Burlington es la cara más urbana y desenfadada de Vermont: una ciudad pequeña pero vibrante, asomada al gran lago Champlain, con las Montañas Verdes a un lado y los Adirondacks de Nueva York recortándose al otro lado del agua. A pesar de su tamaño modesto, es el corazón cultural, universitario y gastronómico del estado, conocida por su espíritu progresista, ecológico y comunitario, y por una calidad de vida que la sitúa entre las ciudades más agradables del noreste de Estados Unidos.
Su alma late en la Church Street Marketplace, una calle peatonal llena de cafés, tiendas, restaurantes y músicos callejeros, y en el Waterfront, el paseo costero del lago Champlain donde los atardeceres sobre el agua, con las montañas de fondo, son un espectáculo en sí mismo. Burlington es también tierra de cervecerías artesanales, de helados Ben & Jerry's (nacidos a pocos kilómetros) y de productos locales como el jarabe de arce, en una región orgullosa de su comida de granja a mesa.
Esta guía recorre Burlington con mirada práctica: qué ver en la ciudad y a orillas del lago, cómo aprovechar el verano y el follaje otoñal, cómo llegar desde el aeropuerto y las ciudades cercanas, dónde alojarse y cómo combinarla con Stowe, las Montañas Verdes o una escapada a Montreal. Es la base perfecta para descubrir el norte de Vermont.
La región de Burlington, a orillas del lago Champlain, estuvo habitada durante milenios por pueblos originarios de lengua algonquina, en particular los abenaki occidentales, que vivían de la pesca, la caza y la agricultura en torno al lago. El lago lleva el nombre del explorador francés Samuel de Champlain, que llegó a la zona en 1609, cuando la región era parte de la disputa entre las colonias francesas e inglesas. Burlington fue fundada formalmente como pueblo en 1763 y creció en el siglo XIX como puerto comercial sobre el lago Champlain, aprovechando el comercio de madera y el transporte fluvial, sobre todo tras la apertura de canales que conectaron el lago con el río Hudson y con Canadá. La fundación de la Universidad de Vermont (UVM) en 1791 —el mismo año en que Vermont se incorporó a Estados Unidos como el estado número 14— marcó su perfil universitario. A lo largo del siglo XX, la ciudad evolucionó de centro industrial y portuario a una ciudad de servicios, educación y cultura, ganándose fama por su política progresista (Bernie Sanders fue su alcalde en los años ochenta) y su ambiente ecológico. Hoy Burlington es la ciudad más grande de Vermont y un referente de calidad de vida en el noreste del país. La historia completa está en nuestra página de historia.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Mucho antes de que existiera la ciudad, las orillas del gran lago que hoy lleva el nombre de Champlain estaban habitadas por pueblos originarios de lengua algonquina, en particular los abenaki occidentales. Para ellos, el lago era una vía de transporte, una fuente de pesca y un eje de vida: vivían de la pesca, la caza, la recolección y el cultivo del maíz, los porotos y la calabaza, en aldeas repartidas por las riberas y los valles de los alrededores.
El primer europeo en dejar registro del lago fue el explorador francés Samuel de Champlain, que llegó a sus aguas en 1609, en el marco de la expansión francesa desde Canadá. El lago tomó su nombre, y la región quedó situada en una zona de fricción entre las colonias francesas del norte y las colonias inglesas de Nueva Inglaterra y Nueva York. Durante más de un siglo, ese corredor del lago Champlain fue escenario de rivalidades, alianzas cambiantes con los pueblos originarios y conflictos coloniales.
La llegada de los europeos trajo, como en todo el continente, profundas consecuencias para los abenaki: epidemias, presión sobre sus territorios y su forzada participación en las guerras entre potencias. Aun así, su presencia milenaria es parte fundamental de la historia de la región del lago Champlain sobre la que más tarde se levantaría Burlington.
Burlington fue establecida formalmente como pueblo (town) en 1763, en el marco de las concesiones de tierras de la época colonial, sobre la ribera oriental del lago Champlain. Su ubicación —un buen puerto natural sobre uno de los grandes lagos del noreste— marcaría su destino como centro comercial. El nombre suele asociarse a la influyente familia Allen, vinculada a la fundación y al desarrollo temprano de la zona, en la misma región donde actuaron los Green Mountain Boys de Ethan Allen.
El territorio de Vermont vivió en esos años un proceso político singular: tras declararse república independiente en 1777 (con constitución propia), se incorporó finalmente a Estados Unidos como el estado número 14 en 1791. Ese mismo año, 1791, se fundó en Burlington la Universidad de Vermont (University of Vermont, UVM), una de las instituciones de educación superior más antiguas de Nueva Inglaterra, que daría a la ciudad su perfil universitario y cultural.
La universidad, situada en la colina con vista al lago, atrajo estudiantes, profesores y vida intelectual, y se convirtió en un motor del crecimiento de Burlington. Esa combinación de puerto comercial sobre el lago y ciudad universitaria definió desde temprano el carácter de la urbe: práctica y mercantil por un lado, abierta y culta por el otro.
Durante el siglo XIX, Burlington vivió su gran etapa de crecimiento gracias a su puerto sobre el lago Champlain. La ciudad se convirtió en un importante centro del comercio de madera (lumber), aprovechando los bosques de la región y la salida natural que ofrecía el lago para transportar la producción. El lago Champlain funcionaba como una verdadera autopista comercial del noreste.
La apertura de canales fue decisiva. El Champlain Canal conectó el lago con el río Hudson y, por extensión, con Nueva York y el océano, mientras que otras vías lo vinculaban hacia el norte con Canadá. Esa red de navegación convirtió a Burlington en un nudo del comercio entre Estados Unidos y Canadá, y la madera, el grano y otros productos pasaban por sus muelles. La ciudad prosperó, se llenó de almacenes, comercios y elegantes residencias victorianas, muchas de las cuales todavía se conservan en sus barrios históricos.
La llegada del ferrocarril, más adelante, sumó conexiones terrestres y consolidó el papel de Burlington como centro regional. Esa prosperidad decimonónica explica buena parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad y la base sobre la que se asentaría su desarrollo posterior, cuando el viejo puerto maderero fuera transformándose en otra cosa.
A lo largo del siglo XX, Burlington atravesó la transición que vivieron muchas ciudades del noreste: el declive de su viejo perfil industrial y portuario y la búsqueda de una nueva identidad. El comercio maderero perdió peso, las industrias cambiaron, y la ciudad se reorientó cada vez más hacia los servicios, la educación —con la Universidad de Vermont como gran motor— y, más tarde, el turismo y la tecnología.
En ese proceso, Burlington fue forjando la imagen progresista, ecológica y comunitaria por la que hoy es conocida. Un hito simbólico fue la elección de Bernie Sanders como alcalde de la ciudad en 1981, una figura política independiente y de izquierda que más tarde tendría proyección nacional; su gestión impulsó proyectos de desarrollo comunitario y de recuperación del frente costero. La revitalización del Waterfront del lago Champlain, transformando los antiguos terrenos industriales del puerto en parques, paseos y espacios públicos, fue uno de los grandes cambios de la ciudad en las últimas décadas.
La peatonalización de la calle Church para crear la Church Street Marketplace, la consolidación de la escena cultural y universitaria, y el florecimiento de la cerveza artesanal y la cocina de granja a mesa terminaron de definir el Burlington contemporáneo: una ciudad pequeña pero vibrante, orgullosa de su calidad de vida y de su carácter local.
El Burlington de hoy es la ciudad más grande y dinámica de Vermont, pero conserva una escala humana y un fuerte sentido de comunidad. Su centro, con la peatonal Church Street Marketplace, y su frente al lago Champlain, con el Waterfront y sus atardeceres sobre los Adirondacks, la convirtieron en uno de los destinos urbanos más agradables del noreste de Estados Unidos, repetidamente reconocida por su calidad de vida.
La identidad gastronómica y cultural de la ciudad se volvió parte de su marca. Burlington es la cuna de Ben & Jerry's, los helados nacidos en 1978 que se transformaron en un símbolo del espíritu local —productos de calidad, conciencia social y ambiental, y un toque de irreverencia—. La región, además, es uno de los grandes epicentros de la cerveza artesanal de Estados Unidos, con algunas de las IPA más codiciadas del país, y un fuerte movimiento de comida de granja a mesa que aprovecha los quesos, las carnes y el jarabe de arce de Vermont.
Universitaria, ecológica, progresista y volcada al lago y a la montaña, Burlington combina la vida cultural de una ciudad con el acceso inmediato a la naturaleza: el lago Champlain, las Montañas Verdes, Stowe y las islas del lago están a la mano. Esa mezcla —ciudad pequeña con alma grande— es lo que la hace tan querida y la mantiene como la gran puerta de entrada al norte de Vermont.