Portland es la cara más cosmopolita y sabrosa de Maine: una ciudad portuaria de tamaño humano, asentada sobre una península en la bahía de Casco, que en las últimas décadas se ganó fama como uno de los grandes destinos gastronómicos de Estados Unidos. Aquí, la tradición marinera de Nueva Inglaterra —los muelles, las barcas langosteras, los faros y las casas de ladrillo— convive con una escena vibrante de restaurantes, cervecerías artesanales, galerías y mercados que atrae a viajeros de todo el país.
Su corazón es el Old Port, el casco histórico junto al puerto: un entramado de calles empedradas y edificios de ladrillo del siglo XIX, antiguos almacenes portuarios reconvertidos en restaurantes, bares, tiendas y galerías. A pasos, los muelles siguen recibiendo a los barcos langosteros, y desde el puerto parten los ferries hacia las islas de la Casco Bay, ese archipiélago de islas verdes salpicadas de casas y faros. A pocos minutos, en el vecino Cape Elizabeth, se alza el Portland Head Light, el faro más antiguo y fotografiado de Maine, encargado en tiempos de George Washington.
Esta guía recorre Portland con mirada práctica y cálida: cómo llegar y moverse, qué barrios, faros y museos visitar, cómo hacer una escapada en ferry a las islas, dónde comer la mejor langosta y los mariscos frescos, y cómo usar la ciudad como base para explorar la costa de Maine. Portland se disfruta caminando, con tiempo para perderse por el Old Port, contemplar los faros y darse el gusto de un buen lobster roll frente al mar.
La región de la bahía de Casco era territorio del pueblo wabanaki (en especial los abenaki) mucho antes de la llegada de los europeos, que vivían de la pesca, la caza y la recolección. El asentamiento europeo comenzó en el siglo XVII; el lugar tuvo varios nombres (entre ellos Falmouth) antes de adoptar el de Portland. La ciudad tuvo una historia marcada por el fuego y la destrucción: fue arrasada en conflictos con los pueblos originarios y los franceses, bombardeada e incendiada por los británicos en 1775 durante la Revolución, y sufrió en 1866 el Gran Incendio del Día de la Independencia, que destruyó buena parte de la ciudad. La reconstrucción posterior, con edificios de ladrillo de estilo victoriano, dio forma al actual Old Port. Portland fue brevemente la capital de Maine cuando este se separó de Massachusetts y se convirtió en estado en 1820 (la capital pasó luego a Augusta). La ciudad prosperó como puerto comercial y pesquero y fue cuna del poeta Henry Wadsworth Longfellow. Su lema, 'Resurgam' ('Resurgiré'), alude a su capacidad de renacer tras las catástrofes. En las últimas décadas, Portland vivió un renacimiento como destino gastronómico y cultural, manteniendo su identidad marinera. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El estado del pino y la langosta: tierra wabanaki en el extremo noreste del país, de costas rocosas salpicadas de faros, de bosques inmensos y del Parque Nacional Acadia, el primero al este del Misisipi.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Mucho antes de que existiera la ciudad, la región de la bahía de Casco era territorio de los pueblos wabanaki, en particular de los abenaki, que pertenecen a la gran familia de lengua algonquina. 'Wabanaki' suele traducirse como 'pueblo del amanecer', en referencia a su ubicación en el extremo nororiental del continente. Estos pueblos habitaban la costa y los ríos del actual Maine y aprovechaban la enorme riqueza de la bahía y sus numerosas islas.
Vivían de una economía basada en la pesca, el marisqueo, la caza y la recolección, además de algo de agricultura en las zonas favorables. La bahía de Casco, con sus decenas de islas, sus estuarios y sus aguas ricas en peces y mariscos, era un territorio generoso, recorrido estacionalmente según los ciclos de los recursos. La península donde hoy se levanta Portland —que los pueblos originarios conocían con su propio nombre— era parte de ese paisaje habitado y conocido.
La llegada de los europeos a comienzos del siglo XVII trajo el comercio de pieles, pero también enfermedades devastadoras y, sobre todo, una larga serie de conflictos por la tierra que se prolongarían durante más de un siglo. Las guerras entre colonos ingleses, franceses y los pueblos wabanaki marcarían trágicamente los primeros tiempos del asentamiento europeo en la zona, con repetidas destrucciones. Pese a todo, los pueblos wabanaki perviven hoy en Maine, manteniendo su identidad y su memoria de una tierra que habitaron mucho antes de que llevara el nombre de Portland.
El asentamiento europeo en la península que hoy ocupa Portland comenzó hacia la década de 1630, cuando colonos ingleses se establecieron en este punto de la bahía de Casco para dedicarse a la pesca y el comercio. El lugar tuvo distintos nombres a lo largo del tiempo —entre ellos Machigonne (de origen indígena), Casco y, más tarde, Falmouth— antes de adoptar finalmente el de Portland.
Aquellos primeros tiempos fueron extraordinariamente difíciles. La región se vio envuelta en las largas guerras coloniales entre Inglaterra y Francia, y en los conflictos con los pueblos wabanaki, que veían amenazadas sus tierras. El asentamiento fue atacado y destruido en varias ocasiones durante el siglo XVII y comienzos del XVIII, en el marco de las llamadas guerras franco-indias, lo que obligó a los colonos a abandonarlo y reconstruirlo más de una vez. Esta historia de destrucción y renacimiento sería una constante en la vida de la ciudad.
Recién hacia mediados del siglo XVIII, con la consolidación del dominio británico tras las guerras coloniales, el asentamiento (entonces parte de Falmouth) pudo crecer con cierta estabilidad como puerto comercial y maderero. La salida de madera de los bosques de Maine —muy valorada, entre otras cosas, para los mástiles de los barcos— y el comercio marítimo empezaron a dar prosperidad a la comunidad, sentando las bases de la futura ciudad. Pero una nueva destrucción la esperaba con la llegada de la Revolución.
Durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos, la entonces Falmouth (la actual Portland) sufrió uno de los episodios más dramáticos de su historia. En octubre de 1775, una flota británica bombardeó e incendió el asentamiento como represalia por el apoyo de sus habitantes a la causa revolucionaria y por incidentes previos. El ataque destruyó gran parte de las viviendas y dejó a la población en una situación desesperada al borde del invierno. Aquel bombardeo fue uno de los actos que contribuyeron a inflamar el sentimiento independentista en las colonias.
La comunidad, fiel a su carácter resiliente, volvió a reconstruirse tras la guerra. En 1786, la parte de la península separó administrativamente de Falmouth y adoptó el nombre de Portland, con el que se la conoce desde entonces. El nombre proviene de la isla y península de Portland, en la costa de Inglaterra. Con el tiempo, esta Portland de Maine daría a su vez nombre a la mucho mayor Portland de Oregon, en la costa del Pacífico, fundada por colonos del este.
Cuando, en 1820, el territorio de Maine se separó de Massachusetts y se convirtió en un estado independiente de la Unión, Portland fue elegida como su primera capital. Ese rol duró poco: en 1832 la capital del estado se trasladó a Augusta, en el interior, donde permanece hasta hoy. Pero Portland siguió siendo la ciudad más grande e importante de Maine, su gran puerto y su centro económico y cultural, un papel que conserva en la actualidad.
A lo largo del siglo XIX, Portland creció y prosperó como uno de los puertos más importantes del noreste de Estados Unidos. Su ubicación, con una bahía profunda y bien protegida y una buena conexión con el interior, la convirtió en un centro de comercio marítimo, exportación de madera y mercancías, construcción naval y pesca. La llegada del ferrocarril reforzó su papel: durante un tiempo, Portland fue incluso el puerto de invierno de buena parte del comercio de Canadá, cuando el río San Lorenzo se congelaba.
La ciudad fue también cuna y hogar de figuras culturales destacadas. La más célebre es el poeta Henry Wadsworth Longfellow, uno de los escritores estadounidenses más populares del siglo XIX, autor de obras como 'El canto de Hiawatha'. Longfellow nació en Portland en 1807, y su casa de infancia (la Wadsworth-Longfellow House) se conserva hoy como museo en el centro de la ciudad. El poeta evocó con cariño su ciudad natal y su bahía en varios de sus versos.
La prosperidad del siglo XIX dejó una huella arquitectónica importante, con elegantes casas, edificios públicos e iglesias. La ciudad combinaba el bullicio de su frente portuario y comercial con barrios residenciales señoriales. Sin embargo, como tantas veces en su historia, una catástrofe estaba a punto de poner a prueba, una vez más, la capacidad de Portland para renacer de sus cenizas.
El 4 de julio de 1866, día de la celebración de la Independencia, un incendio se desató en Portland —según la versión más difundida, a partir de una chispa o un petardo cerca de un depósito— y, avivado por el viento, se propagó sin control por la ciudad. El Gran Incendio de 1866 fue una catástrofe enorme: arrasó buena parte del centro y del frente comercial, destruyó miles de edificios, dejó a millares de personas sin hogar y fue uno de los mayores incendios urbanos de la historia de Estados Unidos hasta ese momento.
Fiel a su carácter, Portland se reconstruyó con energía. En los años siguientes al incendio, la ciudad se levantó de nuevo, esta vez con edificios de ladrillo y piedra de estilo victoriano, más resistentes al fuego, que reemplazaron a las antiguas construcciones de madera. Esa reconstrucción dio forma a buena parte del aspecto que hoy conserva el Old Port, con sus calles empedradas y sus sólidos edificios de ladrillo rojo, hoy llenos de restaurantes y comercios.
No es casualidad que el lema de la ciudad sea 'Resurgam', palabra latina que significa 'Resurgiré' o 'Me levantaré de nuevo'. El lema, acompañado a veces de la imagen de un ave fénix renaciendo de las llamas, resume de manera elocuente la historia de Portland: una ciudad destruida una y otra vez —por las guerras coloniales, por el bombardeo británico de 1775, por el gran incendio de 1866— y que, cada vez, supo reconstruirse y seguir adelante. Esa capacidad de renacer es parte profunda de la identidad de la ciudad.
Durante buena parte del siglo XX, Portland vivió altibajos, como muchas ciudades portuarias del noreste de Estados Unidos. El declive de algunas industrias tradicionales y los cambios en el comercio marítimo afectaron a la economía, y zonas como el frente portuario perdieron parte de su antiguo dinamismo. Pero, hacia fines del siglo XX y comienzos del XXI, la ciudad protagonizó un notable renacimiento que la convirtió en uno de los destinos más atractivos de la región.
El motor de ese renacimiento fue, en buena medida, la gastronomía. Aprovechando la calidad incomparable de sus mariscos —en especial la célebre langosta de Maine— y de los productos de las granjas y bosques del estado, una nueva generación de chefs y emprendedores transformó a Portland en una sorprendente capital culinaria. Sus restaurantes empezaron a recibir reconocimientos y premios nacionales, y la ciudad se ganó fama de destino donde se come excepcionalmente bien, algo notable para una urbe de su tamaño. A la cocina se sumó una de las escenas de cerveza artesanal más vibrantes del país.
Ese impulso gastronómico arrastró consigo la revitalización del Old Port y de otros barrios, la llegada de hoteles boutique, galerías, tiendas y vida cultural, y un creciente turismo. Hoy, Portland combina con naturalidad su herencia marinera —los muelles, los faros, los barcos langosteros, las islas de la bahía— con una vida urbana moderna y sabrosa. Fiel a su lema 'Resurgam', la ciudad volvió a renacer, esta vez no de un incendio, sino reinventándose como uno de los lugares más disfrutables de Nueva Inglaterra.