El Jalapão es uno de esos destinos que parecen inventados: un 'desierto de aguas' en el corazón del Cerrado brasileño, donde dunas de arena naranja de hasta 40 metros conviven con manantiales cristalinos en los que es casi imposible hundirse, cascadas monumentales en forma de herradura y piletas de agua verde esmeralda. Está en el este de Tocantins, en plena Región Norte de Brasil, y es el lugar de ecoturismo y aventura más impactante del país para muchos viajeros. No es un destino de comodidad: es expedición pura, en vehículos 4x4, por caminos de tierra y arena, casi siempre con agencias o guías locales.
El corazón de la experiencia son los fervedouros: nacientes subterráneas donde el agua brota desde el fondo arenoso con tanta presión que te sostiene en la superficie, una sensación de flotación natural que no se vive en ningún otro lado. A eso se suman las dunas al pie de la Serra do Espírito Santo, con su atardecer icónico; la Cachoeira da Velha sobre el río Novo; la Cachoeira Formiga de aguas verdes; el angosto Cânion Sussuapara cubierto de helechos; y las playas de río de arena finísima. Todo dentro o alrededor del Parque Estadual do Jalapão, la mayor reserva de Cerrado conservado de Brasil.
Pero el Jalapão también es cultura viva. En la comunidad quilombola de Mumbuca las artesanas trabajan el capim dourado, una hierba dorada del Cerrado que tejen con fibra de buriti hasta convertirla en bolsos, sombreros, joyas y objetos que parecen hechos de oro vegetal. Esa imagen del Jalapão dio la vuelta a Brasil cuando la región fue locación de la telenovela de Globo 'O Outro Lado do Paraíso' (2017). Llegar cuesta esfuerzo —y vale cada kilómetro de polvo—: por eso conviene venir con tiempo, agencia confiable y muchas ganas de aventura.
Mucho antes de que existiera el parque, estas tierras del Cerrado tocantinense estuvieron habitadas y recorridas por pueblos originarios y, desde el siglo XVIII y XIX, por familias sertanejas y por descendientes de africanos esclavizados que migraron del sertão de Bahía y se mezclaron con indígenas de etnia Xerente, dando origen a comunidades quilombolas como Mumbuca (cuyo nombre, en lengua indígena, alude a una abeja de la región). El nombre 'Jalapão' proviene de la planta jalapa (Operculina macrocarpa / Ipomoea purga), conocida popularmente como 'batata-de-purga', una trepadeira de raíces medicinales y laxantes muy abundante en la zona; 'Jalapão' es el aumentativo de 'jalapa'. A comienzos del siglo XX, los Xerente enseñaron a algunos pobladores a 'coser hierba' —el arte del capim dourado tejido con fibra de buriti—, tradición que se volvió el sustento y la identidad de Mumbuca y de otras comunidades. Durante décadas la región fue un rincón aislado, de vida sertaneja, ganadería extensiva y extractivismo. El gran cambio llegó el 12 de enero de 2001, cuando el Decreto nº 1.203 creó el Parque Estadual do Jalapão (unas 158.970 hectáreas en Mateiros y São Félix do Tocantins) para proteger la mayor área continua de Cerrado conservado de Brasil y ordenar un ecoturismo creciente. Desde entonces, el Jalapão pasó de secreto a ícono nacional, impulsado por el boom del capim dourado y por su uso como locación de la telenovela de Globo 'O Outro Lado do Paraíso' (2017). La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El estado más joven de Brasil, creado en 1988: la antigua mitad norte de Goiás, poblada por bandeirantes buscadores de oro y con un largo sueño autonomista que remonta a 1821. Tierra de Cerrado entre dos grandes ríos, con la capital planificada Palmas y los paisajes de dunas, cascadas y aguas cristalinas del Jalapão.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Antes de ser un destino de ecoturismo, el Jalapão era —y sigue siendo— un inmenso pedazo de Cerrado, la sabana brasileña, en el extremo este de lo que hoy es el estado de Tocantins. Es la mayor área continua de Cerrado bien conservado de Brasil: un paisaje de campos limpios, veredas de buriti, matas de galería, nacientes cristalinas y formaciones areniscas esculpidas por el viento y el agua a lo largo de millones de años. De esa erosión de la Serra do Espírito Santo nació, por ejemplo, la arena que forma las célebres dunas.
Estas tierras estuvieron recorridas durante mucho tiempo por pueblos originarios y, desde el período colonial, por familias sertanejas que vivían de la ganadería extensiva, la caza, la pesca y el extractivismo. La región era remota, de difícil acceso y escasa población, lo que paradójicamente ayudó a preservar su naturaleza: el aislamiento mantuvo el Cerrado relativamente intacto frente al avance agrícola que arrasó otras zonas del bioma en el resto de Brasil.
Ese Cerrado conserva una biodiversidad notable. En sus ríos de aguas limpísimas habita el pato-mergulhão (pato serrucho), una de las aves más amenazadas de Sudamérica, junto a otras especies de fauna y la flora típica de la sabana, entre ella el capim dourado, la hierba dorada que daría identidad a la región. Comprender el Jalapão empieza por entender que es, ante todo, un santuario del Cerrado.
El nombre 'Jalapão' tiene una raíz botánica y curiosa: proviene de la planta jalapa, una trepadeira de la familia de las convolvuláceas (Operculina macrocarpa, emparentada también con la Ipomoea purga), conocida popularmente en Brasil como 'jalapão', 'jalapa' o 'batata-de-purga'. Es una planta nativa de Brasil, que crece en casi todas las regiones del país y abunda en esta zona del Cerrado. 'Jalapão' es, literalmente, el aumentativo de 'jalapa'.
La planta debe su fama a sus propiedades medicinales: sus raíces tienen un efecto laxante poderoso, por lo que históricamente se usó como purgante natural, de ahí el nombre popular 'batata-de-purga'. El nombre 'jalapa', a su vez, remite a la ciudad de Jalapa, en México, desde donde se cultivaba y comercializaba una planta de propiedades parecidas; los pueblos indígenas de América Central, como los aztecas, ya la empleaban para tratar problemas digestivos mucho antes de la llegada de los europeos.
Así, el topónimo que hoy evoca dunas, fervedouros y aventura nació en realidad de una humilde planta purgante del Cerrado. Es un buen recordatorio de que muchos nombres de lugares brasileños tienen raíces en la flora local y en los saberes populares sobre las plantas medicinales de la región.
El alma cultural del Jalapão son sus comunidades quilombolas, descendientes de africanos esclavizados que encontraron en estas tierras remotas un refugio y un hogar. La más conocida es Mumbuca: fue fundada por personas que migraron del sertão de Bahía y, con el tiempo, se mezclaron con indígenas de etnia Xerente. En lengua indígena, 'mumbuca' designa a una abeja azul típica de la región. Hoy la comunidad vive del turismo, de la agricultura y, muy especialmente, de su artesanía.
Esa artesanía es el capim dourado, el verdadero 'oro' del Jalapão. Se trata de una hierba (Syngonanthus nitens) cuyos tallos tienen un brillo dorado natural, que crece en las veredas húmedas del Cerrado. Según la tradición local, fueron los indígenas Xerente quienes, a comienzos del siglo XX, enseñaron a algunos pobladores a 'coser hierba': trenzar y coser el capim dourado con la fina fibra del buriti, otra especie nativa del Cerrado. De esa técnica nacen bolsos, sombreros, bandejas, mandalas, joyas y lámparas que parecen hechos de oro vegetal.
En el año 2000, un grupo de artesanas creó la Associação Capim Dourado de Mumbuca para organizar la recolección de la hierba y estimular la venta del artesanado, que hoy constituye la principal fuente de ingresos de varias comunidades dentro del parque. El trabajo del capim dourado es, además, una expresión protagonizada sobre todo por las mujeres quilombolas, y un símbolo de la cultura tocantinense. Visitar Mumbuca con respeto, conocer el proceso y comprar directo a las artesanas es una forma de sostener esta tradición viva.
El gran punto de inflexión en la historia reciente del Jalapão llegó el 12 de enero de 2001, cuando el Decreto nº 1.203 creó el Parque Estadual do Jalapão. La nueva unidad de conservación abarcó unas 158.970 hectáreas en los municipios de Mateiros y São Félix do Tocantins, con el objetivo de proteger la biodiversidad y los ecosistemas del Cerrado tocantinense y de promover un uso sustentable de los recursos naturales. Su gestión quedó a cargo del Naturatins (Instituto Natureza do Tocantins).
La creación del parque se sumó a la de un mosaico de áreas protegidas en la región (entre ellas la Área de Proteção Ambiental do Jalapão), que buscaban ordenar la acción humana sobre un territorio de altísima relevancia ecológica. Era una respuesta tanto a la necesidad de preservar la mayor área continua de Cerrado bien conservado de Brasil como al interés turístico creciente que ya empezaba a despertar la región.
A partir de entonces, el Jalapão pasó de secreto bien guardado a uno de los íconos del ecoturismo brasileño. Las dunas, los fervedouros y las cachoeiras empezaron a atraer a viajeros de todo el país y del exterior, y la visitación creció año a año hasta superar las decenas de miles de visitantes anuales. Con ese crecimiento llegaron también los desafíos: la necesidad de regular la visitación (cupos y tiempos en los fervedouros, prohibición de protector solar en el agua), de proteger las nacientes frágiles y de garantizar que el turismo beneficie a las comunidades locales y no degrade el Cerrado que lo hace único.
El Jalapão es también un territorio de cultura sertaneja: la vida del sertão tocantinense, con su ganadería extensiva, su cocina casera (arroz con pequi, feijão tropeiro, carne de sol, galinha caipira, chambari), sus saberes sobre el Cerrado y la convivencia entre comunidades quilombolas, ribereñas e indígenas. Esa identidad rural, sencilla y profundamente ligada a la tierra es parte inseparable del encanto del lugar, tanto como sus paisajes.
La fama nacional del Jalapão se disparó cuando la región se volvió locación de la televisión. En 2017, el elenco y el equipo de la telenovela de Globo 'O Outro Lado do Paraíso', escrita por Walcyr Carrasco, pasaron unos veinte días grabando en Tocantins, en los principales puntos del Parque Estadual do Jalapão y en las playas de Palmas. En los campos de capim dourado del parque se rodó la escena en que el protagonista se encanta con el lugar, con la participación de decenas de extras locales vinculados a la recolección de la hierba. La novela mostró a todo Brasil las dunas, los fervedouros y el capim dourado, multiplicando el interés por el destino.
Ese salto de visibilidad trajo oportunidades y responsabilidades. Hoy el gran desafío del Jalapão es sostener un equilibrio: preservar la fragilidad de sus nacientes y de su Cerrado, respetar los derechos y los tiempos de las comunidades quilombolas, y al mismo tiempo permitir un turismo que genere ingresos genuinos para la región. Por eso la visitación está regulada y se recomienda recorrerlo con agencias y guías locales habilitados: cuidar el Jalapão es la única forma de garantizar que las próximas generaciones también puedan flotar en sus fervedouros y ver el sol caer sobre sus dunas naranjas.