La represa de Katse es una de esas obras que dejan sin aliento: un muro de hormigón de 185 metros clavado entre montañas, conteniendo un embalse azul que serpentea como un fiordo por los valles del macizo Maluti, a casi 2.000 metros de altitud. Es una de las represas más altas de África y la joya de ingeniería del Lesotho Highlands Water Project, el ambicioso plan que convirtió el agua de las montañas de Lesoto en su gran recurso de exportación.
Pero Katse no es solo cemento: el viaje hasta allí, por carreteras de montaña que trepan pasos vertiginosos como el de Mafika-Lisiu, es uno de los grandes recorridos escénicos del sur de África. En el camino se atraviesa la reserva de Bokong, con sus vistas de altura, y al llegar espera un embalse de aguas profundas rodeado de picos pelados. Junto al muro, un centro de visitantes explica la obra y organiza recorridos guiados por la represa.
Esta guía te lleva por Katse con mirada práctica: cómo llegar por las rutas de montaña, la visita guiada al muro y el centro de visitantes, los jardines botánicos que protegen la rara aloe espiral —flor nacional de Lesoto—, y dónde dormir y comer en el pueblo. Es el destino perfecto para combinar naturaleza alpina, paisajes gigantescos e ingeniería colosal en el corazón del reino.
La represa de Katse se construyó entre 1991 y 1996 (con el embalse llenándose en 1997 y el agua empezando a fluir a Sudáfrica en enero de 1998) como pieza central del Lesotho Highlands Water Project, un acuerdo entre Lesoto y Sudáfrica firmado en 1986. La idea, identificada ya en 1953 por el ingeniero Ninham Shand, era aprovechar la abundante agua de las tierras altas de Lesoto para abastecer la sedienta región industrial de Gauteng, en Sudáfrica, a cambio de ingresos y electricidad para el reino. Su historia completa se cuenta en nuestra página de historia.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Lesoto es un país pobre en casi todo, pero riquísimo en un recurso: el agua. Sus tierras altas, un macizo de más de 3.000 metros de altitud, reciben abundantes lluvias y nieve, y de ellas nacen ríos caudalosos como el Orange (Senqu), el más largo del sur de África. Toda esa agua, sin embargo, bajaba de las montañas y se perdía rumbo al océano, mientras justo al otro lado de la frontera, en Sudáfrica, la región industrial de Gauteng —Johannesburgo, Pretoria y el corazón económico del país— sufría escasez crónica.
La idea de aprovechar esa asimetría es vieja. Ya en 1953, el ingeniero civil sudafricano Ninham Shand propuso transferir agua desde las tierras altas de Lesoto hacia el Witwatersrand para abastecer su industria. El proyecto era técnicamente descomunal y políticamente delicado —implicaba a dos países con relaciones tensas en la era del apartheid—, y quedó en el cajón durante décadas.
Con el tiempo, la creciente sed de Gauteng y el interés de Lesoto por obtener ingresos y electricidad hicieron el proyecto irresistible. En 1986 ambos países firmaron el tratado que dio nacimiento al Lesotho Highlands Water Project (LHWP), uno de los mayores esquemas de transferencia de agua del mundo, cuya obra emblemática sería la represa de Katse.
El Tratado del Lesotho Highlands Water Project, firmado en 1986, estableció un intercambio elegante: Lesoto construiría represas y túneles para capturar el agua de sus montañas y enviarla a Sudáfrica; a cambio, recibiría cuantiosas regalías por metro cúbico de agua transferida y podría generar su propia electricidad hidroeléctrica. Para un reino sin recursos minerales significativos, el agua se convertía así en su gran fuente de divisas.
El proyecto se dividió en varias fases. La Fase 1A tuvo como núcleo la represa de Katse, sobre el río Malibamat'so, y un túnel de transferencia de 45 kilómetros que lleva el agua hacia el norte, hasta Sudáfrica, sumando después la central hidroeléctrica de 'Muela para abastecer de electricidad a Lesoto. Fases posteriores agregarían la represa de Mohale y, más recientemente, la de Polihali.
El acuerdo no estuvo exento de polémica: la construcción implicó desplazar comunidades enteras cuyas tierras y aldeas quedaron bajo el agua, con compensaciones muy discutidas, y hubo denuncias de corrupción en la adjudicación de contratos que terminaron en sonados juicios internacionales. Aun así, el LHWP siguió adelante como uno de los proyectos de infraestructura más importantes de África.
La represa de Katse se construyó entre 1991 y 1996, en pleno macizo Maluti, en uno de los entornos más remotos y difíciles imaginables. Para llegar hasta allí hubo que abrir cientos de kilómetros de nuevas carreteras de montaña —las mismas que hoy usan los viajeros— a través de pasos de más de 3.000 metros. Fue una empresa de ingeniería y logística colosal.
El resultado es un muro de doble arco de hormigón de 185 metros de altura y 710 metros de coronamiento, con más de 2,3 millones de metros cúbicos de hormigón. Es la segunda represa más alta de África y la de mayor altitud del continente, con su coronamiento a casi 2.000 metros sobre el nivel del mar. Su diseño de doble arcada le permite resistir la enorme presión del agua apoyándose en las laderas del valle.
El embalse empezó a llenarse en 1997 y, el 22 de enero de 1998, comenzó oficialmente la transferencia de agua hacia Sudáfrica. Se había creado un lago artificial de aguas profundas, largo y ramificado como un fiordo, que hoy almacena casi 2.000 millones de metros cúbicos y transformó por completo el paisaje —y la economía— de las tierras altas centrales de Lesoto.
La creación del embalse tuvo un costo ambiental: al inundarse los valles, quedaba bajo el agua una franja de flora afroalpina única, adaptada a las duras condiciones de la alta montaña de Lesoto. Para salvar parte de ese patrimonio botánico, en 1995 se crearon los Jardines Botánicos de Katse, a unos 2.230 metros de altitud, junto al pueblo de Katse.
El jardín, de unas 17 hectáreas en laderas aterrazadas, funcionó como un arca vegetal: allí se trasplantaron y conservaron especies rescatadas de las zonas que iban a ser sumergidas. Hoy protege más de 500 especies de plantas indígenas —proteas, aloes, lirios, 'red-hot pokers' y muchas más— y es un centro de conservación de la flora de montaña del reino.
Su joya es la aloe espiral (Aloe polyphylla), la flor nacional de Lesoto: una suculenta endémica de estas montañas cuyas hojas grises se disponen en una espiral geométrica perfecta, imposible de confundir. Amenazada en su hábitat natural, encuentra en los jardines de Katse un refugio donde los visitantes pueden admirarla e incluso adquirir ejemplares cultivados. Así, junto a la obra de ingeniería, Katse alberga también un esfuerzo por preservar la vida que la propia represa puso en peligro.
Más de un cuarto de siglo después de su inauguración, la represa de Katse sigue siendo la pieza central del Lesotho Highlands Water Project y una de las principales fuentes de ingresos del reino: Sudáfrica paga a Lesoto decenas de millones de dólares al año en regalías por el agua transferida, dinero vital para un país de economía pequeña. Además, la central de 'Muela abastece de electricidad a buena parte del reino.
Con el tiempo, Katse se convirtió también en un destino turístico. El centro de visitantes del LHWP recibe a viajeros de todo el mundo, ofrece recorridos guiados por el muro y sus galerías, y explica una de las grandes obras de ingeniería africanas. El embalse permite paseos en bote y pesca, los jardines botánicos atraen a los amantes de la naturaleza, y el propio viaje por las carreteras de montaña se ha vuelto una de las rutas escénicas más celebradas del sur de África.
Hoy, el proyecto continúa creciendo con nuevas fases, como la represa de Polihali, aguas arriba, que ampliará la transferencia de agua. Katse, sin embargo, sigue siendo el símbolo de todo el esquema: la prueba de que el 'oro azul' de las montañas de Lesoto puede sostener la economía de un reino y, de paso, regalar al viajero uno de los paisajes de alta montaña más asombrosos de África.