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Historia de Cabo Verde

Un archipiélago sin dueños: el descubrimiento portugués

A diferencia de casi cualquier otro rincón del mundo, las islas de Cabo Verde no tenían historia humana cuando entraron en la historia europea. Situadas a unos 600 kilómetros de la costa de Senegal, en pleno océano Atlántico, permanecieron deshabitadas hasta mediados del siglo XV. Algunos estudiosos no descartan del todo que hubiera visitas puntuales de africanos del continente, pero no existen pruebas de un poblamiento anterior: fueron, en la práctica, islas vírgenes.

El descubrimiento se enmarca en la gran expansión atlántica impulsada por el príncipe Enrique el Navegante. Entre 1460 y 1462, navegantes al servicio de la corona portuguesa —entre ellos el genovés António da Noli y el portugués Diogo Gomes para las islas orientales, y Diogo Afonso para las occidentales— fueron avistando y cartografiando el archipiélago. El nombre "Cabo Verde" no viene de las islas, en su mayoría áridas, sino del Cabo Verde continental, el punto más occidental de África, frente al cual se encuentran.

En 1462, colonos portugueses desembarcaron en Santiago, la isla más grande, y fundaron Ribeira Grande, el primer asentamiento europeo permanente del trópico. La corona repartió las tierras en régimen de capitanías y atrajo pobladores con privilegios comerciales. Pero para que unas islas secas y sin habitantes fueran rentables hacía falta mano de obra y un negocio: ambos vendrían del continente africano, y marcarían para siempre el destino del archipiélago.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Cape_Verdehttps://www.worldhistory.org/article/1762/the-portuguese-colhttps://www.britannica.com/topic/history-of-Cabo-Verde

Ribeira Grande: la primera ciudad del trópico y la trata atlántica

La suerte económica de Cabo Verde quedó sellada en 1466, cuando el rey Alfonso V otorgó a los pobladores de Santiago el derecho a comerciar en la costa de Guinea, incluida la trata de esclavos. Gracias a su posición a mitad de camino entre África, Europa y, más tarde, América, Ribeira Grande se convirtió en un entrepôt: un gran depósito donde los barcos negreros hacían escala, y donde miles de africanos capturados en Senegambia y Guinea eran retenidos, "bautizados", marcados y revendidos antes de ser embarcados hacia Brasil y el Caribe.

Durante más de un siglo, Ribeira Grande fue uno de los puertos esclavistas más importantes del Atlántico y la ciudad más rica de la región. Su prosperidad se levantó sobre ese comercio humano: mercaderes, funcionarios y clero se enriquecieron mientras por sus muelles pasaban cargamentos de seres humanos. La ciudad ostenta símbolos que resumen esa época sin eufemismos: el pelourinho, la columna de mármol donde se castigaba y exhibía a los esclavos, erigido a comienzos del siglo XVI; la iglesia de Nossa Senhora do Rosário, de 1495, considerada la iglesia colonial más antigua conservada; y la imponente fortaleza Real de São Filipe, terminada en 1593 para defender el puerto de los piratas.

Ribeira Grande fue la primera ciudad colonial europea del trópico y capital del archipiélago durante 250 años. Por su papel excepcional en los primeros encuentros entre continentes y en el nacimiento del comercio atlántico, la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en 2009, ya con su nombre actual: Cidade Velha, la Ciudad Vieja. Es memoria de piedra de la gloria y del horror que dieron origen a Cabo Verde.

https://whc.unesco.org/en/list/1310https://www.worldhistory.org/article/1762/the-portuguese-colhttps://en.wikipedia.org/wiki/Cidade_Velha

El crisol criollo: nace una sociedad y una lengua nuevas

De la convivencia forzada entre colonos portugueses y africanos esclavizados surgió en Cabo Verde algo inédito: la primera sociedad criolla del mundo. En unas islas sin población previa, donde nadie era "de aquí", el mestizaje biológico y cultural fue inevitable y masivo. Portugueses de distintas regiones, judíos conversos, comerciantes y, sobre todo, africanos de pueblos diversos —wólof, mandingas, felupes, balantas, temnes— se mezclaron y engendraron una población nueva que no era ni europea ni africana, sino caboverdiana.

Su creación más duradera fue la lengua. Para entenderse en las plantaciones y en los barracones, africanos que hablaban idiomas muy distintos y sus amos portugueses fueron forjando un criollo de base portuguesa: el kriolu o crioulo caboverdiano, considerado uno de los criollos más antiguos que siguen vivos. Nacido como lengua de necesidad, se volvió la lengua materna de todo un pueblo, el idioma del hogar, del amor y de la canción, mientras el portugués quedaba como lengua oficial y administrativa.

En la isla de Santiago, la más africana del archipiélago, muchos esclavos huían al interior montañoso y formaban comunidades de cimarrones, los badius, que conservaron ritmos y tradiciones de fuerte raíz africana como el batuku y el funaná. Esa tensión entre lo europeo y lo africano, entre el poder colonial de la costa y la resistencia del interior, atraviesa toda la cultura caboverdiana. De ese crisol de dolor y encuentro nacieron su lengua, su música y su identidad.

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Corsarios, decadencia y el largo ocaso colonial

La riqueza de Ribeira Grande la convirtió en un imán para los piratas y corsarios que infestaban el Atlántico. En 1585, el corsario inglés Sir Francis Drake saqueó y arrasó la ciudad. El golpe definitivo llegó en 1712, cuando una expedición francesa al mando de Jacques Cassard destruyó Ribeira Grande. La ciudad, expuesta e indefendible pese a su fortaleza, nunca se recuperó.

El poder fue trasladándose a Praia, sobre una meseta más fácil de defender, que se consolidó como capital hacia 1770 y quedó oficialmente confirmada como tal en el siglo XIX. Al mismo tiempo, el negocio que había dado sentido a las islas entraba en crisis: la abolición progresiva de la trata y de la esclavitud en el imperio portugués a lo largo del siglo XIX —el sistema de morgados (mayorazgos) se abolió en 1863 y la esclavitud fue declarada extinguida en 1869, con efecto pleno en la década siguiente— dejó a Cabo Verde sin su principal fuente de ingresos.

A partir de entonces, las islas entraron en un largo declive. Sin la trata, la economía quedó reducida a una agricultura de subsistencia castigada por la aridez y a servir de escala para los barcos. Cabo Verde se transformó en una colonia pobre y olvidada, cuya principal utilidad para Lisboa sería, ya en el siglo XX, geográfica y política: puerto de carbón, escala de cables submarinos y, en su rincón más siniestro, prisión del régimen. La opulencia esclavista había dado paso a la miseria.

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El país del hambre: sequías, hambrunas y la gran emigración

Ninguna palabra define tanto la historia moderna de Cabo Verde como sequía. Situadas en el borde del Sahel, las islas dependen de unas lluvias escasas e irregulares, y cuando faltan, el hambre es total. Entre finales del siglo XVI y mediados del XX, el archipiélago sufrió una cadena de hambrunas devastadoras. Solo las grandes sequías de los siglos XVIII y XIX mataron de hambre a más de cien mil personas, y en el siglo XX las hambrunas de 1941-1943 y 1947-1948 se cobraron decenas de miles de vidas más.

El desastre no fue solo natural. La deforestación y el sobrepastoreo habían destruido la vegetación que retenía la humedad, y el gobierno colonial portugués apenas envió socorro durante las grandes carestías, dejando morir a poblaciones enteras. El hambre se volvió una experiencia colectiva grabada a fuego en la memoria y en las canciones caboverdianas.

La respuesta del pueblo fue emigrar. Desde fines del siglo XVIII, los balleneros estadounidenses de Nueva Inglaterra —sobre todo de New Bedford, Massachusetts— reclutaban marineros caboverdianos, abriendo la primera gran ruta de la diáspora. Otros fueron enviados, en condiciones cercanas a la servidumbre, a las plantaciones de cacao de São Tomé y Príncipe: unos 80.000 entre 1900 y 1970. Con el tiempo, los caboverdianos se dispersaron por Estados Unidos, Portugal, Países Bajos, Senegal y medio mundo. Hoy se estima que viven en el exterior varias veces más caboverdianos que en las propias islas: la emigración dejó de ser una tragedia para convertirse en un rasgo constitutivo de la nación.

https://en.wikipedia.org/wiki/Famine_in_Cape_Verdehttps://www.caboverdeexpert.com/cabo-verde-history-emigratiohttps://www.britannica.com/topic/history-of-Cabo-Verde

Tarrafal y el despertar nacionalista

Bajo la dictadura del Estado Novo de António de Oliveira Salazar, Cabo Verde tuvo un papel amargo dentro del imperio portugués. En 1936, el régimen inauguró en el norte de la isla de Santiago el campo de concentración de Tarrafal, apodado el "campo de la muerte lenta". Allí fueron deportados y a menudo dejados morir opositores antifascistas portugueses y, más tarde, nacionalistas de las colonias africanas. Tarrafal se convirtió en símbolo de la represión colonial y en un lugar de memoria para toda la lusofonía.

Al mismo tiempo, las islas fueron una cuna intelectual notable. En el seminario-liceo de São Nicolau y, después, en los liceos de São Vicente y Praia se formó una élite criolla letrada. En 1936 nació en Mindelo la revista Claridade, que reivindicó la lengua criolla y la identidad caboverdiana frente al mito de una simple provincia portuguesa, con figuras como Baltasar Lopes da Silva. De esa conciencia cultural a la política independentista había solo un paso.

En 1956, el agrónomo e intelectual Amílcar Cabral —hijo de padres caboverdianos, criado entre las islas y Guinea— fundó en Bissau el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC). Cabral concibió una lucha común de las dos colonias contra Portugal y se convirtió en uno de los grandes teóricos de la liberación africana. Desde 1963 el PAIGC libró una guerra de guerrillas en Guinea-Bissau, mientras en Cabo Verde, sin condiciones para la lucha armada, se tejía la resistencia clandestina. El sueño de la libertad tenía ya nombre y organización.

https://www.capeverdeislands.org/concentration-camp-tarrafalhttps://en.wikipedia.org/wiki/African_Party_for_the_Independhttps://www.britannica.com/place/Cabo-Verde/Struggle-for-ind

La independencia de 1975 y el sueño de la unidad

El camino a la independencia estuvo cargado de tragedia y de vértigo. El 20 de enero de 1973, Amílcar Cabral fue asesinado en Conakry, pocos meses antes de ver cumplido su sueño; la conducción del PAIGC quedó en manos de su medio hermano Luís Cabral y de dirigentes como Aristides Pereira y Pedro Pires. El 24 de septiembre de 1973, Guinea-Bissau declaró unilateralmente su independencia.

El giro decisivo llegó desde la propia metrópoli. El 25 de abril de 1974, la Revolución de los Claveles derrocó a la dictadura portuguesa y el nuevo gobierno se dispuso a poner fin a las costosas guerras coloniales. En diciembre de 1974, Portugal y el PAIGC firmaron un acuerdo para un gobierno de transición en Cabo Verde. Tras las elecciones de una Asamblea Nacional Popular el 30 de junio de 1975, el archipiélago proclamó su independencia el 5 de julio de 1975. Aristides Pereira, secretario general del PAIGC, fue el primer presidente, y Pedro Pires, el primer jefe de gobierno.

El proyecto original iba más allá: unir en un solo Estado a Cabo Verde y Guinea-Bissau, tal como Cabral había imaginado. Pero el sueño panafricano se rompió pronto. En noviembre de 1980, un golpe de Estado en Guinea-Bissau encabezado por João Bernardo "Nino" Vieira, con un fuerte componente antiverdiano, enterró la unión. Cabo Verde reaccionó fundando en 1981 su propio partido, el PAICV (Partido Africano para la Independencia de Cabo Verde), y siguió su camino como nación soberana e independiente, dueña por primera vez de su destino.

https://en.wikipedia.org/wiki/African_Party_for_the_Independhttps://www.britannica.com/place/Cabo-Verde/Struggle-for-indhttps://brill.com/view/journals/ejph/21/2/article-p337_7.xml

La Cabo Verde democrática: estabilidad, diáspora y morna

Durante sus primeros quince años, Cabo Verde fue un Estado de partido único gobernado por el PAICV. Pero a comienzos de la década de 1990, ante la presión interna y el nuevo clima internacional, el país dio un paso que lo distinguiría en toda África: en 1990 se abolió el monopartidismo y en 1991 se celebraron las primeras elecciones multipartidistas, en las que el gobernante PAICV cedió pacíficamente el poder al Movimento para a Democracia (MpD). Cabo Verde se convirtió así en uno de los primeros países africanos en transitar de forma pacífica y por las urnas del partido único a la democracia plena.

Desde entonces, MpD y PAICV se han alternado en el gobierno una y otra vez sin sobresaltos, un caso raro de estabilidad en el continente. Cabo Verde encabeza habitualmente los índices de buena gobernanza y libertades de África, es considerado una democracia consolidada y en 2007 dejó atrás la categoría de país menos desarrollado. Su vínculo con la diáspora es tan estrecho que el Parlamento reserva seis de sus escaños a los caboverdianos del exterior, repartidos entre África, las Américas y Europa.

Esa saudade del emigrante encontró su expresión más pura en la música. La morna, canción melancólica en criollo que combina voz, poesía y baile, se convirtió en el alma nacional; su gran embajadora fue Cesária Évora (1941-2011), la "diva descalza" de Mindelo que llevó la nostalgia caboverdiana a los escenarios del mundo. En 2019, la UNESCO inscribió la morna en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Hoy Cabo Verde es un pequeño país de diez islas y medio millón de habitantes que vive del turismo, de las remesas y de una cultura criolla que es su mayor riqueza: la prueba viva de que de la nada, y del dolor, puede nacer una nación entera.

https://www.idea.int/gsod/2023/chapters/africa/case/cabo-verhttps://globalvoices.org/2019/12/09/morna-a-music-style-fromhttps://www.congress.gov/crs-product/R48128

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📚 Bibliografía

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