Villa Tunari es la principal localidad turística del Chapare, la cálida y húmeda región del trópico de Cochabamba, donde los Andes descienden hacia la llanura amazónica. Situada en la confluencia de ríos y rodeada de selva, ofrece un clima tropical y un entorno verde y exuberante que contrasta con los valles y el altiplano del resto del departamento. Es la puerta de entrada a parques, balnearios de río y santuarios de fauna.
El gran atractivo de Villa Tunari es el Parque Machía, un parque y refugio de animales gestionado por el santuario Inti Wara Yassi, donde se rehabilitan animales silvestres rescatados (monos, aves y otros). A ello se suma el cercano Parque Nacional Carrasco, con cavernas y cascadas, los balnearios naturales en los ríos y la posibilidad de disfrutar de la naturaleza tropical a poca distancia de la ciudad de Cochabamba.
Esta guía reúne lo esencial de Villa Tunari: su ambiente tropical, los parques y santuarios, las actividades de río y selva, cómo llegar desde Cochabamba o Santa Cruz, dónde dormir y comer y consejos prácticos para disfrutar del Chapare.
Villa Tunari se desarrolló como localidad del Chapare, una región de colonización tropical que se pobló sobre todo a lo largo del siglo XX con migrantes andinos atraídos por la agricultura. La zona ha estado históricamente ligada al cultivo de la coca y a las tensiones en torno a su producción, y fue escenario clave del movimiento cocalero y del ascenso político de Evo Morales. En las últimas décadas, el turismo de naturaleza —impulsado por el Parque Machía y el santuario Inti Wara Yassi, además del Parque Nacional Carrasco— le dio un nuevo perfil. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El departamento de los valles centrales y el granero de Bolivia: tierra quechua de clima templado, capital gastronómica del país, cuna de las Heroínas de la Coronilla y de la Guerra del Agua, puerta a las ruinas incas de Incallajta y a las cavernas y huellas de dinosaurio de Torotoro.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Parado en el puente sobre el río San Mateo, con la selva exhalando vapor a ambos lados y los monos del Parque Machía gritando en la espesura, cuesta creer que apenas cuatro horas más arriba la gente camina abrigada por las calles de Cochabamba. Villa Tunari está en el punto exacto donde los Andes se rinden ante la Amazonía: el corazón del Chapare, la región del trópico cochabambino donde la cordillera se desploma hacia las llanuras en un mundo de bosque húmedo, ríos caudalosos y calor permanente. Durante siglos, esta selva fue territorio poco poblado, hábitat de pueblos amazónicos y frontera natural entre los valles templados y las tierras bajas.
Eso cambió a lo largo del siglo XX, y sobre todo a partir de mediados de la centuria, cuando el Chapare se transformó en una de las grandes regiones de colonización de Bolivia. Miles de familias de origen andino, procedentes del altiplano y los valles, migraron hacia el trópico atraídas por la disponibilidad de tierras y la posibilidad de cultivar productos tropicales. La oleada más intensa llegó tras la crisis del estaño de 1985, cuando la llamada 'relocalización' dejó sin trabajo a decenas de miles de mineros y muchos de ellos bajaron con sus familias a abrirse un futuro en la selva. Esta colonización agrícola dio origen a numerosos asentamientos y moldeó el paisaje humano de la región, con una población mayoritariamente migrante y de fuerte raíz quechua.
Villa Tunari fue creciendo en este contexto como punto de paso y servicios en la ruta que conectaba Cochabamba con el trópico y, más allá, con el oriente del país. Su emplazamiento en la confluencia de los ríos Espíritu Santo y San Mateo y su clima tropical la convirtieron en un nudo de la vida del Chapare, en torno al cual se articularían la economía agrícola, la política cocalera y, más adelante, el turismo de naturaleza.
La historia reciente del Chapare, y por tanto de Villa Tunari, está estrechamente ligada al cultivo de la hoja de coca. La planta, de profundas raíces culturales y usos tradicionales en los Andes, encontró en el clima tropical de la región condiciones muy favorables, y su producción creció de forma explosiva en las décadas de 1970 y 1980, alimentada por la demanda del narcotráfico internacional. El Chapare se convirtió así en una de las principales zonas cocaleras del país y en el escenario de una guerra de baja intensidad en torno a la erradicación de cultivos.
El episodio más trágico de esa historia ocurrió en el propio pueblo: el 27 de junio de 1988, efectivos de la UMOPAR —la unidad policial antidroga entrenada y apoyada por la DEA estadounidense, que mantenía una base en el Chapare— abrieron fuego contra una protesta de campesinos cocaleros que se oponían al proyecto de la Ley 1008 de erradicación sin compensación. Entre 9 y 12 manifestantes murieron, varios de ellos ahogados o despeñados al huir hacia el río San Mateo, y más de un centenar resultaron heridos. La 'Masacre de Villa Tunari' se conmemora hasta hoy, y la Ley 1008, aprobada tres semanas después, marcó dos décadas de conflicto entre los sindicatos cocaleros y el Estado.
De esas mismas organizaciones —las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba— surgió la figura política más influyente de la Bolivia contemporánea: Evo Morales, dirigente cocalero del Chapare que lideró la resistencia a la erradicación forzosa y llegó a la presidencia del país en 2006, la primera de origen indígena en la historia boliviana. El Chapare siguió siendo su bastión político durante todo su gobierno. Más allá de la coca, la economía de la región se sostiene también en cítricos, banano, palmito, piña y yuca, en la pesca de río y en el comercio y los servicios ligados a la condición de Villa Tunari como cabecera turística del trópico.
En las últimas décadas, Villa Tunari desarrolló una marcada vocación turística basada en su entorno natural privilegiado. Su clima tropical, sus ríos y balnearios y la cercanía de áreas protegidas como el Parque Nacional Carrasco la convirtieron en un destino de escapada, sobre todo para los habitantes de Cochabamba que buscan el calor y el verdor del trópico a pocas horas de su ciudad.
El hito de ese giro tiene nombres propios y una historia conmovedora. En 1986, Juan Carlos Antezana y Tania 'Nena' Baltazar empezaron a trabajar con jóvenes en situación de pobreza en un barrio de El Alto, organizando expediciones ecológicas; de aquel activismo social y ambiental nació en 1992 la Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY), cuyo nombre une las palabras para 'sol', 'estrella' y 'luna' en quechua, aymara y guaraní. En 1996, con apenas cinco monos rescatados y un convenio con el municipio de Villa Tunari, CIWY creó en el Parque Machía el primer santuario de fauna silvestre de Bolivia, dedicado a rehabilitar animales víctimas del tráfico y el maltrato. El parque y su programa de voluntariado atrajeron desde entonces a miles de voluntarios de todo el mundo y dieron proyección internacional a Villa Tunari como referente de conservación; en 2017, la organización recibió el reconocimiento oficial del departamento de Cochabamba por sus 25 años de trabajo.
Hoy Villa Tunari combina su identidad de pueblo del Chapare —con su población migrante, su agricultura tropical y su historia ligada a la coca— con un perfil turístico centrado en la naturaleza: santuarios de animales, parques nacionales con cavernas y cascadas, ríos para refrescarse y actividades de aventura. Es la puerta amable del trópico cochabambino para el viajero que quiere descubrir la cara amazónica de los Andes.
El emplazamiento de Villa Tunari, en la confluencia de los ríos Espíritu Santo y San Mateo —que al unirse dan origen al río Chapare—, no es casual: el agua ha sido siempre el eje de la vida en el trópico cochabambino. Esta franja de pie de monte (yungas tropicales), donde la cordillera oriental de los Andes se quiebra hacia la cuenca amazónica, concentra una de las mayores biodiversidades del planeta, con bosques húmedos, neblinas y una densidad de especies excepcional.
Mucho antes de la colonización andina del siglo XX, estas selvas estuvieron habitadas por pueblos amazónicos. En la región del trópico de Cochabamba y áreas vecinas vivían y viven grupos como los yuracarés, yuquis y trinitarios (mojeños), cazadores, pescadores y horticultores adaptados a la vida en la selva. Estos pueblos originarios mantienen su presencia en territorios y comunidades del Chapare y son parte fundamental de su identidad cultural y de la conservación del bosque.
La combinación de esa riqueza natural y de la presencia ancestral de pueblos amazónicos explica por qué el área terminó protegida en parques nacionales y por qué el Chapare es hoy un destino de naturaleza. Comprender Villa Tunari implica reconocer este sustrato anterior a la colonización, el de la selva viva y sus habitantes originarios.
Un capítulo decisivo en la historia reciente de la región fue la creación, en 1991, del Parque Nacional Carrasco, un área protegida de más de 600.000 hectáreas contigua a Villa Tunari. El parque resguarda una enorme franja de bosque tropical de montaña y pie de monte, con un gradiente altitudinal que va de las tierras bajas calurosas hasta las cumbres frías, lo que se traduce en una biodiversidad extraordinaria de aves, mamíferos, anfibios y plantas.
Entre sus atractivos más célebres está la Cueva del Repechón, hábitat de los guácharos, aves nocturnas que anidan en la oscuridad de la caverna y se orientan por ecolocalización. El parque protege además cascadas, ríos y numerosas especies, y su acceso se realiza con guías y en sectores controlados para preservar el ecosistema.
La declaración del parque consolidó la vocación conservacionista de la zona y, junto con el santuario de fauna de Inti Wara Yassi en el Parque Machía, situó a Villa Tunari como un referente del ecoturismo boliviano. Así, la región que había sido frontera de colonización y zona cocalera fue sumando una nueva capa a su historia: la de la protección de la naturaleza y el turismo responsable como motor de desarrollo.