que a lo largo de la historia provocó innumerables naufragios. Es uno de los rincones más remotos y evocadores del país.

Esta franja de costa, entre Kolka y Ventspils, es la histórica "costa livonia" (Līvõd rānda), el último reducto de los livonios, aquel pueblo de lengua fino-úgrica que dio su nombre a toda Livonia. En una docena de pueblos pesqueros de esta costa se mantuvo durante siglos la lengua livonia, una de las más amenazadas de Europa. Las deportaciones soviéticas, el cierre militar de la costa y la asimilación la llevaron al borde de la extinción: la última hablante nativa que la aprendió de niña en la comunidad murió en 2013. Hoy se hacen esfuerzos por revitalizarla y por preservar la cultura livonia, reconocida oficialmente como pueblo indígena de Letonia. Cabo Kolka es, así, a la vez un paisaje natural imponente y el escenario de la lenta desaparición de un pueblo milenario.

en.wikipedia.org · Kolka, Latviaen.wikipedia.org · Livoniansen.wikipedia.org · Livonian language

La bolsa de Curlandia, último frente de la guerra

Kurzeme tiene un lugar particular en la Segunda Guerra Mundial. Cuando el Ejército Rojo avanzó sobre el Báltico a fines de 1944, un gran contingente de tropas alemanas —el Grupo de Ejércitos Norte, rebautizado Curlandia— quedó atrapado contra el mar en la península occidental, en lo que se conoció como la "bolsa de Curlandia" (Kurland-Kessel). Allí, durante meses, se libraron seis grandes batallas defensivas hasta que la guarnición se rindió recién el 8-9 de mayo de 1945, prácticamente al mismo tiempo que la capitulación general de Alemania. Fue uno de los últimos frentes activos de la guerra en Europa.

En esas unidades alemanas combatieron también soldados letones movilizados, muchos de ellos en la Legión Letona de las Waffen-SS, atrapados en la tragedia de un pueblo obligado a pelear en ejércitos ajenos. Miles de habitantes de Kurzeme aprovecharon la bolsa para huir en barco hacia Alemania y Suecia antes del regreso soviético, engrosando el exilio letón en Occidente. Los bosques de la región fueron después uno de los refugios de los "hermanos del bosque", la guerrilla anticomunista que resistió durante años. Bajo la calma actual de sus playas y pueblos late, así, la memoria de uno de los episodios más duros del siglo.

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📍 Destinos de Kurzeme: el oeste y sus playas
KuldigaVentspilsLiepajaCabo Kolka

📚 Bibliografía

  • Courland — https://en.wikipedia.org/wiki/Courland
  • Duchy of Courland and Semigallia — https://en.wikipedia.org/wiki/Duchy_of_Courland_and_Semigallia
  • Kuldīga — https://en.wikipedia.org/wiki/Kuldīga
  • Liepāja — https://en.wikipedia.org/wiki/Liepāja
  • Ventspils — https://en.wikipedia.org/wiki/Ventspils
  • Livonians — https://en.wikipedia.org/wiki/Livonians
  • Courland Pocket — https://en.wikipedia.org/wiki/Courland_Pocket

Riga y la costa (Jūrmala)

Historia de Riga y la costa (Jūrmala) · Letonia

Riga: del obispo Alberto a la gran ciudad hanseática

Riga nació en 1201 como base de la cruzada del obispo Alberto sobre el Daugava, y en pocas décadas se transformó en la mayor y más rica ciudad de todo el Báltico oriental. Su ingreso en la Liga Hanseática en 1282 la convirtió en un puerto de primer orden, puente comercial entre el interior ruso y Europa occidental. Por el Daugava bajaban cera, miel, lino, cáñamo, pieles y cereal; a cambio entraban sal, paños y metales. De aquella prosperidad medieval quedan las iglesias góticas de ladrillo, los almacenes de mercaderes y las sedes de los gremios que todavía forman el casco antiguo, hoy inscripto en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Durante siglos, el gobierno de la ciudad estuvo en manos de su patriciado alemán, que mantuvo un notable grado de autonomía municipal por encima de los distintos soberanos —la Orden, Polonia, Suecia, Rusia— que se turnaron en el poder. La mayoría letona quedaba relegada a los oficios y al trabajo, sin acceso a los cargos. Esa larga hegemonía germana explica por qué el letón tardó tanto en ser lengua de ciudad y por qué el despertar nacional del siglo XIX tuvo en Riga a la vez su gran escenario y su gran adversario.

en.wikipedia.org · Rigaen.wikipedia.org · Historic Centre of Rigaen.wikipedia.org · Hanseatic League

La capital del art nouveau

A fines del siglo XIX y comienzos del XX, Riga vivió un boom industrial y demográfico espectacular: se volvió uno de los grandes puertos y centros fabriles del Imperio ruso, y su población se multiplicó. Ese crecimiento se tradujo en piedra y estuco. Entre 1900 y 1914 la ciudad se cubrió de edificios de estilo art nouveau (Jugendstil), con fachadas exuberantes de rostros, flores, máscaras y figuras mitológicas. Riga tiene hoy la mayor concentración de arquitectura art nouveau del mundo: se calcula que alrededor de un tercio de los edificios del centro pertenecen a ese estilo, y la calle Alberta es su vidriera más famosa. Muchos de esos edificios los proyectó Mihails Eizenšteins (Mijaíl Eisenstein), padre del célebre cineasta Serguéi Eisenstein.

Ese mismo período fue el de mayor efervescencia social y política de la ciudad, que fue un foco de la Revolución de 1905 y de los movimientos obreros y nacionales. El esplendor de la arquitectura convive así con la memoria de una urbe tensa, multiétnica y en plena ebullición, donde convivían letones, alemanes del Báltico, rusos y una importante comunidad judía.

en.wikipedia.org · Art Nouveau in Rigaen.wikipedia.org · Mikhail Eisensteinen.wikipedia.org · Riga

Capital de una nación en el siglo de los extremos

En Riga se proclamó, el 18 de noviembre de 1918, la República de Letonia, y la ciudad fue el corazón de la primera independencia. También fue el escenario del terror del siglo XX: acá funcionó el gueto de Riga bajo la ocupación nazi, desde acá partieron las columnas hacia el bosque de Rumbula, donde en dos jornadas de 1941 fueron asesinados unos 25.000 judíos, y por sus calles pasaron las deportaciones soviéticas de 1941 y 1949. La comunidad judía de la ciudad, que había sido numerosa y floreciente, quedó prácticamente exterminada.

Riga fue igualmente protagonista del renacimiento nacional al final del período soviético. En enero de 1991, en las "jornadas de las barricadas", sus habitantes levantaron parapetos en el casco antiguo para proteger los edificios clave frente a las fuerzas especiales soviéticas, que mataron a varias personas. Hoy, la capital reúne a cerca de un tercio de la población del país y es el centro político, económico y cultural de Letonia, además de la mayor urbe de los tres Estados bálticos.

en.wikipedia.org · Riga Ghettoen.wikipedia.org · The Barricadesen.wikipedia.org · Riga

Jūrmala: el balneario del Báltico

A pocos kilómetros de Riga, sobre el golfo, se extiende Jūrmala, una franja de más de veinte kilómetros de playa de arena blanca respaldada por dunas y bosques de pino. Su historia como balneario arranca a comienzos del siglo XIX, cuando oficiales rusos que volvían de las guerras napoleónicas descubrieron sus playas, y se consolidó cuando el ferrocarril la conectó con Riga a mediados de ese siglo. La élite del Imperio ruso empezó a veranear allí, y surgieron las características casas de madera de estilo báltico, con sus torres, galerías y tallas, muchas de las cuales todavía se conservan.

Durante la época soviética, Jūrmala se convirtió en uno de los grandes destinos de vacaciones y de "turismo de salud" de toda la URSS: sanatorios, spas y casas de reposo recibían a trabajadores y jerarcas de todas las repúblicas, atraídos por sus aguas, su barro terapéutico y su aire de pinar. Ese pasado dejó una mezcla peculiar de arquitectura de madera decimonónica y de balnearios de la era soviética. Hoy Jūrmala sigue siendo el balneario por excelencia de los letones y un destino de spa con encanto retro.

en.wikipedia.org · Jūrmalalatvia.travel · Jurmalaen.wikipedia.org · Riga

Una ciudad de muchas lenguas

Riga fue siempre una ciudad de fronteras culturales. Durante siglos convivieron en ella el alemán de la élite dominante, el letón del pueblo, el ruso de la administración imperial y el yidis de una gran comunidad judía. Esa diversidad fue a la vez su riqueza y su drama: las dos catástrofes del siglo XX, el Holocausto y las deportaciones, borraron comunidades enteras, mientras la industrialización soviética traía a cientos de miles de trabajadores de habla rusa.

Hoy, Riga sigue siendo la ciudad más multiétnica del país, con una proporción muy alta de habitantes de origen ruso, ucraniano y bielorruso junto a la mayoría letona. Las cuestiones de idioma, ciudadanía y memoria histórica se viven con especial intensidad en la capital, que concentra tanto el pulso económico como los debates de identidad de la Letonia contemporánea. Entender Riga es entender, en pequeño, toda la historia del país: siglos de dominación extranjera, una identidad que resiste y una sociedad que todavía negocia cómo convivir con su pasado.

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📍 Destinos de Riga y la costa (Jūrmala)
RigaJurmala

📚 Bibliografía

  • Riga — https://en.wikipedia.org/wiki/Riga
  • Historic Centre of Riga (UNESCO) — https://en.wikipedia.org/wiki/Historic_Centre_of_Riga
  • Art Nouveau in Riga — https://en.wikipedia.org/wiki/Art_Nouveau_in_Riga
  • Riga Ghetto — https://en.wikipedia.org/wiki/Riga_Ghetto
  • The Barricades — https://en.wikipedia.org/wiki/The_Barricades
  • Jūrmala — https://en.wikipedia.org/wiki/Jūrmala
  • Demographics of Latvia — https://en.wikipedia.org/wiki/Demographics_of_Latvia

Vidzeme: el valle del Gauja

Historia de Vidzeme: el valle del Gauja · Letonia

Vidzeme, el corazón de la vieja Livonia

Vidzeme es la gran región del centro-norte de Letonia y, en muchos sentidos, el corazón histórico del país. En época medieval fue el núcleo de la Livonia de la Orden y del arzobispado de Riga, sembrado de castillos de ladrillo que controlaban los ríos y los caminos. Su nombre significa, literalmente, "la tierra del medio". Tras la guerra de Livonia pasó a Polonia y luego a Suecia, y el período sueco (siglo XVII) dejó buena memoria entre sus campesinos por las escuelas parroquiales y cierto orden administrativo; a Vidzeme y Riga se las llamaba "el granero de Suecia".

Con la Gran Guerra del Norte, la región cayó bajo el Imperio ruso en 1721 y formó el núcleo de la gobernación de Livonia. Fue justamente en Vidzeme donde la servidumbre se abolió temprano, en 1819, y donde el despertar nacional letón echó raíces profundas entre un campesinado que empezaba a alfabetizarse. La geografía de la región —bosques, colinas suaves y el sinuoso valle del río Gauja— la convirtió además en el gran refugio natural del país.

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El valle del Gauja y su parque nacional

El río Gauja excavó a lo largo de milenios un valle ancho y boscoso de acantilados de arenisca roja, cuevas y meandros que es hoy uno de los paisajes más queridos de Letonia. En 1973 se creó allí el Parque Nacional Gauja, el más antiguo y extenso del país, que protege bosques, formaciones de arenisca, cuevas y una gran concentración de castillos e iglesias históricas. La zona en torno a Sigulda suele llamarse "la Suiza de Letonia" por sus relieves inusualmente marcados para un país tan llano.

Entre las curiosidades del valle está la cueva de Gūtmanis (Gūtmaņala), la más grande del Báltico, cubierta de inscripciones que algunos visitantes dejaron a lo largo de siglos. El parque combina naturaleza y patrimonio: senderos, cuevas y miradores conviven con las ruinas y los castillos de la época de la Orden de Livonia, lo que hace del Gauja a la vez un destino de aire libre y un libro de historia al aire libre.

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Sigulda y Turaida: castillos y leyendas

En el tramo más espectacular del valle se enfrentan, a ambos lados del Gauja, dos castillos que resumen la Edad Media livonia: el de Sigulda, levantado por la Orden de los Portaespadas en el siglo XIII, y el de Turaida, construido en ladrillo rojo por el arzobispado de Riga a partir de 1214 sobre un antiguo castro de los livonios. El nombre Turaida viene, de hecho, de la lengua livonia y significaría algo así como "el jardín de Thor". Hoy Turaida es un gran museo al aire libre que combina la torre restaurada, la iglesia de madera y un parque de esculturas.

Turaida es también el escenario de la leyenda más famosa del país: la "Rosa de Turaida", la historia de Maija, una joven de comienzos del siglo XVII que, según la tradición, prefirió morir antes que ser deshonrada por un pretendiente al que engañó para salvar su fidelidad. La leyenda, con base en un hecho real documentado en actas judiciales de la época, convirtió a Maija en un símbolo del amor y la lealtad, y su tumba en el cerro de Turaida sigue siendo lugar de visita. Estas historias muestran cómo el valle del Gauja mezcla la piedra de los conquistadores con la memoria oral del pueblo letón y livonio.

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Cēsis: la ciudad de la Orden y de la bandera

Cēsis (Wenden en alemán) es una de las ciudades medievales mejor conservadas de Letonia y tuvo un peso histórico muy superior a su tamaño. Su imponente castillo, fundado a comienzos del siglo XIII, fue durante mucho tiempo la residencia del maestre de la Orden de Livonia, es decir, uno de los centros de poder de toda la región. En 1577, durante la guerra de Livonia, la guarnición asediada por las tropas de Iván el Terrible prefirió volar el castillo con su propia pólvora antes que rendirse, un episodio que quedó grabado en la memoria local.

Cēsis está además ligada a dos símbolos nacionales. La tradición sostiene que la bandera letona —roja con una franja blanca— tiene su origen en una crónica medieval que menciona un estandarte de esos colores usado por guerreros de la zona de Cēsis en el siglo XIII, lo que convierte a la ciudad en una especie de cuna del emblema patrio. Y en junio de 1919, en los alrededores de Cēsis, las fuerzas letonas y estonias derrotaron a la Landeswehr germano-báltica en la batalla de Cēsis, una victoria decisiva para asegurar la independencia recién proclamada. Historia medieval y fundación nacional se dan la mano en sus calles empedradas.

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Tierra de canto y de campesinos libres

Más allá de sus castillos, Vidzeme es la región donde mejor arraigó la cultura campesina letona que sostuvo la identidad nacional. La abolición temprana de la servidumbre (1819) y la expansión de las escuelas parroquiales crearon un campesinado alfabetizado y relativamente próspero para los estándares de la época, del que salieron muchos de los protagonistas del despertar nacional del siglo XIX. Fue en este mundo rural donde se recogieron miles de dainas, las canciones populares tradicionales que Krišjānis Barons ordenó en su famoso archivo.

La región conserva viva esa tradición coral que es el gran rito colectivo de los letones. Los festivales de canto, que se celebran desde 1873, movilizan a miles de cantantes de todo el país en una liturgia laica de la identidad nacional que la Unesco reconoció como patrimonio inmaterial. En Vidzeme, tierra de bosques, granjas dispersas y viejos castillos, esa herencia se percibe con particular claridad: es el paisaje donde el pueblo letón, sometido durante siglos, guardó su lengua y su música hasta que llegó el momento de reclamar un país propio.

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📍 Destinos de Vidzeme: el valle del Gauja
SiguldaTuraidaCesisGauja

📚 Bibliografía

  • Vidzeme — https://en.wikipedia.org/wiki/Vidzeme
  • Gauja National Park — https://en.wikipedia.org/wiki/Gauja_National_Park
  • Turaida Castle — https://en.wikipedia.org/wiki/Turaida_Castle
  • Rose of Turaida — https://en.wikipedia.org/wiki/Rose_of_Turaida
  • Cēsis — https://en.wikipedia.org/wiki/Cēsis
  • Battle of Cēsis (1919) — https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Cēsis_(1919)
  • Latvian Song and Dance Festival — https://en.wikipedia.org/wiki/Latvian_Song_and_Dance_Festival

Zemgale y Latgale: palacios y el este

Historia de Zemgale y Latgale: palacios y el este · Letonia

Zemgale: los semigalios que resistieron un siglo

Zemgale es la llanura fértil del centro-sur de Letonia, a orillas del río Lielupe, y toma su nombre de los semigalios (zemgaļi), la tribu báltica que la habitaba. Los semigalios protagonizaron la resistencia más larga y tenaz contra la cruzada alemana: mientras otros pueblos caían en pocas décadas, ellos combatieron durante casi un siglo bajo caudillos como el legendario duque Nameisis (Namejs), hasta que, ya vencidos y agotados, muchos prefirieron incendiar sus propias fortalezas y emigrar a Lituania antes que someterse, hacia 1290. Esa resistencia hizo de los semigalios un símbolo del espíritu indómito en la memoria nacional letona; el anillo de Nameisis, con su trenzado característico, se volvió una joya emblemática del país.

Siglos más tarde, Zemgale formó parte del ducado de Curlandia y Semigalia, cuya capital, Mītava (la actual Jelgava), estaba justamente en esta región. La llanura de Zemgale, buena para la agricultura, fue el granero del ducado y sigue siendo hoy una de las zonas agrícolas más ricas del país.

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Rundāle y Bauska: el barroco de los duques

El monumento más espléndido de Zemgale es el palacio de Rundāle, la obra maestra del barroco y el rococó en Letonia. Lo proyectó Bartolomeo Rastrelli, el mismo arquitecto italiano al servicio de la corte rusa que levantó el Palacio de Invierno de San Petersburgo (hoy el Hermitage), como residencia de verano del duque de Curlandia Ernst Johann von Biron. Construido en dos etapas entre 1736 y 1768, con sus salones dorados, sus estucos y sus jardines de estilo francés, Rundāle es una de las visitas imprescindibles del país y un testimonio del esplendor tardío del ducado.

A pocos kilómetros está Bauska, con su castillo doble: un núcleo medieval levantado por la Orden de Livonia en el siglo XV y un palacio renacentista añadido por los duques de Curlandia, todo en la confluencia de dos ríos que forman el Lielupe. Juntos, Rundāle y Bauska muestran la otra cara de la historia de la región: no ya la resistencia de los semigalios, sino el mundo cortesano y europeo de la nobleza que gobernó estas tierras en la Edad Moderna, con sus arquitectos italianos y sus jardines a la francesa.

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Latgale: la tierra polaca y católica

Latgale, el extremo oriental del país, es la región más distinta de Letonia, y la razón está en su historia. Después de la guerra de Livonia, mientras el resto del territorio pasaba a Suecia o al ducado de Curlandia, Latgale quedó bajo la Mancomunidad de Polonia-Lituania como el voivodato de Inflanty (o "Livonia polaca"), y permaneció allí más tiempo que ninguna otra parte de Letonia, hasta el primer reparto de Polonia en 1772. Ese siglo y medio de dominio polaco dejó una marca profunda: mientras el resto del país se hizo luterano, Latgale se mantuvo mayoritariamente católica, y lo sigue siendo hoy —es una de las regiones católicas más septentrionales de Europa—.

La separación histórica también moldeó la lengua. En Latgale se desarrolló el latgalo, que unos consideran un dialecto del letón y otros una lengua propia, con su tradición escrita en alfabeto latino. Bajo el Imperio ruso, tras la insurrección polaca de 1863, las autoridades prohibieron entre 1865 y 1904 imprimir en caracteres latinos, un golpe durísimo a la cultura latgala que solo se revirtió a comienzos del siglo XX con un despertar cultural propio. A todo esto se suma una importante comunidad rusa de Viejos Creyentes (starovery), cristianos ortodoxos que huyeron de las reformas de la Iglesia rusa en el siglo XVII y encontraron refugio en estos bosques y lagos. Latgale es, por todo eso, un mosaico de letones, polacos, rusos, bielorrusos y judíos, el más diverso del país.

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Daugavpils, la ciudad de las muchas caras

Daugavpils, a orillas del Daugava, es la segunda ciudad de Letonia y la gran urbe del este. Fundada como Dünaburg por la Orden de Livonia en el siglo XIII, cambió muchas veces de manos y de nombre —Dvinsk bajo el Imperio ruso— y desarrolló un carácter marcadamente multiétnico, con población rusa, polaca, bielorrusa, letona y una comunidad judía que llegó a ser mayoritaria en la ciudad a comienzos del siglo XX. Ese pasado judío fue casi por completo aniquilado durante la ocupación nazi, cuando la mayor parte de los judíos de Daugavpils fueron asesinados en las matanzas de 1941-1942.

Su monumento más singular es la fortaleza de Daugavpils, una enorme ciudadela militar construida por el Imperio ruso en el siglo XIX, uno de los complejos fortificados de ese tipo mejor conservados de Europa. En uno de sus edificios funciona hoy el Centro de Arte Mark Rothko, dedicado al pintor del expresionismo abstracto estadounidense, que nació precisamente en Daugavpils en 1903, cuando la ciudad era Dvinsk, antes de emigrar con su familia a Estados Unidos. La ciudad sigue siendo hoy de mayoría rusohablante, lo que la convierte en un punto especialmente sensible de los debates sobre lengua, ciudadanía e identidad en la Letonia contemporánea.

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Aglona y los lagos de Latgale

En el corazón de Latgale, entre colinas y lagos, se levanta la basílica de Aglona, el principal santuario católico de Letonia. La iglesia actual, de fachada blanca y dos torres, se terminó hacia 1780 junto a un antiguo convento dominico, y guarda un icono de la Virgen considerado milagroso. Cada 15 de agosto, día de la Asunción, Aglona reúne a decenas de miles de peregrinos de Letonia y de los países vecinos, en la mayor manifestación religiosa del país; el papa Juan Pablo II la visitó en 1993. El santuario es el gran símbolo de la Latgale católica y de su identidad diferenciada dentro de una Letonia mayoritariamente luterana o secular.

A su alrededor se extiende la que suele llamarse "la tierra de los lagos azules", la comarca más lacustre del país, con cientos de espejos de agua entre bosques y campos. Es una región tradicionalmente más pobre y agrícola que el resto de Letonia, muy golpeada por la emigración de las últimas décadas, pero también la más rica en diversidad cultural y religiosa: iglesias católicas, templos ortodoxos, oratorios de Viejos Creyentes y antiguas sinagogas conviven en un paisaje donde se cruzan las culturas letona, polaca, rusa, bielorrusa y latgala. Aglona y sus lagos condensan el alma particular de este rincón oriental del país.

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📍 Destinos de Zemgale y Latgale: palacios y el este
RundaleBauskaDaugavpilsAglona

📚 Bibliografía

  • Zemgale — https://en.wikipedia.org/wiki/Zemgale
  • Semigallians — https://en.wikipedia.org/wiki/Semigallians
  • Rundāle Palace — https://en.wikipedia.org/wiki/Rundāle_Palace
  • Bauska Castle — https://en.wikipedia.org/wiki/Bauska_Castle
  • Latgale — https://en.wikipedia.org/wiki/Latgale
  • Latgalian language — https://en.wikipedia.org/wiki/Latgalian_language
  • Daugavpils — https://en.wikipedia.org/wiki/Daugavpils
  • Aglona Basilica — https://en.wikipedia.org/wiki/Aglona_Basilica

📚 Bibliografía

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