Yaundé es la capital tranquila de un país intenso. Mientras Duala, en la costa, es el motor económico ruidoso y sofocante de Camerún, Yaundé —tierra adentro, más alta y más fresca— es la ciudad del poder político, las embajadas y las instituciones, repartida entre siete colinas verdes que le dan un perfil ondulado y arbolado poco común en una capital africana. Desde sus alturas, la ciudad se ve como un mar de tejados rojos y edificios blancos entre la vegetación.
No es una ciudad de grandes monumentos turísticos, sino un lugar para tomarle el pulso a Camerún: el Museo Nacional instalado en el antiguo palacio presidencial, los mercados desbordantes, las iglesias modernas encaramadas en las colinas, los museos etnográficos que reúnen el arte de los más de 250 pueblos del país, y los miradores del Mont Fébé desde donde se abarca todo el paisaje urbano. Es también la puerta natural hacia la gran selva del sur, hacia la Reserva del Dja y hacia los pueblos del interior.
Esta guía recorre Yaundé con mirada práctica: qué ver en la ciudad y en sus colinas, cómo moverse en los taxis amarillos compartidos, dónde comer un buen 'ndolé' (el plato nacional) o un pescado braseado, y cómo usar la capital como base logística para adentrarse en el Camerún profundo. Con uno o dos días bien organizados, Yaundé deja de ser una simple escala administrativa y se vuelve una introducción cálida y genuina al país.
Yaundé nació en 1888 como un puesto comercial y estación de investigación alemana en el interior del entonces protectorado de Kamerun, en tierras del pueblo ewondo, que dio nombre a la ciudad ('Yaundé' es una deformación de 'Ewondo'). Durante la Primera Guerra Mundial pasó a manos francesas, que la convirtieron en capital de su parte del territorio, y desde la independencia y la reunificación de 1960-1961 es la capital de la República de Camerún. Su historia —de puesto alemán a capital de un país bilingüe forjado por tres potencias coloniales— se cuenta en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El corazón político de Camerún: la capital desplegada sobre siete colinas, en el país de los beti-ewondo, a las puertas de la gran selva ecuatorial del Dja y de los pueblos baka.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Antes de que existiera ciudad alguna, las siete colinas donde hoy se despliega Yaundé estaban habitadas por el pueblo ewondo (o yaunde), un grupo de lengua beti-pahuin que vivía de la agricultura y el comercio en el límite entre la selva ecuatorial del sur y las sabanas del centro. Fueron ellos quienes dieron nombre a la futura capital: 'Yaundé' no es más que la forma europea del etnónimo 'Ewondo', tal como lo oyeron y transcribieron los primeros forasteros.
Ese contacto llegó con los alemanes. En 1884, Alemania había proclamado el protectorado de Kamerun sobre la costa, y desde allí empezó a empujar hacia el interior en busca de rutas comerciales, marfil y caucho. En 1888, los exploradores y agentes alemanes Georg Zenker y Curt Morgen fundaron en estas colinas un puesto comercial y una estación de investigación agrícola, bautizada Jaunde, en pleno país ewondo. Era un punto estratégico: a media altura (unos 750 metros), con clima más sano que la costa palúdica, y en la bisagra entre el mundo del bosque y el de la sabana.
El puesto sirvió de base para el comercio de marfil y caucho y para la penetración colonial hacia el este y el sur. Alrededor de la estación fueron surgiendo plantaciones experimentales, misiones y un pequeño núcleo administrativo. Los misioneros pallottinos alemanes se instalaron en la colina vecina de Mvolyé a fines del siglo XIX, iniciando la evangelización católica que dejaría una huella profunda en toda la región. Así, de una estación agrícola alemana en tierras ewondo, empezó a formarse el embrión de la futura capital.
El destino de Yaundé, como el de todo Camerún, cambió con la Primera Guerra Mundial. El Kamerun alemán era una de las colonias del Reich en África, y al estallar la guerra en 1914 fue invadido por tropas británicas, francesas y belgas desde las colonias vecinas. La campaña de Camerún fue larga y dura, librada en gran parte en la selva; las fuerzas alemanas y sus tropas africanas se replegaron hacia el interior y resistieron hasta comienzos de 1916, cuando finalmente se retiraron hacia la Guinea Española (la actual Guinea Ecuatorial) y la colonia cayó en manos aliadas.
Tras la derrota alemana, la Sociedad de Naciones repartió el territorio en dos mandatos: Francia se quedó con la mayor parte (el Cameroun oriental) y Gran Bretaña con dos franjas occidentales (los Cameroons británicos). Yaundé quedó en la zona francesa, y los franceses, que durante la guerra habían ocupado el puesto, la convirtieron en la capital administrativa de su mandato en 1922, en reemplazo de la costera Duala. La elección tenía lógica: Yaundé estaba en el centro del territorio, en altura y con mejor clima, lejos de la humedad y las enfermedades del litoral.
Bajo administración francesa, Yaundé fue creciendo como ciudad colonial: se trazaron avenidas, se levantaron edificios administrativos, iglesias, escuelas y hospitales, y la ciudad se llenó de funcionarios, comerciantes y trabajadores llegados de todo el país. La misión católica de Mvolyé se consolidó como gran centro religioso. Poco a poco, aquel puesto de selva se transformó en una verdadera capital, aunque todavía modesta, de un territorio bajo tutela francesa.
La segunda mitad del siglo XX trajo la descolonización, y Yaundé estuvo en el centro de ese proceso. Tras la Segunda Guerra Mundial, los mandatos pasaron a ser territorios en fideicomiso de la ONU, y en el Camerún francés creció un fuerte movimiento nacionalista, encabezado por la Unión de las Poblaciones de Camerún (UPC). La lucha por la independencia fue en parte violenta: hubo una insurrección y una dura represión colonial, sobre todo en el país bassa y bamileké, en uno de los capítulos más sangrientos y menos conocidos de la descolonización africana.
El 1 de enero de 1960, el Camerún francés accedió a la independencia como República de Camerún, con Yaundé como capital y Ahmadou Ahidjo como primer presidente. Al año siguiente, en 1961, un referéndum en los Cameroons británicos decidió el futuro de las dos zonas anglófonas: la parte sur votó unirse a la nueva república (dando lugar a la Reunificación), mientras que la parte norte optó por integrarse a Nigeria. Nacía así la Camerún actual, un país bilingüe forjado con herencias alemana, francesa y británica, cuya unión celebra el gran Monumento a la Reunificación de Yaundé.
Como capital de la nación reunificada, Yaundé concentró el poder político: la presidencia, el gobierno, el Parlamento y las embajadas. Ahidjo gobernó hasta 1982, cuando le sucedió Paul Biya, que se mantendría en el poder durante décadas. La ciudad creció con rapidez, atrayendo a gente de todas las regiones y etnias del país, y se convirtió en un mosaico camerunés en miniatura, aunque el peso económico siguiera del lado de Duala.
Desde la independencia, Yaundé ha multiplicado su población: de una ciudad de unas decenas de miles de habitantes a mediados del siglo XX pasó a superar los tres o cuatro millones en su área metropolitana actual, convirtiéndose en una de las grandes urbes de África central. Ese crecimiento vertiginoso desbordó el trazado colonial: la ciudad trepó por sus siete colinas y se extendió por los valles, mezclando barrios residenciales acomodados como Bastos —sede de las embajadas— con densos barrios populares y zonas de urbanización informal.
Como capital política, Yaundé alberga las instituciones del Estado, incluido el Palacio de la Unidad (la presidencia), los ministerios y el Parlamento, además de universidades, hospitales de referencia y las sedes de numerosas organizaciones. Reunió también un rico patrimonio museístico: el Museo Nacional, instalado desde 2015 en el antiguo palacio presidencial de Ahidjo, y varios museos privados y etnográficos que reúnen el arte de los más de 250 pueblos del país.
La Yaundé del siglo XXI convive con los grandes desafíos de Camerún: el largo mandato de Paul Biya, las tensiones entre las regiones francófonas y las anglófonas del noroeste y suroeste —donde desde 2016 hay un grave conflicto separatista—, y las presiones de la seguridad en el extremo norte. Pese a todo, la capital mantiene un aire relativamente tranquilo y ordenado dentro del bullicio africano, con su clima fresco de altura, sus colinas verdes y su papel de corazón institucional de un país tan diverso que se lo apoda 'África en miniatura'.
Yaundé es conocida como 'la ciudad de las siete colinas', igual que Roma o Lisboa, por el relieve ondulado sobre el que se asienta. Esa altitud —unos 750 metros— le da un clima más templado y llevadero que el de la sofocante Duala, en la costa, lo que fue una de las razones por las que los franceses la eligieron como capital en detrimento del puerto.
El nombre de la ciudad guarda su origen indígena: deriva del pueblo ewondo (o 'yaunde'), sobre cuyas tierras se fundó el puesto alemán en 1888. Camerún, por su parte, debe su nombre a los portugueses, que al llegar al estuario del río Wouri en el siglo XV lo encontraron lleno de gambas y lo llamaron 'Rio dos Camarões' (río de los camarones), de donde derivan Cameroun, Cameroon y Camerún.
Entre los símbolos de la capital destaca el Monumento a la Reunificación, con sus brazos en espiral que representan la unión del Camerún francófono y el anglófono en 1961, y el Museo Nacional en el antiguo palacio presidencial. Yaundé es además una ciudad profundamente católica —la misión de Mvolyé es una de las cunas de la evangelización del país— y a la vez un crisol de todas las etnias y religiones de Camerún, reflejo de un país que reúne, en un solo territorio, selva, sabana, montaña y Sahel, y más de 250 pueblos y lenguas.