Borjomi es el gran balneario de montaña de Georgia: una ciudad chica y arbolada, metida en un valle profundo y verde del río Kura, cuyo nombre conocen en toda la antigua Unión Soviética por una sola cosa: su agua. La 'Borjomi', un agua mineral gaseosa y ligeramente salada que brota de manantiales de origen volcánico, se embotella desde el siglo XIX y se exporta a decenas de países; para muchos, es la marca georgiana más famosa del mundo. Pero Borjomi es mucho más que una botella: es aire puro, bosques infinitos, aguas termales al aire libre y el encanto nostálgico de un antiguo lugar de veraneo de zares y comisarios.
El corazón de la visita es el Parque Central o Parque del Agua Mineral, un hermoso paseo arbolado que se interna en el valle, donde uno puede beber gratis el agua caliente y salada directamente de la fuente Ekaterina, subir en un viejo teleférico a un mirador con una noria, y caminar por el bosque hasta unas piletas termales al aire libre para darse un baño rodeado de naturaleza. Todo alrededor se extiende el Parque Nacional de Borjomi-Kharagauli, uno de los más grandes de Europa, con cientos de kilómetros de senderos entre bosques, praderas de montaña y fauna salvaje.
Borjomi es además la puerta de entrada a Bakuriani, el clásico centro de esquí y montaña, adonde antaño subía un pintoresco trencito de trocha angosta. Y está de camino a Vardzia y el sur profundo de Georgia, por lo que suele formar parte de rutas de varios días. Esta guía te ayuda a aprovechar sus aguas y sus bosques, entender qué ver y cuánto cuesta, moverte por la zona y descubrir por qué esta ciudad de agua, tan modesta a primera vista, tiene una historia y una naturaleza que la hacen inolvidable.
Borjomi ganó fama en el siglo XIX, cuando los rusos, que habían anexado Georgia, 'redescubrieron' sus manantiales de agua mineral (que en realidad los lugareños usaban desde hacía siglos). La leyenda dice que un soldado ruso enfermo se curó bebiendo de la fuente. El agua se hizo célebre cuando el virrey del Cáucaso y luego la familia imperial rusa, los Románov, la adoptaron: el gran duque Mijaíl Románov construyó aquí su residencia de verano, embotelló el agua y convirtió a Borjomi en un elegante balneario de la aristocracia. En la época soviética, la 'Borjomi' se transformó en el agua mineral más popular de toda la URSS, símbolo de estatus, y la ciudad en un destino de veraneo de masas, con grandes sanatorios. Tras la independencia de Georgia en 1991, el agua siguió siendo un producto estrella de exportación. Esa historia de manantiales, zares y sanatorios está contada en nuestra página de historia.
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Leer la historia de Imericia y el sur: cuevas y aguas termales →Sin precios exactos: escala de $ (económico) a $$$$$ (lujo), con 2-3 opciones por categoría.
Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Mucho antes de que su nombre viajara en botellas por medio mundo, el valle de Borjomi era ya un lugar habitado y estratégico. Encajonado entre montañas boscosas, en el curso del río Kura (Mtkvari), este angosto desfiladero conectaba desde tiempos remotos el centro de Georgia con las tierras del sur, y estuvo salpicado de fortalezas y monasterios que vigilaban el paso. Los restos de viejas fortificaciones medievales, como la fortaleza de Gogia o la de Petra, todavía asoman entre la vegetación de las laderas, testimonio de un pasado en el que este valle era una vía de comunicación y defensa.
Los manantiales de agua mineral, que brotan gaseosos y salados de la profundidad volcánica de la región, eran conocidos y usados por los habitantes locales desde hacía siglos: hay indicios de que ya en la Antigüedad y la Edad Media se aprovechaban sus aguas, e incluso se han hallado antiguos baños de piedra en la zona. Pero durante mucho tiempo fueron un recurso local, sin la fama que vendría después. El valle era una comarca de montaña más de la Georgia meridional, poblada de bosques, con aldeas dedicadas al pastoreo y la agricultura.
Toda esta región del sur —la actual Samtsje-Yavajeti— fue tierra de frontera y de disputa a lo largo de la historia georgiana, expuesta a las invasiones y a la influencia de los imperios vecinos, y durante un tiempo bajo dominio otomano. Ese carácter fronterizo y algo aislado del valle de Borjomi se mantendría hasta el siglo XIX, cuando un cambio de manos político transformaría por completo su destino.
El gran vuelco llegó en el siglo XIX, cuando el Imperio Ruso, que había anexado Georgia, extendió su control sobre esta región del sur. La historia oficial rusa 'redescubrió' los manantiales de Borjomi hacia la década de 1820-1830, en tiempos en que en el valle se estacionaban tropas imperiales. Una leyenda muy repetida cuenta que un soldado ruso enfermo bebió del agua de la fuente y se curó, y que así se difundió la fama de sus propiedades curativas; otra versión atribuye el hallazgo a los oficiales del regimiento que analizaron el agua. Fuese como fuese, a partir de entonces las autoridades imperiales empezaron a estudiar y explotar los manantiales.
En las décadas siguientes, Borjomi se fue construyendo como un balneario a la moda europea, siguiendo el modelo de los famosos spa alemanes y checos. Se acondicionaron las fuentes, se construyeron pabellones, parques y las primeras instalaciones para 'tomar las aguas', y el lugar empezó a atraer a la aristocracia y a los funcionarios del Cáucaso ruso, que venían a curarse y descansar en este valle de aire puro. El agua mineral, embotellada, comenzó a comercializarse y a ganar renombre.
El salto definitivo llegó cuando la propia familia imperial de los Románov puso sus ojos en Borjomi. El gran duque Mijaíl Nikoláievich Románov, hermano del zar y virrey del Cáucaso, recibió estas tierras y se convirtió en el gran impulsor del balneario: fomentó el embotellado del agua, mejoró la infraestructura y, a fines del siglo XIX, mandó construir en la cercana Likani un elegante palacio de verano. Con el respaldo de los Románov, Borjomi se transformó en un lugar de moda y prestigio, la 'perla del Cáucaso'.
A fines del siglo XIX y comienzos del XX, Borjomi vivió su primera edad de oro como balneario elegante de la aristocracia rusa. El palacio de verano de los Románov en Likani, construido en la década de 1890 en un refinado estilo ecléctico junto al río, era el símbolo de ese esplendor: la familia imperial y la alta sociedad pasaban temporadas en el valle, atraídas por el clima, los bosques y las aguas 'medicinales'. Se desarrollaron el parque, los jardines, los hoteles y toda una infraestructura de veraneo que dio a Borjomi su fisonomía de balneario de época, que todavía se percibe en el Parque Central.
El embotellado del agua se industrializó y la 'Borjomi' empezó a distribuirse por todo el imperio y más allá, ganando premios en exposiciones internacionales. El agua mineral se convirtió en la gran marca del valle, y su fama trascendió las fronteras rusas. Borjomi era, en esa época, un lugar donde se cruzaban la ciencia médica del momento, el ocio de las clases altas y la explotación comercial de un recurso natural.
Ese mundo dorado terminó con la Revolución Rusa de 1917 y la caída de los Románov. Georgia vivió un breve período de independencia (1918-1921) y luego, con la ocupación del Ejército Rojo en 1921, fue incorporada a la Unión Soviética. El palacio de Likani y las instalaciones balnearias pasaron a manos del nuevo Estado, y Borjomi entró en una etapa distinta, pero que, curiosamente, no haría más que agrandar la fama de su agua.
En la época soviética, Borjomi alcanzó su máxima fama. El agua mineral 'Borjomi' se convirtió en una de las más populares y prestigiosas de toda la Unión Soviética: estaba presente en las mesas, en los restaurantes y en los hospitales de todo el país, se consideraba buena para la digestión y la salud, y llegó a ser una especie de símbolo de estatus, un producto de calidad reconocido por todos. Se embotellaban millones de litros que se distribuían por las quince repúblicas soviéticas y se exportaban a los países del bloque del Este.
Al mismo tiempo, Borjomi se consolidó como un gran centro de veraneo y de 'turismo de salud' de masas. El Estado soviético construyó grandes sanatorios y casas de reposo donde los trabajadores pasaban vacaciones y hacían curas con las aguas, en el marco de aquel sistema de vacaciones organizadas típico de la URSS. El antiguo palacio de los Románov en Likani se convirtió en residencia de descanso de la cúpula soviética: Stalin, entre otros, veraneó allí. El valle vivía de las aguas, los bosques y los veraneantes que llegaban de todo el país.
La caída de la Unión Soviética en 1991 golpeó duramente, como a toda Georgia. La crisis económica, el corte de los circuitos comerciales soviéticos y los conflictos de los años 90 afectaron al turismo y a la producción. La marca 'Borjomi' atravesó dificultades, y más tarde, en 2006, sufrió un duro golpe cuando Rusia —su mayor mercado— prohibió su importación en el marco de las tensiones políticas entre ambos países, un veto que se mantuvo durante años. Pese a todo, el agua siguió siendo un producto estrella de exportación georgiano.
La Borjomi contemporánea sigue viviendo de sus dos grandes tesoros: el agua y la naturaleza. La marca 'Borjomi' se recuperó y hoy se exporta de nuevo a decenas de países, y el agua mineral continúa siendo uno de los productos georgianos más conocidos internacionalmente y un orgullo nacional. Las plantas embotelladoras de la zona son una parte importante de la economía local, y probar el agua directamente de la fuente Ekaterina, en el Parque Central, sigue siendo el ritual obligado de todo visitante.
En las últimas décadas, además, Borjomi apostó fuerte por el ecoturismo. En 1995 se creó, con apoyo internacional (de Alemania, sobre todo), el Parque Nacional de Borjomi-Kharagauli, uno de los más grandes de Europa, que protege los inmensos bosques y montañas que rodean la ciudad y que se ha convertido en un destino de referencia para el senderismo en Georgia. Junto con las aguas termales al aire libre, el teleférico, el aire puro y la cercana estación de esquí de Bakuriani, esto ha renovado el atractivo turístico del valle.
Borjomi es hoy un destino tranquilo y encantador, que combina el peso de su historia —los manantiales milenarios, el balneario de los zares, la fama soviética del agua— con la naturaleza excepcional de su entorno. Para el viajero, es una parada refrescante y distinta en el recorrido por Georgia: un valle de montaña donde beber el agua más famosa del país en su propia fuente, caminar por bosques infinitos y darse un baño termal bajo los árboles. Un lugar modesto en apariencia, pero con una historia que corre, como su agua, desde las profundidades de la tierra.