Austin es una de esas ciudades que enamoran por su personalidad. Capital de Texas pero muy distinta del estereotipo tejano, es joven, creativa, relajada y profundamente musical: se proclama, con razón, la 'Capital Mundial de la Música en Vivo', porque aquí la música suena en bares, terrazas, parques y festivales prácticamente todas las noches del año. Es la ciudad del lema 'Keep Austin Weird' ('Mantené Austin rara'), un espíritu independiente y alternativo que se respira en sus barrios, sus food trucks, su arte callejero y su gente.
Pero Austin no es solo música. Es naturaleza en plena ciudad: el manantial de Barton Springs, donde uno se baña en agua fresca y cristalina rodeado de verde; el lago urbano Lady Bird, con sus senderos para correr y remar; los ríos y manantiales del Hill Country a un paso. Es el asombroso espectáculo, cada atardecer, del millón y medio de murciélagos que salen volando de debajo de un puente. Es la capital indiscutida de la barbacoa texana, con esas brisket que la gente espera en fila durante horas. Y es un pujante polo tecnológico que la convirtió en una de las ciudades de mayor crecimiento de Estados Unidos.
Esta guía recorre lo esencial de Austin con mirada práctica y cálida: dónde escuchar la mejor música en vivo, cómo disfrutar los manantiales y el lago, dónde ver los murciélagos, qué comer (de la barbacoa a los tacos), cómo moverse en una ciudad pensada para el auto y cómo vivir su ambiente joven y festivo. Austin es distinta, descontracturada y muy disfrutable: una ciudad que se vive al aire libre y al ritmo de la música.
La zona estuvo habitada por pueblos originarios como los tonkawa y, más tarde, recorrida por comanches y apaches. Texas fue territorio español y luego mexicano. En 1836, Texas se independizó de México y se constituyó como la República de Texas (independiente). En 1839, se eligió un pequeño asentamiento junto al río Colorado, entonces llamado Waterloo, como capital de la nueva república, y se lo rebautizó Austin en honor a Stephen F. Austin, el 'padre de Texas', el colonizador que había liderado el asentamiento de estadounidenses en la región. En 1845, Texas se incorporó a Estados Unidos como estado, y Austin siguió siendo su capital. Durante mucho tiempo fue una ciudad de tamaño medio, sede del gobierno estatal y, sobre todo, de la Universidad de Texas (fundada en 1883), que le dio un carácter joven y académico. En el siglo XX, esa población universitaria, junto a una vibrante escena musical (el country, el blues, el rock), forjó el espíritu alternativo y creativo de la ciudad, consagrado en programas como 'Austin City Limits' y en el lema 'Keep Austin Weird'. En las últimas décadas, Austin vivió un crecimiento explosivo al convertirse en un gran polo tecnológico ('Silicon Hills'), atrayendo empresas y gente de todo el país, lo que la transformó en una de las ciudades de más rápido crecimiento de EE. UU. La historia completa está en nuestra página de historia.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
En 1839, el asentamiento que hoy es la capital de Texas se llamaba Waterloo y era poco más que un puñado de cabañas junto al río, en plena frontera comanche. Menos de dos siglos después, esa aldea remota se convirtió en una de las ciudades de más rápido crecimiento de Estados Unidos, meca mundial de la música en vivo y polo tecnológico apodado 'Silicon Hills'. ¿Cómo llegó Waterloo a ser Austin, y Austin a ser 'rara' con orgullo? La respuesta empieza mucho antes, con los pueblos que habitaron estas colinas.
La región del centro de Texas donde se levanta Austin, junto al río Colorado y al borde de la región de colinas (el Hill Country), fue durante milenios territorio de pueblos originarios. Vivieron allí, en distintos momentos, los tonkawa, y la zona fue también recorrida y disputada por pueblos nómadas y guerreros de las llanuras, como los comanches y los apaches lipán, que dominaban amplias extensiones del centro y oeste de Texas. Era una tierra de frontera, rica en caza y agua pero también peligrosa, en el límite entre los mundos sedentario y nómada.
Durante los siglos de dominio español y, después, mexicano, esta región del centro de Texas permaneció en gran medida como una frontera lejana y poco colonizada, debido a su lejanía y a la fuerte presencia de los pueblos de las llanuras. Los asentamientos europeos eran escasos y precarios.
A comienzos del siglo XIX, el gobierno (primero español y luego mexicano) impulsó la colonización de Texas mediante la llegada de colonos estadounidenses. Aquí entra en escena una figura clave: Stephen F. Austin, conocido como el 'Padre de Texas', que organizó y lideró el asentamiento de las primeras grandes colonias de familias angloamericanas en Texas en la década de 1820, bajo permiso del gobierno mexicano. Su nombre quedaría para siempre ligado a la futura capital.
En 1836, tras una guerra de independencia contra México —marcada por episodios legendarios como la batalla del Álamo, en San Antonio—, Texas se separó de México y se constituyó como una nación soberana: la República de Texas, un país independiente que existió por casi una década. La joven república necesitaba una capital permanente, y la búsqueda recayó en una comisión que recorrió el territorio en busca del lugar ideal.
La elección, en 1839, fue un pequeño y reciente asentamiento a orillas del río Colorado, en el centro del territorio, entonces llamado Waterloo. El lugar fue elegido por su ubicación central, su belleza natural —en el límite del Hill Country, con colinas y agua— y su potencial, impulsado por el entonces presidente de la república, Mirabeau B. Lamar, que quedó encantado con la zona. El pequeño poblado fue rebautizado Austin, en honor a Stephen F. Austin, el 'Padre de Texas', que había muerto poco antes.
La decisión no estuvo exenta de polémica: su ubicación, en la frontera y relativamente expuesta, generó disputas (incluso hubo un episodio rocambolesco, los 'Archive Wars', en torno al intento de trasladar los archivos del gobierno a otra ciudad). Pero Austin se consolidó como capital. Cuando, en 1845, Texas dejó de ser una república independiente para incorporarse a Estados Unidos como un nuevo estado, Austin conservó su rango y siguió siendo la capital, ahora del estado de Texas dentro de la Unión.
Una vez consolidada como capital del estado de Texas, Austin creció pausadamente a lo largo del siglo XIX y buena parte del XX como una ciudad de tamaño medio, cuya vida giraba en torno a dos grandes instituciones: el gobierno estatal y la educación. Como sede del poder político de Texas, la ciudad se dotó de su imponente Capitolio de granito rosa, terminado en 1888, uno de los más grandes del país, símbolo del orgullo y la ambición tejanos.
El otro gran pilar fue la educación. En 1883 se fundó la Universidad de Texas en Austin (UT Austin), que con el tiempo se convertiría en una de las universidades públicas más grandes y prestigiosas de Estados Unidos. La presencia de decenas de miles de estudiantes le dio a Austin un carácter joven, intelectual y dinámico que la distinguió de otras ciudades tejanas, más volcadas al petróleo, la ganadería o los negocios. Austin era 'diferente': una ciudad de funcionarios, profesores y estudiantes, con una vida cultural propia.
Esa población joven y universitaria fue el caldo de cultivo perfecto para lo que sería la gran seña de identidad de la ciudad: la música. A lo largo del siglo XX, Austin desarrolló una escena musical vibrante y ecléctica, donde convivían el country (con figuras del llamado 'outlaw country', como Willie Nelson, que se instaló allí), el blues, el folk y el rock. La música en vivo se convirtió en parte de la vida cotidiana, sentando las bases de la fama mundial que vendría después.
En la segunda mitad del siglo XX, Austin forjó la identidad cultural por la que es famosa en el mundo entero. La rica escena musical de la ciudad alcanzó proyección nacional gracias, en buena parte, al programa de televisión 'Austin City Limits', emitido desde 1976, que mostró al país y al mundo la calidad y diversidad de los músicos de la ciudad y convirtió a Austin en sinónimo de música en vivo. Con los años, la ciudad acabó autoproclamándose oficialmente la 'Live Music Capital of the World' (la Capital Mundial de la Música en Vivo), un título que respalda con su asombrosa oferta de conciertos diarios.
A partir de los años 80 y 90, Austin se consolidó como un polo creativo y festivalero. Nació el South by Southwest (SXSW), que comenzó como un festival de música y se transformó en un fenómeno global que combina música, cine y tecnología, atrayendo cada marzo a multitudes de todo el planeta. Más tarde se sumó el festival Austin City Limits (ACL). La ciudad se volvió un imán para músicos, artistas, cineastas y creativos.
De ese espíritu independiente, bohemio y descontracturado surgió el lema más famoso de la ciudad: 'Keep Austin Weird' ('Mantené Austin rara/distinta'). Acuñado a comienzos de los años 2000, originalmente como apoyo a los pequeños negocios locales frente a las grandes cadenas, el lema se convirtió en una declaración de identidad: la voluntad de Austin de seguir siendo creativa, original y diferente del resto de Texas y del país, una ciudad que se enorgullece de su rareza.
En las últimas décadas, Austin ha vivido una de las transformaciones más rápidas y profundas de cualquier ciudad estadounidense, impulsada por la tecnología. Ya desde fines del siglo XX, la ciudad empezó a atraer empresas tecnológicas, gracias a su universidad de primer nivel (fuente de talento), su calidad de vida, su clima, sus impuestos favorables y su ambiente creativo. Con el tiempo, esa concentración de empresas de tecnología le valió el apodo de 'Silicon Hills', en alusión al Silicon Valley californiano, adaptado a las colinas (hills) texanas.
El fenómeno se aceleró enormemente en el siglo XXI: grandes compañías tecnológicas instalaron o ampliaron sus sedes y operaciones en Austin, y un flujo constante de empresas y de profesionales de todo el país —muchos provenientes de la costa oeste— se mudó a la ciudad, atraído por las oportunidades laborales y un menor costo de vida (al menos al principio). Austin se convirtió en una de las ciudades de más rápido crecimiento de Estados Unidos, con un aumento poblacional vertiginoso y un dinamismo económico notable.
Este crecimiento explosivo trajo prosperidad, pero también tensiones: el encarecimiento de la vivienda, el tráfico, y la preocupación de muchos austinitas de toda la vida por que la ciudad pierda, precisamente, esa 'rareza' y ese carácter local que la hacían especial (de ahí la vigencia del 'Keep Austin Weird'). Hoy Austin es una metrópoli pujante que combina su alma de capital musical, joven y creativa con su nuevo rol de gran centro tecnológico, en un equilibrio en construcción. Sigue siendo una de las ciudades más vibrantes, atractivas y disfrutables de Estados Unidos.