Roma es una de las sorpresas de Lesoto: un valle verde y tranquilo, encerrado entre altos acantilados de arenisca, que alberga a la vez la principal universidad del país y su corazón católico. A solo 45 minutos de Maseru, el paisaje cambia por completo: la ciudad da paso a un amplio valle agrícola rodeado de montañas, con un ambiente estudiantil relajado y una atmósfera casi contemplativa.
El pueblo debe su nombre —Roma— a la Iglesia católica, que fundó aquí su primera misión en 1862 y convirtió el valle en el centro espiritual y educativo del reino. De aquella misión nació, en 1945, un colegio universitario católico que con el tiempo se transformó en la Universidad Nacional de Lesoto, la casa de estudios más importante del país. Hoy Roma reúne seminarios, noviciados, la universidad y una gran iglesia de arenisca donde los domingos resuenan los coros y tambores africanos.
Esta guía recorre Roma con mirada práctica: el valle y sus montañas, la histórica misión católica, el campus de la NUL, las huellas de dinosaurio de los alrededores y cómo llegar desde Maseru. Es una escapada ideal para ver otra cara de Lesoto —verde, estudiantil y espiritual— a un paso de la capital.
Roma nació como misión católica en 1862, cuando el padre Joseph Gérard se instaló en este valle por invitación de la corte de Moshoeshoe I, en un reino donde ya predicaban los protestantes de Morija. Con el tiempo la misión se volvió el centro del catolicismo en Lesoto, con una gran iglesia de arenisca, seminarios y noviciados. En 1945 los obispos fundaron aquí un colegio universitario católico que, secularizado en 1965, se transformó en la Universidad Nacional de Lesoto, la principal del país. Su historia completa se cuenta en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El corazón del reino: la capital a orillas del Caledón, la montaña sagrada de Thaba-Bosiu donde nació la nación basotho, y las viejas misiones de Morija y Roma.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
El valle donde hoy se levanta Roma es uno de los rincones más bellos del oeste de Lesoto: una amplia depresión fértil rodeada por una muralla de montañas de arenisca rojiza, a unos 34 km de Maseru. En el siglo XIX, cuando la nación basotho apenas se consolidaba bajo Moshoeshoe I, este valle apartado atrajo a un nuevo grupo de misioneros: los católicos.
Hasta entonces, la presencia cristiana en el reino era casi exclusivamente protestante, de la mano de la Sociedad Misionera de París instalada en Morija desde 1833. Pero Moshoeshoe, fiel a su política de equilibrio, no cerró las puertas a otras confesiones. En 1862, misioneros católicos de la congregación de los Oblatos de María Inmaculada llegaron al reino, y el rey les concedió tierras para establecerse en este valle.
El encargado de la nueva misión fue un joven sacerdote francés, el padre Joseph Gérard. Al valle y a su misión se los empezó a llamar Roma, en referencia a la Iglesia católica romana. Así nació, en un rincón de montaña del sur de África, un pequeño centro que con el tiempo se volvería el corazón católico y educativo de todo Lesoto.
El padre Joseph Gérard dedicó buena parte de su vida a la misión de Roma, donde sirvió hasta su muerte en 1914. Su trabajo entre los basotho fue tan valorado que, con el tiempo, la Iglesia lo beatificó: es reverenciado como una figura fundacional del catolicismo en el país. Su tumba se conserva en la gran iglesia de la misión.
A lo largo de las décadas, la misión de Roma creció hasta dominar el valle con un imponente templo de arenisca de fines del siglo XIX. En esa misma iglesia reposa también el arzobispo Emmanuel Mabathoana, bisnieto de Moshoeshoe I, consagrado en 1961 como primer arzobispo de Maseru y metropolitano de Basutolandia: un símbolo perfecto del cruce entre la vieja realeza basotho y la nueva jerarquía católica.
Roma se convirtió en el centro espiritual del catolicismo basotho, con seminarios y noviciados que formaban a sacerdotes y religiosos locales. El catolicismo arraigó tan hondo en Lesoto que hoy es la confesión mayoritaria del país. Los domingos, la misa en la iglesia de la misión —con coros y tambores al estilo africano— sigue siendo una de las expresiones religiosas más vibrantes del reino.
El legado más influyente de Roma es educativo. El 8 de abril de 1945, la jerarquía católica del sur de África fundó en el valle un colegio universitario católico —el Pius XII Catholic University College— en un modesto edificio de escuela primaria de la misión. Era la primera institución de educación superior de la región para estudiantes africanos, y atraía a jóvenes de todo el sur del continente.
Con el tiempo, aquel colegio fue creciendo y cambiando de estatus. En 1964 se transformó en la Universidad de Basutolandia, Bechuanalandia y Suazilandia (UBBS), compartida por esos tres territorios. Al independizarse Lesoto en 1966, y tras la posterior separación de las universidades nacionales, el campus de Roma quedó como la Universidad Nacional de Lesoto (NUL). La institución, que había nacido católica, fue secularizada en 1965 y se consolidó como la principal casa de estudios del reino.
Gracias a esa historia, Roma es hoy sinónimo de educación superior en Lesoto: un pueblo universitario con vida estudiantil, investigación y cultura, heredero directo de aquella misión decimonónica. La NUL ha formado a buena parte de los profesionales, funcionarios e intelectuales del país.
Como buena parte de Lesoto, el valle de Roma esconde un pasado geológico asombroso. Las rocas de arenisca que rodean el pueblo se formaron hace unos 180 a 200 millones de años, en el Jurásico temprano, y guardan huellas fósiles de los dinosaurios que caminaron por aquellas antiguas llanuras.
En la zona de Roma hay varios yacimientos de icnitas (huellas fósiles), algunos de ellos dentro de los propios terrenos de la Universidad Nacional de Lesoto, y otros en la llamada meseta de Roma. Es una curiosidad notable: en el mismo lugar donde los estudiantes cursan sus carreras se conservan las pisadas de reptiles gigantes de hace millones de años.
Estas huellas forman parte del extraordinario patrimonio paleontológico de Lesoto, uno de los mejores del continente para el estudio de los dinosaurios del Jurásico. Junto con las de Morija, Quthing y otros sitios, las de Roma convierten al reino en un destino de interés para los amantes de la paleontología.
La Roma actual combina tres almas: la universitaria, la religiosa y la montañesa. Es el principal polo educativo del país, con la NUL, sus seminarios y sus noviciados, lo que le da un ambiente joven y culto poco habitual en el Lesoto rural. Es, a la vez, el centro del catolicismo basotho, con su histórica misión y su gran iglesia de arenisca. Y es, por su geografía, una puerta al aire libre: el valle y sus montañas invitan a caminar, a subir cerros como el Makhetha y a practicar el pony trekking.
Para el viajero, Roma es una escapada perfecta desde Maseru: en 45 minutos se pasa del bullicio de la capital a un valle verde y sereno, con historia, espiritualidad y naturaleza. El histórico Trading Post del pueblo, una vieja posta comercial reconvertida en alojamiento, es un buen punto de partida para explorar la zona.
Además, Roma es el comienzo natural de la ruta hacia el sureste montañoso —Ramabanta, Semonkong y las cataratas Maletsunyane—, así que muchos la usan como primera etapa de una aventura más profunda por las tierras altas. Verde, estudiantil y espiritual, Roma muestra una cara de Lesoto muy distinta de las postales alpinas, y no menos encantadora.