Cartagena de Indias es, sin discusión, la joya del Caribe colombiano y una de las ciudades coloniales más bellas de toda América. Su corazón es la Ciudad Amurallada: un casco histórico de calles empedradas, casonas de colores con balcones cargados de buganvillas, plazas con iglesias y conventos, todo abrazado por murallas de piedra que los españoles levantaron durante siglos para defenderse de los piratas. Caminar por ahí al atardecer, con el calor cediendo y la música saliendo de los zaguanes, es una de esas experiencias que justifican el viaje por sí solas.
Pero Cartagena no es solo postal colonial. Está el barrio de Getsemaní, antes bravo y hoy bohemio, con sus murales, su arte callejero y su vida nocturna; está el imponente Castillo de San Felipe de Barajas, la fortaleza más grande que España construyó en Sudamérica; y está el mar, que aquí se mete en todo: playas urbanas en Bocagrande, escapadas en lancha a las Islas del Rosario y a Playa Blanca, atardeceres sobre la bahía. Es una ciudad calurosa, húmeda y vibrante, donde conviene moverse despacio y dejarse llevar.
Cartagena funciona además como gran puerta de entrada al Caribe colombiano: desde acá salís a las islas, conectás por avión con Bogotá y Medellín, y arrancás la ruta costera hacia Santa Marta y el Parque Tayrona. Date al menos tres días para vivirla sin apuro: uno para el centro histórico, otro para Getsemaní, las murallas y San Felipe, y un tercero para el mar.
Cartagena fue fundada el 1 de junio de 1533 por el conquistador español Pedro de Heredia, sobre un antiguo poblado indígena, y muy pronto se convirtió en uno de los puertos más importantes del imperio español: por acá salía buena parte del oro y la plata de América rumbo a España, y entraban esclavos y mercancías. Esa riqueza la volvió blanco de piratas y potencias enemigas (el corsario Francis Drake la asaltó en 1586), lo que llevó a la Corona a rodearla de murallas y fortalezas durante casi dos siglos. En 1741 resistió el gran asedio inglés del almirante Vernon gracias a la defensa de Blas de Lezo. Declaró su independencia el 11 de noviembre de 1811 y su conjunto histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984. La historia completa, con sus matices, está en la página de historia.
Leer la historia completa ↓El departamento caribeño de Cartagena de Indias: gran puerto amurallado del imperio español, principal entrada de la esclavitud, primera ciudad en proclamar la independencia absoluta, con las islas del Rosario y la villa colonial de Mompox como joyas del Magdalena.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Once kilómetros de murallas, un castillo con túneles pensados para escuchar los pasos del enemigo, y una historia en la que un marino tuerto, manco y cojo humilló a la mayor flota que Inglaterra envió jamás al Caribe. Cartagena no se entiende sin su pasado: cada piedra de su casco antiguo está ahí por una razón muy concreta, el miedo a los piratas y la codicia por el oro que pasaba por su puerto. Pero antes de todo eso, antes de que la ciudad existiera siquiera, la bahía ya tenía dueños.
Mucho antes de que llegaran los conquistadores, la bahía de Cartagena y sus alrededores estaban habitados por pueblos indígenas de habla caribe, agrupados en cacicazgos. La región, conocida como Calamarí, contaba con poblados pesqueros y agrícolas asentados sobre las islas y la costa de una de las bahías naturales más resguardadas del Caribe, lo que con el tiempo la convertiría en un punto estratégico para el comercio y la defensa.
La bahía fue avistada por navegantes españoles en los primeros años del siglo XVI, en el marco de las expediciones que recorrían la costa norte de Sudamérica. Su geografía (una gran bahía protegida, con varias bocas de entrada) sería más tarde la clave de su destino: el mismo accidente natural que la hizo un puerto ideal la volvió también un lugar que había que fortificar a cualquier costo.
Cartagena fue fundada el 1 de junio de 1533 por el conquistador español Pedro de Heredia, quien había desembarcado en la bahía a comienzos de ese año. Heredia eligió el nombre de Cartagena por la semejanza de la bahía con la de Cartagena de Levante, en España, y se le agregó 'de Indias' para distinguirla de la española. La fundación se hizo sobre el territorio del cacicazgo de Calamarí, tras enfrentamientos con los pueblos indígenas de la zona, como los de Turbaco.
Desde muy temprano, Cartagena se consolidó como uno de los puertos más importantes del imperio español en América. Su bahía protegida la convirtió en escala obligada del comercio: por ella salía buena parte del oro y la plata extraídos en el continente rumbo a España, y entraban mercancías europeas y, trágicamente, miles de personas esclavizadas traídas de África. Cartagena fue, de hecho, uno de los principales puertos negreros de América, un capítulo doloroso que marcó profundamente la composición y la cultura de la ciudad.
La riqueza que pasaba por su puerto convirtió a Cartagena en un blanco codiciado por piratas, corsarios y potencias rivales de España. El episodio más célebre fue el ataque del corsario inglés Francis Drake en 1586: con una flota poderosa, Drake tomó la ciudad y la mantuvo bajo amenaza, incendiando casas y exigiendo un enorme rescate a cambio de no destruirla por completo. La Corona española se la cobró fuerte y entendió que un puerto tan vital no podía quedar indefenso.
A partir de entonces, Cartagena se transformó en una de las plazas fuertes más importantes del Caribe. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII se levantó un imponente sistema defensivo: las murallas que rodean la ciudad, numerosos baluartes y fuertes, y sobre todo el Castillo de San Felipe de Barajas, la fortaleza más grande construida por los españoles en Sudamérica. Esta arquitectura militar, obra de ingenieros que trabajaron durante generaciones, es la que hoy le da a Cartagena su perfil único y la que motivó, siglos después, su declaración como Patrimonio de la Humanidad.
El episodio militar más recordado de Cartagena es el sitio de 1741, durante la llamada Guerra del Asiento entre España e Inglaterra. El almirante británico Edward Vernon reunió una de las mayores flotas de guerra del período colonial (cerca de 180 barcos y más de 23.000 hombres, según las cifras tradicionales) con el objetivo de tomar la ciudad y abrir el Caribe español a Inglaterra.
Frente a esa fuerza abrumadora, la defensa española estuvo al mando de Blas de Lezo, un marino veterano y muy mermado físicamente (tuerto, manco y cojo por heridas de guerra), que con apenas unos miles de hombres resistió durante semanas atrincherado, en buena parte, en el Castillo de San Felipe. Tras casi dos meses de asedio, las enfermedades, las bajas y la tenaz resistencia obligaron a los ingleses a retirarse derrotados. La defensa de Cartagena en 1741 quedó como una de las victorias más célebres de la historia colonial española y como un orgullo profundo de la ciudad.
Cartagena tuvo un papel protagónico en el proceso de independencia de Colombia. El 11 de noviembre de 1811, la ciudad declaró su independencia absoluta de España, convirtiéndose en uno de los primeros territorios de la actual Colombia en dar ese paso de manera total y radical. Esa fecha se celebra cada año con las Fiestas de Independencia, una de las grandes celebraciones populares del Caribe colombiano.
La independencia tuvo un costo altísimo. En 1815, las fuerzas españolas al mando de Pablo Morillo sitiaron la ciudad durante varios meses en lo que se conoce como el 'Sitio de Cartagena': el hambre y las enfermedades causaron miles de muertes entre la población que resistió antes de capitular. Por el heroísmo de sus habitantes en aquella resistencia, Cartagena recibió el título de 'Ciudad Heroica', con el que todavía se la conoce. Años después, ya consolidada la independencia, la ciudad fue perdiendo peso económico frente a otros puertos, hasta que el turismo y el reconocimiento de su patrimonio la devolvieron al primer plano en el siglo XX.
El conjunto histórico de Cartagena (su centro amurallado, las murallas y el sistema de fortalezas) fue declarado Patrimonio Nacional de Colombia en 1959 y, en 1984, la Unesco lo inscribió en la Lista del Patrimonio Mundial con el nombre de 'Puerto, fortalezas y conjunto monumental de Cartagena'. El reconocimiento valoró especialmente el sistema de fortificaciones, uno de los más extensos y completos de la América colonial española, y la calidad de su arquitectura civil y religiosa.
Ese sello internacional impulsó la recuperación del casco histórico y el desarrollo turístico que hoy define a la ciudad. La Cartagena actual combina su pasado colonial con una vida cultural intensa: ferias literarias, festivales de cine y de música, una gastronomía caribeña de prestigio creciente y un turismo que llega de todo el mundo. Sigue siendo una ciudad de contrastes (entre el lujo de sus hoteles boutique y la realidad de sus barrios populares), pero su belleza y su historia la mantienen como uno de los grandes destinos del Caribe.