Foz de Iguazú es la puerta brasileña a las Cataratas del Iguazú, y el lado brasileño tiene algo que el argentino no: la vista de conjunto. En un sendero de un kilómetro y medio ves de frente casi todo el anfiteatro de saltos, y al final una pasarela te mete en la nube de agua. Es un paseo de dos horas que sirve para entender la escala del lugar antes de cruzar a recorrerlo de cerca del otro lado del río.
Pero la ciudad no se agota en las Cataratas. A 12 km del centro está Itaipú, una de las represas más grandes del mundo, que se recorre en colectivos abiertos y hasta por dentro, hasta la sala de comando. Hay un parque de aves con viveros donde caminás entre tucanes y guacamayos, una mezquita sunita de 1983, un templo budista con más de cien estatuas y un mirador donde se ven tres países al atardecer.
Y está la frontera, que es parte del viaje. En un mismo día podés desayunar en Brasil, recorrer las pasarelas argentinas y volver a cenar a Foz; o cruzar el Puente de la Amistad a Ciudad del Este para comprar electrónica. Para un latinoamericano es fácil: con el documento alcanza en la mayoría de los casos. Conviene quedarse tres o cuatro días, comprar las entradas online y dejar un margen para las colas en los puentes.
Las excavaciones hechas antes de que se llenara el lago de Itaipú encontraron rastros humanos de unos 6.000 años antes de Cristo. Los últimos pueblos antes de la llegada europea fueron guaraníes y kaingang. En 1541-1542 el español Álvar Núñez Cabeza de Vaca llegó al río Iguazú guiado por indígenas y fue el primer europeo en ver las Cataratas. La ocupación brasileña empezó tarde: en 1881 se registraron los dos primeros habitantes, que explotaban yerba mate y madera para exportar por el río Paraná. El 22 de noviembre de 1889 se fundó una Colonia Militar en la frontera; ese mismo año un censo contó 324 personas, casi todas paraguayas y argentinas. En 1910 la colonia pasó a ser la Vila Iguassu, el 14 de marzo de 1914 se creó el municipio (instalado el 10 de junio) y en 1918 adoptó el nombre Foz do Iguaçu. En 1924 los revolucionarios tenentistas instalaron aquí su cuartel general. El Parque Nacional do Iguaçu se creó el 10 de enero de 1939, cinco años después del argentino. El gran cambio llegó con la infraestructura: el Puente de la Amistad con Paraguay se inauguró el 27 de marzo de 1965 y la ruta BR-277 a Curitiba y al puerto de Paranaguá, en 1969. La construcción de Itaipú (1975-1982) disparó la población de 33.970 habitantes en 1970 a 136.320 en 1980. En 1985 se inauguró el puente Tancredo Neves con Argentina, en 1986 la Unesco declaró al parque Patrimonio Mundial y en 2011 las Cataratas fueron elegidas Maravilla Natural. Desde diciembre de 2022 la concesionaria Urbia+Cataratas gestiona la visita turística del parque.
Leer la historia completa ↓El estado del sur de los pinares de araucaria y las grandes aguas: de las reducciones jesuíticas del Guairá arrasadas por los bandeirantes al oro de Paranaguá, del mate y los tropeiros a la inmigración europea y el café del norte. Hogar de las Cataratas del Iguazú, de Itaipú y de Curitiba, referente mundial de urbanismo.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Mucho antes de que las guías de viaje se quedaran sin superlativos para describir las Cataratas del Iguazú, los guaraníes ya habían resuelto el problema con dos palabras: 'y', que significa 'agua', y 'guasú', que significa 'grande'. 'Iguazú' —escrito 'Iguaçu' en portugués— quiere decir, simplemente, 'agua grande': un nombre tan sencillo como certero para el formidable conjunto de más de 270 saltos con que el río se despeña en la selva, y la prueba de que quienes habitaron esta región siglos antes de la llegada de los europeos la conocían —y la nombraban— mejor que nadie.
La ciudad brasileña que creció frente a la desembocadura del río en el Paraná tomó el nombre de 'Foz do Iguaçu', donde 'foz' significa precisamente 'desembocadura' o 'boca' del río en portugués. De modo que el topónimo completo puede entenderse como 'la desembocadura del agua grande': el lugar donde el río de las grandes aguas se une al Paraná.
Para los guaraníes, el río y sus cataratas no eran solo un accidente geográfico, sino un espacio cargado de sentido y de relatos. Las leyendas guaraníes sobre el origen de las cataratas —que han llegado hasta nosotros en distintas versiones— forman parte del patrimonio inmaterial de la región y conviven con la explicación científica del salto, que se debe a antiguas coladas de lava basáltica que formaron los escalones por donde hoy se despeña el río.
Antes de cualquier presencia europea, la región del río Iguazú y de la Triple Frontera estaba habitada por pueblos de lengua guaraní, que vivían de la caza, la pesca, la recolección y el cultivo de la mandioca y el maíz en la selva subtropical. El río, las cataratas y la mata formaban parte de su territorio y de su mundo simbólico, atravesado por relatos y creencias sobre el origen de las aguas.
Según la tradición histórica, el primer europeo en avistar las cataratas fue el conquistador y explorador español Álvar Núñez Cabeza de Vaca, en 1542. Cabeza de Vaca, que había sido nombrado adelantado del Río de la Plata, realizaba una expedición por tierra desde la costa atlántica (en la actual Santa Catarina, Brasil) hacia Asunción, en el corazón del territorio guaraní, cuando su comitiva se topó con el imponente salto del río. Maravillado, lo bautizó 'Saltos de Santa María', aunque ese nombre no perduró frente al guaraní 'Iguazú'.
A lo largo de los siglos XVI y XVII, la región quedó dentro del área de influencia de las misiones jesuíticas guaraníes, el vasto sistema de reducciones que la Compañía de Jesús estableció en la cuenca del Paraná para evangelizar y organizar a las poblaciones indígenas. La zona fue también escenario de las tensiones y disputas territoriales entre las coronas española y portuguesa, cuyos límites en esta parte de Sudamérica se definirían recién mucho más tarde.
Durante la mayor parte del siglo XIX, la región del río Iguazú permaneció como un confín remoto y poco poblado, cubierto de selva y alejado de los centros de poder. La definición de los límites entre Brasil, Argentina y Paraguay en esta zona fue un proceso largo, atravesado por la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) contra el Paraguay y por sucesivos acuerdos y arbitrajes de fronteras a fines del siglo XIX.
Para afirmar la soberanía brasileña en este extremo oeste, el ejército de Brasil estableció en 1889 una colonia militar en la zona, conocida como la Colônia Militar do Iguaçu. Su misión era ocupar, vigilar y poblar la frontera, en un territorio donde hasta entonces predominaban pequeños grupos dedicados a la extracción de yerba mate y madera, muchos de ellos de origen paraguayo y argentino. Aquel puesto militar fue el germen de la futura ciudad.
Con el tiempo, el caserío creció en torno a la colonia y a la actividad económica de la frontera. El 10 de junio de 1914 se creó oficialmente el municipio de Vila Iguaçu, que poco después pasaría a llamarse Foz do Iguaçu. Durante las primeras décadas del siglo XX, la ciudad fue creciendo lentamente como punto de paso fronterizo y centro de una región agrícola y forestal, todavía lejos del gran impulso que llegaría más tarde con el turismo de las cataratas y, sobre todo, con la construcción de la represa de Itaipú.
A medida que avanzaba el siglo XX, las Cataratas del Iguazú fueron ganando fama internacional como una de las maravillas naturales de Sudamérica, y con ella creció la conciencia de la necesidad de proteger tanto los saltos como la enorme extensión de selva atlántica que los rodea. Esa selva, la Mata Atlântica, es uno de los biomas más ricos y a la vez más amenazados del planeta, hogar de especies como el jaguar (onça-pintada), el tapir, el yaguareté y una inmensa variedad de aves.
En 1939, el gobierno brasileño creó el Parque Nacional do Iguaçu, uno de los primeros parques nacionales de Brasil, con el objetivo de preservar el conjunto de cataratas del lado brasileño y un vasto territorio de selva. Del lado argentino, el Parque Nacional Iguazú había sido creado pocos años antes, en 1934. Juntos, ambos parques conforman uno de los mayores remanentes protegidos de selva atlántica interior del continente, y constituyen un corredor vital para la fauna de la región.
El reconocimiento mundial llegó en 1986, cuando la Unesco inscribió el Parque Nacional do Iguaçu (Brasil) en la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad, por su excepcional valor natural; el parque argentino lindero ya había sido inscripto en 1984. La distinción consagró a las cataratas y a su entorno selvático como un patrimonio de toda la humanidad, y reforzó el compromiso de conservación frente a presiones como la deforestación, la caza furtiva y el desarrollo descontrolado. Hoy el parque es el más visitado de Brasil y un modelo de turismo de naturaleza.
Si las cataratas dieron fama a Foz do Iguaçu, fue una obra de ingeniería la que cambió por completo su escala y su economía: la represa de Itaipú Binacional. En 1973, Brasil y Paraguay firmaron el Tratado de Itaipú, por el cual ambos países se comprometieron a aprovechar conjuntamente el enorme potencial hidroeléctrico del río Paraná, que marca la frontera entre los dos Estados. Era un proyecto sin precedentes: una central compartida, en partes iguales, por dos naciones.
Las obras comenzaron en 1975 y se prolongaron hasta principios de la década de 1980, en uno de los mayores emprendimientos de ingeniería del mundo. La construcción implicó desviar el curso del Paraná, levantar una represa de unos 8 kilómetros de extensión y crear un gigantesco embalse. La obra atrajo a decenas de miles de trabajadores de todo Brasil y Paraguay, lo que disparó la población de Foz do Iguaçu en pocos años, transformando una ciudad fronteriza relativamente pequeña en un gran centro urbano multicultural. La central entró en operación en 1984 y, durante décadas, fue la mayor productora de energía hidroeléctrica del mundo (hasta ser superada en producción anual por la represa china de las Tres Gargantas, aunque Itaipú mantuvo récords históricos de generación).
La construcción de Itaipú tuvo también costos sociales y ambientales. La formación del embalse inundó vastas áreas, entre ellas los célebres Saltos del Guairá (Sete Quedas), un conjunto de cascadas que muchos consideraban tan impresionantes como las del Iguazú y que quedaron sumergidas para siempre bajo el lago. Además, el llenado del embalse obligó a relocalizar comunidades. Con todo, Itaipú convirtió a Foz en un polo energético, turístico y económico de primer orden, y la represa misma —con sus circuitos de visita— pasó a ser una de las grandes atracciones de la región.
La Foz do Iguaçu de hoy es una ciudad profundamente marcada por su condición de frontera triple. A pocos kilómetros se encuentran tres países —Brasil, Argentina y Paraguay—, conectados por dos grandes puentes: el Puente Tancredo Neves, sobre el río Iguazú, que une Foz con Puerto Iguazú (Argentina), y el Puente de la Amistad, sobre el río Paraná, que la une con Ciudad del Este (Paraguay). El Marco das Três Fronteiras, en la confluencia de ambos ríos, simboliza ese encuentro de naciones.
El auge de Itaipú y del turismo atrajo a Foz a comunidades de los lugares más diversos del planeta. Hoy conviven en la ciudad importantes colonias árabe (sobre todo libanesa y sirio-libanesa), china, paraguaya, argentina, paranaense, gaúcha y de muchos otros orígenes, lo que se refleja en su gastronomía, sus templos —desde una gran mezquita hasta uno de los mayores templos budistas de América Latina— y su vida cotidiana. Esa mezcla convierte a Foz en una de las ciudades más cosmopolitas y plurales de Brasil.
En lo económico, la ciudad gira en torno a tres grandes pilares: el turismo de naturaleza (las cataratas, el Parque Nacional, el Parque das Aves), el polo energético de Itaipú y el intenso comercio de frontera, alimentado por el flujo constante de compradores hacia Ciudad del Este. Foz do Iguaçu se consolidó así como uno de los principales destinos turísticos de Brasil y del Cono Sur: un lugar donde la naturaleza más imponente, la ingeniería más colosal y la diversidad cultural más vibrante conviven en un mismo rincón del continente, a orillas del 'agua grande'.