Hlotse, cabecera del distrito de Leribe, es una de las ciudades más importantes del norte de Lesoto: un centro comercial y agrícola de las tierras bajas del noroeste, animado y práctico, que la mayoría de los viajeros usa como base o parada en la ruta hacia las montañas. No es un destino de postal en sí mismo, pero tiene su encanto y guarda un tesoro paleontológico de fama mundial: las huellas de dinosaurio del río Subeng.
A pocos kilómetros del centro, en el lecho de un arroyo, se conservan pisadas fosilizadas de dinosaurios de entre 108 y 200 millones de años, entre las más importantes de un país que es, sin exagerar, uno de los grandes yacimientos de icnitas del mundo. La ciudad también conserva vestigios de su pasado colonial británico, como una vieja torre de vigilancia, y sirve de puerta a las misiones, valles y represas de la región de Leribe.
Esta guía cuenta qué ver en Hlotse y sus alrededores, cómo llegar a las huellas del Subeng, dónde dormir y comer, y cómo usar la ciudad como trampolín hacia Ts'ehlanyane, Afriski, la represa de Katse y el resto del norte montañoso. Ideal para quien entra a Lesoto desde el Free State sudafricano o baja de las tierras altas rumbo a la capital.
Hlotse fue fundada en 1876 como estación misionera anglicana por el reverendo John Widdicombe, y su nombre viene del río homónimo. Durante la guerra de las armas ('Gun War', 1880-1881) entre los basotho y la administración colonial del Cabo, fue escenario de un asedio, del que aún se conserva una torre de vigilancia de piedra. Con el tiempo se consolidó como el principal centro del norte del reino. Esa historia —de misión colonial a ciudad comercial— se cuenta en nuestra página de historia.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Mucho antes de que existiera ninguna ciudad, la región de Hlotse ya guardaba una historia grabada en la piedra: la de los dinosaurios. Hace más de 100 millones de años, durante el Jurásico temprano y el período anterior, esta parte del sur de África era una vasta llanura de lagos, ríos y barro, por donde caminaban distintas especies de dinosaurios. Sus pisadas quedaron impresas en el fango, que con el tiempo se convirtió en arenisca, preservando las huellas hasta hoy.
El yacimiento del río Subeng, a pocos kilómetros del actual centro de Hlotse, fue descubierto en 1955 y conserva las pisadas de al menos tres —y posiblemente hasta seis— especies distintas, algunas de tres dedos y otras de cinco. Es uno de los muchos sitios de icnitas (huellas fosilizadas) que hacen de Lesoto uno de los grandes yacimientos paleontológicos del mundo en su tipo, junto con los famosos rastros y fósiles del sur del país, en la región de Quthing.
Sobre esas tierras antiquísimas llegaron mucho después los seres humanos: primero los san, cazadores-recolectores que dejaron su arte rupestre por todo el macizo Maloti-Drakensberg, y luego los pueblos de habla sesotho que, en el siglo XIX, se unificarían como nación basotho. La zona de Leribe, en las tierras bajas fértiles del noroeste, se volvió una de las más pobladas y agrícolas del reino.
La ciudad de Hlotse propiamente dicha nació en 1876, cuando el reverendo anglicano John Widdicombe fundó allí una estación misionera, a orillas del río Hlotse, del que la ciudad toma su nombre. Como tantas otras poblaciones de Lesoto, su origen fue una misión cristiana: los misioneros —protestantes franceses de la Sociedad de Misiones Evangélicas de París, católicos y anglicanos— fueron desde la década de 1830 actores centrales en la historia del reino.
Aquellas misiones hicieron mucho más que evangelizar: introdujeron la escritura del idioma sesotho, fundaron las primeras escuelas e imprentas, y dejaron una impronta arquitectónica de iglesias y edificios de piedra que todavía marca los cascos históricos de pueblos como Hlotse, Morija o Roma. El rey Moshoeshoe I, fundador de la nación basotho, había invitado deliberadamente a los misioneros para que lo ayudaran a modernizar y fortalecer su reino frente a las amenazas externas.
En ese contexto, la misión de Widdicombe convirtió a Hlotse en un foco de educación y religión en el norte de Basutolandia. Alrededor de la misión fue creciendo un pueblo que, por su ubicación en las fértiles tierras bajas y sobre las rutas hacia el interior y hacia la frontera sudafricana, pronto sumaría un papel comercial y administrativo.
La historia de Hlotse tuvo su capítulo más dramático a comienzos de la década de 1880, durante la 'Gun War' o guerra de las armas (1880-1881). Por entonces, Basutolandia estaba bajo la administración de la colonia británica del Cabo, que intentó imponer a los basotho una ley de desarme, obligándolos a entregar las armas de fuego que habían adquirido legalmente trabajando en las minas y granjas de la región.
Los basotho se resistieron con firmeza: para ellos, las armas eran símbolo de estatus y garantía de autonomía, y entregarlas equivalía a someterse. Estalló así una guerra que enfrentó a las fuerzas coloniales del Cabo con los guerreros basotho, muchos de ellos a caballo y expertos conocedores del terreno montañoso. Hlotse, como punto misionero y administrativo, fue asediada durante el conflicto, y de aquella época se conserva en la ciudad una torre de vigilancia de piedra.
La guerra terminó esencialmente en tablas, pero fue una victoria política para los basotho: demostró que la colonia del Cabo no podía controlarlos. El resultado fue que, en 1884, Basutolandia pasó a ser administrada directamente por la corona británica como protectorado, en lugar de por el Cabo. Esa decisión tuvo una consecuencia histórica enorme: cuando en 1910 se formó la Unión Sudafricana, Basutolandia quedó fuera de ella, lo que permitió que llegara a la independencia en 1966 como país propio y no absorbido por Sudáfrica.
A lo largo del siglo XX, Hlotse creció hasta convertirse en la principal ciudad del norte de Lesoto y cabecera del distrito de Leribe, una de las zonas más pobladas y agrícolas del país. Su ubicación sobre la ruta A1 y junto a la concurrida frontera de Ficksburg/Maputsoe con el Free State sudafricano la consolidó como un nudo comercial: por aquí pasan mercancías, trabajadores y viajeros entre Lesoto y Sudáfrica.
La economía de la región, como la de todo el reino, estuvo históricamente ligada a la emigración: durante generaciones, miles de hombres del distrito de Leribe trabajaron en las minas de oro y las granjas sudafricanas, y sus remesas sostuvieron a las familias. El declive de la minería en las últimas décadas golpeó duramente la zona, y hoy la agricultura, el comercio fronterizo, la industria textil de Maputsoe y, en menor medida, el turismo, son los pilares económicos.
Para el viajero, Hlotse es hoy sobre todo una base práctica y un pedazo de Lesoto auténtico: la ciudad donde cargar combustible y provisiones antes de subir a las montañas del Maluti, visitar las huellas de dinosaurio del Subeng, ver la vieja torre de la Gun War y tomarle el pulso a la vida cotidiana basotho. Un punto de paso con más historia de la que aparenta a primera vista.